jueves, 25 de octubre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 11



Por raro que pareciera, Joe la echó de menos cuando se fue. Continuó a través de otro nivel del juego, pero no era lo mismo sin ella allí para compartir la alegría del éxito. Ya no hubo más chocar manos o pequeñas danzas de victoria, y se molestó al darse cuenta de que echaba de menos eso también. Pero más inquietante aún fue el hecho de que por primera vez en años, Joe se sintió solo.

A pesar de su larga noche, Demi estuvo levantada y lista para la una en punto. Se colocó ansiosamente frente a la puerta principal esperando a la señora Jonas. Cuando una limusina se detuvo en el camino de acceso, corrió al exterior y bajó las escaleras del porche, entonces se detuvo y se volvió confusamente hacia la puerta. Había quitado el cerrojo para salir, y no tenía ni la menor idea de cómo hacer para cerrarlo de nuevo. ¿Se atrevería a dejarlo sin cerrar? ¿O debería despertar a Joe y hacer que él lo cerrara?

— Está bien, Demi. No te preocupes por la puerta. —Denise bajó la ventanilla trasera para llamarla.— Ven, tenemos muchas cosas que hacer.

Encogiéndose interiormente, Demi se giró y caminó hacia la limusina. El conductor había salido para abrirle la puerta justo a la vez que ella llegó hasta ella, y Demi murmuró un gracias y se deslizó en el interior; entonces, reaccionó ante la vista de la madre de Joe. La mujer estaba arropada de los pies a la cabeza como si se encontrara en medio de una tormenta en invierno.

Llevaba puesta una blusa de mangas largas, guantes y pantalones flojos, y una bufanda sobre su cabeza que le cubría la mitad inferior de la cara. Grandes gafas de sol cubrían la mayor parte del resto de la cara. El único trozo de piel que se veía era su nariz, y estaba cubierta con una amplia capa de crema blanca que Demi supuso sería protector solar.

— No me lo diga. ¿Es usted alérgica al sol como Joe? —Adivinó Demi.

La boca de Denise se torció divertida.

— ¿De dónde crees que él lo sacó?

Demi rió y se relajó en la limusina, preparada para un día frenético de compras y mimos. Y eso fue exactamente lo que obtuvo: una búsqueda frenética para encontrar el vestido perfecto y adecuarlo a su medida, y luego un par de horas de deliciosos mimos y cuidados en el balneario donde la peluquera de Denise Jonas trabajaba. Disfrutó enormemente.

Joe no durmió bien. Se fue a la cama por puro aburrimiento tras la partida de Demi, pero no pudo descansar. La mujer realmente había invadido su casa, y ya había invadido sus sueños también. Este hecho fue suficiente para hacerle terriblemente gruñón al despertar, y fue un Joe hosco el que bajó las escaleras el sábado a la tarde. Y aún se volvió más gruñón tras comprobar en un rápido vistazo a la casa que Demi aún no había regresado de su viaje de compras.

Refunfuñando se encaminó hacia la cocina y, como era su costumbre, abrió la puerta de la nevera buscando sangre. No fue hasta que tuvo la puerta abierta cuando se dio cuenta de que había colocado su suministro en la pequeña nevera de su despacho, fuera de la vista de Demi. Consideró el volver arriba a buscar una bolsa, pero realmente no se sentía así. Tampoco sentía ganas de comida normal, a pesar de que Demi y él habían desperdiciado la cena la noche anterior en beneficio de Blood Lust II. Y sabía que iba a comer un montón de sabrosa comida en la celebración de la boda, así que era mejor no comer ahora.

Decidiendo que cogería una bolsa de sangre antes de salir hacia la boda, Joe vagó sin rumbo fijo saliendo de la cocina y pasando por el vestíbulo hacia el salón. Inmediatamente sonrió. Demi había terminado de ordenar las cartas por categorías, y había varias cartas formales esperando su firma.

Curioso, se sentó en el sofá y empezó a leerlas. Todas eran muy agradables, coloquiales cartas que parecían graciosas y encantadoras, y para nada parecidas a las de él. Demi era muy buena escritora, también. Había hecho un trabajo maravilloso, y Joe supuso que tendría que darle las gracias. Y también supuso que debería contratar a un asistente para que se encargara de esas tareas en el futuro. Desgraciadamente, sabía que no lo haría. La idea de un extraño en su casa, enredando entre sus cosas no era atrayente. Esa era la razón por la que aún no había reemplazado a su ama de llaves, la señora Johnson. La mujer había muerto mientras dormía en 1995. Ocho años atrás, constató con sorpresa.

Desde entonces, Joe había contratado un servicio de limpieza que limpiaba su casa una vez por semana, y habitualmente comía fuera o encargaba comida para llevar de un restaurante calle abajo. Tenía intención de hacer eso sólo hasta que encontrara quien reemplazara a la desventurada señora Johnson, pero nunca se había puesto a ello. Pensaba en ello y en todos los problemas que supondría y se ponía en contra. ¿Para qué perder tanto tiempo y esfuerzo sólo para encontrar a alguien que moriría en veinte o treinta años, tal y como la señora Johnson y Edwin habían hecho?

