miércoles, 31 de octubre de 2012

★.•⌒Comunicacion Fantasmal jemi ⌒•.☆ parte 2


 
Su otra mano descansaba a través de su regazo, sus dedos rozaban su estómago. El reconocimiento de su posición tuvo el efecto de agitar su libido de nuevo a la vida. Pero, cuando se dispuso a actuar, él la puso de pie y se alejó.

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Robert Elliot rondaba en la oscuridad que había sido su prisión durante demasiados años. La culpa lo drenó, impidiéndole seguir, castigándolo por abandonar a Kristen por ir a una venta de caballos cuando estaba enferma. Había muerta sola y, por ello, no merecía estar con ella. Su culpa se agravó cuando él se quitó la vida, negándose la posibilidad de seguirla.

Ahora, como tras breves momentos después de su muerte, no sólo recordaba lo que había hecho, sino que también tenía una vaga conciencia del mundo que lo rodeaba. En noches como esta, se encontraba en el pasillo fuera de la alcoba que había compartido con su esposa. Había sido llamado a entrar al cuarto, abrumado por el conocimiento de que su amada estaba muerta dentro. La pena lo había llevado a sacar su puñal y hundirlo en su propio pecho para poder reunirse con ella en el más allá. Pero en vez de seguir, simplemente volvió a la oscuridad, a la culpa… a la espera.

Incluso ahora, la oscuridad lo llamaba.

*******

Joe se dirigió a la cama. “No me lo puedo creer. Pensé que solo era una leyenda, una historia contada para asustar a los niños.”

“No hay nada que temer”, dijo Demi, su voz era suave en ese cuarto iluminado por la luna. “Parece ser sólo un caso de un simple fantasma residual.”

“¿Simple?” Se giró hacia ella. “¿Cómo puedes llamar a esto simple? ¡Era un-un fantasma! ¡En mi posada… en mi casa!”

Su expresión comprensiva le dijo que su reacción no la sorprendió. “El espíritu probablemente ha estado aquí por mucho tiempo. Tu simplemente no fuiste consciente de ello antes.”

“¿Cómo no voy a ser consciente? El frío… lo que vimos…”

“Cuéntame la historia otra vez”, lo instó ella.

Se quedó en la cama. “En el siglo dieciocho, Robert Pattinson construyó esta casa para su esposa, Kristen. Vivieron aquí menos de un año, cuando Robert salió a algún negocio, volvió para encontrar que Kristen había muerto de unas fiebres. Estaba tan apenado que sacó su daga y se apuñaló a sí mismo en el corazón. Cayó en la cama y murió. La leyenda dice que su espíritu vuelve de vez en cuando, para repetir el momento de su muerte.

“Suena como lo que vimos. La figura estuvo de pie aquí.” Ella dio un paso más cerca de la cama. “Se paró un momento y luego hizo un movimiento que yo compararía con el trazado de una daga.”

“Pero luego se desvaneció.”

Ella le sonrió. “Sin ánimo de ofender, pero diste una especie de aullido. Me temo que lo asustó.”

Puso una mano sobre su corazón y la miró con incredulidad. “¿Lo asusté?”

Ella rió. “Quizás asustado no es la palabra correcta. Sino perturbado la atmósfera lo suficiente para impedir que se manifestara.”

El sonido de su risa le hizo cosquillas dentro de su pecho, calmando su miedo y cambiando sus pensamientos interiores. Tres años habían pasado desde la última vez que la había visto, y estaba sorprendido al descubrir que su atracción por ella no había cambiado. Incluso cuando trabajaba para él, le había resultado difícil mantener sus manos apartadas de ella. Esa noche casi había fallado, casi había ido más allá de ese beso húmedo, salvaje. Solo la llamada de su hermano herido, les había impedido consumar su deseo. Ella se había ido y, tras una breve llamada telefónica en la que le decía que dejaba la firma para que ayudara a su hermano a recuperarse, no había vuelto a tener noticias suyas.

“Según los testigos”, prosiguió ella, “Cuando el espíritu se manifiesta, repite los mismos movimientos cada vez. ¿Con qué frecuencia has oído informes de este acontecimiento?”

“Casi desde el momento que abrí la posada hace dos meses.” Había encontrado la propiedad hacia un año, encontrando que era un negocio demasiado bueno para declinar. Abandonando su carrera en los bienes inmuebles, había empleado todo lo que tenía para convertirse en el dueño de una posada. Pero el fantasma, tenía que confesar ahora, era real, hacía difícil mantener a los clientes en este cuarto incluso durante sólo una noche. “Algunos ex-empleados se quedaron y contaron historias, pero no les creí. Estaba seguro que encontraríamos una explicación lógica.”

Dando un golpecito con la yema del dedo contra sus labios, Demi se paseó alrededor de la cama. Joe obersvó su movimiento, el balanceo de sus caderas, sus elegantes y largas piernas, y su miedo descendió al instante. ¿Cómo podría preocuparse de un fantasma cuando la tenía aquí, sólo a centímetros de su mano?

“¿Alguien vio al espíritu, cuando estuvieran solos?”, le preguntó.

“No estoy seguro de entender la pregunta.” O tal vez era el modo en que sus vaqueros acogían tan completamente su redondo culo, lo que le hizo difícil entender, y concentrarse en la persona que tenía a mano. Nunca se había permitido considerar tocar aquellas dulces mejillas antes, no cuando trabajaba para él. No aún cuando ella lo había deseado- y ah, como lo había deseado seducirlo. Había perdido por lo menos tres botones antes de que él lograra terminar aquel beso salvaje.

Ahora no trabaja para ti. ¿Pero siente  todavía la misma atracción?

