Cerró la puerta antes de que ella pudiera responder, pero Demi sonrió ampliamente mientras le miraba rodear el coche hacia el lado del conductor. Su humor empezaba a elevarse de nuevo. Generalmente, Demi odiaba las bodas, y definitivamente no estaba para nada contenta con el hecho de ser llamada “La cita de Joe”, pero quizás la noche no fuera tan mala.
Aquello fue horrible. Bueno, no del todo, admitió Joe para sí
mismo. La ceremonia nupcial en si misma fue hermosa. Y, para su sorpresa, su
molesta editora tenía los ojos llorosos mientras Kevin y Dani intercambiaban
sus votos. Se dijo a sí misma cuando él le pasó el pañuelo que con tanto
cuidado había guardado en el pecho:
— Parecen tan felices. Es obvio que están
profundamente enamorados.
Joe
simplemente refunfuñó y esperó a que la ceremonia no fuera tan larga como lo
había sido la de Selena el año anterior. Sólo tenía un pañuelo.
Afortunadamente
el sacerdote de la boda de Dani no era tan cansino como había sido el de la
familia Hewitt. Aún así, Joe casi salió corriendo de la iglesia con Demi. O al
menos lo intentó. Su huida fue detenida por el embotellamiento formado a la
salida, en donde todos y cada uno de los invitados se detenían para dar a Kevin
y Dani la enhorabuena. La pareja, según la costumbre, había salido de la
iglesia primero y estaban ahora a unos pasos de la iglesia hablando con cada
uno de ellos mientras se marchaban.
Por
supuesto Demi insistía en felicitarles y darles la enhorabuena también, lo
cual, pensaba Joe, era ridículo. ¡Ni siquiera les conocía! Pero la mujer ignoró
sus intentos de darle prisa para bajar las escaleras y se detuvo a desear
felicidad a la pareja.
Dani
y Kevin no estaban sorprendidos por que Demi estuviera en la boda, por
supuesto. La rama familiar estaba tan saludable como siempre. Y pese al enfado
de Joe, Dani era una de esas personas sociables que gustaba a todo el mundo y
que le gustaba hablar. Kevin estaba estorbando con su misma afición, así que no
podían decir sólo gracias y dejar marchar a Demi. No. De hecho, tenían que
“hablar” con Demi y preguntarle si habían tenido buen tiempo en Toronto.
Joe sintió como se tensaba mientras esperaba su
respuesta. Se quedó vagamente sorprendido cuando ella rió (soltó una carcajada)
y respondió:
—
Oh, si.
Kevin
parecía igualmente sorprendido.
—
¿Quieres decir que es mi hermano quien se ocupa de entretenerte? —Preguntó,
como si Joe fuera una clase de pagano, incapaz de ser un buen anfitrión.
Demi
asintió con la cabeza alegremente.
—
Él y tu madre también. Denise me llevó de compras, y al balneario también. Y la
pasada noche, Joe y yo jugamos a “Blood Lust II” hasta bien entrada la madrugada.
—
¡Oh! —Exclamó Dani.— ¿No es un juego asombroso? Kevin es muy hábil. Aunque
pensé que me volvería loca con ello cuando diseñaba el último episodio. Le dio
problemas.
—
¿Kevin? —Demi miró de reojo titubeando de Dani a Kevin.
—
Si, es su juego. —Aclaró Dani. Echó entonces una mirada a su cuñado
sorprendida.— ¿No le dijiste que Kevin era el creador del juego?
—
Si, estoy seguro de que se lo dije.
—
No, no lo hiciste. —Exclamó Demi sacudiendo ligeramente su brazo— Oh, Dios mío.
¿Por qué no me lo dijiste?
Joe
frunció el entrecejo. Su editora no prestaba atención. Ya se había vuelto hacia
su hermano.
—
¡No puedo creerlo, amo “Blood Lust”, ambas partes!. ¡Son asombrosas!
—
¡Oh! Ahora entiendo. Los personajes principales en el libro de Joe se llamaban Dani
y Kevin. Y Kevin fue el creador del juego. ¡OH, vaya! —Sonrió abiertamente a Dani.—
La próxima cosa que me dirás será que eres investigadora forense como la mujer
del libro.
Joe,
Kevin y Dani la miraron e intercambiaron miradas incómodos.
Los
ojos de Demi se abrieron desorbitadamente en silencio.
—
¿Eres…? ¿Eres tú?
—
Me gusta basar mis historias en la realidad tanto como me sea posible. —Dijo Joe
rompiendo el silencio.
—
Pero tú escribes libros de vampiros. —El tono de Demi sonó perplejo.
—
Bueno, dentro de lo razonable. —La corrigió él, entonces tomó su brazo
firmemente.— Ven. Estamos traspasando la línea.