Murmuró por lo bajo ante ese pensamiento. Los humanos eran tan poco fiables en ese sentido. Siempre morían justo cuando acababas de entrenarlos.

Estaba pensando en ese hábito tan molesto del género humano cuando la puerta principal de la casa se cerró de un portazo. Demi había vuelto de su excursión de compras. Pasó sus manos por su cabello, alisó su camiseta e intentó parecer presentable. Se sentó, mirando con expectación hacia la puerta del salón… justo a tiempo de captar un vistazo de Demi subiendo las escaleras. Al menos pensó que era Demi. Todo lo que había visto era un desordenado manojo de bolsas con variados nombres de diseñadores en ellas, y los pies.

Oh, sí. Ella había estado comprando. Se reclinó de nuevo en el sofá con disgusto. Ella ni siquiera se había fijado en él. ¡Mujeres!

Llegó toda una cacofonía de ruidos procedentes de la parte alta: el portazo de la habitación de invitados y una serie de ruidos inidentificables de traqueteos y golpes. Sonaba como si la mujer estuviera saltando por la habitación y tirando cosas por todas partes. Duró lo suficiente como para que Joe se preocupara. Y entonces, de repente, un absoluto silencio. Se puso de pie y caminó hacia el vestíbulo, mirando ansiosamente escaleras arriba. Una puerta se abrió y se cerró; entonces escuchó el taconeo de unos zapatos de tacón alto en el pasillo de madera del piso superior, y Demi apareció en lo alto de las escaleras.

Era un espectáculo. Una visión. Su pelo dorado estaba recogido en lo alto de la cabeza con pequeños tirabuzones cayendo para enmarcar su preciosa y excitada cara. El vestido que llevaba era de un profundo verde esmeralda. Tenía una larga falda, un cuello alto y estaba hecho de un material suave que brillaba marcando graciosamente los contornos y curvas de su cuerpo. Estaba gloriosa. Un ángel. La mujer más hermosa que Joe había visto en toda su vida, y eso era decir bastante. Se quedó sin habla, asombrosamente. Simplemente la miró con admiración mientras ella bajaba las escaleras.

Estaba a medio camino cuando le vio. Inmediatamente se detuvo, parpadeó y le miró ceñuda:

— ¡No estás listo!

Fue el turno de Joe para parpadear. Su ángel estaba gritando. Estaba frenética. La serena visión se había ido.

— ¡Joe! —Ella le miró con incredulidad.— La boda es a las siete en punto. Son las seis y cuarto. Tenemos que irnos. ¡Ni siquiera te has dado una ducha, o algo! ¿Qué has hecho durante todo este tiempo? —Ella se cubrió la cara horrorizada.— ¡Llegaremos tarde! Odio llegar tarde a las bodas. Todo el mundo estará sentado en los bancos de la iglesia, y todos nos mirarán y…

— ¡De acuerdo! —Joe cogió sus manos tratando de apaciguarla mientras subía las escaleras.— Todo está bien. Soy rápido. Estaré listo. Simplemente dame diez minutos. No llegaremos tarde. —Le aseguró mientras se movía apresuradamente junto a ella.— De verdad. Te lo prometo.

Demi le miró con exasperación mientras Joe desaparecía escaleras arriba. Una vez que estuvo fuera de su vista sus hombros se encorvaron tristemente. Después de todos sus esfuerzos él ni siquiera le había dicho cómo la encontraba.

Decepcionada, bajó del todo las escaleras y entró en el salón. Estaba del todo preparada para hacer un hoyo en el suelo por la impaciencia que tenía. Pero no tuvo la oportunidad. Diez minutos más tarde Joe bajaba las escaleras preparado para irse. Su pelo todavía estaba húmedo por la ducha y lo tenía echado hacia atrás, y un traje de diseño colgaba elegantemente en sus anchos hombros.

Diez minutos, pensó Demi con disgusto. Diez minutos y se veía fabuloso. ¡A ella le había llevado todo el día arreglarse decentemente y a él le había bastado con diez minutos! Le miró mientras se unía a él en el vestíbulo.

— ¿Lo ves? Te dije que sería rápido. —Dijo Joe apaciguadoramente mientras abría la puerta principal.— No llegaremos tarde. Estaremos justo a tiempo.

Todavía irritada por su rapidez, Demi simplemente hizo una mueca mientras se dirigía hacia fuera por delante de él.

Joe abrió la puerta del copiloto de su BMW de un modo cortés que ella apreció, y luego comentó:

— Te ves encantadora.

Cerró la puerta antes de que ella pudiera responder, pero Demi sonrió ampliamente mientras le miraba rodear el coche hacia el lado del conductor. Su humor empezaba a elevarse de nuevo. Generalmente, Demi odiaba las bodas, y definitivamente no estaba para nada contenta con el hecho de ser llamada “La cita de Joe”, pero quizás la noche no fuera tan mala.

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