— ¿Joe? —Había preocupación en su voz esta vez, y sonó más cerca. Ella debía estar regresando. Sin duda temía que se hubiese desmayado por la lesión.
Soltó un
murmullo de frustración y cerró la puerta del frigorífico. Lo último que
necesitaba era otro debacle de como echarse sangre por todas partes encima de
él. Eso ya le había causado problemas interminables, como el hecho que la mujer
ahora tenía intención de quedarse con él. Había pensado rechazar la idea de
inmediato, pero se había distraído cuando la señorita Lovato se había acercado
al frigorífico. ¡Maldición!
Bien,
arreglaría ese asunto a la primera oportunidad. Estaría condenado si la dejaba
quedarse y sermonearlo acerca de toda esta tontería publicitaria. Eso era. Él
sería firme. Cruel, si era necesario. Ella no se quedaría ahí.
* * * * *
Joe trató de
deshacerse de ella, pero Demi C. Lovato parecía más bien un bulldog cuando
tomaba una decisión acerca de algo. No, un bulldog era la imagen equivocada. Un
terrier quizá. Sí, era más feliz con esa comparación. Un terrier rubio hermoso
colgando completamente de su brazo, sus dientes hundidos resueltamente en el
puño de su camisa y rehusándose a soltarlo. Salvo que lo embistiera contra la
pared un par de veces, realmente no tenía idea cómo soltar sus mandíbulas de
él.
Esta era la
situación por supuesto. A pesar de haber vivido varios cientos de años, Joe
había pasado por alto toparse con cualquier cosa de ese tipo. En su
experiencia, las personas eran una molestia y nunca dejaban de traer caos con
ellas. Las mujeres especialmente. Él siempre había sido un imbécil ante una
damisela en apuros. No podría relatar cuántas veces se había encontrado
tropezando accidentalmente con una mujer con problemas y repentinamente
encontrando que su vida entera era un caos mientras se enfrentaba a una
batalla, un duelo, o una guerra por ella. Por supuesto, siempre ganó y salvó la
situación. De todos modos, en cierta forma nunca consiguió a la mujer. Al
final, todos sus esfuerzos y agitaciones en su vida le dejaron mirando a la
mujer alejarse con alguien más.
Esa
no era la situación aquí. Demi C. Lovato, editora, no era una damisela en
apuros. De hecho, aparentemente le veía a él en apuros. Ella se quedaba
"por su bien." Ella le salvaba, pensaba, y pretendía
"despertarlo cada hora después que se acostaran," para salvarlo de su
propia insensatez por rechazar ir al médico. Ella hizo ese anuncio en el
momento que se sentaron en su sala de estar, luego tranquilamente empezó a
remover las bolsitas de té y a verterlo mientras la miraba boquiabierto.
Joe no necesitaba
su ayuda. No se había golpeado realmente la cabeza con fuerza, y aun si lo
hubiese hecho, su cuerpo se habría recuperado rápidamente. Pero no era algo que
podría decirle a la mujer. Al final, simplemente dijo, con toda la severidad y
firmeza que podía reunir— No deseo su ayuda, señorita Lovato. Puedo cuidarme yo
mismo.
Ella
inclinó la cabeza tranquilamente, sorbió su té, luego sonrió agradablemente y
dijo— Tomaría el comentario más enserio si en este momento no trajera puesto un
paño de cocina, bonito pero manchado de sangre y florido sobre su cabeza...
estilo turbante.
Joe se tocó
alarmado, sólo para sentir el paño de cocina que se había olvidado que estaba
envuelto alrededor de su cabeza. Cuando comenzó a desenredarlo, Demi agregó— No
te lo quites por mí. Se ve bastante adorable en ti y te hace ver mucho menos
intimidante.
Joe
gruñó. Se arrancó el florido paño de cocina.
— ¿Qué fue
eso? —Preguntó su editora, con los ojos abiertos de para en par— Gruñiste.
—
No lo hice.
— Lo
hiciste. —Ella estaba sonriendo abierta y ampliamente, pareciendo muy contenta—
Oh, ustedes los hombres son tan lindos.
Joe
supo entonces que la batalla estaba perdida. No habría discusión que le hiciera
a ella salir de ahí.
Quizá
controlando su mente...
Era
una habilidad que procuraba evitar usar por regla general, y no la había
ejercitado en bastante tiempo. Normalmente no era necesario, desde que la
familia había decidido utilizar un banco de sangre para alimentarse en vez de
cazar. Pero esta ocasión claramente lo pedía.
