domingo, 21 de octubre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 6


 
 
Sacudiendo la cabeza entró en su oficina, encendiendo las luces de un golpe. Le daría quince minutos para que se durmiera y luego entraría en la habitación y apagaría el reloj despertador. Lo último que necesitaba era que le estuviera fastidiando toda la noche. Aunque también se le ocurrió que si ella no dormía mucho esa noche, entonces probablemente dormiría hasta más tarde por la mañana para compensarlo, lo que significaría que tendría menos tiempo para meter sus narices donde no le llamaban mientras él estaba durmiendo.

No, decidió él. Ella le había dicho que no curiosearía, y el creía en su palabra.

En su mayor parte.
 
Demi miró a su alrededor.

Sin dejar de pensar. Había planeado una serie de cosas para ese día que definitivamente no incluían que se durmiera; pero, bueno, los planes podrían mejorar, si es que se podía. Aunque siempre le salían mal.

Demi se despertó a las diez de la mañana. Su primer pensamiento fue preguntarse donde estaba. Lo segundo que pensó, una vez que recordó donde estaba y por qué, estaba.— Oh, mierda, la alarma no ha funcionado. —Saltando sobre la cama, alcanzó el despertador para comprobarlo. Estaba bien puesto. Demi miró ceñudamente a la maldita cosa, estaba segura de que lo había puesto después de su última comprobación a Joe. Claramente recordaba haberlo puesto y encenderlo. Pero estaba desconectado. Lo colocó en su sitio frunciendo el ceño. ¿Se habría despertado un segundo solamente para alcanzarlo y apagarlo? Debía de ser eso, comprendió haciendo una mueca.

— Que pasa contigo, Lovato. La única excusa para quedarte aquí, la oportunidad perfecta para congraciarse con este hombre, y lo has dejado pasar. —Ese había sido su pensamiento, él no podría expulsarla de su casa después de haberse despertado cada hora para ver si se encontraba bien. Pero ahora que había fallado en esa tarea, él la echaría antes del mediodía, si él no hubiese estado escribiendo durante toda la noche como iba a hacer. Si hubiera escrito durante toda la noche, no se despertaría hasta las dos o tres. Por lo que ella estaría fuera de allí para las tres o las cuatro .

Muy bien hecho, Katie. —Ella apartó la sábana y se levantó de la cama. Ahora tendría que buscar otra buena excusa para quedarse hasta que convenciera a Joe Jonas para que cooperase.

Demi reconsideró el problema mientras se duchaba, mientras se secaba, mientras se vestía, mientras se lavaba los dientes, mientras se peinaba el cabello y mientras se aplicaba algo de maquillaje. Al final lo dejó como una causa perdida hasta que hubiera comido algo. Siempre pensaba mejor cuando tenía el estómago lleno.

Salió de la habitación de huéspedes, haciendo una pausa en el vestíbulo y mirando fijamente a la puerta que estaba enfrente de la suya. Tal vez debería comprobar como se encontraba su anfitrión. No lo había comprobado en toda la noche. El hombre podría estar en estado comatoso sobre el suelo de su habitación.

Frunció los labios pensativamente mientras pensaba en esa probabilidad, entonces sacudió la cabeza. No. No una buena idea, decidió. Había descuidado su responsabilidad de comprobar su estado por la noche; lo último que querría sería despertarlo antes de que hubiera encontrado algún modo de redimirse.

Dándose media vuelta, se desplazó silenciosamente como buenamente pudo hasta la escalera y bajó. Su primera parada fue la cocina. Puso la cafetera, luego inspeccionó el contenido del frigorífico. Aunque ya supiera cada artículo que había en su interior, era una manera de divertirse, al mirar cada producto y fingir que podría comer algo grasiento y malsano como huevos con beicon. Desde luego, no lo hizo. Se conformó con algo menos satisfactorio, como un sano zumo de pomelo y cereales. Entonces se echó una taza de café y lo bebió a pequeños sorbos mientras miraba detenidamente por la ventana del patio trasero de Joe. Era grande, limpio, con un césped recién cortado rodeado por árboles. Obviamente algún profesional se encargaba de hacerlo. Como también ocurría en la casa.

La casa de Joe mostraba que estaba hecha con clase y riqueza , tanto dentro como por fuera. Era grandiosa y llena de antigüedades, pero fuera estaba lo mejor de todo. La casa estaba sobre una propiedad rodeada por árboles y hierba, todo bien resguardado y oculto a la gran ciudad que se encontraba en sus inmediaciones. Era magnífica y tranquila, y Demi estaba disfrutando de ella mientras se bebía su café.

Sirviéndose otra taza, vagó por la cocina, y dio un paseo por el pasillo, con su mente trabajando para conseguir algún plan para poder permanecer en la casa al menos otra noche. Realmente tenía que convencer a Joe para que hiciera al menos una de las entrevistas. Demi sospechaba que él nunca acordaría hacer un viaje para una firma de su libro, ella ya había desechado esa idea, pero seguramente podría persuadirlo para hacer un par de entrevistas. ¿Posiblemente de forma telefónica o por Internet? Un par de sus otros escritores lo habían hecho por correo electrónico. El entrevistador les enviaba un correo electrónico con las preguntas, y el escritor contestaba también por correo electrónico. O por servicios de mensajería; también sabía de escritores que habían hecho las entrevistas de esa manera. ¡Vaya por Dios! ¿Seguramente esto no sería demasiado trastorno? Joe ni siquiera tendría que abandonar su casa.

Estaba a punto de entrar en la sala de estar con su café cuando descubrió una caja sobre la mesa del pasillo. Demi la reconoció inmediatamente. Había embalado la maldita cosa con todas las cartas de sus admiradores y se la había enviado ella misma. Cambiando de dirección, siguió por el pasillo hasta la mesa, fulminando la caja con la mirada. ¡Ella se la había enviado hará tres meses! ¡Tres meses! Y él no se había molestado en abrir la maldita cosa, sin hablar de responder a cualquiera de las cartas que había enviado.

— Demonio de hombre. —Refunfuñó.Ingrato, estúpidomaravilloso hombre. —Esto último lo dijo con una sonrisa incipiente, pensando una excusa para quedarse otra noche.— Oh. —Respiró.— Dios bendice a los estúpidos, con escabrosas sendas.

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