Él
atrapó exactamente tres antes de desistir y lanzar la bolsa a la basura con
repugnancia. Si había tenido cualquier duda antes, no la tuvo ahora. Sin duda, Demi
C. Lovato iba a hacer de su vida un infierno hasta que se marchara. Él
solamente lo supo.
¿Y
en qué diablos había estado de acuerdo de todos modos?
— ¡DE
COMPRAS!
Demi se rió del disgustado rezongo de Joe cuando entraron en
la tienda de 24 horas. Lo había estado repitiendo cada pocos minutos desde que
habían salido de casa. En un primer momento dijo la palabra como si no pudiera
creer que hubiera estado de acuerdo en ir. Después, mientras conducía su BMW, esa
consternación se fue convirtiendo en disgusto. ¡Cualquiera pensaría que era la
primera vez que el hombre iba a comprar comida a un supermercado! Aunque a
juzgar por lo vacíos que estaban los armarios de su cocina, Demi supuso que así
era. Y cuando ella le había comentado la ausencia de comida que había en su
casa, él se había limitado a mascullar que todavía no había encontrado
sustituta para su ama de llaves. Demi supuso que eso significaba que el comía
fuera de casa la mayoría de las veces.
No se había molestado en
preguntar que había pasado con su anterior ama de llaves. Su carácter era
suficiente respuesta. Seguramente la mujer había terminado por irse ya harta.
La misma Demi había estado a punto, varias veces, de hacer lo mismo.
Ella le dirigió hacia las
filas de carros vacíos. Cuando fue a sacar uno, Joe dijo gruñendo, algo que
podría haber sido “permíteme,” pero fácilmente podría haber sido también
“demonios, quita de en medio.” Después de ese exabrupto tomo el control de la
situación.
Según la experiencia de Demi,
los hombres siempre querían conducir, ya fuera un coche, un carrito de golf o
un carrito de la compra. Sospechaba que era una cuestión de control, pero de
cualquier manera, eso significaba que ella estaba en libertad de llenar el
carro de materia prima.
Comenzó haciendo una lista
mental de lo que tenían que coger, mientras se dirigían hacía la sección
láctea. Estaba segura de que tendría que coger grandes cantidades de frutas y
verduras para Joe. El hombre era fuerte y musculoso, pero se le veía también
muy pálido. Parecía obvio para ella que estaba necesitado de frescas y jugosas
verduras.
Tal vez las verduras
mejoraran también su humor.
Joe necesitaba sangre. Ese
era su único pensamiento repetitivo mientras seguía a Demi C. Lovato a través
de la sección láctea, la de congelados, y por el pasillo del café. El carro se
estaba llenando rápidamente hasta los bordes. Demi había metido en el carro
diversos yogures, quesos, huevos y una tonelada de paquetes de comidas congeladas.
Ahora estaba detenida en el pasillo del café, mirando los diferentes paquetes
antes de girarse y preguntarle.— ¿Qué marcas prefieres?
Él se la quedó mirando con
los ojos en blanco.— ¿Marca?
— De café. ¿Qué marca
sueles tomar normalmente?
Joe se encogió de hombros mientras decía.
— No bebo café.
— Oh, Té, ¿entonces?
— No bebo té.
— Entonces que....
—Inquirió entrecerrando los ojos.— ¿Chocolate caliente, Expreso, Capuchino?
—Cuando él siguió negando con la cabeza después de cada una de sus sugerencias,
le preguntó con exasperación.— Bueno, ¿entonces que bebes? ¿Kool-Aid?
Una risilla disimulada de
diversión llamó la atención de Joe sobre una regordeta y joven mujer que se
acercaba por el pasillo hacia ellos. Era la primera compradora con la que se
habían cruzado desde que habían llegado a la tienda. Entre las debacles de las
bolsas de sangre, el té en el salón, y el tiempo que había tardado Demi en
cambiarse, era ya cerca de la medianoche. La tienda no estaba muy llena a esas
intempestivas horas.
Ahora que su risa había
captado la atención de Joe, la compradora agitó las pestañas hacia él,
encontrándose Joe devolviéndole la sonrisa y con la mirada fija en el pulso de
la base de su garganta. Se imaginó hundiendo sus colmillos allí y extrayendo la
dulce y caliente sangre de ella. Era su tipo de mujer favorita para beber.
