lunes, 22 de octubre de 2012
*✿.。.:*Novio de Emergencia *.:。✿* Cap:1
—¿Que Mallory te ha
dejado? —exclamó Joe.
—Menuda ironía, ¿verdad?
—sonrió Nick, apoyando la espalda en la pared de hielo mientras se ponía la
chaqueta. A aquella altitud, era fácil perder calor—. Normalmente suelo ser yo
quien las deja.
Joe hizo una mueca.
—Siempre me gustó
Mallory. Y parecíais llevaros muy bien.
—Eso es lo que yo
pensaba. Mallory es una chica muy especial. Inteligente, preciosa,
independiente… de verdad pensé que con ella iba a salir bien —murmuró Nick,
golpeando los clavos de sus botas con el piolé para quitarles el hielo—. Pero
entonces apareció la palabra maldita, como siempre.
—¿Qué palabra?
—Compromiso —murmuró Nick,
observando la hermosa panorámica.
Se habían detenido para
descansar un rato antes de seguir hacia la cumbre. Les quedaban un par de
horas, pero el paisaje era extraordinario desde allí. A Nick le encantaba la
montaña. El aire era limpio y puro, el único sonido, el del viento.
Se alegraba de que Joe
lo hubiera llamado para ir de escalada. Al menos allí todo era más sencillo,
sin mujeres exigiéndole nada.
—¿Por qué las mujeres
están obsesionadas por el compromiso? Todas empiezan fingiendo que son
independientes, pero tienes suerte si consigues llegar a la tercera cita sin
que hayan empezado a hacer pCyruss de boda.
—Mallory y tú habéis salido
más de tres veces —observó Joe—. Llevabais casi un año saliendo, ¿no?
—Pues eso… ¿por qué ha
tenido que estropearlo?
—¿Qué te dijo?
Nick dejó escapar un
suspiro.
—Aparentemente, soy
incapaz de «comprometerme» o de «mantener una relación seria». Según Mallory,
ella solo era para mí una más en un harén de mujeres.
—Ah, ya.
—Su teoría es que nunca
estaré contento con ninguna mujer porque siempre tendré la impresión de que me
estoy perdiendo algo mejor —suspiró Nick—. ¿No te pone nervioso que las mujeres
te analicen?
Joe no contestó
inmediatamente. Tras las gafas de sol que le protegían los ojos, su expresión
era indescifrable.
—La verdad es que tiene
razón, ¿no? —murmuró por fin.
—A ver, ¿de qué lado
estás?
—Eres tú quien ha dicho
que Mallory es muy lista.
—Sí, ya, pero… me gustan
las mujeres. ¿Qué hay de malo en eso?
—Nada.
—Y yo les gusto también.
¡Me encantan las mujeres! Es ridículo decir que no puedo relacionarme con
ellas.
—¿Eso es lo que dice
Mallory?
—Según ella, no tengo ni
idea de cómo ser amigo de una mujer. ¿Te lo puedes creer?
—Sí.
—¿Cómo que sí? —replicó Nick,
irritado. Joe era tan… tan… británico algunas veces.
—¿Has mantenido una
relación platónica con alguna mujer?
—Claro.
—¿Cuándo?
—¿Cuándo? Pues… —Nick se
lo pensó un momento—. Bueno, ahora mismo no me acuerdo, pero seguro que he
tenido alguna amiga. Seguro que tú tampoco puedes dar un nombre ahora mismo.
—Sí puedo. Demi es una
de mis mejores amigas, seguramente mi mejor amiga. Estudiamos juntos en la
universidad.
—¿Y nunca te has
acostado con ella?
—No.
—Seguro que te gustaría
hacerlo.
Joe negó con la cabeza.
—No, eso arruinaría
nuestra amistad. Con ella puedo hablar de todo. Y no tiene nada que ver con el
sexo. Si me acostase con ella… nunca sería lo mismo. Y no creo que tú puedas
ser amigo de una mujer.
—¿Quieres apostar algo?
—Sí.
—Muy bien.
Joe ató el cordaje a una
roca y se volvió.
—Te apuesto diez mil
dólares… que donaré a alguna asociación benéfica, a que no puedes ser amigo de
una mujer.
Nick soltó una risotada.
—¿Diez mil dólares? Lo
dirás de broma.
—Puedes permitírtelo.
—¿Y tú?
—Yo no voy a perder la
apuesta —sonrió Joe con irritante calma.