Cuando
él observó a Demi sorber su té, trató de entrar en sus pensamientos para poder
asumir el control de ellos. Él estaba más que impresionado por encontrar sólo
una pared en blanco.
La mente de Demi
C. Lovato era tan inaccesible para él como una puerta cerrada con candado. De
todos modos, continuó probando por varios momentos, su falta de éxito era más
alarmante de lo que habría esperado.
Él no se
rindió hasta que ella rompió el silencio trayendo a colación su razón para
estar allí— Quizá ahora podríamos discutir el viaje para firmar libros.
Joe
reaccionó como si lo hubiese pinchado con un hierro caliente. Desistió de
controlar su mente y hacerla irse, se levantó.— Hay tres cuartos de huéspedes.
Están arriba, los tres a la izquierda. Mi cuarto y mi oficina están a la
derecha. Permanezca fuera de ellos. Elija cualquiera de los cuartos de
huéspedes.
Luego se
retiró del campo de batalla a toda prisa, regresando rápidamente a la cocina.
La
podría aguantar por una noche, se dijo. Después que la noche terminara y se
tranquilizara viendo que estaba bien, se marcharía. Él se encargaría de eso.
Haciendo un
intento para no recordar que había estado tan decidido y seguro acerca de
expulsarla después de que terminara su té, tomo un vaso y la última bolsa de
sangre del refrigerador. Luego caminó hacia el fregadero para servirse algo de
comida. Probablemente podría tomarse una taza rápida mientras la señorita Demi
C. Lovato se ocupaba de escoger un cuarto.
Él
había pensado mal. Joe acababa de comenzar a verter la sangre de la bolsa en el
vaso cuando la puerta de la cocina se abrió detrás de él.
—
¿Conoces alguna tienda de comestibles que abra toda la noche en la ciudad?
Dejando
caer el vaso y la bolsa, Joe giró rápidamente para confrontarla,
estremeciéndose cuando el vaso se rompió en el fregadero.
—
Lo siento, no tenía la intención de asustarte, yo... —Ella hizo una pausa
cuando él levantó una mano para detenerla.
—
Sólo... —empezó, luego terminó cansadamente— ¿Qué preguntabas?
Él realmente
no podía escuchar su pregunta. El dulce, metálico olor de la sangre parecía
destacarse en el aire, aunque dudó que Demi lo pudiese oler desde donde estaba
a través del cuarto. Era molesto, y aún más molesto fue el sonido que hacia la
bolsa al vaciarse y se la tragaba el fregadero. Su comida. Su última bolsa.
¡Su
mente gritaba NO! Su cuerpo se acalambraba en señal de protesta. Sin hacer caso
a las palabras de Demi C. Lovato que sonaban a "Blah blah blah"
cuando fue hacia su vacío frigorífico y miraba el interior con atención. Joe no
se tomó la molestia de detenerla esta vez. Aparte de la sangre anterior, estaba
completamente vacío. Sin embargo, realmente trató de concentrarse en lo que
decía, esperando que cuanto antes respondiese a su pregunta, antes podría
salvar su comida. Por mucho que lo intentó, sin embargo, realmente sólo
atrapaba una palabra aquí y allá.
—
Blah blah .... no he comido desde el desayuno. Blah blah .... realmente no
tiene nada aquí. ¿Blah blah blah…. compras?
El último
coro de blahs terminó en una nota alta, alertando a Joe que le había hecho una
pregunta. Él no estaba seguro de cual había sido la pregunta, pero podía
sospechar que un no probablemente provocaría una discusión.
—
Sí. —Balbuceó él, esperando librarse de la obstinada mujer. Para su alivio, la
respuesta la complació y caminó de regreso a la puerta del vestíbulo.
—
Blah blah blah… escogí mi cuarto.
Él
casi podía saborear la sangre, su olor era tan pesado en el aire.
—
Blah blah lo transformé en algo más confortable.
Él
se moría de hambre.
— Blah blah
vuelvo en seguida y nos podremos ir.
La
puerta se cerró detrás de ella, y Joe se movió rápidamente de regreso al
fregadero. Gimió. La bolsa estaba casi completamente seca. Lisa. Casi. Estando
algo desesperado, la recogió, lo volcó sobre su boca y apretó, tratando de
escurrir las últimas gotas. Él atrapó exactamente tres antes de desistir y
lanzar la bolsa a la basura con repugnancia. Si había tenido cualquier duda
antes, no la tuvo ahora. Sin duda, Demi C. Lovato iba a hacer de su vida un
infierno hasta que se marchara. Él solamente lo supo.
¿Y
en qué diablos había estado de acuerdo de todos modos?

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