Joe
arrastró apresuradamente hacia el coche a Demi, miró hacia adentro, se montó e
inmediatamente puso la radio en marcha. Subió el volumen impidiendo el diálogo
y condujo hacia el vestíbulo de recepción en donde la comida de la boda iba a
ser servida. En su prisa por llegar allí, esperaba esperanzado que Demi se
distrajera y olvidara la extraña coincidencia entre los personajes de sus
libros y los de su familia en la vida real. Joe se excedió un tanto con el
límite de velocidad. Como resultado de ello fueron los primeros en llegar.
Afortunadamente
para él, Demi no volvió a mencionar el problema. Ella y Joe se sentaron en la
misma mesa, y su madre, su hermana Selena y su esposo Greg pronto se unieron a
ellos.
Nick
se sentó en la mesa principal con el resto del cortejo nupcial, así que la mesa
de seis plazas que los cinco ocupaban era la más cercana a la larga mesa
principal.
Joe
malgastó los primeros minutos manoseando simplemente la copa de vino que
prestamente habían colocado delante suya, su mirada pasó nerviosamente veloz a Demi
mientras ésta hablaba con Denise y Selena. Las tres mujeres le ponían bastante
nervioso. Tenían las cabezas muy juntas, y mezclaban las risitas nerviosas con
la tranquila conversación.
Se
moría por saber que estaban contándose, pero por más que lo intentó no
consiguió oír nada, debido en parte a los chismorreos y a las interrupciones de
las personas que llegaban saludándose los unos a los otros.
—
¡Selena!
Joe
se puso rígido al oír exclamar a su editora; entonces Demi se volvió hacia él.
—
¡El nombre de tu hermana es Selena! Es el nombre de la mujer vampiro de tu
segundo libro.
—
Esto….sí. —Disparó una mirada tanto a su madre como a su hermana. ¿Estaban
deliberadamente tratando de complicar su vida?
—
Kevin y Dani en el último libro, Selena y Greg en el segundo. ¡Y Denise! —Se
volvió hacia la madre de Joe.— Su esposo se llama Claude, ¿no es cierto?
—
Se pronuncia con una ‘o’ alargada querida, no como una ‘o’ cerrada. —Corrigió Denise
amablemente. Entonces asintió ligeramente.— Pues sí, mi esposo y el padre de
mis hijos fue Claude.
—
¡Oh! —Demi guardó silencio un momento, pero era evidente que estaba pensando,
buscando otras similitudes.— Y el apellido familiar es también Jonas. No,
espera —dijo corrigiéndose— en las novelas el apellido es Argentus, del Latín
‘argent’, plata, porque el patriarca tenía los ojos azul plateado. ¡Como tú!
—Se volvió repentinamente entornando los ojos hacia los de Joe.
—
Sí. —Joe cambió de posición sintiéndose terriblemente incómodo, sin saber como
conseguir una explicación convincente. Al final, ni siquiera la necesitó.
—
Creo que es demasiado almibarado para ti eso de dar los mismos nombres que
tiene tu familia. —Dijo Demi.
Joe
la miró sorprendidamente boquiabierto. ¿Almibarado? Él no era almibarado, en
modo alguno. Que porras…
—
Es obvio que te preocupas por ellos.
—
Esto…. —Joe se sentía extrañamente atrapado cuando un ligero golpecito en su
hombro hizo que volviera la cabeza. Se encontró mirando fijamente a Nick y Kevin.
Aliviado por aquella distracción, sonrió enormemente, consiguiendo asombrarles.
—
Necesitamos que ambos nos echéis una mano. —Bastian abarcó a ambos, Joe y Greg
con la mirada.
—
Oh, oh, por supuesto. —Joe se volvió hacia Demi mientras Greg se ponía en pie.—
Nos necesitan. Debemos irnos. —Explicó.
Demi
asintió solemnemente.
—
Es algo así como “solo para chicos”, ¿verdad?
—
Esto….sí. —Joe se puso en pie, lanzó una mirada furiosa de advertencia a su
madre y a su hermana, con el único fin de que se abstuvieran de sembrar
estrafalarias ideas en la mente de Demi, entonces siguió a sus hermanos
alejándose así de la mesa.
El
cuarteto cruzó el vestíbulo de recepción, atravesando la puerta semioculta
detrás del decorado travesaño, caminaron por el angosto corredor, saliendo por
otra de las puertas que desembocaba en el solar del aparcamiento detrás del
edificio. Nick caminó entre las filas de vehículos aparcados hacia su
camioneta. Joe no sabía que estaba pasando hasta que su hermano abrió las
puertas traseras y arrastró hacia sí la nevera portátil.