Pero Nick no era hombre
que le diera la espalda a un reto.
—Lo de ser amigos es un
poco subjetivo, ¿no? ¿Cómo sabremos si he ganado la apuesta?
—¿Qué tal si pasas unas
semanas en Londres? —preguntó Joe.
—Muy bien. Puedo
controlar la empresa desde allí. De hecho, no me vendría mal. He estado
pensando hacer contactos en Europa y después de este fiasco con Mallory…
prefiero estar lo más lejos posible.
—Muy bien. Demi comparte
piso con otras tres chicas, pero una de ellas está a punto de casarse, así que
les queda un cuarto libre. Podrías quedarte allí.
—¿En un apartamento con
tres chicas?
—Yo creo que sería una
prueba definitiva —sonrió Joe—. Si en un mes y medio te has hecho amigo de Demi,
Selena y Phoebe, me dices el nombre de la asociación y yo les mando el cheque
de diez mil dólares.
—Ya —murmuró Nick,
receloso—. ¿Cómo son Selena, Demi y Phoebe?
—Son tres chicas
normales.
—¿Y eso es todo? ¿Solo
tengo que vivir con ellas durante seis semanas?
—Con una condición:
tendrás que ir de incógnito. Además, ya has tenido demasiadas novias famosas.
Mallory es una conocida psicóloga, antes saliste con una presentadora de
televisión, con una modelo… ¿cómo se llamaba? La que tenía dos metros de
pierna.
—¿Verona?
—Esa misma —sonrió Joe,
recordando las espectaculares piernas de la modelo—. El caso es que en Londres
nadie puede saber quién eres, así no podrás comprar el afecto de las chicas.
Tendrás que ser tú mismo, Nick. Si no eres capaz de ganarte su amistad en seis
semanas, habrás perdido la apuesta… y Mallory tendrá razón.
Nick se quedó mirando
hacia la cumbre. Pensaba en su padre, que iba por el cuarto matrimonio… Y no
quería ser como él. Había visto llorar a demasiadas mujeres por su culpa.
Por otro lado, se
enorgullecía de no hacer promesas que no pensaba cumplir. Siempre había dejado
claro desde el principio que él no quería saber nada del matrimonio. Y,
francamente, creía ser honesto al vivir el presente, sin promesas de un futuro
para el que no estaba preparado.
Pero eso no significaba
que no pudiera ser amigo de una mujer. Y tampoco estaba dispuesto a aceptar que
él era como su padre. Si no tenía una amiga como Joe era porque las mujeres que
él conocía estaban más interesadas en ser esposas que en ser amigas.
Pero le demostraría a Joe
y a su padre que él era perfectamente capaz de mantener una relación con una
mujer basada únicamente en la amistad. Aceptaría la apuesta.
—¿Diez mil dólares?
—Diez mil dólares —dijo Joe.
—¿Y yo elijo la
asociación benéfica a la que iría a parar el dinero?
—Eso, si ganas.
—Muy bien —sonrió Nick,
estrechando la mano de su amigo—. Acepto la apuesta.
Mileyse dejó caer en
el sofá y se quitó los zapatos con un suspiro de alivio.
—¡Cómo me duelen los
pies!
—Pero los zapatos son
divinos —sonrió Demi, pasándole una taza de té—. Ya sabes, para estar guapa hay
que sufrir.
Selena estaba sentada en
el sillón, con las piernas colgando sobre el brazo.
—Yo estaría exhausta si
tuviera que ir guapísima todo el tiempo. Qué horror, no sabía que iba a ser una
boda tan elegante. ¿Os habéis fijado en cómo iban vestidas las mujeres? Han
debido tardar horas para ponerse así… Yo me sentía como la pariente pobre.
—Lo sé —murmuró Miley—.
Y, encima, ninguna de las tres ha ido con novio.
—Venga, por favor, yo lo
he pasado muy bien —sonrió Demi—. Si me caso algún día pienso hacerlo como
Caro, en una iglesia preciosa y celebrando el banquete en el club más exclusivo
de Londres, con cientos de invitados todos vestidos de diseño.
—Pues ya puedes empezar
a buscar amigos ricos —rió Miley—. Selena, Joe y yo acamparemos a la puerta de
la iglesia para veros pasar.
—No te preocupes, ya os
colocaría en alguna esquina… donde no os viera nadie.
—Vete diciéndole a tu
padre que empiece a ahorrar —dijo Selena—. La boda de Caro debe de haber
costado un riñón y parte del otro.
