Joe apretó sus
dientes, su furia e impotencia combinándose. Su madre estaba usando toda su
influencia, cuestionando su honor y usando su nombre y sus apellidos para
exteriorizar su vergüenza si él se echaba atrás en su palabra. ¿Podría
decepcionarla realmente?
Demi mordisqueaba
la uña de su dedo gordo mientras caminaba arriba y abajo por la alfombra de la
puerta de llegadas. Su avión se había adelantado y el avión de Joe Jonas iba
con retraso, lo que quería decir que llevaba esperando casi dos horas. Y no
estaba segura de si Joe iría en el avión.
Ella le había enviado los billetes y
toda la información de la conferencia del Romantic Times el día después de irse
de Toronto. No había recibido una carta de Joe diciendo que no vendría, pero
tampoco había recibido una diciendo que iría. Todo lo que Demi sabía, era que
él no había leído su maldita carta. Como siempre. Le habría llamado, tenía el
número, pero Demi repentinamente se acobardó. Tenía miedo de lo que él pudiera
decirle sobre que hacer con sus billetes.
Gimiendo, cambió de
dirección y caminó abajo y arriba por donde había venido. Habían pasado cuatro
semanas y tres días desde que dejó Toronto. Había sido consentida y felicitada
todo ese tiempo en las oficinas de Roundhouse Publishing. Allison había estado
asombrada de que hubiese tenido éxito donde Edwin había fallado, una pequeña y
simpática delicadeza que había tenido el descuido de no mencionar. Parecía que
su trabajo no estaría en peligro después de todo; sino que al convencer a Joe a
asistir al congreso había incrementado su estima en los demás. Allison era
ahora positiva en que Demi "podía hacer el trabajo". Su posición era
segura.
Excepto cualquier
estúpido y gran error por su parte, añadió para sí misma. Que no incluiría que Joe
simplemente no apareciera después de todo el dinero que habían gastado en
inscribirle, comprando sus billetes de avión en primera clase, y obteniendo la
suite de tres habitaciones que ella había insistido en coger en el hotel. Demi
había dicho a Allison que había prometido a Joe esos arreglos. Y en cierto modo
lo hizo; le había prometido a la salida de la puerta que no se lamentaría por
ir, y que estaría con él todo el tiempo para asegurarse de que todo saldría
adecuadamente.
Había considerado
el mejor modo de hacerle feliz en el vuelo de regreso a Nueva York, y había
continuado pensándolo en casa por la noche, pensando que si fuese a la oficina
el lunes y encontrase un mensaje de Joe rehusando atenderla, le influiría con
todos esos arreglos especiales para intentar persuadirle, pero todavía seguiría
adelante con todas las cosas que tenía planeadas.
Estaría pegada al
lado de Joe casi veinticuatro horas al día, y cuando no pudiese estar allí, por
ejemplo, cuando tuviese que usar el cuarto de baño, o cuando ella tuviese que
ir desapercibidamente al de mujeres, alguien estaría por allí. Había reclutado
a Taylor Keyes, uno de los dos editores masculinos en Roundhouse Publishing,
para echarle una mano en la misión.
Había estado
preparada para implorar, sobornar e incluso recurrir al chantaje para traer al
redactor principal para ayudarla, pero al final, no había tenido que hacer nada
de eso. A pesar de que Taylor tenía a un montón de sus escritores para cuidar
en el congreso, él inmediatamente había estado de acuerdo en ayudarla.
Demi supuso que la
promesa de su propia habitación en una suite de tres dormitorios, antes que
compartir un cuarto normal de dos camas con Tom, el V.P. de promoción (en
practicas), había ayudado. Pero C.K., como ella algunas veces le llamaba, era además
un gran admirador de las series de vampiros de Joe. Taylor había echo una
tonelada de preguntas acerca del hombre después del regreso de Demi de Toronto,
pero ella sólo había continuado contestando con: "le conocerás pronto.
Espera y verás." Ella había estado aterrada de que si le decía la verdad,
rehusara a ayudar.
Un incremento en el
nivel del ruido alrededor de ella movió la atención de Demi a una masa de gente
subiendo por el vestíbulo. El avión había llegado, y estaba a punto de
enterarse si Joe había venido. Demi pidió a su madre que le molestase
repetidamente sobre eso, pero no estaba del todo segura de que esa formidable
mujer podría lograr hacerlo.
Con las manos como
puños a los lados, Demi registró el montón de caras entrantes. El congreso oficialmente
comenzaba el miércoles; pero había hecho una reserva para Joe en el vuelo
nocturno del martes para impedir que su alergia a la luz del sol fuese
utilizada como una excusa para no ir. Ella y Taylor habían volado temprano para
reunirse con él. Sus llegadas habían sido una hora antes, impidiendo a Demi
arriesgarse a ir al hotel a registrarse y luego regresar a recoger a Joe, así
es que Taylor se hizo naturalmente con el control de sus equipajes y fue al
hotel mientras Demi esperaba el vuelo de Joe.
Mira, si hubiera
sabido que el vuelo de Joe iba a llevar tanto retraso, podría haber ido con Taylor
y podrían haberse tomado una, dos o tres copas antes de volver. Estaba tan
nerviosa por el congreso que tenía acidez de estómago. O quizás era una ulcera;
había oído que eso era una enfermedad común en los editores.
