martes, 12 de marzo de 2013

┊εїз*~ El Hombre Ideal Cap: 5 *~┊εїз


        Bajó la cabeza y ordenó las migas de su plato con el tenedor. Si le preguntaba qué causaba las pesadillas, él no se lo diría. Hasta ahí, todo normal. Lo raro era que ella no había sentido la necesidad de hablarlo con su hermana. Su familia lo quería. Si él luchaba con algo que había vivido durante su destino militar, querrían ayudarlo todo lo posible. Aunque Joseph no se lo pondría fácil.
 
        Y Demi tenía cada vez más la impresión de que el hombre que tan antipático le resultaba no había vuelto a casa y otro había ocupado su lugar. Uno con el que podía empatizar y al que quería conocer mejor.
        Aquello era muy raro.
        –Tierra a Demi.
        –Todo bien –respondió ella. Tomó un bocado de tarta–. Elige esta.
        Selena la miró divertida.
        –Eso mismo has dicho de las dos últimas.
        Demi ladeó la cabeza.
        –Recuérdame otra vez por qué haces esto conmigo en vez de con Blake.
        –Porque a él le interesa más la luna de miel que la tarta de boda.
        Demi tomó un segundo bocado de la tarta de chocolate.
        –He mentido. Elige esta.
        –Sabes que el chocolate es un sustituto del sexo –comentó Miley–. Es una cuestión de endorfinas.
        –Es más que eso –respondió Demi–. No tienes que preocuparte de si el chocolate te llamará; nunca te da plantón y no le importa hacerte compañía el viernes por la noche –suspiró de contento y tomó otro bocado–. El chocolate es mejor que el sexo.
        Miley hizo una mueca.
        –¡Y unas narices!
        –Es joven –comentó Selena–. Aprenderá.
        –Si lo probara de vez en cuando, aprendería mucho antes.
        –Los espanta.
        Demi movió el tenedor en el aire.
        –Sigo aquí, ¿vale?
        Ella no tenía la culpa de asustar a los hombres. Era una mujer con mucha más experiencia de la vida de lo que hubiera sido normal en sus veinticuatro años. Una mujer independiente y trabajadora, centrada en su carrera. Si había que hacer horas extra, se ofrecía ella. En las fiestas familiares en las que la gente no quería trabajar, se ofrecía ella. Y además de su carrera, no ocultaba que no le interesaba tener una relación, aunque no estuviera dispuesta a explicar por qué. A los hombres les resultaba difícil imaginar que los necesitara para algo más que una cosa. Aunque, en justicia, había muchos a los que eso no les parecería un problema.
        Hubo un pequeño debate sobre los méritos de una crema de vainilla antes de que Miley preguntara:
        –¿Qué tal nuestro nuevo vecino?
        –Para que fuera «nuestro vecino», tendrías que estar allí más de una vez por semana –Demi sonrió con dulzura.
        –Si necesitas refuerzos, solo tienes que gritar.
        –A ti te cae bien Joseph.
        –Joseph cae bien a todos menos a ti –Miley se encogió de hombros–. Es lo que es y no pide disculpas por ello. Eso tiene su mérito.
        –No hay nada oculto en él –asintió Selena–. De niño su franqueza le traía problemas, pero todos confiábamos en él.
        Demi guardó silencio. La tarta de chocolate se había terminado.
        –¿Has tomado ya una decisión? –preguntó.
        –Me inclino por distintas capas de estas tres –Selena señaló los platos más vacíos con el tenedor.
        –¿Qué es lo siguiente de la lista?
        –Las flores.
        La conversación volvió a los planes de boda y salieron de la pastelería para dirigirse al metro. Cuando pasaban por la biblioteca pública, Miley miró hacia los escalones situados delante de las grandes columnas griegas; varios hombres con casco y chalecos antibalas estaban reunidos alrededor de uno de los leones de piedra.
        –¿Ese no es Joe?
        Selena y Miley avanzaron hacia él y Demi no tuvo más remedio que admitir, de mala gana, que el uniforme le sentaba de maravilla y le daba un aura de peligro. Por otra parte, ella siempre había sabido que él podía ser peligroso. Podía atraer a las mujeres con una sonrisa y acobardar a los hombres con solo una mirada. Ella había visto una vez aquella mirada. ¿Cuándo? ¿En el treinta cumpleaños de Tyler, al que sí se había dignado acudir? Sí, había sido allí donde un imbécil había cometido el error de tratar mal a su novia delante de él. Joseph solo había tenido que mirarlo y pedirle que respetara a la señorita y el hombre había dado marcha atrás y murmurado una disculpa.
        Demi se preguntó por qué había hecho falta que lo viera de uniforme para que recordara que se había sentido impresionada por eso.
        Él las saludó con una inclinación de cabeza.
        –Señoritas…
        Lanzó una mirada a la ropa que llevaba Demi. Aunque la mirada duró menos que un suspiro, fue seguida de un parpadeo y a continuación la miró a los ojos y le hizo sentirse… vulnerable. No sabía a qué se debía, pero sospechaba que podía deberse al hecho de recordar cosas que habría preferido olvidar.
