Sacudiendo la
cabeza entró en su oficina, encendiendo las luces de un golpe. Le daría quince
minutos para que se durmiera y luego entraría en la habitación y apagaría el
reloj despertador. Lo último que necesitaba era que le estuviera fastidiando
toda la noche. Aunque también se le ocurrió que si ella no dormía mucho esa
noche, entonces probablemente dormiría hasta más tarde por la mañana para
compensarlo, lo que significaría que tendría menos tiempo para meter sus
narices donde no le llamaban mientras él estaba durmiendo.
No, decidió él.
Ella le había dicho que no curiosearía, y el creía en su palabra.
En su mayor parte.
Demi miró a su
alrededor.
Sin dejar de
pensar. Había planeado una serie de cosas para ese día que definitivamente no
incluían que se durmiera; pero,
bueno, los planes podrían mejorar, si es que se
podía. Aunque siempre le salían mal.
Demi se despertó
a las diez de la mañana. Su primer
pensamiento fue preguntarse donde estaba. Lo
segundo que pensó, una vez que
recordó donde estaba y por qué, estaba.—
Oh, mierda, la
alarma no ha funcionado. —Saltando sobre la
cama, alcanzó el despertador para
comprobarlo. Estaba bien
puesto. Demi miró ceñudamente a
la maldita cosa,
estaba segura de que lo había puesto después de su última
comprobación a Joe. Claramente
recordaba haberlo puesto y encenderlo. Pero
estaba desconectado. Lo colocó en su
sitio frunciendo el ceño. ¿Se
habría despertado un segundo solamente para alcanzarlo y apagarlo? Debía de ser
eso,
comprendió haciendo una mueca.
— Que pasa
contigo, Lovato.
La única excusa para quedarte aquí,
la oportunidad perfecta para congraciarse con este hombre,
y lo has dejado pasar. —Ese había sido su pensamiento, él no podría expulsarla
de su casa después de haberse despertado cada hora para ver si se encontraba
bien. Pero ahora que había
fallado en esa tarea, él la echaría
antes del mediodía, si él no hubiese
estado escribiendo durante toda la noche como iba a hacer.
Si hubiera escrito durante toda la noche, no se
despertaría hasta las dos o tres. Por lo que ella estaría fuera de allí para
las tres o las cuatro .
— Muy
bien hecho, Katie. —Ella apartó la sábana
y se levantó de la cama. Ahora tendría que
buscar otra buena excusa para quedarse hasta que convenciera a Joe Jonas para
que cooperase.
Demi reconsideró
el problema mientras se duchaba, mientras
se secaba, mientras se vestía, mientras se lavaba los dientes,
mientras se peinaba el cabello y mientras se
aplicaba algo de maquillaje. Al
final lo dejó como una causa perdida hasta que hubiera comido algo.
Siempre pensaba mejor cuando tenía el estómago
lleno.
Salió de la
habitación de huéspedes, haciendo una pausa en el vestíbulo y mirando fijamente
a la puerta que estaba enfrente de la suya.
Tal vez debería comprobar como se encontraba su
anfitrión. No lo había comprobado
en toda la noche. El hombre podría
estar en estado comatoso sobre el suelo de su habitación.
Frunció los
labios pensativamente mientras pensaba en esa probabilidad,
entonces sacudió la cabeza.
No. No
una buena idea, decidió. Había
descuidado su responsabilidad de comprobar su estado por la noche;
lo último que querría sería despertarlo antes de
que hubiera encontrado algún modo de redimirse.
Dándose media
vuelta, se desplazó
silenciosamente como buenamente pudo hasta la escalera y bajó. Su primera
parada fue la cocina. Puso la cafetera,
luego inspeccionó el contenido del frigorífico.
Aunque ya supiera cada artículo que había en su
interior, era una manera de
divertirse, al mirar cada producto y fingir que podría comer algo grasiento y
malsano como huevos con beicon. Desde
luego, no lo hizo.
Se conformó con algo menos satisfactorio, como un
sano zumo de pomelo y cereales. Entonces se echó una taza de café y lo bebió a
pequeños sorbos mientras miraba detenidamente por la ventana del patio trasero
de Joe. Era grande,
limpio, con un césped recién cortado rodeado por
árboles. Obviamente algún profesional se encargaba de hacerlo.
Como también ocurría en la casa.
La casa de Joe
mostraba que estaba hecha con clase y riqueza ,
tanto dentro como por fuera.
Era grandiosa y llena de antigüedades,
pero fuera estaba lo mejor de todo.
La casa estaba sobre una propiedad rodeada por
árboles y hierba, todo bien
resguardado y oculto a la gran ciudad que se encontraba en sus inmediaciones.
Era magnífica y tranquila,
y Demi estaba disfrutando de ella mientras se
bebía su café.
Sirviéndose otra
taza, vagó por la cocina, y
dio un paseo por el pasillo, con su mente trabajando para conseguir algún plan
para poder permanecer en la casa al menos otra noche.
Realmente tenía que convencer a Joe para que
hiciera al menos una de las entrevistas. Demi sospechaba que él nunca acordaría
hacer un viaje para una firma de su libro, ella ya había desechado esa idea,
pero seguramente podría persuadirlo para hacer un
par de entrevistas. ¿Posiblemente de
forma telefónica o por Internet? Un par de sus otros escritores lo habían hecho
por correo electrónico. El entrevistador les enviaba un correo electrónico con
las preguntas, y el escritor
contestaba también por correo electrónico. O
por servicios de mensajería; también sabía de
escritores que habían hecho las entrevistas de esa manera. ¡Vaya
por Dios! ¿Seguramente esto no
sería demasiado trastorno? Joe ni siquiera tendría que abandonar su casa.
Estaba a punto de
entrar en la sala de estar con su café cuando descubrió una caja sobre la mesa
del pasillo. Demi la reconoció
inmediatamente. Había embalado la
maldita cosa con todas las cartas de sus admiradores y se la había enviado ella
misma. Cambiando de dirección,
siguió por el pasillo hasta la mesa, fulminando la
caja con la mirada. ¡Ella se la había
enviado hará tres meses! ¡Tres meses! Y él no se había molestado en abrir la
maldita cosa, sin hablar de responder a cualquiera de las cartas que había
enviado.
— Demonio de hombre.
—Refunfuñó.— Ingrato,
estúpido…
maravilloso
hombre. —Esto
último lo dijo con una sonrisa incipiente, pensando una excusa para quedarse
otra noche.— Oh. —Respiró.—
Dios bendice a los estúpidos, con escabrosas
sendas.

lallalala me diverti muxooo ""!!!! :)
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