—
No sé vosotros, chicos, pero con todo lo que he tenido que hacer hoy, no pude
alimentarme antes de la boda. Creí que tal vez no era el único que tenía ese
problema, así que preparé un pequeño picnic. —Nick abrió sonoramente la nevera.
Joe
sonrió burlonamente ante la vista de las bolsas apretujadas entre el hielo. El
bueno del viejo Nick. Siempre estaba preparado. Debería haber sido Boy Scout de
niño por su forma de comportarse como en aquellos tiempos.
—
¡OH, gracias Dios! —Kevin tomó la primera bolsa que Nick le alcanzó.— Estuve
tan ajetreado yendo de acá para allá, no tuve ocasión de alimentarme. Ni
siquiera lo hizo Dani, estoy seguro.
—
He traído suficiente para todos. —Les aseguró Nick. Tendió ambas bolsas a Joe y
Greg.— Traeré a las señoras después que hayamos vuelto. Pensé que no sería
conveniente que saliéramos todos al mismo tiempo. El flanco de los Jonas lo entendería,
pero los Garretts podrían sentirse confusos.
—
Verdaderamente, amigo mío. —Dijo Greg con una sacudida de cabeza.— Aún no estoy
usándola toda. —Gesticuló con la bolsa en la mano, entonces la alzó y
extendiéndola le asestó una dentellada.
Joe
sonrió mientras les emulaba. Para alguien que exigía justo lo contrario, su
cuñado hizo una imparcial parodia de alguien que estaba cómodo con su nueva
situación. Fijándose, esto podría ser diferente si el terapeuta mordiera a la
gente para alimentarse como en los viejos tiempos.
Los
cuatro hombres quedaron en silencio mientras vaciaban sus primeras bolsas de
sangre. Nick deslizó las copas de plástico fuera de la furgoneta y dividió dos
bolsas más entre aquellas cuatro tazas, y los hombres continuaron hablando mientras
bebían. No pasó mucho tiempo antes de que la conversación volviera hacia la
invitada no deseada de Joe. Kevin fue el primero que empezó comentando que ella
parecía realmente agradable.
Joe
resopló.
—
No dejes que te embauque. Esa mujer es terca como una mula. Es como una de esas
malditas garrapatas excavando bajo tu piel y quedándose allí. ¡Excavó de esa
forma en mi casa y ya no se marchará!
Los
otros soltaron una carcajada. Greg sugirió:
—
¿Por qué no intentas algo de ese control mental que Selena intenta enseñarme?
Tan solo accede a su mente y planta la sugerencia para que se marche.
—
Joe no puede acceder a su mente. —Anunció Kevin con una sonrisa socarrona.
—
¿Lo has intentado? —Preguntó Greg a Joe sorprendido.
—
Por supuesto que lo he hecho. Desde la primera noche. —Joe frunció el entrecejo
y sacudió la cabeza.— Pero parece que es resistente a la sugestión. Ni siquiera
puedo leer sus pensamientos. La mente de esa mujer es como una trampa de acero.
—Suspiró— Es condenadamente frustrante.
—
Sí, y no se lo digas a Madre. —Le recordó Kevin.
—
¿Por qué no? —Preguntó Greg.
Nick
le explicó.
—
Madre dice que las parejas no deberían ser capaces de leer los pensamientos del
otro, así que cuando te topas con alguien fuertemente dispuesto a bloquearte,
lo cual ella dice que es algo fuera de lo común, deberías prestar atención,
podría ser tú mejor compañera.
Kevin
asintió con la cabeza.
—
Así que si ella echa el lazo al viento....
—
Ella decidirá con quien nos empareja. —Terminó Joe por él. Inmediatamente se
sintió confuso. La última cosa que necesitaba era a su madre jugando a la
casamentera y forzándoles a él y su editora a permanecer juntos. Por otra
parte, Demi era el infierno de un jugador. Era atractiva, y de alguna forma
había empezado a resultarle menos irritante desde que la conocía. Incluso
podría llevarla a su casa. En caso de que se viera forzado al matrimonio...
—
Así que yo no se lo diría si fuera tú. —Dijo Nick.
—
Estoy de acuerdo con Nick y Kevin en ello. —Decidió Gregory mirando a Joe.—
Pese a lo mucho que me gusta tu madre, una vez que se le mete una idea en la
cabeza es como un niño insistente. Si no quieres que interfiera e intente
empujaros a Demi y a ti, mejor será que no menciones que no puedes leer su
mente.
—
Demasiado tarde.
Los
cuatro hombres se sobresaltaron culpablemente ante aquel comentario dulcemente
entonado. Dándose la vuelta, se encontraron enfrentados a Denise. Joe gimió al
ver la agresiva mirada en su cara. Era bastante obvio que lo había oído todo. Y
a juzgar por su expresión, ya había empezado a maquinar algo.
