— Pensé que,
como había tantas cartas,
demasiado para contestar individualmente, en
realidad; nosotros podríamos
dividirlas en categorías y así repartirlas para cada uno.
Así luego podrías agregar algún texto más personal
a cada una de las respuestas.
Joe gruñó y tomó otro sorbo del café que Demi
había hecho en el almuerzo. Bueno, este había sido su almuerzo, su desayuno.
Aunque, si
él contara la bolsa de sangre que había chupado deprisa mientras llevaba la
nevera que había traído Frankie a su oficina, supuso que esta comida podría
contarse como su almuerzo, también.
Se desplazaron hasta la sala de estar, y él se sentó sobre el canapé mientras
ella explicaba todos los proyectos que tenía para sus cartas.
— Tomaré tu silencio, como que te gusta mi
brillante plan y acordamos cooperar conjuntamente.
—Dijo Demi en respuesta a su gruñido. Como esto pareció
molestarla, y porque le gustaba el
modo en que enrojecía cuando estaba molesta,
Joe gruñó otra vez.
Como esperaba, sus mejillas se volvieron
rojas como la sangre y sus ojos mostraban su cólera,
y Joe decidió que
Demi C. Lovato era una cosita preciosa cuando se enfadaba.
Y que él disfrutaba mirándola.
Y a pesar de no estar muy contenta con él,
la irritación de su cara de repente desapareció y
comentó:
— Tienes mejor
color hoy. Creo que al final la
herida de la cabeza no ha sido muy importante.
— Te dije que
estaba bien. —Dijo Joe.
— Sí, lo hiciste.
—Agregó. Luego ella lo miró algo incómoda y dijo:—
Perdóname si después de la primera vez no he ido a
verificar si te encontrabas bien. Quise
hacerlo, pero no escuché la alarma la siguiente vez.
Debí de haberlo apagado en sueños o algo así.
Joe ondeó una mano, quitando importancia.
Él había apagado la alarma,
por lo que ella no tenía que pedir perdón por eso.
Y no creyó que ella apreciara el saber que había
ido a su habitación mientras dormía. Ella
definitivamente no quería saber que después de llegar allí, se había encontrado
parado de pie a un lado de su cama mirándola como dormía, mirando fijamente su
inocente expresión mientras descansaba, su mirada había estado fija en como
subía y bajaba su camisón de franela cuando respiraba.
Como había deseado retirar aquel... ah... camisón
tan apropiado de su garganta para así poder ver el pulso que golpeaba allí.
No, definitivamente ella no querría saber todo esto,
por lo que él se levantó y bebió pausadamente su
café de nuevo.
La bebida era amarga, pero un brebaje
sumamente sabroso. Joe no podía
pensar por qué él lo había evitado todos estos años.
La verdad, había notado que el estimulante del café le
afectaba en el cuerpo dos veces más que a un humano,
pero realmente no había notado ningún efecto más.
Desde luego, sólo
tenía que beber un par de sorbos por ahora.
Quizás no debería correr más riesgos.
Por lo que dejó la taza.
— Entonces, ¿qué
hacemos? —Preguntó él bruscamente, intentando cambiar de
tema, así Demi no indagaría más sobre lo ocurrido anoche.
— Bien. He estado dividiendo las cartas en
categorías. Muchos de ellos tienen
opiniones y preguntas similares, peticiones de cuando vas a escribir las
historias de Joe o Nick. —Explicó ella.— Luego
he colocado todos los que hacen preguntas. Así,
puedes escribir una carta de cada montón,
reduciendo las cartas que escribirías a veinte en
vez de cientos de ellas.
— Desde luego,
sería un detalle si leyera cada carta y escribiera
una línea o dos para personalizar a si tu respuesta.
—Agregó, tanteándole.
Joe supuso que ella ya había pensado todo
el trabajo que llevaría. Él así lo hizo. Él
no pudo menos que quejarse.
— No sufrí estas molestias con mis otros
libros.
— ¿Otros
libros? —Ella parpadeó confusamente, entonces
dijo.— Oh. Te refieres a tus textos
históricos. Bueno, eso fue diferente.
Aquellos no eran de ficción.
Esos en la mayor parte los utilizan las
universidades. Los estudiantes raras veces escriben cartas admirando el trabajo
del escritor.
Joe hizo una mueca y tomó otro sorbo de su
café. Eso lo ayudó para no
decirle que sus novelas no eran ficción, y
que estos solo se habían vendido mundialmente como si fueran romances vampiricos.
— De todos modos, creo que tenemos
suficientes categorías para empezar. Puedo
decirte cual es de cada categoría, y puede hacer una especie de respuesta
general para cada una mientras sigo clasificando el resto de las cartas.—
Sugirió.
Asintió dando su aprobación,
Joe cruzó sus brazos y esperó.
— ¿No te gustaría conseguir una pluma y un
papel o algo así ? —Preguntó después de un momento.—
¿Así no olvidaras nada de ellos?.
Hay al menos veinte categorías.
