Demi no podía arriesgarse;
tenía que convencerlo de hacer las apariciones públicas. Cualquiera de
ellas. Se temía demasiado que su empleo como editora dependiera de su
aceptación.
— ¡Estas bromeando! ¿De
verdad pensó que toda esa sangre era producto de un pequeño coscorrón?
—Preguntó Kevin con una risa incrédula.
— Bueno, no creó que ella
se podría imaginar que la sangre provenía de una bolsa en el frigorífico.
—Señaló Nick, pero él también se reía por lo bajo.
Joe ignoró la diversión de
sus hermanos y hundió los dientes de en la segunda bolsa de sangre que le trajo
Dani. Ya había ingerido la primera. Después de la cual había accedido a
explicar su aparición en la casa de Kevin solicitando alimento. La primera
bolsa le había permitido superar la sorpresa de encontrar a Nick allí. También
había dado tiempo a sus hermanos para explicar que éste estaba allí para
solicitar ayudar con los preparativos de último momento de la boda. Lo que
explicaba por que no había podido encontrarlo él.
— Lo que no entiendo,
—dijo Nick mientras Joe terminaba con la segunda bolsa y escondía sus
colmillos— es por que, simplemente, no te metiste en su cabeza y le sugeriste
que se largara.
— Lo intenté. —Admitió Joe
con cansancio. Colocó ambas bolsas vacías en la mano que le tendía Dani, y la
observó salir del cuarto para deshacerse de ellas.— Pero no pude penetrar en su
mente.
El silencio que se
extendió por la habitación fue tan efectivo que se hubiera podido oír el vuelo
de una mosca. Kevin y Nick clavaron los ojos en él, mirándole estupefactos.
— Estás bromeando. —Dijo Nick.
Cuando Joe negó con la
cabeza, Kevin se sentó de golpe en la silla que se encontraba frente a él y
dijo.
— Bueno, será mejor que no
le cuentes nada a Madre si no quieres que caiga sobre ti con toda su
artillería. El momento en que ella supo que yo no podía leerle la mente a Dani,
fue el momento en que decidió que haríamos buena pareja. —Hizo una pausa
pensativa.— Aunque, después de todo, tenía razón.
Joe soltó un gruñido
disgustado.— Bueno, pues la señora Demi C. Lovato no es la mujer perfecta para
mí. La mujer es tan molesta como un enjambre de mosquitos. Terca como una mula,
y tan persistente como un perro de presa. La maldita mujer no me ha dejado un
momento en paz desde que apareció en el umbral de mi puerta.
— Eso no es cierto. —Alegó
Nick divertido.— Lograste librarte de ella el tiempo suficiente como para venir
aquí.
— Eso sólo porque estaba
cansada y se acostó. Ella.... —Hizo repentinamente una pausa y se enderezó,
recordando su promesa de ir a verle cada hora para asegurarse de que la herida
que había sufrido en la cabeza no era más grave de lo que creía. ¿Realmente lo
cumpliría? Miró fijamente a sus hermanos.— ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
Las cejas de Nick se arquearon con curiosidad, pero echando
un vistazo a su reloj de pulsera, dijo— No estoy seguro, pero creo que llevas
aquí unos cuarenta o cuarenta cinco minutos.
— Mierda —Joe se puso de
pie con rapidez y se dirigió corriendo hacia la puerta.— Tengo que irme. Mil
gracias por la bebida, Dani. —Gritó hacia el cuarto al que había entrado Dani.
— Un momento. ¿Qué…?
Nick y Kevin le siguieron,
con más preguntas sin respuesta, ya que Joe no se paró a contestarlas. Había
cerrado la puerta de su estudio con llave antes de dejar la casa, y Demi podía
asumir que él estaba allí, pero si realmente decidía controlarlo cada hora para
asegurarse que se encontraba bien y no recibía ninguna respuesta si llamaba a
la puerta, la maldita mujer podía asumir que se había muerto o le había pasado
algo y llamar a la policía o a una ambulancia. Podría incluso intentar echar
abajo ella misma la puerta. No quería ni imaginar lo que esa mujer podía llegar
a hacer.
En el camino a casa se le ocurrieron ideas todavía peores.
Afortunadamente cuando
llegó a casa, ella todavía no había echo nada de lo que él se había imaginado.
Sin embargo fue obvio desde el momento en que abrió la puerta de que ella
estaba levantada e intentando despertarle. La podía oír gritando y golpeando ruidosamente
la puerta de su oficina escaleras abajo. Poniendo los ojos en blanco por el
escándalo que estaba formando y el pánico que se discernía en su voz mientras
le llamaba por su nombre, Joe se metió las llaves de casa en el bolsillo y
trotó escaleras arriba. Deteniéndose abruptamente en lo alto de la escalera.
Querido Dios. La mujer no
solo comía comida de conejos, llevaba zapatillas de conejo.
