Joe cerró la puerta de la calle con un
resignado suspiro, y su madre paso sin miedo a su desordenada sala de estar.
La mujer nunca le visitaría para un simple té.
Siempre tenía un objetivo.
Y Joe temió que no le iba a gustar mucho el
objetivo para la visita de hoy. Él
solamente le rezó a Dios para que ella dejara de buscarle pareja con
cualquiera, mejor aún de que se le quitara la absurda idea de que estos fueran Demi
y él.
—
¡Eh, tú podrías ser la cita de Joe!
—
Er.... —Demi lanzó una mirada desesperada en dirección a Joe ante la sugerencia
de su madre, sólo para encontrarlo sentado con los ojos cerrados, y una
expresión dolorida en su cara. Sospechó que él estaba rogando que el suelo se
abriera bajo él y se lo tragara entero, o al menos que se lo tragara en
pedazos, siempre que se lo tragara. Eso casi hizo que Demi se sintiera mejor.
Era bueno saber que ella no era la única con padres que lograban humillarla a
cada oportunidad.
De
hecho, Denise era algo realmente diferente. Demi se había pasado la mayor parte
de la media hora desde la llegada de la mujer mirándola boquiabierta. ¿Esta
exótica y hermosa criatura era la madre de Joe? Oh, ciertamente el parecido
estaba ahí. Y él era igual a ella en el aspecto general, pero Denise Jonas no
parecía tener más de treinta años. ¿Cómo era posible que Joseph, o Joe, como todo
el mundo parecía llamarle, fuera su hijo?
—
Buenos genes, querida —Fue la respuesta de la mujer cuando Demi lo comentó.
Demi
había suspirado miserablemente, preguntándose por qué esos genes no podrían
estar en su familia también. Después de esto, simplemente se había quedado
absorta en la mujer, asintiendo ausentemente a cada comentario, tratando de
encontrar signos de lifting o estiramientos en su cara. Obviamente tendría que
haber hecho más caso a lo que Denise estaba parloteando. La boda del hermano de
Joe era el tema de conversación. Demi no estaba del todo segura de cómo eso
había conducido al último comentario que escuchó.
—
¿Cita? —Repitió, inexpresivamente.
—
Sí, querida. Para la boda.
—
Madre —La voz de Joe tenía un toque de advertencia, y Demi se percató de que
sus ojos estaban abiertos y agudamente enfocados en su madre.
—
Bueno, Joe, cariño. Realmente no puedes dejar a la pobre chica sola mañana por
la noche mientras tú te vas. —Denise rió, aparentemente despreocupada ante la
furia de su hijo.
— Demi tiene que regresar a Nueva York. —Dijo Joe con
firmeza.— No estará aquí mañana por la no…
—
¡Eso suena divertido! —Barboteó Demi. Joe calló y la miró con fijeza, pero ella
le ignoró. No había manera de que se fuera antes de conseguir su consentimiento
para al menos una entrevista con uno de los periódicos que clamaban por hablar
con él. Y según la sugerencia de Denise, no sólo no podría forzarla a irse a
Nueva York, sino que para cuando la fiesta de la boda acabara sería demasiado
tarde para que Demi volara a casa también la siguiente noche. Lo que le daba
hasta el domingo para trabajar en el hombre. Ese pensamiento la hizo sentirse
feliz, y silenciosamente dio las gracias a la madre de Joe.
La
única cosa que le preocupó fue que Denise Jonas parecía demasiado complacida
también. Demi tuvo el repentino sentimiento ansioso de que había entrado
limpiamente en una trampa. Rezó a Dios para que la mujer no tuviera ideas
casamenteras sobre ella y Joe. ¡Seguramente Denise sabía lo patán e irritable
que era su hijo, y que no era para nada el tipo de Demi!
—
¡Bien, maravilloso! —Dijo la mujer. Ignorando el rostro ceñudo de su hijo, Denise
sonrió como un gato sobre un tazón de leche, y entonces preguntó— ¿Tienes algo
que ponerte para la boda, querida?
—
¡Oh! —La sonrisa de Demi vaciló. Había metido en la maleta algo para cada
posible situación que se presentara, excepto una boda. Era imposible que
hubiera previsto eso, y Demi no creyó que el vestido negro que había traído por
si acaso salían alguna noche sirviera.
—
¡Ajá! —Joe era ahora el que parecía complacido.— No tiene nada que ponerse,
madre. Ella no puede…
—
Un pequeño viaje a mi modista, supongo. —Denise le cortó en seco. Entonces,
añadió hacia Demi— Ella siempre tiene algo para una emergencia de estas. Y una
visita a mi peluquero hará magia con tu pelo, y entonces estaremos listos.
Demi
se sintió relajada, y hubiera podido abrazar a la mujer. Denise era
maravillosa. Demasiado buena para tener un hijo como Joe. La mujer era
inteligente, encantadora y un placer de tener alrededor. A diferencia de cierto
hombre hosco. Demi deslizó una mirada hacia Joe, y casi sonrió ante la apariencia
miserable de su cara. Suponía que debería de sentirse culpable por forzarse a
sí misma a estar en su casa y permanecer ahí, pero no lo estaba. Él tenía una
seria necesidad de ayuda. Tenía una terrible falta de habilidades sociales y
obviamente pasaba demasiado tiempo solo. Ella era buena para él, estaba segura.