Los pensamientos de
Demi murieron abruptamente cuando su mirada se fijó en un hombre que había
estado al lado de un paquete. Reconocería en cualquier parte esas musculosas
espaldas y la forma majestuosa con que mantenía su cabeza. Joe. Él
estaba concentrado en ella, sus largas zancadas rápidamente trayéndole por
delante de los pasajeros que desembarcaban.
— Gracias. Denise.
—Murmuró ella, sin importarle que ese hombre se viera tan hosco como siempre.
No esperaba menos. Él estaba allí, y eso era todo lo que importaba. Una sonrisa
aliviada se formó en sus labios, Demi avanzó para saludarle.
— Viniste. —No
había tenido intención de decir esas palabras, o mostrar su alivio, pero así lo
hizo.
Joe la miraba
ceñudamente.
— Dije que lo
haría. Soy un hombre de palabra.
La sonrisa de Demi
se amplió aun más; entonces bajo la mirada hacia la maleta, el neceser, el
portafolios, y el ordenador portátil que llevaba.
— Aquí, déjame
cogerte eso.
Ella le cogió el
portafolios y el portátil antes de que él pudiese detenerla. No se mostró
contento por su ayuda.
— Puedo llevar mis cosas, gracias.
—Dijo él. Sus palabras fueron duras, y trató de recuperar los artículos. Demi
ignoró el intento y meramente comenzó a andar hacia delante, balbuceando con
decidida alegría.— Taylor se adelantó al hotel para registrar nuestra entrada,
así que todo lo que tenemos que hacer es ir allí y acomodarnos. Hice los
preparativos para que tu vuelo fuera nocturno porque recordé tu alergia al sol.
Lo mejor que pude hacer fue que salieses al caer la tarde y llegases al
anochecer, lo cual pensé que sería mejor que salir y llegar durante el día.
Esto es bastante bueno, sin embargo, porque ahora tenemos toda la noche para
relajarnos antes de que los demás lleguen mañana.
Joe había estado
mirando ceñudo la espalda de Demi, su corazón, realmente, si era honesto; pero
esas palabras le hicieron girar los ojos y hacer una mueca. Se había preguntado
porque su vuelo había sido programado la noche antes del congreso, pero había
supuesto que todo el mundo lo hizo así. Ahora sabía que ella lo había arreglado
por su preocupación por él. O, más probablemente, la preocupación de que
rehusaría a volar durante el día debido a su "alergia". Qué pena,
ahora tenía que estar agradecido.
— Aquí estamos.
Joe había estado
considerando comentar su amabilidad por hacerle volar de noche, pero abandonó
la idea al ver el coche al lado de donde ella se había detenido. Era un sedan
negro, una mini limusina. Ella le dio su portátil y su portafolios al conductor
con una sonrisa, luego se dio la vuelta e intentó coger el neceser de Joe
mientras esperaba que el conductor dejara los objetos en el maletero. Joe
frunció el ceño y la esquivó para que sus manos no le alcanzaran. Él se acerco
al maletero y metió sus cosas él mismo. La tonta mujer intentaba ayudarle, pero
Joe estaba acostumbrado a hacer las cosas a la inversa. En la era en que se
había criado y sus actitudes se forjaron, se suponía que él tenía que llevarle
las cosas de ella; no le permitiría llevar su carga.
El conductor cerró el maletero y acercó la puerta de
pasajeros hasta donde Demi estaba parada. Aparentemente, ella no apreciaba la
gallardía de Joe en rechazar su ayuda. Ese hecho era exasperante para Joe.
Alguien debería enseñar a esa tonta mujer que a los hombres les habían dado la
resistencia física para soportar las cargas de la vida. Las mujeres recibieron
belleza para complacer al hombre. Resolviendo ignorarla, se sentó en el asiento
trasero cuando el conductor abrió la puerta, después se concentró en un digno
tú-no-existes-para-mi y se quedó mirando fijamente al centro.
En el momento en
que se cerró la puerta, fue envuelto en una nube de su tentador perfume. No
sabía cual llevaba, pero debería ir con una advertencia: "Intoxicante, y
probablemente cause confusión en aquellos que lo inhalen." Él mismo
ciertamente sufría confusión por ello.
La irritación le
alcanzó. Había estado sintiéndose traicionado durante cuatro semanas, desde que
ella había salido de su casa, y él había estado alimentando esa cólera. Incluso
ahora, cuando el olor del perfume de Demi le rodeó, su cólera estaba
sobrecogida por una reacción completamente diferente pero igualmente
apasionada.
Los hombres sufrían
un terrible contratiempo, decidió él con disgusto cuando encontró que su
afilada cólera era apagada por la lujuria. Lo asombroso era que le había
costado seiscientos años reconocer ese hecho.
— Traté de hacer
todo lo que pude para que fuera tan confortable para ti como fuera posible.
—Dijo Demi, consiguiendo su atención.— Lo que me gustaría hacer es perfilar
todo lo que he arreglado. Luego, si tienes cualquier sugerencia, quizás
pudiéramos considerarlas esta noche así estaremos listos antes de que todos los
demás lleguen. ¿De acuerdo?
Joe gruñó
asintiendo, luego deseó no haberlo hecho cuando ella sacó un archivo de su
espacioso bolso y cambió de posición acercándose a fin de que él pudiera
obsérvala abrirlo. Realmente no la quería más cerca. Su perfume era demasiado
perturbador para su equilibrio; la percepción de ella iba a ser...
Joe inspiró
profundamente y suspiró cuando ella abrió el archivo e involuntariamente le
rozó con su brazo. Luego su fija mirada se posó en el principio de la pagina de
la agenda. Frunció el ceño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario