Mientras,
las palabras de Demi penetraban en su cabeza; Luego se volvió en dirección a
las escaleras. R. T. Ella debía estar confundida. Revisaría la página
Web de la revista Romantic Times en Internet solo para asegurarse de que estaba
confundida.
Apenas
tres minutos más tarde, el rugido de Joe hizo eco a través de la casa.
— No lo estoy
haciendo. —Anunció Joe, furioso bajo su calmada proclamación.
— Si, lo haces. —Denise
Jonas insertó otra palabra en el crucigrama del diario. Ella había estado
haciendo esa maldita cosa desde que él había llegado.
A Denise le
desagradaba el olor y el ruido de la ciudad. Al padre de Joe, Claude, no le
habría gustado más aquello. A parte de qué, vivir en la ciudad significaba
mudarse cada diez años para evitar atraer atenciones no deseadas sobre el hecho
de que no envejecían. Los padres de Joe se habían recluido completamente,
comprando varios lotes de tierra a las afueras de Toronto, y construyendo su
casa en medio de ellos. Así no tenían vecinos cercanos para preocuparse, y no
necesitaban mudarse del todo si no lo deseaban. Al menos, no habían tenido que
moverse en treinta años desde que la habían construido.
Joe ahora estaba
sentado en la mansión familiar y miraba a su madre rellenar otra palabra. No
tenía ni idea de porque ella perdía el tiempo con los cruentos crucigramas;
siglos de vida combinados con una perfecta memoria lo hacían menos que
desafiante. Encogiéndose, la miró ferozmente y repitió:
— No lo estoy
haciendo.
— Si lo haces.
— No lo hago.
— Lo haces.
— No.
— Lo haces.
— Ya esta bien, los
dos. Basta. —Interrumpió Nick. Él había conducido hasta la casa familiar de Jonas
después de que Joe le hubiese telefoneado, vociferando ininteligiblemente sobre
ser engañado y gritando que iba a estrujar el precioso cuello de su madre. Nick
realmente no había creído que su hermano lo hiciera, pero la curiosidad le
había hecho apresurarse para ver lo que ocurriría. Había llegado justo detrás
de Joe, entrando en la casa pisándole los talones a su hermano, y aún no sabía
porque el hombre estaba molesto.
Realmente quería
saberlo. Era raro ver a Joe con el fuego ardiendo en sus ojos. ¿Gruñón, hosco,
impaciente? Si, Joe era a menudo todo eso. ¿Apasionado con ferocidad? No. Demi
C. Lovato había encendido un fuego en él, el cual Nick no había visto en sus
quinientos años. Y Nick estaba seguro de que tenía algo que ver con esa
inestimable editora. Joe había gritado su nombre como una maldición varias
veces mientras hablaban por teléfono. Era una de las pocas palabras que Nick
realmente había cogido.
Volviéndose a su
hermano, Nick preguntó.
— Así qué, ¿cuál es
exactamente el problema, Joe? Pensé que estabas dispuesto a hacer una
entrevista con esa revista Romantic Weekly para deshacerte de Demi. ¿Qué
sucedió para cambiar eso?
— Romantic Times.
—Corrigió rápidamente Joe— Y no es una sangrienta entrevista; eso es lo que
cambio. Es una maldita conferencia.
— ¿Una conferencia?
—Nick recorrió con la mirada a su madre suspicazmente.— ¿Sabías eso?
Denise Jonas se
encogió suavemente, lo cual era lo más cercano que ella haría a una confesión.
— No veo el
problema. Serán solo un par de días en un hotel con algunos lectores.
— Cinco días,
madre. —Contestó bruscamente Joe— Cinco días en un hotel con unos cinco mil
fans. Y luego habrá un baile, firma de libros y...
— Una firma de
libros. —Interrumpió su madre— Una firma de libros con un par de centenares de
otros escritores allí. Tú no serás el centro. Tendrás suerte de obtener
atención de todos.
Joe no se calmó.
— Y que hay sobre
el baile y la cenas de entregas de premios y...
—Todos los actos
son organizados por el hotel. No necesitaras exponerte al sol. Y...
— ¡No necesitare
exponerme al sol porque no iré! —Gritaba Joe— No puedo ir.
— Iras.
—Comenzó firmemente Denise, pero Nick la interrumpió.
— ¿Por qué no puedes
ir ? —Preguntó a Joe.
— Es por la situación, Nick. —Dijo su
hermano desagradablemente.— Posiblemente no pueda pasar sangre a través de la
aduana del aeropuerto. Y no puedo pasar sin sangre durante cinco días. —Podría,
realmente, pero no muy cómodamente. Los engarrotamientos le dejarían
incapacitado, y su cuerpo comenzaría a consumirse a sí mismo.
Nick frunció el
ceño.
— Podría enviarte
sangre una vez que estuvieras allí. Hacemos cosas así todo el tiempo.
— Allí. ¡Lo ves! —Su madre disfrutaba
con su triunfo.— Iras.
— Gracias, hermano.
—Joe desdeñó sarcásticamente al joven, luego gritó ferozmente a su madre.— ¡No
voy! —Dijo de nuevo.
— Diste tu palabra.
— Me engañaron para
que diese mi palabra. Tú me hiciste creer que sería una entrevista.
— Nunca dije que
fuese una entrevista. —Sostuvo Denise. Entonces subrayó.— Diste tu palabra de
que irías e iras.
— Pude haber dado
mi palabra, pero no firme un contrato o algo así. No iré.
Denise se sacudió
fuertemente como si él la hubiese abofeteado. Sus palabras fueron lentas y
frías.
— La palabra de un
hombre acostumbra a ser su garantía.
Joe se sobresaltó,
pero gruñó.
— Solía ser. Los
tiempos han cambiado. En este mundo, un hombre no tiene que hacerlo a menos que
este escrito.
— En estos tiempos, eso es cierto.
—Concedió ella, sus ojos contrayéndose en él— Pero así no es como te criaste, Joe
Jonas. ¿No eres un gran hombre de palabra?
Joe apretó sus
dientes, su furia e impotencia combinándose. Su madre estaba usando toda su
influencia, cuestionando su honor y usando su nombre y sus apellidos para
exteriorizar su vergüenza si él se echaba atrás en su palabra. ¿Podría
decepcionarla realmente?

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