Demi
hizo una mueca con la idea. Eso supondría un montón de trabajo para ella, y los
lectores apenas serían propensos a ser tan felices. Seguramente serían más
felices con su entrometimiento que recibiendo una carta que dijera:
Querido
lector
No
Sinceramente
Joe
Jonas
Por
raro que fuera, Demi se encontró a sí misma riendo con la idea. Él era algo
divertido en cierta forma, este escritor suyo. El problema era que no tenía la
menor intención de serlo.
Exhalando
un suspiro, volvió hacia el cuarto de estar para empezar a trabajar.
Joe
cogió una bolsa de sangre del pequeño frigorífico del despacho, donde la había
colocado antes, y se puso a caminar por su despacho como un tigre enjaulado.
Hizo eso durante más de una hora antes de desprenderse de la suficiente energía
como para poder relajarse algo y sentarse. No sabía si era su rabia o la
cafeína lo que le había puesto patas arriba. Y no le importaba.
Gimiendo,
se reclinó en la silla y se frotó la cara con las manos. Su madre le había
maldecido con dos noches más con la presencia de Demi Lovato. Y Demi no había
mejorado las cosas con su rápido asentimiento. La mujer era como el liquen.
Como el cieno que no puedes despegar de la suela de tus zapatos. Como... bueno,
ninguna de las cosas que le venían a la mente era demasiado atractiva y, tan
incordiante como Demi Lovato era, era también atractiva, así que Joe dejó sus
comparaciones. Trataba de ser justo con esas cosas, tanto como le fuera
posible.
Apartando las manos de la cara, comenzó a considerar
el ordenador del escritorio. Quería evitar a Demi por un momento. Estaba
todavía tan enojado que podría lastimar sus sentimientos si estaba alrededor de
ella, y no quería lastimarla...
—
¡Bien, demonios! ¿Ahora te preocupas por sus sentimientos? —Se dijo a sí mismo.
Eso no debía ser. Tenía que intentar ser firme con sus revueltos sentimientos,
y recordarse a sí mismo que “La mujer es tu editora. Ella usará
manipulaciones, inteligentes tretas y cualquier arma que sirva para conseguir
lo que quiere de ti. No empieces a ser suave y sentimental con ella. No la
quieres aquí. Quieres que te deje solo y trabajar en paz”.
El
problema era que él realmente no tenía nada en lo que trabajar. No había
empezado nada nuevo desde que acabó la historia de Kevin y Dani, impresa desde
hacía un mes. Y Joe no tenía ni la menor idea de en qué trabajaría ahora. Sabía
que Demi y Roundhouse Publishing querían otro romance de vampiros, pero Nick no
daba indicios de complacer a su hermano enamorándose de nuevo tan pronto.
Bueno, decidió Joe con indiferencia, no era como si
necesitara el dinero. Sus inversiones a través de los años siempre se habían
dado bien. Podía relajarse si quería. Roundhouse simplemente tendría que
esperar hasta que se le ocurriera algo.
Su
mirada cayó en el videojuego de la esquina de su escritorio, Blood Lust II©.
El juego era la nueva creación de Kevin. La primera parte se había agotado
varias veces, y había ganado incontables premios. Su éxito no fue una gran
sorpresa para Joe; el juego era divertido y lleno de acción, con impresionantes
gráficos, montones de villanos para matar, montones de acertijos para resolver
y una gran historia. Joe no era el único de la familia que sabía escribir una
historia. Se esperaba que Blood Lust II fuera aún mejor cuando saliera.
Sonriendo,
hizo saltar el sello del envoltorio y arrancó el CD del juego. Había jugado un
par de niveles del prototipo antes de que el juego estuviera terminado, y él y Nick
consiguieron las dos primeras copias completas antes de que salieran a la
venta. Era bueno ser hermano del creador.
Joe
deslizó el juego en su ordenador y se preparó para disfrutar. Se desharía de
parte de su ira matando algunos villanos. Y también evitaría a Demi durante un
tiempo. Había encontrado la solución perfecta.
Jugó durante algunas horas, adentrándose en el
interior del juego, cuando escuchó que llamaban a la puerta. A su respuesta con
un distraído “¿Qué?” la puerta se abrió y Demi entró en la habitación llevando
una bandeja.