Mujeres rellenitas, rosadas. Eran las que siempre tenían la mejor sangre, la
más sustanciosa. Espesa, embriagadora y...
— ¿Sr. Jonas? ¡Tierra llamando a Joe!
Las maravillosas imágenes que estaban evocando desparecieron.
Devolvió la atención a regañadientes a su editora.— ¿Sí?
— ¿Qué te gusta beber?
—Repitió.
Él volvió la vista atrás hacia la compradora.— Er.... el café
va bien.
— Dijiste que no bebías
caf.... Olvídalo. ¿Qué marca?
Joe examinó las distintas
opciones. Sus ojos se fijaron en una lata rojo oscuro con el nombre Tim
Hortons. Siempre había creído que era una tienda de donuts o algo por el estilo
Aún así, era el único nombre que reconocía, así que esa fue la que señaló.
— La más caro, como no.
—Masculló Demi, mientras cogía una lata del fino café molido.
Joe no había advertido el
precio.— Deja de quejarte. Yo soy quien va a pagar las
compras.
— No. Dije que yo pagaría
y es lo que haré.
¿Había dicho que
ella pagaría cuando habló de ir a comprar? Se preguntó él. No se acordaba; en
ese momento no estaba prestando mucha atención. Tenía la cabeza en otras cosas,
como el chorro de sangre debajo del fregadero y no dentro de su deshidratada
garganta.
Su mirada regresó a la
vena que seguía latiendo en el cuello de la compradora. Imaginó que debía de
parecer un hombre muerto de hambre observando un buffet que pasaba rodando a su
lado. Se sentía tentado de tirarse sobre él...., mucho más agradables que todas
esas bolsas de comida congelada que él y su familia se habían visto obligados a
ingerir. No se había dado cuenta de lo que echaba de menos la antigua forma de
alimentarse.
— ¿Joe? —Había un deje de
irritación en la voz de Demi Lovato, lo cual le hizo devolverle la mirada con
ceño cuando se giró hacia ella. No estaba donde la había visto por última vez,
pero aunque había seguido caminando a lo largo del pasillo, le estaba
esperando. Le lanzó una mirada molesta, lo cual a su vez le molestó a él. ¿Por
qué motivo tenía que estar ella irritada? No era ella la que se estaba
muriendo de hambre.
Entonces tuvo un vago recuerdo de ella diciendo que no había
tomado nada desde el desayuno, y él supuso que también estaría hambrienta y por
consiguiente con el mismo derecho que él a estar gruñona. Lo cual fue una
admisión que se hizo a si mismo a regañadientes.
—
Pagare yo. —Anunció él con firmeza empujando el carro hacia delante.— Tú eres
una invitada en mi casa. Te alimentare —Qué es lo opuesto de alimentarme de ti,
pensó él, que era lo que más deseaba. Bueno, no lo que más deseaba. En cambio
se alimentaría de la morena regordeta y pequeña que estaba detrás de él.
Siempre había encontrado la sangre de las delgadas y rubias criaturas como Demi
C. Lovato demasiado insustancial. La sangre de las chicas regordetas era mejor,
más sabrosa, más intensa, con más cuerpo.
Por supuesto, no podía
alimentarse de cualquiera. Era demasiado peligroso hoy en día, y aunque por si
mismo estaba dispuesto a arriesgarse, no estaba dispuesto a arriesgar la
seguridad de su familia por unos pocos momentos de placer culinario.
Eso no quería decir que no
pudiera soñar con ello, sin embargo se paso los siguientes momentos siendo
arrastrado por Demi a través de los pasillos de conservas y de ropa de
confección, asintiendo distraídamente a todo lo que le decía ella mientras él
recordaba con cariño las comidas que había disfrutado en el pasado.
— ¿Te gusta la comida
mexicana? —Preguntó ella.
— Oh, sí. —Murmuró él,
evocando la pregunta a una pequeña y vivaz chica mejicana con quien él se había
deleitado en Tampico. Ella había sido un pequeño y sabroso bocado. Caliente y
aromática en sus brazos, con sus pequeños gemidos surgiendo de su garganta
mientras él se zambullía en su cuerpo y clavaba sus dientes en su.... ¡Oh, sí!.
La alimentación podía ser una experiencia con mucho cuerpo.
