—
Solo piensa en eso. ¿Está bien?
Resolviendo
dejarlo por esta noche, Demi se volvió hacia la puerta del cuarto de huéspedes.
Tenía que pensar en un argumento, algún plan para persuadirle. Luego, atacaría
nuevamente en la mañana.
Joe
supo cuándo Demi se rindió y se marchó dando media vuelta. Sintió su ausencia
así como también oyó que se abría y cerraba la puerta del cuarto de huéspedes.
Se sentó por largo tiempo en su escritorio escuchándola moverse por todo el cuarto
preparándose para dormir, luego escuchó los sonidos de la noche cuando ella se
detuvo.
Consideró
jugar al Blood Lust II, pero no era lo mismo sin ella. Consideró escribir solo
que no estaba de humor. Así que se sentó allí en la silenciosa oscuridad, escuchando
la noche. El grito de las aves nocturnas, la canción de los grillos, el susurro
del viento, los suspiros de... Demi, se percató. Ese sonido de tranquila
somnolencia había sido Demi. Joe la podría oír mejor, si se esforzara, la
podría oler, también. El perfume parecía fluir hacia él. Recordando como se
inclinó en sus hombros cuando bailaban, inclinó su cabeza y olisqueó su
chaqueta. El perfume estaba impregnado allí. Turbándolo.
Levantándose,
Joe se deshizo de la chaqueta y lo dejó encima de su silla, pero el olor
todavía parecía estar pegado a él. O quizá estaba simplemente en el aire, quizá
había penetrado su casa lo mismo que ella había hecho. Tratando de liberarse de
su perfume, se movió hacia la puerta de su oficina y la abrió. Luego se quedó quieto
ahí y cerró los ojos. Si se concentraba fuerte, entonces los demás sonidos de
la noche se desvanecerían y podría enfocar la atención hacia los sonido de
ella, el susurro de la ropa de cama cuando cambió de posición, sus suaves y
ligeros suspiros del sueño, un ocasional murmullo, pero en su mayor parte su
respiración, suave y tranquila, inhalando y exhalando, repetidas veces.
Él
casi podría sentir su respiración contra de su piel, una exhalación caliente,
húmeda. Luego se percató de que él la sentía, suave y caliente contra su mano. Estaba
al lado de la cama, sus piernas lo habían llevado donde su cuerpo deseaba estar
y todo sin conciencia de su cerebro.
Joe
se quedó quieto, mirándola a través de la melancólica luz de la luna, sonriendo
por la forma inocente en que ella dormía. Demi estaba acomodada de lado en
posición fetal, su mano descansando bajo su barbilla. Luego su mirada recorrió
a la deriva desde su cara y fue deslizándose encima de su cuerpo. Era una noche
cálida, y el aire acondicionado no parecía suficiente para el piso superior e
inferior. Demi había alejado de sí las sábanas y yacía en un delgado camisón
blanco, que se le había subido alrededor de los muslos. Su mirada pasó rozando
sus delgadas piernas que estaban dobladas. Demi tenía piernas preciosas, largas
y bien proporcionadas. Joe logró resistirse a la tentación de pasar sus dedos
ágilmente sobre la aterciopelada y blanca piel a la vista, pero imaginaba lo
que se sentiría al hacerlo y supo que sería cálida y suave para el toque.
Un
ligero suspiró se escapó de los labios de Demi y ella se dio la vuelta en la
cama entre sueños, una mano deslizándose lentamente a través de sus pechos
antes de descender para descansarla sobre la cama. Joe siguió el movimiento de
la mano, luego volvió los ojos a lo largo de la huella que su mano había dejado
en el escote de su camisón. El camisón tenía botones hasta la cintura. Los dos
primeros botones estaban sin abotonar, y el tercero parecía a punto de hacerlo,
dejando un gran espacio desnudo para mirar. La mirada de Joe se aferró a sus
blancos pechos, y los miró mientras subían y bajaban con cada respiración.
Subiendo y bajando. Él imaginó que abría ese tercer botón revelando más piel,
luego otro y otro, hasta que por fin desnudara sus pechos completamente.
Joe
imaginaba qué tan redondos y llenos se mostrarían a la luz de luna. Qué tan
apetitosos. Él sabía que no podría resistir tocarlos, acariciarlos, tomar un
duro pezón en su boca y mamar en su dulzor.
