sábado, 16 de marzo de 2013

┊εїз*~ El Hombre Ideal Cap: 17 *~┊εїз


Joseph supuso que también se había ganado su respeto por el camino. Le habría gustado conocerla entonces. Pero cuando la Demi de catorce años sobrevivía en la jungla urbana, el Joseph de veinte años estaba ya en los marines.
        –¿Eso consiguió frenarlo? –preguntó.
        –No. Yo le obligué a salir fuera del radio de ocho manzanas. Y él empezó a desaparecer.
        Los dedos de Joseph se pararon de nuevo.
        –Él es la razón de que fueras una persona sin techo cuando te conoció Selena.
        Demi se encogió de hombros como si eso no importara.
        –No podía pagar el alquiler. Él desapareció cuando ya teníamos problemas con el casero. Cuando vi que no podía seguir allí, busqué un lugar seco cerca de la escuela, guardé lo que pude llevarme y me fui. El resto ya lo sabes.
        Joseph sintió rabia.
        –¿Por qué no pediste ayuda? Hay personas que…
        –Tenía dieciocho años –repuso ella con una mirada de advertencia–. Podía cuidar de mí misma. Solo necesitaba unas semanas para terminar el instituto y conseguir mi diploma.
        Joseph miró al otro lado de la estancia. ¿Qué clase de hombre le hacía aquello a su hija? ¿Por qué seguía ella cuidando de él?
        –¿Dónde estaba tu madre?
        –Murió.
        –¿Cuándo?
        –En un accidente cuando yo tenía ocho años.
        –¿Qué pasó?
        –Un atropello con fuga cuando volvía de la tienda.
        Él recordaba que Demi había dicho que había un mes al año en el que todo era peor.
        –Este mes es el aniversario de su muerte, ¿verdad?
        –Sí –Demi se encogió de hombros y apartó la mano de él–. Y ya hemos terminado de hablar de esto.
        –¿Alguna vez ha sido violento contigo?
        –He dicho…
        –Necesito saberlo.
        El tono duro de la voz de él hizo que ella volviera la cabeza. Lo miró a los ojos y su expresión se suavizó.
        –No es esa clase de borracho. Jack se pone alegre. Eso es parte del problema. La gente lo invita a beber porque es divertido –sonaron más risas–. ¿Entiendes lo que digo?
        –Tuviste suerte –repuso Joseph, que en realidad quería decir que Jack tenía suerte.
        –Sí, me pasé toda la adolescencia sintiéndome muy agradecida porque mi padre es un alcohólico –respondió ella con sequedad.
        –No me refería a eso –dijo él.
        –Él jamás se pondría violento conmigo –le aseguró ella.
        –¿Se daría cuenta si te derribara o te hicieras daño cuando lo subes escaleras arriba? ¿Y qué me dices de cuando limpias lo que ensucia o cuando no puedes dormir preguntándote dónde está? No todas las heridas son visibles.
        –Si no dejas el tema, tendré que obligarte a irte.
        –No voy a fingir que no me importa.
        –¿Te he pedido yo eso? –ella frunció el ceño–. Pero tienes que recordar que esto no es por mí, sino porque tú eres el tipo de hombre que siente que tiene que ayudar a los demás.
        –No me conviertas en un héroe.
        –Pues deja de intentar serlo. No necesito que me rescates, necesito que confíes en que sé lo que hago y creas que tengo mis razones para hacerlo.
        –Dímelas.
        Por el rostro de ella cruzó una sombra.
        –No quiero pelearme contigo, pero si sigues así, no podré evitarlo.
        –Dame una buena razón por la que sigues haciendo esto y lo dejo.
        –¿Por qué necesitas saberlo? –ella enarcó las cejas–. Y no me digas que es parte de lo de comunicarse mejor porque esto no tiene nada que ver con nosotros.
        –Esto es un buen ejemplo de que tú no ayudas a que la gente te conozca –respondió Joseph.
        –Conocerme mejor no es una de tus prioridades cuando intentas llevarme a la cama.
        –Si no lo fuera, ya nos habríamos acostado.
        –Dices eso como si yo no tuviera nada que decir.
        –Dime que no me deseas –Joseph se inclinó hacia ella–. Yo puedo decirte cuánto te deseo. Nunca dejo de pensar en ti. He pasado muchas horas pensando cosas que quiero hacerte. Quiero explorar cada centímetro de tu cuerpo y descubrir todos los lugares ocultos que tú ni siquiera sabes que tienes. Quiero…
        –Basta.
        –Dime que no me deseas.
        Los ojos de ella se oscurecieron.
        –Tú sabes que sí.
        –Si te conozco más, la experiencia será mejor para los dos. Eso te lo puedo prometer.
        Ella parpadeó.
        –Esto se te da bien.
        –Solo cuando creo que vale la pena el esfuerzo.
        –No me enamoraré de ti –declaró ella con firmeza.
        Joseph negó con la cabeza.
        –No quiero que lo hagas.
        –Y tú no te enamores de mí.
        Él sonrió.
        –De acuerdo.
        –Una de las razones por las que sigo haciendo esto…
        –Solo una –asintió él. «Por el momento».
        –Coney Island –ella miró al frente–. Yo tenía diez u once años. Jack dejó de beber lo suficiente como para recordar que tenía una hija y fuimos a pasar el día a Coney Island –sonrió–. Subimos en todas las atracciones, comimos algodón de caramelo y perritos calientes hasta que vomité, y fue uno de los mejores días de mi vida.
        Algo que Joseph no reconocía se expandió por su pecho haciendo que le costara trabajo respirar.
        –Es una de las razones por las que hago esto –ella se encogió de hombros–. Porque todavía recuerdo Coney Island y el día que recuperé a mi padre.
        Joseph la estrechó contra sí y ella apoyó la cabeza en su hombro. Lo miró con una sonrisa trémula y él volvió a sentir en el pecho aquello que no reconocía e intuyó problemas.
        Respiró hondo.
        –¿Cuánto tiempo más crees que estaremos aquí?
        Ella miró al otro lado del bar.
        –Una hora, tal vez dos. Pero si quieres irte…
        –No –respondió él con firmeza–. Estaba pensando que nos hemos saltado el almuerzo y tú tienes que comer. Si no puede prepararnos un sándwich, iré a buscar algo.
        La soltó y se puso en pie. Aunque había cosas que no podía darle, le gustaba creer que podía compensarlas con otras. Quería cuidar de ella, no por un sentido del deber unido a su trabajo ni de la responsabilidad por la relación de ella con su familia. Curiosamente, tampoco era solo porque ella le importaba, aunque no podía negar que le importaba. No, era simplemente porque ella era Demi.
        Era tan sencillo y tan complicado como eso.

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