domingo, 28 de octubre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 21


 
Joe inspiró profundamente y suspiró cuando ella abrió el archivo e involuntariamente le rozó con su brazo. Luego su fija mirada se posó en el principio de la pagina de la agenda. Frunció el ceño.

— Según esto, el congreso comenzó el domingo.

— No. —Dijo Demi. Entonces se corrigió a sí misma— Bien, si. Habían algunos acontecimientos para cualquiera que quisiera participar con anticipación, pero el comienzo oficial no es hasta mañana.

— Hmm. —Joe decidió mantener su boca cerrada. Debería estar agradecido que no le hubiese obligado a experimentar la majadería del precongreso, también.

— Entonces. —Dijo su editora regresando a su resuelta alegría.— Mañana comenzaremos con el paseo matutino con modelos de portada. Después el desayuno.

— ¿Qué diantre es un paseo matutino con modelos de portada? —Interrumpió Joe. Él ya había visto el orden de la agenda, de acuerdo, ambos en Internet y en los apuntes que ella le había enviado. Pero nada había descrito los acontecimientos enumerados.

— Er... bien, realmente, no estoy segura. —Admitió. Aclaró su garganta, con una sonrisa pequeña y tensa.— Pero no tiene importancia. No tienes que asistir.

— ¿No? —La miró fijamente, suspicazmente. ¿Algo a lo que ella no quería que asistiera? Eso parecía extraño. Había estado seguro de que le arrastraría a todas las funciones.

— No. Tu primer acto oficial será la bienvenida Brunch y R.T. Los premios.

Joe movió la cabeza. Eso no sonaba tan malo. Podría comer. Aunque los premios en parte probablemente serían aburridos.

— Después estará la sesión de bienvenida del lector y el debate. —Siguió.— Allison y Chuck te quieren allí.

— ¿Quienes son Allison y Chuck?

— Allison es la editora principal, mi jefa. —Explicó Demi.— Y Chuck es el presidente de la compañía. Definitivamente esperan que asistas a la sesión de bienvenida.

Joe hizo una mueca.

— ¿Qué es eso?

— Eso... —Pareció estar muy confundida por un momento.— Bien, cada editor, la mayoría de ellos, de cualquier modo; alquilan una sala de actos en el hotel, y los escritores y editores conversan con los lectores que entran.

— ¿Quieres que hable con la gente? —Preguntó horrorizado. ¡Por Dios!, debería haber hecho la firma de libros. Eso habría sido menos molesto, solo un garabato con su nombre.

— Por supuesto que quiero que converses con la gente. —Dijo Demi exasperada.— Puedes hacerlo. Te he visto hablar. —Permaneció silenciosa y se le quedó mirando, la alarma expandiéndose por su cara. Se mordió los labios.— O quizá podamos pasar de eso. No, Allison y Chuck tendrían un ataque. Tienes que ir. —Suspiró excesivamente.— ¡Oh, maldita sea!. Esto no es bueno.

— No, no lo es. —Joe expresó su acuerdo inclinando la cabeza. Entonces dio un brincó con sorpresa cuando la puerta se abrió a su lado. Aparentemente habían llegado. Sin que se diera cuenta, el coche había parado, y el conductor estaba esperando que se apeasen. Dándole las gracias con la cabeza, Joe salió luego se dio la vuelta y tomó la mano de Demi cuando ella le siguió.

— Necesitaremos trabajar en ti esta noche. —Decidió cuando ella se enderezó a su lado.

Joe se puso firme y dejó caer su mano.

— ¿Trabajar en mi?

— Si. Trabajar en ti. —Repitió Demi. Siguieron al equipaje de Joe hasta el hotel. Este estaba en un carrito, empujado por un mozo de hotel uniformado. Aparentemente el conductor había bajado el equipaje antes de abrirles la puerta.

— No necesito trabajar. —Dijo Joe irritablemente cuando pararon en el ascensor.

— Si, Joe, lo harás. —Demi sonrió dulcemente al mozo del hotel al abrirse las puertas, y él gesticuló para que entrasen.

— No lo haré. —Insistió Joe, después de eso, se apretó de pie contra Demi para dejar lugar al carrito del equipaje.

— ¿Podemos hablar de eso después?

Demi inclinó impacientemente la cabeza hacia el mozo de hotel y pulsó el botón de su piso. Al menos Joe asumió que era su piso. No tenía ninguna indicación, aunque ella había dicho que alguien llamado Taylor ya les había registrado la entrada. Supuso que ese Taylor era otra editora. Se preguntó si sería tan molesta como Demi.

Recorrió con la mirada al mozo del hotel, confuso con el deseo de Demi de postergar esto. El hombre era un criado, apenas valía preocuparse por eso. Aunque no quería tampoco discutir.