—Supongo que Anthony
habrá puesto parte del dinero. Y él puede permitírselo —suspiró Miley.
—Pues yo preferiría una
boda en el campo —insistió Selena—. Solo la familia y los amigos íntimos. Mis
dos sobrinas llevando las arras, con vestiditos de organza rosa y… —entonces se
dio cuenta de que Demi yMileyestaban mirándola, boquiabiertas—. Vamos, tampoco
es que lo haya pensado mucho.
—No, seguro que no —rió Demi—.
¿Y tú, Miley? ¿Prefieres una boda en el campo o una boda por todo lo alto?
Miley estaba quitándose las
migajas de galleta del vestido.
—Ninguna de las dos. Yo
creo que lo mejor es casarse sin que se entere nadie. Así, al menos sabes que
el novio no va a dejarte plantada.
—Lo siento,Miley—murmuró
Demi, apenada—. Se me había olvidado.
—No te disculpes. Ya ha
pasado un año.
Dieciséis meses, tres
semanas y cuatro días, para ser exactos.
Aunque ella no estaba
contando.
—Además, no tuvimos
tiempo de pensar mucho antes de que Ben cambiase de opinión.
Selena y Demi
permanecieron en silencio. Sabían muy bien que Ben y Miley habían sido novios
desde el instituto y que las posibilidades de que ella no hubiera soñado con la
boda durante años eran remotas.
Al menos no habían
enviado las invitaciones. Y se ahorró la humillación de devolver regalos y
contestar a notas compasivas. Aunque todo el mundo se enteró, por supuesto.
—Bueno, yo creo que planear
nuestra boda es una pérdida de tiempo. Chicas, tampoco es que haya hordas de
hombres deseando llevarnos al altar.
—No, eso es verdad
—suspiró Demi.
—Estoy empezando a
pensar que esta casa tiene algo malo —dijo Phoebe, señalando alrededor—. Puede
que haya un maleficio… o un repelente para hombres. ¿Creéis que debería
venderla?
—¡No! —exclamaron Selena
y Demi al unísono.
—A mí me gusta —dijo Selena.
—Y a mí también —afirmó Demi—.
Además, no encontraríamos una más bonita… por el alquiler que nos cobras.
—Pero entiendo lo que
dices sobre el maleficio —dijo Selena entonces—. A lo mejor eso explica por qué
Seb se porta de una forma tan rara últimamente… Pero creo que deberíamos probar
con el feng shui antes de hacer nada
drástico —añadió entonces—. Tengo una amiga que es experta en feng shui. Aparentemente, puedes
cambiar tu suerte con solo mover los muebles de sitio y bajando la tapa del
inodoro para que no entren los malos espíritus.
—Como por aquí no hay
hombres, eso no será un problema —sonrió Phoebe.
—Selena tiene razón
—observó Demi—. No sobre el feng shui,
sino sobre lo de no vender la casa. Es preciosa, Phoebe.
—Lo sé, lo sé.
—Y yo no tengo ganas de
mudarme. Aunque admito que no será igual sin Caro. Menuda egoísta, dejarnos
solas para casarse.
—Sí, es verdad. ¿Qué va
a ganar con eso? —preguntó Phoebe, señalando alrededor. La cocina, por
supuesto, estaba en el mismo estado de caos que de costumbre—. ¿A quién se le
ocurriría dejar esto por una casa en el campo y un marido que la adora?
—No me lo puedo ni
imaginar —suspiró Selena—. Yo no lo haría, desde luego. A lo mejor nos echa
tanto de menos que vuelve.
—No creo que debamos
contar con eso —rió Phoebe—. Sé que va a ser difícil reemplazarla, pero me temo
que habrá que encontrar otra compañera porque tengo que pagar la hipoteca.
¿Sabéis de alguien que esté buscando habitación?
Las dos negaron con la
cabeza.
—No conozco a nadie con
quien me gustaría compartir casa —dijo Demi.
—Pues entonces tendré
que poner un anuncio en el periódico.
—A mí no me parece buena
idea —objetó Selena—. Hay mucha gente rara por ahí. ¿Te acuerdas de esa
película en la que la inquilina se viste como la dueña de la casa y luego
intenta matarla? Podríamos encontrarnos con alguien así.
—O peor —dijo Demi—.
Podríamos encontrar una aficionada a la música country.
Las tres se quedaron en
silencio, pensativas.
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