—
Pensé que debería tener hambre.
Sus
tentadoras palabras, unidas al olor de la comida, distrajo la atención de Joe
del juego. Husmeó con la nariz, pensando que podría comer algo en ese momento.
Él, al igual que el resto de su familia, comía comida al igual que ingería
sangre. Si no lo hicieran, todos serían pálidos espectros.
—
¿Qué es? —Preguntó, curioso.
— Bueno, sabía que iba a estar ocupada, he estado
escribiendo algunas cartas, —informó ella— así que después de que tu madre se
fuera y tú subieras arriba metí el asado que recogimos en el horno con algunas
patatas. De esa manera se haría mientras trabajaba. Dijiste que te gustaba
cualquier cosa rara, espero que eso incluya el asado, porque este asado es
bastante extraño.
—
Perfecto. —Joe cogió la bandeja y la colocó sobre su escritorio, dándose cuenta
de que había dos platos de comida y dos vasos con algo que parecía ser vino, y
también dos vasos de agua. Ella se había cubierto las espaldas.
Él
apenas se estaba relajando cuando ella comenzó a arrastrar una silla alrededor
del escritorio para unirse a él, diciendo:
—
Esperaba que pudiéramos discutir...
Estaba
a punto de sacar el tema de la publicidad otra vez. Joe inmediatamente se
tensó; entonces, la mirada de Demi se desvió hacia la pantalla del ordenador.
—
Eso parece Blood Lust.
—
Blood Lust II. —Le corrigió.
—
Estás bromeando. ¿De verdad? Se supone que no saldrá a la calle hasta el lunes.
Lo tengo pedido.
—
Conozco al creador. —Admitió Joe con renuencia.— Tengo una copia tempranera.
— No es posible. ¡Tú, perro afortunado! ¿Es tan bueno
como el primero?
—
Mejor. —Joe comenzó a relajarse de nuevo mientras ella continuaba mirando
fijamente y con avidez la congelada pantalla. Reconocía un compañero de juego
cuando lo veía. Cualquier charla sobre la publicidad había mordido el polvo por
esa noche.
Miró
hacia la pantalla y vio que su personaje había muerto mientras él estaba
distraído. El juego estaba esperando que él decidiera qué hacer a continuación.
Sus opciones eran empezar de nuevo o salir del juego. Consideró el asunto
brevemente, y entonces preguntó:
—
¿Quieres jugar? Puedes jugar a dobles.
—
¿De verdad? —Ella pareció terriblemente excitada.— Sí, por favor. Me encanta
Blood Lust, llevo siglos esperando que saliera la segunda parte. —Arrastró su
silla aún más cerca.— Esto es genial.
Joe sonrío para sí y empezó el juego. Tenía que decir
una cosa sobre ella: Demi C. Lovato tenía buen gusto. Le gustaban sus libros y
le gustaba el juego de Kevin.
Y
también demostró ser un infierno de jugadora. La cena que había preparado
descansaba olvidada encima del escritorio mientras ellos pasaban los niveles
que él ya había atravesado antes, y continuaron hacia los siguientes niveles,
trabajando juntos para vencer a los villanos y salvar la damisela en apuros.
Cada vez que tenían éxito y pasaban a otro nivel Demi reaccionaba como una niña
excitada, chocando las manos o bailando una pequeña danza de la victoria
alrededor del escritorio mientras esperaban a que se cargara el siguiente
nivel.
Jugaron
durante horas, hasta que la comida se marchitó y congeló, hasta que sus cuellos
y manos les dolieron y hasta que Demi empezó a adormecerse en su asiento.
Cuando Joe con renuencia sugirió que sería mejor que ella se fuera a la cama,
ella afirmó con la misma renuencia que debería irse, o no sería capaz de
levantarse para la excursión de compras con la madre de él.
Por
raro que pareciera, Joe la echó de menos cuando se fue. Continuó a través de
otro nivel del juego, pero no era lo mismo sin ella allí para compartir la
alegría del éxito. Ya no hubo más chocar manos o pequeñas danzas de victoria, y
se molestó al darse cuenta de que echaba de menos eso también. Pero más
inquietante aún fue el hecho de que por primera vez en años, Joe se sintió
solo.

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