—
¡Oh! No me percaté que estaba tan retrasada. —Dijo sin aliento, mirando
fijamente su reloj de pulsera, fingiendo sorpresa. Luego sonrió a Joe
dulcemente.— Preguntaste cuando iba a dejarte en paz. Bien, hay un vuelo a la
una en punto que puedo alcanzar si me apresuro.
Y
con esas últimas palabras, se levantó rápidamente y salió precipitadamente de
la cocina.
Joe
miró boquiabierto la puerta de la cocina moviéndose Había querido que se fuera,
pero su ansia por acceder era un poco desconcertante. Inclinó la cabeza y miró
con el ceño fruncido el techo, mientas la puerta de su habitación se abría y
cerraba fuertemente, y luego el movimiento allá arriba. Obviamente, Demi tenía
una prisa loca. Daba la impresión de que no podía salir de su casa lo
suficientemente rápido. También parecía que tenía su equipaje listo, porque no
tardó mucho antes de que escuchara sus pasos bajar con prisa por las escaleras.
Entró
en el vestíbulo a tiempo de verle bajar rápidamente las escaleras. Un coche
tocó la bocina en el mismo momento en que sus pies tocaron la planta baja.
—
¡Oh! —Demi dobló hacia la cocina, luego hizo una pausa. Sonrió con alivio
cuando le vio.– ¡Allí estas! ¡Bien! Mi
taxi esta aquí y no quería salir sin decir adiós.
—
¿Taxi? —Repitió Joe con incredulidad.
—
Sí. Llamé desde mi cuarto, mientras hacía el equipaje. Chico, son rápidos aquí,
¿eh?
Cuándo
Joe simplemente clavó los ojos en ella sin expresión, Demi vaciló. Finalmente,
levantando su maleta, dijo:
—
Bien. Gracias por todo. Sé que fui una invitada no deseada, pero tú fuiste
agradable tomando en cuenta las circunstancias. Y aprecio... ¡Oh, demonios!
—Masculló cuando el taxi tocó la bocina nuevamente.
—
¡Espera! —Llamó Joe, cundo ella se dio la vuelta y abrió la puerta principal.
Ella vaciló, haciendo un gesto con las manos al taxista para hacerle saber al
conductor que no tardaba, luego se volvió. Joe realmente no tenía nada que
decir, solo estaba renuente a dejarla partir. Después de registrar su mente
para buscar algo, cualquier cosa acerca de la cual hablar, finalmente dijo:—
Acerca de la entrevista ¿Cuándo la arreglarás? Deberías tener mi número de
teléfono a fin de que me puedas telefonear y me puedas dejar saber cuándo es. Y
mi dirección de correo electrónico, también. —Agregó cuando se le ocurrió.
—
Um —Se sobresaltó, luego admitió— Tu madre me dio, ambos, tu número y dirección
de correo electrónico.
—
¿Lo hizo? —Él estaba alarmado, aunque sabía que no debería estarlo. No con su
entrometida madre de por medio.
—
Sí. —Demi se movió furtivamente, acercándose a la salida, con una expresión
rara en su rostro. Se le veía desalentada, como si supiera que tenía que
decirle algo, y realmente no quisiera. La fascinación de Joe se hizo mas
profunda cuando ella inspiró profundamente antes de balbucear:— R.T. no es una
entrevista.
—
¿No lo es?
—
No, no lo es. La cosa R.T. de la que tu madre hablaba es un Congreso.
—Una apariencia de dolor cruzó su cara. Luego, mientras Joe trataba de absorber
eso, ella agregó:— Pero no te preocupes. No lamentarás esto. Estaré allí
contigo y cuidaré de ti todo el tiempo. —Ella todavía se movía furtivamente y
casi alcanzaba la puerta cuando agregó con un balbuceo— Les enviaré a todos la
información y los billetes y te recogeré en el aeropuerto y todo lo demás. ¡Así
es que no te preocupes!
El
taxi escogió ese momento para dar otro bocinazo impaciente.
—
¡Ya voy! —Gritó Demi, y cerró la puerta con un portazo. El golpe hizo eco a
través de la casa, seguido por los ligeros pasos de Demi en el porche. Luego el
silencio cayó.
Joe
estaba transfigurado. Como si lo hubieran golpeado. ¿Congreso? Su madre no le
había dicho nada acerca de un Congreso. Ella había dicho que Romantic Times
era una revista. Un club de lectura. Alguien que querría una entrevista. Demi
debía de estar confundida. Dios Querido, sería mejor que ella estuviese
confundida.
Se
apresuró a ir a la puerta y se quedó con la mirada fija a través del oscuro
vidrio mientras se alejaba el taxi. Joe observó.
Mientras,
las palabras de Demi penetraban en su cabeza; Luego se volvió en dirección a
las escaleras. R. T. Ella debía estar confundida. Revisaría la página
Web de la revista Romantic Times en Internet solo para asegurarse de que estaba
confundida.
Apenas
tres minutos más tarde, el rugido de Joe hizo eco a través de la casa.

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