— ¿Y la italiana?
— La italiana también esta
deliciosa. —Dijo él, recordando una agradable pequeña campesina de la Costa de
Amalfi. Esa había sido la primera vez que se había alimentado por si mismo. Un
hombre siempre recuerda su primera vez. Y justamente el recuerdo de la dulce y
pequeña Maria hizo que le subiera la temperatura. Sus profundos y oscuros ojos,
y su largo y ondulado cabello del color de la medianoche. Recordaba haber
enredado sus manos en ese pelo y el gemido de profundo placer que ella había
exhalado en su oído cuando él había tomado su virginidad y su sangre al mismo
tiempo. Verdaderamente, había sido una experiencia dulce y memorable.
— ¿Te gustan los bistec?
Joe fue una vez más sacado
de sus pensamientos, esta vez por un pedazo de carne cruda puesto de golpe bajo
su nariz, interrumpiendo sus agradables recuerdos. Era un bistec, grande y
jugoso, y pensó que normalmente prefería la sangre humana, incluso las frías
bolsas de sangre humana mezclada con sangre bovina, pero en ese momento incluso
el bistec remojado en sangre olía bien. Se encontró inhalando profundamente y
dejando escapar la respiración en un lento suspiro.
El paquete fue apartado
bruscamente.
— ¿O prefieres carne
blanca?
— Oh, no, no, no. Mejor
carne roja. —Se acercó al mueble expositor de la carne al que ella le había
conducido y se puso a mirar con atención, por primera vez con un interés real
desde que había entrado en el supermercado. Siempre había sido un hombre de
carne con patatas. Carne poco hecha, por norma.
— Carnívoro, tomo nota. —Comentó Demi secamente cuando el
trató de alcanzar un paquete de carne particularmente ensangrentado. La sangre
goteaba del filete, y él casi se relamió los labios. Luego, asustado de lo que
podría hacer en su estado actual, algo como lamer el paquete, se alejo del expositor
dejando el paquete en el. Agarrando el carro, empezó a empujarlo a lo largo del
pasillo, esperando pasar a una sección menos tentadora.
— Espera. —Grito Demi,
pero Joe siguió caminando, casi gimiendo cuando ella se acercó casi corriendo
con varios paquetes de bistecs en sus brazos que dejó caer en el carro.
¡Genial! Ahora la
tentación iría con él. Realmente necesitaba alimentarse. Tenía que contactar
con Nick o Kevin y pedirles prestada alguna bolsa de sangre. Quizás podría
hacer un parada rápida donde Nick de camino a casa. Podría dejar a la
inquebrantable Demi Lovato, en el coche con las compras, entrar corriendo,
tragar un poco de alimento y....
¡Dios mío! ¡Sonaba como un
drogadicto!
— Las frutas y las
verduras son lo próximo, creó. —Dijo Demi desde detrás suyo— Tienes obviamente
una seria necesidad de vitaminas. ¿Has considerado alguna vez ir a un salón de
bronceado?
— No puedo. Tengo un
aaaah..., er, enfermedad de la piel. Y también soy alérgico al sol.
— Eso tiene que hacer la
vida difícil a veces. —Comentó ella. Mirándole fijamente con los ojos muy
abiertos, le preguntó— ¿Es ese el motivo por el que pones tantas dificultades
con respecto a las firmas y otros tipos de promociones?
Él se encogió de hombros.
Y cuando Demi empezó a coger todo tipo de cosas verdes, hizo una mueca. En su
defensa, cogió un paquete de diez quilos de patatas para llenar el carro, pero
éste pronto estuvo cubierto de verde: pequeñas cosas redondas verdes, grandes
cosas redondas verdes, largos tallos verdes. ¡Dios mío, la mujer tenía algún
tipo de fetichismo con el verde!
Joe empezó a mover el
carro a lo largo del pasillo con un poco más de rapidez, obligando a Demi a
apresurarse cuando vio que comenzaba a echar en el carro cosas de otros
colores. Verduras naranjas, rojas y amarillas cayeron dentro del carro y fueron
seguidos por frutas naranjas, rojas y púrpuras antes de que Joe consiguiera
obligarla a ir a la caja registradora.