— No. Aquí no hay nada de que discutir. No necesito trabajar en nada.

— Si lo harás. —Insistió Demi— Y no voy a hablar de esto ahora.

— No hay nada de lo que hablar.

— Lo hay. —Contestó bruscamente.

El mozo del hotel rió suave y ahogadamente, y Joe le miró encolerizadamente. Había habido un tiempo en el que los sirvientes conocían su lugar y eran sordos y mudos para tales discusiones. Aquel tiempo no era este. Constantemente se olvidaba de lo duro que se había vuelto el mundo.

Las puertas se abrieron y el mozo del hotel sacó el carrito afuera; después les dirigió hacia un largo pasillo con incontables puertas. Al final se detuvo, sacó una llave magnética, abrió la puerta, y empujó dentro el carrito.

— ¿Qué habitación será su dormitorio, señora? —Preguntó el, deteniéndose en medio de una amplia habitación situada en lo alto como una sala de estar.

Su pregunta puso otro semblante ceñudo en Joe. Él era el hombre; el tipo le debería haber preguntado a él.

— No estoy segura. Solo déjelos aquí. Podemos arreglárnoslas, gracias. —Demi aceptó la llave magnética del tipo y le dio una propina, haciendo que Joe mirase ceñudo de nuevo, esta vez a si mismo. Él era el hombre; él debería haberle dado una propina al mozo del hotel. Su única excusa era que había sido un día largo. Su vuelo había salido a las tres de la tarde, pero había tenido que salir para el aeropuerto a la una para pasar el control de seguridad. Llevaba puesto un traje de calle, sombrero y gafas de sol, y crema de sol en las manos, pero por supuesto, una parte de la luz del sol había pasado a través de aquello. Su cuerpo había soportado un daño que su sangre ya estaba trabajando para corregir. Se sentía agotado y necesitaba alimentarse, una condición que comenzaba a asociar con Demi Lovato.

El chasquido de la puerta cerrándose atrajo su mirada de regreso a ella, y Joe reanudó su discusión inmediatamente.

— No necesito tener que trabajar.

— Joe. —Su editora comenzó cansadamente. De pronto perdiendo los estribos, dijo desagradablemente— Mira. Te llamas como un producto lácteo, pareces un ángel ceniciento y hablas como un malo Bela Lugosi. ¡Necesitas trabajar!.

— Caspita, Demi.

Joe comenzó a ver a un alto, delgado y rubio hombre entrar en la habitación. Él daba palmadas lentamente, con una abierta e incontenible sonrisa en su cara.

— Tendrás que darme consejos para manipular a los escritores. Nunca he presenciado un hecho parecido a este.

— Oh. Taylor. —Demi suspiró infelizmente.

— ¿Este es Taylor? —Preguntó Joe con súbita desilusión.

Su editora petrificada de nuevo dijo simplemente:

— Sí.

— Nunca dijiste que fuese un hombre. Hazle salir.

Los ojos de Demi se estrecharon en él, la furia ardiendo en ellos.

— Mira, Joe.

— No. —Exclamó Taylor. Él levantó sus manos en un gesto conciliador— Demi, él no suena como Bela Lugosi. Le falta ese acento ofensivamente zalamero.

La ira de Demi se volvió contra su compañero de trabajo.

— Quise decir que usa terminología pasada de moda.

Taylor meramente arqueó una ceja. Un momento después agregó:

— Y su pelo es demasiado oscuro para que sea un ángel ceniciento.

— ¡Cállate! Quédate fuera de esto.

El editor se rió, por lo visto no ofendido.

— Y Allison y Chuck se preocuparon de que no podrías manejar a este tipo.

— ¿Quien es este caballero?  Preguntó Joe a Demi rígidamente. Si ella decía que era su marido, su novio o su amante, entonces temía que pudiese actuar de forma violenta.

— Taylor Keyes. —Anunció Demi— Él es un editor en Roundhouse, también. Taylor Keyes, te presentó a Joe Jonas, también conocido Danger Adams, el escritor de vampiros.

— Un placer, Sr. Jonas. —El larguirucho editor dio un paso al frente y ofreció su mano en bienvenida.

Joe automáticamente se estremeció, pero preguntó:

— ¿Tú eres editor?

Keyes asintió con la cabeza.

— ¿Qué editas?

— Romances, como Demi.

Joe inclinó la cabeza lentamente, entonces preguntó esperanzadoramente:

— ¿Eres homosexual?

Los ojos de Taylor Keyes giraron en estado de shock.

— ¡Joe!

Joe recorrió a Demi con la mirada molesta. Sonaba como su madre cuando ladró eso.

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