—
Bueno, ahora que todo está organizado, me voy. —Denise se puso rápidamente en
pie y se dirigió fuera de la cocina, tan rápido que Demi sólo pudo lanzarle una
mirada fugaz.
Poniéndose
de pie, corrió tras la mujer.
— Muchísimas
gracias, señora Jonas. —Dijo, mientras caminaba por el vestíbulo
persiguiéndola.
La
madre de Joe no solamente aparentaba ser joven, era más activa de lo que
debería para ser la madre de un hombre que tenía que tener al menos treinta y
cinco años. ¿Qué vieja le hacía eso? Se preguntaba Demi. Por lo menos cincuenta
y tres. Imposible, pensó, pero mantuvo el pensamiento para ella y simplemente
añadió:
—
Realmente aprecio mucho su generosa oferta de ayudarme a comprar y...
—
Tonterías, querida. Yo soy la que te agradece que estés aquí acompañando a Joe.
—Denise hizo una pausa y permitió a Demi acercarse.— Deberías haber visto al
pobre hombre en la boda de su hermana. Nunca había visto a Joe correr
tan rápido o esconderse tanto. Son las mujeres, ya sabes. Tienden a ir detrás
de él.
Las
cejas de Demi se arquearon en un gesto de incredulidad ante eso.
Una
burbuja de risa explotó en Denise.
— Difícil
de creer, con lo antipático que es Joe, ¿verdad? Pero creo que es la caza lo
que las atrae. Él hace patente que no está interesado, y ellas reaccionan como
sabuesos detrás de un zorro. Contigo allí como su escolta, será libre de
relajarse y disfrutar de la celebración esta vez. Y una vez que se de cuenta de
eso, estará de lo más agradecido por tu presencia.
Demi
no se molestó en esconder su duda de que Joe Jonas se sintiera alguna vez
agradecido por algo. El hombre era algo más que antipático, en su opinión.
—
Él puede parecer brusco por fuera, querida. —Dijo Denise solemnemente,
obviamente leyendo sus pensamientos— Pero es como un malvavisco tostado, suave
y esponjoso en el centro. Aunque pocas personas pueden ver ese centro.
Dejando
a Demi considerando aquello, la mujer mayor continuó hacia la puerta y la
abrió.
—
Vendré a buscarte después del almuerzo. A la una en punto. Si eso te viene
bien.
—
Sí pero, ¿nos dará tiempo para tener todo hecho? —Preguntó Demi, preocupada. En
su experiencia, las bodas solían ser hacia las dos o tres de la tarde.
Denise
aparentaba calma.
—
Oh, mucho tiempo, querida. La boda no será hasta las 7 de la tarde.
—
¿No es algo tarde? —Preguntó Demi, sorprendida.
—
Las bodas tardías están muy de moda ahora. He oído que Julia Roberts se casó
con su cámara después de medianoche.
—
¿De verdad? Yo no lo había oído. —Dijo Demi, débilmente.
—
Oh, sí. Ella inició una tendencia. Hasta mañana, entonces. —Denise acabó
alegremente. La mujer cerró la puerta detrás de ella, dejando a Demi de pie en
mitad del vestíbulo, sintiendo como si acabara de sobrevivir a un tornado.
Demi
permaneció varios minutos ahí, mirando fijamente a la puerta, su mente zumbaba
con todo lo que tendría que hacer para estar lista para esa boda, cuando la
puerta de la cocina se abrió y Joe entró airadamente.
—
Estaré en mi despacho. —Su voz era cortante, su expresión prohibitiva mientras
pasaba a su lado en su camino hacia las escaleras.
Demi,
siempre una chica inteligente cuando se trataba de la autoconservación, mantuvo
su boca cerrada y simplemente le vio desaparecer escaleras arriba. Estaba
enfadado, por supuesto. Lo que era de esperar, pero ella esperaba que se le
pasase.
Una
puerta se cerró con un golpe en el piso superior. Con un portazo.
Bueno,
quizá no se le pasara esta noche, pero lo haría por la mañana. Esperaba. Con un
poco de ayuda, quizá. Se dio la vuelta y miró el desorden del salón. No había
manera de que fuera capaz de hacerle trabajar en aquellas cartas esa noche. Lo
que supuso que sería una buena cosa. Ella empezaba a temer que cualquier carta
que él escribiera fuera más para ofender y asustar a los lectores que para
complacerlos. Le haría un gran favor escribiendo las cartas ella misma y
simplemente dejarle a él firmarlas.
Demi
hizo una mueca con la idea. Eso supondría un montón de trabajo para ella, y los
lectores apenas serían propensos a ser tan felices. Seguramente serían más
felices con su entrometimiento que recibiendo una carta que dijera:
Querido
lector
No
Sinceramente
Joe
Jonas
Por
raro que fuera, Demi se encontró a sí misma riendo con la idea. Él era algo
divertido en cierta forma, este escritor suyo. El problema era que no tenía la
menor intención de serlo.
Exhalando
un suspiro, volvió hacia el cuarto de estar para empezar a trabajar.

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