Al
menos eso era lo que él creía, pero se sorprendió al verla tomar la bolsa de
sangre que Nick le ofrecía y se volvía sonriendo a su hijo mayor.
—
Joe, querido. Si quieres realmente librarte de mala manera de esa chica, ¿por
qué no llegáis a un acuerdo para hacerla publicidad en la que ella participa?
En cuanto estés de acuerdo con ella, se marchará.
—
Porque no quiero. —Respondió casi sobresaltándose mientras escuchaba lo
infantil que sonaba.
—
Y no quiero oírte lamentarte, pero a veces tenemos que hacer cosas en esta vida
que no nos gustan. —Sus palabras hicieron que todos se quedaran en silencio,
entonces Denise asestó una dentellada a la bolsa de sangre y la vació. Cuando
hubo terminado, se volvió hacia Joe y añadió— Demi no quiere estar aquí
incordiándote más de lo que tú la quieras aquí. De todas formas, su trabajo
depende de su habilidad para convencerte de acudir a uno de esos
acontecimientos publicitarios. A ella le gusta su nuevo puesto. Quiere
mantenerlo. No se marchará hasta que estés de acuerdo al menos una vez.
Observando
su horrorizada reacción, Denise palmeó la mejilla de su hijo cariñosamente.
—
Te sugiero que le digas que harás R.T. Por lo que me dijo esta mañana en el
balneario es probablemente la mejor opción para ambos.
—
¿Qué es R.T? —Preguntó Joe recelosamente.
—
Es la revista “Romantic Times”. —Le aclaró su madre— Tan sólo dile que
la harás. —Entonces Denise Jonas se volvió y comenzó a andar mirando por entre
las filas de coches aparcados.
—
Veamos. Me pregunto como habrá averiguado que el trabajo de Demi depende de
convencerte para que hagas esos eventos publicitarios. —Murmuró Nick mientras
observaba a su madre alejarse.
Greg
se encogió de hombros.
—
Es muy buena haciendo que la gente le diga cosas que jamás tendrían intención
de decirle. Hubiera sido una buena terapeuta.
Joe
permaneció en silencio, y todos devolvieron sus copas vacías a Nick. No sabía
como su madre había descubierto lo que sabía, pero no dudo ni un minuto en que
fuera cierto. Lo cual le hizo sentirse más miserable de lo que podría ser, de
momento sabía con certeza que nunca se libraría de aquella mujer. Estaba
desesperada y la gente desesperada suele ser tan endemoniadamente persistente
como impredecible.
—
¡Aquí estáis!
Los
cuatro hombres se dieron la vuelta separándose de la camioneta de nuevo, esta
vez se encontraron con Demi C. Lovato cara a cara. Había un guiño pícaro en su
rostro que pillaba sus expresiones culpables y la forma en que intentaban
ocultarle algo situado detrás de ellos.
—
Dani te andaba buscando. Le dije que creía haberte visto salir y que te
buscaría. —Le explicó, todavía mirándoles divertida— Intentó detenerme y dijo
que vendría, pero es su boda, no puedo permitir que deje a sus invitados y
salga a perseguir a cuatro depravados.
Joe
intercambió una mirada con los otros. Todos ellos sabían malditamente bien que
probablemente Dani se deslizaría fuera para un rápido sorbo tal y como su madre
acababa de hacer. Demi, en su bondad, lo había hecho imposible.
—
¿Por qué nos llamas depravados? —Preguntó Gregory.
Demi
gesticuló en el aire y sonrió.
— Por lo que estéis haciendo aquí fuera.
Los
cuatro hombres intercambiaron miradas y formaron un grupo apretado,
asegurándose de que la parte trasera de la furgoneta y la nevera portátil
estuviera bien oculta; entonces Joe repitió:
—
¿Qué que estamos haciendo?
—
¡Oh, como si no fuera obvio! —Dijo con un bufido.— Saliendo a hurtadillas,
revoloteando alrededor de la furgoneta. —Sacudió la cabeza y les echó una
mirada condescendiente.— Puede que haya crecido en Nebraska , pero llevo
viviendo en Nueva York lo suficiente como para entender a artistas de vuestra
clase.
Ahora,
las miradas que los hombres intercambiaron fueron de desconcierto. ¿Qué clase
de artistas? Joe era escritor, Kevin era programador, Nick un hombre de
negocios y Greg era terapeuta. ¿Qué clase de artistas? Y de todos modos, ¿que
suponía ella hacían esa clase de artistas? La única forma de saberlo era
preguntando. Joe lo hizo.
—
¿Qué es exactamente lo que estás pensando que hacemos aquí fuera?

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