Demi
se arqueó en la cama y gimió bajo. Joe casi gimió con ella. Su perfume era más
fuerte aquí dentro. Se mezclaba con los olores de su champú, su jabón y su
esencia. La combinación era intoxicante. Él la podría saborear en sus labios.
Excepto por la falta de su toque, podría suponer que él realmente estaba:
amamantando, lamiendo, mordisqueando, haciendo un camino a través de su piel de
un pecho hacia el otro.
Joe
cerró sus ojos para imaginarlo mejor y casi pudo tocar su ardiente piel bajo
sus labios. En su mente, él pasaba un roce ligero de sus manos bajo su camisón,
resbalando luego hacia abajo, entre sus muslos. Él podría sentir que ella se
estremecía bajo su toque, moviendo sus piernas desasosegadamente con otro
gemido que escapó de sus labios. Demi se arqueó como invitándolo, queriéndole,
como implorándole que la llenara, para apagar el fuego que el había comenzado.
Joe
estaba encantado de complacerla. Él dio permiso a sus imaginarias manos, para
subir sobre sus piernas, para empujar la ligera tela de su camisón hacia
arriba, entonces abrir sus muslos suaves a fin de poder lamer su hendidura. Él
se imaginó tocándola, acariciándola, lamiendo su brillante piel, luego
conduciéndose a sí mismo en su cuerpo picante, acogedor. Casi la podía sentir
alrededor de él, abriendo la boca y murmurando en su oído, respirando
suavemente en su piel, sus uñas clavándose en sus hombros y espalda.
Demi
gemiría con placer cuando el se introdujera en ella repetidas veces hasta que
comenzara a temblar y estremecerse bajo él, sus músculos internos empuñando y
aflojando.
—
Joe.
Su nombre en
sus labios hizo que abriera sus ojos, y él miró con atención hacia abajo, solo
para encontrar a Demi durmiendo, su rostro un retrato de éxtasis. Estaba
jadeando, sudando y contorsionándose entre las sábanas, su cabeza moviéndose de
un lado a otro y sus manos rasgando la almohada cuando ella convulsionó en su
éxtasis. Entonces Joe se dio cuenta de que su mente cerrada a él cuando estaba
despierta, estaba abierta de par en par durante el sueño. Ella justamente había
experimentado todo lo que él había imaginado, lo había recibido en su mente
como si hubiera pasado.
El
conocimiento fue casi doloroso. Él la podría tener si lo deseara. Ella le daría
la bienvenida. Joe respiraba pesadamente, queriéndola, latiendo de deseo,
deseando conducirse a sí mismo dentro ella. Al mismo tiempo, él ansió
introducir sus dientes en su cuello, consumir su sangre y su cuerpo ambos al
mismo tiempo. Él supo que sería la experiencia más increíble de su vida. Pero
no podía. Si él la tomase ahora, entonces Demi le daría la bienvenida sólo
porque él quiso que ella le quisiera.
Sacudiendo
la cabeza para borrar las imágenes eróticas de su mente, Joe se alejó de la
cama, luego de su cuarto. No se detuvo, pero se tambaleó ebriamente hacia abajo
al vestíbulo por las escaleras. Su cabeza estaba llena de ella. Tenía que
escapar. El deseo para tomarla era apabullante.
Cerró
de golpe la puerta de la casa y caminó hacia su coche. No tenía planes cuando
echó a andar el motor, simplemente necesitaba apartarse de Demi y de la
tentación que representaba. Él terminó de conducir aproximadamente una hora o
poco más o menos antes de finalmente encontrarse en el camino de acceso de Nick.
La casa de su hermano era oscura y silenciosa, y él tenía la sospecha de que
estaba vacía. Estaba a punto de dar la vuelta y regresar, cuando la furgoneta
de Nick se detuvo al lado de él.
Joe
bajó del vehículo con alivio, encontró a su hermano en frente de los vehículos
y expresó impulsivamente sus problemas con Demi. Tomó un largo rato. Le dijo
todo a su hermano menor.
Cuándo
él hubo terminado, Nick solamente preguntó:
—
Y ¿qué harás?
Joe
se quedó en silencio por un momento. Hablar no le había ayudado a aclarar su
mente. Estaba todavía confundido. Le desagradaba estar confundido. Le
desagradaba cualquier tipo de interferencia en su vida. La respuesta parecía
simple: Deshazte de la confusión.
—
Voy a hacer lo que tenga que hacer para colocarla en un avión mañana. —Se
decidió.
Eso
era. Hablar con su hermano había ayudado.

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