sábado, 16 de marzo de 2013

┊εїз*~ El Hombre Ideal Cap: 14 *~┊εїз

–No puede hacer daño si conseguimos comunicarnos mejor, ¿verdad? Si seguimos esto hasta su conclusión natural, será nuestra decisión. No voy a enviar un mensaje colectivo para que la gente que nos conoce nos dé su opinión. Si tú eliges contárselo a Selena, es cosa tuya. Mi familia no te atacará a ti, sino a mí, y yo puedo enfrentarme a eso.
        –No quiero pasar por una víctima seducida –ella frunció el ceño–. Ya soy mayorcita. Si ocurre algo, será en términos de igualdad.
        –No lo aceptaría de ningún otro modo –él sonrió–. Lo único que hago es contarte lo que hay.
        Ella vaciló.
        –O sea, que intentemos comunicarnos mejor y ver lo que ocurre.
        –Exacto.
        –Sabiendo que ninguno de los dos quiere una relación.
        –Si tú no quieres ataduras, yo soy tu hombre.
        Sacó las manos de los vaqueros, pero cuando alzaba los brazos para tocarla, ella le miró las manos.
        –¿Qué te ha pasado en la mano? –la tomó para examinarla más de cerca.
        Joseph miró los arañazos rojos de los nudillos de los dedos como si hubiera olvidado que estaban allí. Olvidaba muchas cosas cuando la besaba.
        –Me arañé con una pared.
        –¿Te duele?
        –No.
        –¿No llevas guantes cuando trabajas?
        –Me estorbaban –Joseph no pensaba decir nada más sobre el tema. Entrelazó los dedos con los de ella y deslizó la mano libre debajo del dobladillo de su blusa para tocarle la piel del costado.
        Demi tembló y respiró con fuerza.
        –No sé lo que ha cambiado entre nosotros ni por qué, pero… –dijo él.
        –Ha cambiado –terminó ella–. Lo sé.
        –Podemos explorarlo, ¿no crees?
        Demi lo miró a los ojos.
        –Sabes que en algún momento preguntaré –bajó la vista hasta el pecho de él–. Lo digo para que estés preparado la próxima vez.
        Joseph dudaba de que nunca estuviera preparado y se disponía a decirle que aquella parte era zona prohibida cuando ella musitó:
        –No me puedo creer que esté considerando esto.
        –No irá a ninguna parte –repuso él con voz ronca.
        –En ese caso –dijo ella con suavidad–, si me vas a convencer de que haga esto en contra de mi criterio, más vale que empieces ya –le puso una mano en el cuello y fijó los ojos en su boca–. Y quiero que sepas que puedes necesitar mucha persuasión.
        Joseph bajó la cabeza.
        –La persuasión se me da bien.
        –Ya veremos.
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        «Siempre creí que mi helado favorito era el de vainilla, pero hace poco me convencieron de que probara el de cerezas silvestres y ¡Oh!, ¿cómo me he perdido eso todos estos años?».
        –UN TROZO de la de queso y una limonada light, por favor –dijo Demi con una sonrisa antes de volverse a Joseph–. Terco. Ahora piensa tú una palabra para describirme.
        Y sé amable.
        –¿Porque llamarme terco es un cumplido?
        –¿Quieres decir que no lo eres?
        –Prefiero llamarlo determinación.
        –Si admitieras más a menudo que te equivocas, podría considerarse determinación.
        –Yo puedo admitir que me equivoco.
        –¿Y puedes hacerlo en voz alta?
        Joseph respiró hondo y Demi reprimió una risita. Las conversaciones entre ellos no habían cambiado mucho, los comentarios eran menos afilados que antes, pero algunas veces ella se preguntaba cuánto podía durar aquello.
        –Te toca –dijo–. No se te ocurre ninguna palabra que no sea un insulto, ¿verdad?
        –Después de los últimos días, se me ocurren varias palabras que no son insultos –él sonrió–. Acércate más y te las digo al oído.
        –¿Tengo que recordarte por qué estamos en un lugar público? –preguntó ella.
        Desde la noche de los besos en su puerta, había ignorado la vocecita interior que pensaba todavía que aquello era un gran error. Cuando él no estaba presente, la voz era más alta. Entonces ella yacía en la oscuridad, lo oía al otro lado de la pared y solo podía pensar en hacer que se sintiera mejor cuando volviera a verlo. Cierto que eso la hacía sentirse mejor también a ella, pero no había conseguido silenciar la voz.
        –Intrépida.
        Ella parpadeó.
        –¿Qué?
        –Es la palabra que usaría para describirte –tomó el pedido de ambos, dio las gracias con un movimiento de la cabeza y se volvió hacia la puerta–. Aquí tienes.
        –¿Tú me ves así?
        –¿Qué tiene de malo?
        –Es un cumplido –repuso ella.
        –¿Me estás subestimando otra vez? –Joseph sujetó la puerta abierta y bajó la voz–. Ser malo no es lo único que se me da bien.
        –Nadie es intrépido del todo –declaró ella–. Todos tenemos miedo de algo.
        En la acera, Joseph adaptó su paso al de ella.
        –¿De qué tienes miedo tú?
        –No pienso picar en eso –ella soltó una risita–. Si te digo que a las arañas, empezarás a coleccionarlas.
        –Tengo más palabras –siguió él–. Traviesa. Tornado con tacones… Ahora te toca a ti. Después de lo de terco, esfuérzate más. Puedo sentirme herido más fácilmente de lo que tú crees.
        Demi se tomó tiempo pensando en otra palabra. Pararon en un semáforo y movió con delicadeza la falda, que se prestaba mucho al movimiento. El tema del día era el vintage y el vestido a rayas blancas y negras de los años cincuenta era lo más «ella misma» que se había sentido desde que empezara aquel desafío. Le recordaba lo que había sido su vida antes de que todo cambiara tan deprisa que tuviera la sensación de que sus pies apenas tocaban el suelo.
        –No puedes dejar de hacer eso, ¿verdad? –preguntó él.
        –¿Qué?
        –Eso que haces con la falda.
        Ella movió las caderas un poco más.
        –¿Te molesta?
        –No. Solo pensaba si sabrías que lo estabas haciendo.
        Demi se encogió de hombros.
        –Es un vestido divertido; pero no sé si te das cuenta.
        –¿Estás diciendo que yo no soy divertido?
        Demi buscó en sus recuerdos uno que asociara a Joseph con el tipo de diversión que ella asociaba con sus tres hermanos. Tenía docenas de recuerdos de ellos jugando al fútbol y tonteando, pero pocos de Joseph. ¿Qué hacía aparte de trabajar, correr a diario y utilizar todas las herramientas de su caja de seducción para convertirla en un amasijo de deseo?

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