        Miley soltó una risita.
        –Hola, Joe.
        –Hola, guapísima.
        Demi alzó los ojos al cielo al ver la reacción de su amiga a la sonrisa de él y fijó la vista en la multitud para no tener que estar pendiente de Joseph.
        El corazón se le bajó a los talones.
        –Tengo que irme.
        –Pero ¿no íbamos a mirar las flores?
        Demi miró a Selena a los ojos.
        –Te llamo luego –dijo con el tono de voz que implicaba un mensaje oculto.
        –De acuerdo.
        Demi se alejó sin mirar a Joseph, pero sintió la mirada de él en la espalda cuando se mezclaba con la multitud. La sensación que le producía ayudaba a explicar que tuviera un secreto con la hermana de él. Solo alguien con un secreto propio podía entender lo que implicaba sacarlo a la fría luz del día. Fijó la vista en la figura que veía moverse en el parque y se bloqueó emocionalmente en preparación para el encuentro.
        Era el único modo de poder afrontar aquello.
        El sueño empezaba unas horas antes del amanecer. Caras nuevas, un escenario distinto, pero el resultado era siempre el mismo. Cuando volvió a la realidad con el pulso latiéndole con fuerza y el corazón desbocado, Joseph se preguntó por qué le sorprendían los últimos añadidos. Al maldito sueño le encantaban las ampliaciones.
        Se puso el pantalón de chándal y lanzó un juramento cuando se golpeó el dedo del pie con una caja de camino a la cocina. Cuando buscaba el interruptor de la luz, se quedó paralizado. Abrió la puerta del apartamento y Demi se sobresaltó y dejó caer las llaves.
        –¡Maldita sea, Joseph! –exclamó.
        Él se apoyó en el dintel y se cruzó de brazos.
        –¿Trasnochas o madrugas?
        La pregunta no necesitaba respuesta, pues ella llevaba la misma ropa que en el exterior de la biblioteca. Apartó la vista del trasero perfecto embutido en pantalones negros ceñidos que terminaban en mitad de la pantorrilla.
        Demi se volvió a mirarlo con el ceño fruncido y fijó la vista en el centro del pecho de él. Joseph sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo desde el punto de impacto. El hecho de que ella siguiera mirando no ayudó, sino que hizo que la sangre fluyera a su entrepierna.
        –¿No se te ha ocurrido pensar que tener un policía de vecino puede implicar que te reciba con su arma reglamentaria si te oye merodeando en la oscuridad?
        –La luz está encendida –argumentó ella.
        –Él te ha echado de su casa, ¿verdad?
        –¿A qué viene esta repentina obsesión por mi vida sexual? –ella lo miró a los ojos–. Si no te conociera, pensaría que llevas tiempo sin hacerlo.
        Joseph llevaba más tiempo del que estaba dispuesto a admitir, pero no podía compartir mucho tiempo el lecho con una mujer; era mucho mejor largarse antes de correr el riesgo de quedarse dormido y ponerse en ridículo.
        –¿No es un poco viejo para ti?
        Ella parpadeó.
        –¿De quién estamos hablando?
        –Del hombre que estaba contigo en Bryant Park.
        –¿Qué hombre?
        Joseph no se rendía tan fácilmente.
        –El hombre con el que has discutido antes de arrastrarlo hacia la estación de metro.
        –¿Me has estado espiando?
        –¿Crees que cuando voy de uniforme tengo que ignorar lo que ocurre a mi alrededor?
        Ella suspiró pesadamente y se volvió.
        –No tengo energía para esto.
        –Es miércoles. Seguiremos en la cafetería.
        –No, de eso nada.
        Cuando ella abrió la puerta, Joseph vio que hundía los hombros como si le hubiera costado un gran esfuerzo disimular lo agotada que estaba y la proximidad de su casa le permitiera relajarse.
        Demi se volvió un momento a mirarlo y lo que él vio en sus ojos le hizo fruncir el ceño. Lo reconoció porque lo había visto en los ojos de soldados en combate y de hombres que llevaban demasiado tiempo trabajando de policías.
        Si los ojos de una persona eran de verdad el espejo del alma, una parte de la de ella estaba a punto de renunciar a la lucha.
        Sin darse cuenta, él dio un paso al frente impulsado por la necesidad de decir algo, pero incapaz de encontrar las palabras. Con los hombres con los que había trabajado no se necesitaban. Había una comprensión silenciosa, una empatía nacida de experiencias compartidas. Un gesto de asentimiento podía decir tanto como un centenar de palabras. Una broma o un comentario sin importancia eran bienvenidos. Pero alguien tan lleno de vida como Demi no debería…
        La puerta de ella se cerró y Joseph tomó una decisión. Tampoco podía hacer otra cosa. Si ella tenía problemas y su familia sabía que no había hecho nada, le arrancarían la piel. Respiró hondo, retrocedió y cerró la puerta. Necesitaría unas horas más de sueño, con suerte ininterrumpido, para preparar la batalla.
        Al día siguiente se aventuraría en territorio enemigo.

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