— Tengo una memoria
excelente. —Informó Joe.— Procede.
Demi se dio la vuelta lentamente,
al parecer intentando decidir por donde comenzar.
— Dios querido,
suenas como aquel tipo calvo en el Rey y yo. —Él la escuchó murmurar.
Joe sabía que no debía contestar, como se
suponía, si no escuchaba esto, pero
tenía un oído espectacular. Y
estaba disfrutando de su exasperación, por lo que agregó comentando.
— Te refieres a
Yul Brynner.
Se dio la vuelta a su alrededor para
mirarlo con alarma, y él asintió.
— Él describió al
rey Siam, e hizo un trabajo excelente.
Demi vaciló;
entonces, al ver que él no estaba enfadado,
se relajó un poco y hasta casi sonrió.
— Es una de mis
películas favoritas.
— Oh, ¿Hicieron
una película ? —Preguntó con interés.—
Yo lo vi vivir en esa época cuando se estrenó.
Cuando ella pareció algo dudosa,
él comprendió que había pensado en el estreno de
Rodgers y Hammerstein en la muestra de Broadway,
que tuvo su premier en 1951,
si él no se confundía,
más bien ya estaba pasado de moda.
Como pensó que aparentaba tener unos treinta años,
por lo que era normal que ella pareciera sorprendida por su comentario.
Se aclaró la garganta,
añadiendo.
— En el reestreno
desde luego. Esto ocurrió en
1977 en Broadway. Creo.
Sus cejas se elevaron sorprendidas.
— Debías de
tener... ¿Qué? ¿Siete? ¿Ocho?
Sin querer mentir demasiado,
Joe simplemente gruñó.
Aclarando,
— Tengo una memoria
excelente.
— Sí. Desde luego que la tienes.
—Demi suspiró y recogió una carta.
Leyó en voz alta.
— Querido
señor Jonas. Leí
y adoré Mordiscos de Amor, los
volúmenes uno y dos. Pero el primero es mi favorito.
¡Realmente tiene mucho talento! El ambiente
medieval de esa novela era tan arenoso y realista que casi llegue a creer que
estuvo allí. —Demi hizo una
pausa y echando un vistazo en su dirección.— Todas las cartas en este montón
siguen esa misma línea, te elogian por el
realismo de tu escritura y de hecho, es que al leerlas parece como si hubieras
estado allí.
Cuando Joe simplemente afirmó,
ella frunció el ceño.
— ¿Y bien?
— Y bien, ¿qué?
—Preguntó sorprendido.— El lector tiene
razón.
— ¿Que el lector tiene razón? —Ella lo miro
boquiabierta.— ¿Eso es lo que
vas a escribir? “ ¿Querido lector, tiene razón?”
Joe se encogió de hombros suavemente,
preguntándose por qué ella levantaba la voz.
El lector tenía razón.
En sus libros se podía leer la realidad por que él sí
había estado allí, en la época medieval. Como
así había ocurrido.
No durante el período de tiempo exacto cuando sus
padres se habían encontraron, pero no mucho tiempo después,
y en aquel entonces, el cambio era muy lento para
poder diferenciarlo.
Él miró a su redactora cerrar de golpe la
carta, echarla sobre el montón y coger otra.
Murmurando todo el tiempo de que él era un idiota
arrogante, y otras descripciones
muy poco halagadoras. “Insensible”
y “que sus habilidades
sociales” era solo dos. Todo esto en un tono en el que Joe
sabía que se suponía que no podía oír.
Él no se ofendió. Tenía seiscientos años de
edad. Un hombre tenía alguna
seguridad en sí mismo después de este tiempo. Joe había supuesto que para la
mayoría de la gente parecería arrogante, posiblemente hasta idiota.
Insensible seguramente,
y él sabía que sus habilidades sociales estaban
algo oxidadas. Kevin y Nick
siempre habían llevado mejor los asuntos sociales. Aún, después de vivir unos
años como un escritor recluido, era una materia en la
que carecía y tenía constancia de ello.
De todos modos. No podía ver ninguna buena
razón para mejorar sus habilidades sociales.
Estaba en una etapa en la vida donde impresionar a
alguien parecía más una carga.
Una vez le había atendido una camarera en
una cena que le había explicado que tenía que ser más amable.
Ella le había dicho:
— Tiene que poner de su
parte, si trabaja a fondo, lo hará bien. La mayor parte de los clientes son
buenas personas, aunque pudiera haber en alguna ocasional alguno muy mal
educado. Pero a veces que hay alguna noche donde si consigue un cliente
verdaderamente repugnante, o
hasta dos o tres de seguido, y
ellos le humillaran, haciéndole
sentir cansado y miserable, una
parte de la raza humana esta harta de la vida. Luego aparece un adorable bebé y
le hacer sonreír, u
otro cliente que le dice “¿Una
noche mala?” con una sonrisa comprensiva.
Esto hará que mejore su buen humor y comprenderá
que tal vez las personas no son tan malos.