En el momento en que él
paró el carro, Demi comenzó a echar cosas sobre la cinta transportadora. Él la
miraba distraídamente cuando la compradora regordeta empujó su carro detrás de
ellos. Sonrió y agitó sus pestañas de nuevo, después le hizo un pequeño saludo.
Joe volvió a sonreír, su mirada de nuevo fija en el pulso palpitante de su
cuello. Prácticamente podía oír el golpeteo rítmico de su corazón, el
movimiento de su sangre por sus venas, el...
— ¿Joe? señor. Ageneau, ¿donde se ha ido?
Deteniéndose, Joe
parpadeo, percatándose al haberle llamado Demi, que había comenzado a seguir a
la regordeta compradora como un caballo siguiendo la zanahoria que le ponen
delante. Su posible cena volvió a mirar sobre sus hombros y a sonreír antes de
desaparecer en el pasillo de los alimentos congelados. Joe partió en su busca
diciendo:
— Helados, olvidamos los
helados.
— ¿Helados? —Oyó la
confusión en la voz de Demi, pero no pudo detenerse para darle la contestación
que deseaba. Se apresuró hacia el pasillo de los congelados solo para
encontrarse allí a otro comprador además de su deliciosa regordeta. ¡No se
habían cruzado con nadie más durante el tiempo que habían estado en el
supermercado, pero ahora tenía que aparecer otro, poniéndole dificultades a dar
un mordisco rápido! Suspirando, se acercó a la sección de los helados, echando
un vistazo a las distintas opciones. Chocolate, cereza, crocantes.
Regreso su mirada a su
sabroso bocado. Ella le estaba mirando y lanzándole coquetas miradas. Cada vez
más le parecía un bistec grande, un sonriente bistec con patas. ¡Maldita mujer!
No estaba bien burlarse de él, pensó tristemente abriendo el gran congelador
mientras la miraba fijamente.
Ella se acercó,
ofreciéndole una gran sonrisa mientras él sacaba un helado del congelador. No
dijo ni una palabra, simplemente sonrió mientras pasaba a su lado, su brazo
rozando el de él.
Joe inspiró profundamente,
casi mareándose con su perfume. Oh sí, su sangre era dulce, muy dulce. ¿O era
el helado lo que él había olido? Agarró otra caja de cartón y la vio
desaparecer cuando giró la esquina del pasillo, con otro suspiro. Deseaba
seguirla. Quiso utilizar el control mental para persuadirla mediante halagos de
ir detrás de la tienda para una pequeña chupada. Pero estaba atrapado.
Suspirando, perdió todas
las esperanzas y cogió una caja de helado cocrante. ¡Podía aguantar un poco más
de tiempo! Solo un poco más y estaría libre para acercarse a casa de Nick o Kevin.
Seguramente Demi C. Lovato estaría exhausta después de su jornada laboral y del
vuelo, y no estaría para trasnochar.
— Si que te gusta el
helado. —Comentó Demi cuando regreso a la caja registradora.
Joe echo un vistazo a las
cuatro cajas de helados que llevaba en los brazos y las soltó sobre la cinta
transportadora con indiferencia. No tenía ni idea de que sabores eran cada uno,
y en su distracción no se había dado cuenta de que había cogido tantos, pero
daba lo mismo. Se comerían igualmente.
Demi protestó cuando él
pagó, pero Joe insistió. Era cosa de hombres. Su orgullo no le dejaba que una
mujer pagara comida que iba a ir a parar a su casa. Demi abrió un paquete de
pasteles de arroz para comerlos en el camino de vuelta. Ella le ofreció, pero
él simplemente puso gesto desdeñoso y negó con la cabeza. Pasteles de arroz.
Dios mío.
Joe consiguió no hacer
parada alguna en la casa de ninguno de sus hermanos. Se enorgulleció de su
autodominio. Él y Demi llevaron los paquetes de comida dentro de la casa; y
entonces insistió en que ella comenzara a cocinar mientras él colocaba los
paquetes en su sitio. Esto le hizo sentirse servicial y útil, cuando en
realidad lo que quería era que ella terminará de cocinar su maldita cena, se la
comiera y se fuera a la cama, para que él pudiera ir a por lo que necesitaba.
No es que él no pudiera disfrutar de la comida también. Un poco de comida no
hacía daño, pero comer de forma regular no saciaba su hambre. Su gente podía
sobrevivir sin comida, pero no sin sangre.
