Joe
se quedó en silencio por un momento. Hablar no le había ayudado a aclarar su
mente. Estaba todavía confundido. Le desagradaba estar confundido. Le
desagradaba cualquier tipo de interferencia en su vida. La respuesta parecía
simple: Deshazte de la confusión.
—
Voy a hacer lo que tenga que hacer para colocarla en un avión mañana. —Se
decidió.
Eso
era. Hablar con su hermano había ayudado.
Demi
bostezó y se desperezó en la cama, una sonrisa jugueteaba en sus labios. No
había dormido tan bien en años. Y nunca se había despertado sintiéndose tan
bien. Estaba tan relajada, también saciada. Parpadeando con sorpresa, se
percató de que era verdad, se sentía satisfecha. Su cuerpo era un cuerpo feliz,
todo cálido y en condición de hacer lo que ella quisiera.
Levantándose,
se dirigió a la ducha. No fue hasta que estaba tarareando y lavándose, pasando
el jabón sobre su cuerpo, que recordó el sueño. Sus manos desaceleraron, sus
ojos se dilataron con los recuerdos del sueño: Joe acariciándola, chupando sus
pechos, introduciéndose dentro de ella.
Un
hormigueo recorrió sus pechos, y dejó caer las manos con vergüenza cuando se
percató que inconscientemente los había estado acariciando. Sus pezones estaban
duros y erectos. Aun peor, podía sentir el aumento de humedad entre sus
piernas, y no tenía nada que ver con el agua que corría en su espalda. Abriendo
más la llave de la ducha, apoyó las manos en la pared, y puso la cabeza bajo el
chorro del agua, para que esta resbalara sobre su cuerpo. Pero el sueño no se
desvaneció, si no por el contrario fue el más vívido que alguna vez podía
recordar haber tenido.
Por
un minuto, Demi temió que no hubiera sido un sueño, que realmente hubiera
ocurrido y solamente parecía un sueño porque había estado somnolienta. Pero
entonces movió la cabeza en negación ante el absurdo pensamiento. Si realmente
hubiese ocurrido, entonces habría querido besos, y él no la habría besado una
sola vez. Demi le habría agarrado por el pelo y habría arrastrado su boca hacia
la de ella si hubiera sido necesario, pero habría tenido besos. A ella le
gustaban los besos.
No,
no había ocurrido, pensó, riendo nerviosamente mientras el alivio se vertía a
través de ella. Solo había sido un sueño asombrosamente erótico. Un orgasmo
involuntario durante el sueño.
Riéndose
de sí misma, Demi terminó su ducha y salió en un momento para secarse. Sueño o
no, se sentía en plena forma. También se sentía agradecida con su anfitrión por
el placer que le había proporcionado en el sueño. No tenía importancia que él
no hubiera tenido nada que ver con eso. Él había sido la estrella de su sueño,
y en ese sueño le había dado un gran placer. Si. Era un tipo sensacional.
Sonriendo
ampliamente, Demi se vistió, cepilló su cabello, luego dejó su cuarto y trotó
escaleras abajo hacia la cocina. Le iba a hacer de desayunar a Joe. Un gran
desayuno. Y le iba a decir dulcemente que había perdido las esperanzas acerca
de tratar de que hiciera la gira. Tal vez luego estaría tan aliviado que
estaría de acuerdo en hacer una entrevista o dos.
Empezó
a trabajar: El filete tan crudo que todavía sangraba, huevos, patatas fritas,
tostadas y café. Luego, se vio ante un dilema. ¿Qué hacer? No había signos de Joe
aún, pero ya todo estaba listo. ¿Quizá debería ir a golpear la puerta del
dormitorio y arriesgarse a que se enfadara? Eso no ayudaría a su causa. Mejor
le llevaría el desayuno en una bandeja a la cama. Eso no parecía buena idea.
Después del sueño que había tenido anoche, pensó que era mejor quedarse lejos
de Joe y su cama, no fuera a tratar de saltar sobre el pobre hombre con la
esperanza de probar si lo real era tan bueno como el sueño.
Suspirando,
Demi revisó la mesa en donde tenía todo a punto, luego recorrió con la mirada
el horno, donde había colocado todo para conservar el desayuno caliente. Las cosas
estarían bien allí por un rato, pero no por mucho tiempo. Decidió limpiar el
desorden que había hecho en su cocina, y si no se levantaba para cuando hubiera
terminado, se arriesgaría a su mal humor e iría a despertarle.
Viendo
una radio en el mueble del mostrador de la cocina, la encendió y se dispuso a
trabajar, bailando alrededor de la cocina con las canciones de una emisora
clásica de rock.
Un chillido
estridente de un animal, fue lo que despertó a Joe. Al menos, eso fue lo que
pensó. Se incorporó repentinamente cuando el sonido le despertó, luego hizo una
pausa para escuchar los ruidos en su casa.
Alguien
estaba golpeando algo en la cocina, y podía escuchar el sonido metálico de la
música sonando en alguna parte escaleras abajo. Pero el chillido que le había
despertado no había sido ese. ¿Había sido Demi gritando fuera de si por el
dolor? Se preguntó, sintiéndose tenso de repente. ¿Estaba siendo atacada por
algún loco que estaba destruyendo su cocina?
¡Rahhhh-cksanne!
Los
ojos de Joe se dilataron de horror cuando la chillona voz sonó otra vez,
chirriando sobre sus nervios como uñas en una pizarra. Dios querido, era Demi
tratando de cantar.
Él
volvió a caer con un gruñido de disgusto y excesivo cansancio abrumándole. No
había conciliado el sueño hasta el amanecer. No estaba listo para despertarse
aún.