Bien, Joe
había sufrido un par de décadas malas, y
se sentía cansado, deprimido y harto de toda la raza humana.
No tenía la energía o deseo de conocer a la gente.
Solamente quería estar solo. Era por lo que había
comenzado a escribir: una búsqueda
solitaria que lo mantenía ocupado y le ofrecía un mundo mucho más agradable.
¿Para él habría alguien que le hiciera
sonreír y le dijera “que una década dura?” y alteraría todo.
Alguien como Demi.
Tanto como había resistido para tratar con ella,
ahora había comenzado a disfrutar de su compañía. Hasta
lo había hecho sonreír en varias ocasiones.
Comprendiendo el camino que estaban tomando
sus pensamientos, y que estos se
estaban tornando más bien calientes, para que permaneciera cómodamente con su
invitada, que no había deseado, se
irguió abruptamente, comenzando a fruncir el ceño.
¡Dios querido.! ¿Qué
había estado pensando? Demi C. Lovato era
muy obstinada, una molesta mujer
que no había hecho nada más que traer el caos a su ordenada existencia.
Él...
— “Querido
Señor Jonas,” —Leyó
ella muy seria, sacando a Joe de
sus íntimos pensamientos—
“He leído sus novelas sobre vampiros y he disfrutado de ellas enormemente.
Siempre me ha fascinado el vampirismo y he leído
todo sobre este sujeto vorazmente. Sé
que existen en realidad, y sospecho que
usted mismo es uno de ellos. Me gustaría
serlo en algún momento. ¿Por favor me
convertiría en un vampiro, también?” —Demi puso sus ojos en blanco y dejó de
leer, recorriéndole con la
mirada.— ¿Qué le dirías a ella?
— No. —Dijo
firmemente.
Demi lanzó la carta hacia abajo resoplando.
— ¿Por qué esta
contestación no me sorprende? Aunque supongo que sería algo ridículo el
intentar explicar a alguien que en realidad no es un vampiro,
que realmente no existe tal cosa,
que posiblemente no podría “convertirla”. —Ella se
rió y siguió adelante con la siguiente carta del montón.
Mirando unas pocas de estas cartas que había allí,
agregó.— Sería muy amable de tu parte si le
dijeras que tendría que ir a un psicólogo local a ver si él pudiera ayudarla
con su problema.
Joe sintió que sus comisuras se movían
levemente, pero no dijo nada,
simplemente esperando que Demi se decidiera con la
siguiente carta.
— “Querido
Señor Jonas,” —Comenzó.— “No he leído el primero de Mordiscos de Amor,
pero lo leeré.
Le garantizo que cuando terminé el segundo de
Mordiscos de Amor, pensé que era
maravilloso. Kevin era tan
dulce, gracioso y atractivo que me enamoré de él como lo hizo Dani.
Él es el hombre de mis sueños.“
—Demi hizo una pausa y le echó un vistazo con
expectación.— ¿Qué piensas de estas cartas?
Esto fue bastante fácil.
— Kevin es muy reservado.
Su redactor levantó sus manos en el aire.
— ¡Esto no es una
broma, Joe! Justamente no puedes.
—Ella hizo una pausa cuando sonó el timbre,
girándose con un suspiro cuando Joe casi de mala
gana le habría contestado. Él
ya sabía quien podría ser. Frankie
le había llevado sangre, que dejó como único resultado de la ecuación a:
su familia. Y como Kevin y Dani estaban ocupados
con los preparativos de la boda, y
Nick, Selena y Gregorio
estarían en sus trabajo a esta hora, la única persona que podría ser era su.....
— Madre. —Su saludo fue
menos entusiasta cuando abrió la puerta y se encontró a Denise Jonas allí de
pie. Realmente no tenía
ningún deseo de tener a su madre y a Demi Lovato en la misma habitación;
esto definitivamente daría ideas a la mujer más
mayor. Y ya que sospechaba que
ella se encaminaba por esa clase de ideas, pensó
que era mejor no animarla. ¿Pero
como podría hacerlo? Ella era su madre.
— Joe, querido.
—Denise besó sus mejillas,
mientras lo empujaba para pasar a la casa.—
¿Estás solo, querido? Pensé en hacerte una visita
a la hora del té. —Ella no esperó su
respuesta, pero siguió sus
instintos maternales hasta la puerta de la sala de estar y sonrió abiertamente
cuando divisó a Demi.— Bien, justo a
tiempo. Sin duda los dos
necesitáis un descanso, también.
Joe cerró la puerta de la calle con un
resignado suspiro, y su madre paso sin miedo a su desordenada sala de estar.
La mujer nunca le visitaría para un simple té.
Siempre tenía un objetivo.
Y Joe temió que no le iba a gustar mucho el
objetivo para la visita de hoy. Él
solamente le rezó a Dios para que ella dejara de buscarle pareja con
cualquiera, mejor aún de que se le quitara la absurda idea de que estos fueran Demi
y él.

wuahh joe esta enamoradisiiimoooo!! si adoro a la mama denisee aver que hace ahoraa
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