Afortunadamente, Demi C. Lovato
se sentía voraz, porque hizo la comida rápidamente, friendo a la parrilla un
par de bistec y amontonando un montón de esas cosas verdes que ella había
comprando y echándole una salsa encima. Joe nunca había entendido la atracción
que sentían algunos por las ensaladas. Los conejos comían verduras. Las
personas comían carne y sangre. Él no era un conejo. Sin embargo mantuvo para
sí sus opiniones y acabó de colocar todas las compras al mismo tiempo que Demi
terminaba de hacer la cena. Luego se sentaron a cenar.
Joe se dedicó a su bistec
con fervor, ignorando el tazón lleno de alimento de conejos. El había pedido la
carne poco hecha© y suponía que era
extraño para mucha gente, pero para él poco hecho era cuando era raro. Aún así
estaba tierno y jugoso, y acabó con él rápidamente.
Él miró mientras Demi
terminaba, pero negó con la cabeza cuando Demi, le ofreció ensalada.— Realmente
deberías comer algo de ensalada. —Le regaño ella con el ceño fruncido.— Tiene
muchas vitaminas y nutrientes, y realmente te ves muy pálido.
Él supuso que ella tenía
miedo de que su palidez tuviera que ver con su supuesto golpe en la cabeza. Sin
embargo estaba provocada por la pérdida de sangre, lo que hizo recordar a Joe
que tenía que asegurarse que Nick estuviera en casa. Excusándose, abandonó la
habitación y se dirigió a su despacho.
Para su desilusión, cuando
llamó a su hermano, éste no le contestó. Nick de nuevo se había adelantado en
la fecha o había regresado a las oficinas de Industrias Jonas. Al igual que Joe,
prefería trabajar de noche cuando todo el mundo estaba durmiendo. Los hábitos
adquiridos a lo largo de un centenar de años eran difíciles de romper.
Joe regresó a la cocina,
para encontrarse que Demi Lovato había terminado de comer y había enjuagado la
mayoría de los platos y los había metido en el lavaplatos.
— Yo terminare eso. —Dijo él— Debes estar exhausta y deseando
acostarte.
Demi recorrió con una
mirada sorprendida a Joe. Era difícil de creer que este era el mismo hombre que
había respondido a sus cartas con esos cortos “noes”. Su ayuda en colocar las
compras y su aparente consideración ahora la hacían sentirse desconfiada. Su
rostro con esa expresión esperanzada tampoco ayudaba mucho. Sin embargo ella estaba
cansada. Había sido un día largo, así que a regañadientes admitió.— Realmente
estoy cansada.
Al momento, se encontró con que una fuerte mano agarraba con
firmeza su brazo y la conducía fuera de la cocina.
— ¡Tienes la cama
preparada! —Jonas parecía alentarla mientras la apresuraba cuando cruzaban el
vestíbulo y la dirigía hacia las escaleras.— Duerme hasta tan tarde como
quieras. Probablemente me dedique a trabajar durante toda la noche,
generalmente duermo por el día. Si te levantas antes que yo, coge lo que
quieras de la cocina, comida, bebida, lo que quieras, pero no fisgonees.
—Lo último lo dijo en un tono duro que sonaba más como el hombre que ella
esperaba.
— Yo no hurgo. —Contestó ella rápidamente, molesta— Traje un
escrito para corregir. Así que me pondré a ello hasta que te levantes.
— Bien. Bueno. Buenas
noches. —La empujo dentro del cuarto de invitados amarillo que ella había
escogido más temprano y tirando de la puerta la cerró con un chasquido.
Demi giró lentamente sobre
sí misma, esperando oír el ruido de la cerradura por fuera. Se sintió aliviada
cuando no lo oyó. Sacudiendo la cabeza por tener una mente tan suspicaz, cogió
su maleta para buscar su camisón, luego entró en el cuarto de baño de la
habitación para ducharse. Justamente se estaba metiendo en la cama cuando se
acordó de la excusa que se había montado para quedarse allí. Se detuvo para
echar un vistazo a su alrededor.
Viendo el pequeño despertador que se encontraba en la mesita
de noche, lo cogió y puso la alarme en una hora. Tenía toda la intención de
levantarse para asegurarse de que Joe no se había dormido... y de que si lo
había hecho, fuera para volverse a despertar.