Se permitió preguntarse, mientras con los ojos acariciaba ese exuberante cuerpo. Tenía las piernas lo suficientemente largas, como para enroscarse a su alrededor y sostenerla. Y sus pechos parecían firmes y suaves. Y su increíble boca…

Ella se volvió hacia él, advirtiendo sus ojos. “Indicaste que desde que abriste la posada, solo las parejas comentaron ver al fantasma. ¿Se quedó alguna vez alguien solo en este cuarto?”

“Unos cuantos.” Con dificultad, viró sus pensamientos, al asunto que trataban. “Pero ninguno de ellos mencionó al fantasma.”

Ella volvió al lado de la cama donde él estaba. “¿Y por qué las parejas serían diferentes a los que estaban solos?”

“Bueno…” El calor se extendió por él. “Por supuesto ellos podrían…”

El corazón de Joe comenzó a palpitar cuando la mirada de Demi se posó sobre él. Aunque no pudiera ver su color a la luz de la luna, pudo distinguir un destello especial que le decía que estaban pensaban lo mismo. Y esto no tenía nada que ver con las otras parejas.

“Hay una teoría”, dijo lentamente, bajando la correa de su bolso de cuero de su hombro, como si fuera el tirante de un sujetador. “Se dice que, para manifestarse, un espíritu necesita la energía de su entorno. Obteniéndola de las baterías, las tormentas, o incluso de los seres humanos.” Bajó el bolso al suelo. “¿Qué genera más energía que… el sexo?”

“Estoy seguro que hay varias actividades que podrían generar ese tipo de energía”, dijo él lentamente. El tema sin duda lo excitaba. Su mirada cayó a su blusa de seda. Cuando ella se movió hacia la luz de la luna, vio la sombra de sus pezones empujar con fuerza sobre la tela. La temperatura del cuarto ahora era caliente, lo que significaba que las sensaciones internas debían ser provocadas por esa deliciosa demostración.

“Antes de que viéramos el fantasma hace unos minutos, tú y yo estábamos… sintiendo… ciertas cosas.” Una sonrisa revoloteó en sus labios. “No puedes negarlo, Joe.”

El meneó la cabeza lentamente. “No. No puedo negarlo.”

“Quizás proporcionamos la energía que el espíritu de Robert necesitaba con el fin de materializarse.” Pasó un momento. Entonces dijo, “Tengo una idea de cómo podemos encontrarlo”, y levantó sus manos al primer botón de su blusa. “Quítate el jersey.”

“Quitarme mi…” Su lengua parecía que de repente había dejado de funcionar. Demi había abierto el botón superior de su blusa y estaba deslizando los dedos hacia abajo, hacia el segundo. Ya podía ver la sombra de la hendidura de sus senos.

“Vamos a generar un poco de energía, Joe.” Abriendo el segundo botón, ella dio un paso hacia él.

Un tiro de necesidad se clavó en sus entrañas. “No estoy seguro de querer ser usado para un experimento científico.” Su voz ronca demostraba que estaba mintiendo. Quería ser usado de cualquier modo que ella pudiera pensar en utilizarle.

“Sabes que el fantasma no es la única razón por la que quiero que te desnudes.” Ella abrió el tercer botón. Su blusa estaba abierta, dejando al descubierto un sostén rojo y su pálida piel. “Quiero continuar donde lo dejamos la última noche que estuvimos juntos. Quiero saber si mis fantasías eran correctas.”

Su polla se hinchó contra la cremallera de sus pantalones vaqueros. La necesidad de liberación apretó todos los músculos de su cuerpo.

“¿Te acuerdas dónde lo dejamos, no?”

Liberó aquél último botón y luego se sacó la blusa y la dejó deslizar al suelo. El sujetador de color rojo contra su pálida piel lo hizo babear. Sus pechos, redondeados y firmes, hacían a sus dedos moverse nerviosamente con la tentación de tocarlos. Ella se quitó con la punta del pie los zapatos, y sus tan ceñidos vaqueros que perfilaban cada curva de su cuerpo, en unos segundos más tarde se deslizaban por su cuerpo.

“Lo recuerdo”, dijo, su voz una sombra ronca de sí mismo.

“Ahora, Ya no trabajo para ti así que no hay ninguna razón para que no podamos estar juntos.”

El trató de levantar la mirada de sus pechos, a su cara, pero no podía. “Técnicamente, estás trabajando para mí ahora. Estás haciéndome servicios de investigación.”

“¡Oh, no! No cobro a los amigos por mis servicios.”

Su maldito sentido de ética lo llevó a preguntar. “Pero tus hermanos… ¿no son tus socios? ¿No tendrán que decir algo al respecto?”

“Ellos no saben nada de esto. Cualquier cosa a la que lleguemos quedará entre tú y yo.”

Dando un paso, la alcanzó con sus manos, para ahuecar los lados de su rostro. Vio la sorpresa en sus ojos… por lo visto ella había esperado que le tocara primero sus encantadores senos. Pero quería que supiera que nunca había dejado de desearla, y no solo a una manera física. “He pensado en ti tan a menudo, Demi.”

“Y yo de ti.” Tocando su cintura, ella dio un paso más cerca, dejando una escasa pulgada o dos entre sus cuerpos. “Hemos perdido tanto tiempo debido a…”

Su voz se apagó, él sonrió. “¿A causa de mi alta ética?”

Ella le procuró una lenta cabezada. “Y la herida de Collin, y luego mi nueva carrera como caza fantasmas, que me ha mantenido lejos de ti.”

“Podemos compensarlo esta noche.”

Una sonrisa maliciosa curvó sus labios y volvió la cabeza para presionar un beso en su mano izquierda. La punta de su lengua, cosquilleó en su palma. Sus dedos, todavía en su cintura, se aferraron al dobladillo del suéter.

“No podremos hacer mucho”, dijo, “Hasta que consigamos que estés desnudo.

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