—
Roxanne. —El chillido persistió.
Parecía
que Demi estaba lista para que él se despertara, sin embargo.
Farfullando
y murmurando por lo bajo, Joe se levantó y se dirigió a la ducha. Allí trató de
despabilarse y remover su mal humor. Continuó diciéndose a sí mismo que se
libraría de ella hoy. Podría dormir luego. Eso no le ayudó mucho. Se sentía
increíblemente gruñón cuando se tambaleó escaleras abajo.
Demi
escuchó los pasos de Joe en las escaleras y dejó de cantar. Moviéndose
rápidamente hacia la estufa, agarró el mango del sartén, abrió el horno y sacó
el desayuno. Estaba colocando el plato de tostadas, carne y huevos en la mesa
cuando él entró en la cocina.
—
¡Buenos días! —Cantó alegremente.
Joe
se sobresaltó y gimió. Luego su mirada se dirigió a la mesa, y su expresión
gruñona lo abandono, reemplazada por la sorpresa.
—
¿Hiciste tú todo esto?
—
Sí. —Dijo Demi, mientras soltaba un suspiro de alivio. Él no se iba a comportar
terriblemente difícil, por que ella lo hubiese despertado. Solo un poco
difícil.— Siéntate y come antes de que se enfríe.
Él
se sentó y examinó las viandas, entonces finalmente puso manos a la obra. Demi
vertió café para ambos, entonces se sentó a comer con él. Permitió que Joe
comiera en paz, decidiendo que sacaría a colación el tema de la entrevista
después de que estuviese lleno y feliz.
Para
su sorpresa, sin embargo, no tuvo que hacerlo.
Cuando
Joe hubo terminado su comida y apartado su plato, Demi se levantó y agarró la
cafetera para rellenar ambas tazas. Ella estaba sirviéndolos, cuando
repentinamente Joe dijo:
—
Un evento.
Demi
volvió a la mesa confusa.
—
¿Un evento?
Joe
asintió.
—
Si es la única forma para deshacerme de ti, Demi C. Lovato, estaré de acuerdo
con un evento publicitario.
—
¿De verdad? —Trató de aquietar la esperanza que brincó dentro de ella. Esperaba
atraparlo.
—
Sí. Pero éste es el trato. Hago un único evento. Uno sólo. Después de eso,
tienes que dejarme en paz.
—
Esta bien. —Accedió.
Joe
la atisbó suspicazmente.
—
¿No me telefonearás y me acosarás más? ¿No más cartas? ¿No acamparas en mi
puerta?
—
No. Lo prometo. —Dijo Demi solemnemente.
—
Muy bien. —Suspiró.— Un evento, preferentemente la cosa R.T. que mi madre
mencionó.
Los
ojos de Demi casi salieron de sus órbitas.
—
¿La cosa R.T.?
—
Sí. ¿Eso haría feliz a tus jefes?
—
Oh, sí. —Inspiró Demi, apenas capaz de creer en su suerte. Había mencionado el
Congreso a Denise en la boda, y había admitido que deseaba poder convencer a Joe
que asistiera, pero nunca había esperado que él estuviera de acuerdo. Parecía
que la mujer había tomado su causa. Demi decidió que adoraba a Denise Jonas. Denise
era una mujer maravillosa.
—
Bien. Entonces arréglalo. Haré la entrevista R.T... Ahora, ¿cuándo vas a
dejarme en paz?
Demi
echó una mirada al reloj de la cocina. Era casi mediodía. Había llamado más
temprano y había averiguado que había un vuelo a la una, uno a las tres y otro
a las cinco. Había pensado que tendría que tomar otro vuelo más tarde, y
todavía lo podía hacer si quisiera pasar más tiempo con él. Pero luego sus
palabras hicieron clic. “Bien. Entonces haré la entrevista R.T” Ella no
había mencionado una entrevista aún. El único acontecimiento en R.T. era el
Congreso. La madre de Joe lo había confundido. ¿Deliberadamente?
—
Er Joe, ¿qué te dijo exactamente tu madre acerca de la cosa R.T.?
El
escritor se encogió de hombros.
— Ella dijo:
“Sugiero que le digas que harás R.T.” Pensó que probablemente era la mejor opción
para nosotros.
– ¿Y
eso es todo lo que dijo? —Preguntó Demi cuidadosamente.
Joe
asintió, luego añadió:
—
Oh, y dijo que era una revista.
Demi
consideró esto. Denise había mentido deliberadamente a su hijo, y la única
razón que podía imaginar para que la otra mujer hiciera eso debía ser por
tratar de ayudarle a ella. Demi sintió una punzada de culpabilidad.
Un
momento más tarde, dejó de pensar así. Denise haría cualquier cosa para evitar
dañar a su hijo. Ella debía pensar que él debía ir, también. Y que sería bueno
para él. Demi no se iba a meter en eso. Él había dicho que haría “La cosa”
R.T. "La cosa". Mejor no ahondar en eso.
Ella trataría de llegar allí antes de que él se
percatase de que era un Congreso, no una entrevista, y tratara de echarse para
atrás.
—
¡Oh! No me percaté que estaba tan retrasada. —Dijo sin aliento, mirando
fijamente su reloj de pulsera, fingiendo sorpresa. Luego sonrió a Joe
dulcemente.— Preguntaste cuando iba a dejarte en paz. Bien, hay un vuelo a la
una en punto que puedo alcanzar si me apresuro.
Y
con esas últimas palabras, se levantó rápidamente y salió precipitadamente de
la cocina.

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