Demi colocó de nuevo el despertador sobre la mesa y se metió
bajo los edredones, pensando en esos terroríficos momentos de la cocina.
Inspiró profundamente por la nariz, recordando a Joe Jonas de pie quieto ante
ella, la sangre goteando por su cabeza y su rostro. Dios mío, hasta ese momento
ella nunca había visto una herida en la cabeza con anterioridad. De acuerdo,
había oído que las heridas en la cabeza podían sangrar mucho, y que a menudo
parecían peor de lo que eran, pero había habido tanta sangre.
Se estremeció y tragó un
nudo de ansiedad. Demi apenas lo conocía y el hombre había sido poco menos que
grosero desde su llegada, pero a pesar del hecho de que su conducta fuera
reprobable, ella realmente no quería verlo muerto. ¿Cómo podría impresionar
entonces a su jefa? Ya se lo podía imaginar.— No, Allison, no he podido
convencerle de hacer las entrevistas con los periodistas. No, ni tampoco las
apariciones en televisión. Er... no, tampoco de ir a firmar los libros.
Realmente, podría haberlo convencido, pero es que lo mate. Fue un accidente, Allison.
Se que es nuestro último cliente que genera
efectivo, y realmente no quería matarlo a parte del hecho de que era un grosero, y
un testarudo.... No, de verdad, fue un accidente. Si, me doy cuenta que estoy
despedida. No, realmente no te culpo por no darme una carta de recomendación.
Sí, si me perdonas me iré al McDonald de la esquina a buscar empleo ahora que
mi carrera de editora está acabada.
Suspirando, sacudió la cabeza recostada en la almohada y
cerro los ojos. Agradecía a Dios que Jonas pareciera gozar de buena salud...
exceptuando su palidez. Se sentó de nuevo en la cama, elucubrando de nuevo.
Realmente se le veía terriblemente pálido.
— ¿Y por que no iba a
estar pálido? —Se preguntó, él casi había perdido un litro de sangre. O mínimo
medio litro. Quizás debería ver que tal se encontraba ahora. Demi consideró el
asunto brevemente, parte de ella pensando en mirar como se encontraba, y otra
parte renuente de que le gritara por interrumpir lo que fuera que estuviera
haciendo. Seguramente ya le iba a desconcentrar bastante pasando a verle cada
hora a lo largo de la noche. Pero él se había visto terriblemente pálido
después de golpearse la cabeza.
Por otra parte, había
advertido su palidez en el porche antes de que él se hubiera golpeado en la
cabeza. ¿O había sido un efecto de la luz? Era de noche, y la lámpara del
porche tenía una de esas bombillas de neón. Podía haber sido un efecto de la
luz.
Meditó sobre el tema
brevemente, comenzando a sacar los pies fuera de la cama para ir a hacerle una
comprobación antes de irse a dormir, pero entonces la detuvo el sonido de una
puerta al cerrarse. Poniéndose en tensión, Demi escuchó el sonido suave de pies
bajando hacia el vestíbulo, luego se obligó a relajarse y recostarse en la
cama. El ruido de pasos había sido suave, pero sonaba normal. Joe no sonaba
como si caminara tambaleándose o excesivamente despacio. Estaba bien. Se
ceñiría a su plan y pasaría a echarle un vistazo pasada una hora.
Relajándose, se recostó y
cerró los ojos. No iba a dormir mucho esta noche y lo sabía. En verdad estaría
mucho mejor y durmiendo a pierna suelta en cualquier hotel. Y lo hubiera
preferido... herido o no en la cabeza... si no la preocupara que una vez fuera
de la casa, Joe Jonas no la volviera a dejar entrar. Demi no podía arriesgarse;
tenía que convencerlo de hacer las apariciones públicas. Cualquiera de
ellas. Se temía demasiado que su empleo como editora dependiera de su
aceptación.
----------------------------- Nota :D ----------------------------------© Juego de palabras entre “rare” –extraño-, y “rare” término
utilizado en los restaurantes para referirse a la carne poco hecha, vuelta y
vuelta.
olAAAA!!! mE ENCANTOOO !!! me fascinoo :)
ResponderEliminarjajajajajajaja si me rei con esta capitulo joe muriendose de hambre y demi no lo dejaba tranquilo siguela pronto
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