Joe intentó no mirar
estúpidamente las rosadas orejas de conejito de las zapatillas que ella llevaba
puestas, fracasando rotundamente, para después ir subiendo su mirada hacía
arriba sobre la gruesa bata de felpa rosada y peluda. Si él no había sabido
decir antes si ella tenía buena figura, ahora menos. Luego al ver su pelo se
sobresaltó. Debía de haberse ido a la cama con el pelo mojado y obviamente este
se había encrespado y enredado hacia todos lados durante el sueño; su pelo
insistía en irse hacia todos los lados.
Mirándolo por el lado
bueno, obviamente ella no había intentado rebajarse haciendo todas esas cosas
que se suponían hacían las mujeres para seducir y conseguir que los hombres
hicieran lo que ellas querían. Aunque por raro que pareciera Joe se sintió un
poco decepcionado de que no lo hubiera hecho. No entendía por qué. No le
gustaba esa mujer. Es más, incluso podría haber estado abierto a una pequeña
seducción.
— Buenas noches. —Dijo él
cuando ella hizo una pausa en sus gritos para tomar aire. Y se encontró de
nuevo boquiabierto cuando Demi C. Lovato se dio la vuelta rápidamente para
enfrentarle.
— ¡Usted! Yo... pensé…
creí... —Ella se giró para señalar la puerta cerrada y señalarlo de nuevo a
él.— La puerta estaba cerrada. Pensé que estaba dentro, y cuando no contestó,
yo... —Su voz se fue apagando cuando ella se dio cuenta de su expresión.
Repentinamente cohibida, estiró los bordes de su raída bata como si él
estuviera intentado tener un mejor atisbo del camisón de franela que se veía a
través del escote.— ¿Ocurre algo?
Joe no pudo evitarlo;
sabía que no era muy educado por su parte, pero no pudo evitar que las palabras
escaparan de sus labios.
— ¡Dios mío! Pero, ¿qué es
ese pegote que tienes en la cara?
Demi inmediatamente soltó
su bata y se llevó ambas mano a la cara, intentando ocultase tras ellas, y su
boca soltando un alarmado
— ¡Oh! —Cuando recordó la máscara verde que se había puesto
antes de acostarse y que ya se le había secado.
Obviamente era algún tipo de tratamiento de belleza, dedujo Joe,
pero Demi ya no estaba allí para explicar exactamente de que tipo. Dando media
vuelta, había escapado hacia la habitación de invitados, cerrando la puerta
tras ella. Después de unos segundos, se oyó su voz tensa.— Me alegró que esté
bien. En su mayor parte. Me preocupé cuando no contestó a mis llamadas. Volveré
a pasar a ver que tal estás en una hora.
El silencio se hizo en el
vestíbulo.
Joe esperó un momento,
pero como no oyó el sonido de pasos alejándose de la puerta, dedujo que ella
estaba esperando algún tipo de respuesta. “No”, fue la primera respuesta
que le vino a la mente. No quería que ella controlara su estado. Es más, no la
quería en su casa. Pero se encontró con que eso era algo que no podía decirle.
Se la había visto terriblemente avergonzada de que él la hubiera pillado con
ese aspecto tan desastrado, y realmente no podía culparla. Se la veía realmente
espantosa con esas ridículas zapatillas de conejito.
Sonrió al recordar su
aspecto de pie en el vestíbulo con ese aspecto. Demi se veía fatal, pero
de una forma tan adorable que le habían entrado ganas de abrazarla... hasta que
había visto esa crujiente máscara verde en su cara.
Joe decidió no causarle
más malestar con un “no” que seguramente ella ya esperaba y en su lugar dijo un
“Buenas noches” con un tono de voz inquietamente áspero. Cuando marchaba hacia
la puerta de su oficina, oyó un suspiro proveniente desde el otro lado de la
puerta, y después un pequeño “buenas noches” en respuesta. Luego el sonido de
pasos alejándose de la puerta. Se iba a la cama, pensó él.
Después se oyó un
chasquido, y el hilo de luz que se veía por debajo de la puerta de la
habitación de invitados se apagó. Joe se detuvo. ¿Por qué estaban las luces
encendidas? ¿Estaba volviendo a programar la alarma del reloj despertador en
una hora? ¡La estúpida mujer realmente tenía intención de controlarlo cada
hora!
Sacudiendo la cabeza entró
en su oficina, encendiendo las luces de un golpe. Le daría quince minutos para
que se durmiera y luego entraría en la habitación y apagaría el reloj
despertador. Lo último que necesitaba era que le estuviera fastidiando toda la
noche. Aunque también se le ocurrió que si ella no dormía mucho esa noche,
entonces probablemente dormiría hasta más tarde por la mañana para compensarlo,
lo que significaría que tendría menos tiempo para meter sus narices donde no le
llamaban mientras él estaba durmiendo.
No, decidió él. Ella le
había dicho que no curiosearía, y el creía en su palabra.
En su mayor parte.

wow demi no de3ja tranquilo a joe jajajaaj y eso a el le fastidia
ResponderEliminarwuahh me encantooo
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