— Demonio de hombre.
—Refunfuñó.— Ingrato,
estúpido…
maravilloso
hombre. —Esto
último lo dijo con una sonrisa incipiente, pensando una excusa para quedarse
otra noche.— Oh. —Respiró.—
Dios bendice a los estúpidos, con escabrosas
sendas.
Música salsa.
Esto fue la primera cosa que Joe escuchó cuando se
despertó. Él reconoció la melodía;
un éxito del momento.
Una imagen breve se creó en su cabeza, la de un
delgado hombre, un bello latino bailando alrededor con ropas oscuras.
La música le facilitó encontrar a Demi.
Simplemente se guió con el sonido hasta la sala de
estar, donde hizo una pausa en la entrada para observar como había desordenado
la habitación mientras él había estado durmiendo.
La habitación que había estado aseada y ordenada
cuando él se había ido a la cama ahora estaba inundada de papeles. Cada
superficie disponible tenía cartas abiertas y sobres encima.
Demi C. Lovato se movía bailando alrededor de la
caja que era el centro de este lío, sacando las cartas,
abriéndolas, y
colocándolas en un montón o en otro por orden.
— Husmeando. ¡No!
—Rugió él .
Demi, que
estaba contoneándose rápidamente, un movimiento bastante atractivo,
para ser honesto, con
la caja medio vacía, dio un brinco
alarmada. Dándose la vuelta hacia
la puerta, soltando la caja y enviándola al suelo.
— ¡Mira lo que me
has hecho hacer! —Gritó,
sonrojándose por la vergüenza.
Se agachó para recoger la caja y su contenido.
— Husmeando. —Repitió Joe.
Avanzando, se
elevó sobre ella mientras ella recogía los sobres caídos.
— Yo.... —Lo
miró detenidamente desde abajo con aire de culpabilidad, entonces mostró su
irritación. Desde su posición, lo
fulminó con la mirada.— Apenas tuve que
husmear. La caja estaba allí
sobre la mesa del pasillo. La vi al pasar.
— No estoy seguro,
pero me parece que es ilegal abrir el correo de
otra persona. ¿No es un delito federal?
— Estoy bastante
segura que eso no se aplicaría cuando el correo lo ha enviado uno mismo
y realmente
envié esta caja. ¡Hace tres meses!
—Agregó gravemente.
— Pero no
escribiste las cartas que había en su interior.
Demi frunció el ceño,
entonces volvió su atención a los sobres sin abrir
que había en la caja. Luego explicó.
— Vi que aún no lo
habías abierto, y pensé que
quizás debía de ayudar. Es obvio que
estabas abrumado por el número de cartas.
— ¡Ajá!
Yo no tenía ninguna idea del número de cartas.
Todavía no lo había abierto.
— No, no
tenías idea. —Concedió después
de un momento. Luego ella
preguntó.— ¿Qué problema tienes con el correo? Nunca había encontrado a nadie
que lo abandonara así durante meses. No
me extraña nada que seas tan lento en contestar mis cartas.
Antes de que él pudiera responder,
ella se giró y siguió.
— ¿Y cómo pudiste
ignorar estas cartas como hiciste? —Ella señaló las mini-torres construidas
alrededor de toda la habitación.— Estos
son tus lectores, ¡tus admiradores! Sin
ellos, no eres nada.
Ellos pagan un buen dinero por tus libros,
dinero suficiente que dice que disfrutaron con lo que escribes.
Tus libros no serían publicados si no hubiera
lectores para leerlos. ¿Cómo puedes
ignorarles de esta manera? Ellos perdieron su tiempo y se molestaron en
escribirte. Dicen cosas maravillosas de ti,
de tus libros, de tu
escritura. ¿Alguna vez no admiraste
el trabajo de alguien o disfrutaste de él tanto que quisiste decirles que
apreciabas su labor? ¡Deberías de estarles agradecido por haberse tomado la
molestia!
Joe la miró fijamente con sorpresa.
Ella se mostraba bastante apasionada,
con su cara sonrosada,
elevando su pecho.
Y era un pecho muy agradable,
notó. Ella
tenía una figura muy agradable en general, hasta
con sus cómodos vaqueros y la camiseta que ella había decidido llevar puesta
hoy.
Todo se notaba muy agradable a la vista,
pero no era el momento.
Se reprendió mentalmente y se tomó un momento para
aclarar su garganta antes de intentar hablar.
El problema era,
que no podía recordar lo que ella había dicho o lo que
él debería decir en respuesta.
— ¡Ajá!! —Había triunfo en su cara.—
No tienes ninguna respuesta, ¿verdad? Por que tengo razón. Entendí
claramente esta situación, y
decidí, con toda la buena voluntad de mi
corazón; ayudarte. No tienes que
agradecérmelo. —Dijo con un tono
bastante autosuficiente. Luego ella se
volvió y recogió y abrió otra carta.
Joe se encontró a si mismo casi creando una
sonrisa burlona en sus labios cuando la miró.
No fue capaz de leer su mente para saber que esto
era en realidad un caso de buena voluntad,
pero si creía categóricamente que era una manera
algo sinuosa de permanecer en su casa el tiempo suficiente para convencerlo de
hacer publicidad para sus libros. Decidió, que
era su buena voluntad, dejarla
que permaneciera el tiempo suficiente para ayudarlo con las cartas.
No había tenido ninguna intención de contestarlas.
No conocía a ninguna de estas personas y esto era
una tarea muy pesada, pero ahora...
Bueno, su discurso en realidad lo había
convencido. Hasta cierto punto, claro.
— Muy
bien. Puedes ayudarme con las cartas si tienes suficiente tiempo.
—Anunció.
Demi sacudió la cabeza ante la
magnificencia de Joe Jonas.
— ¡Bien! Como tan
magníficamente me permites... —Ella
hizo una pausa. Sus burlonas
palabras fueron a un saco roto; ya que Joe
había abandonado la habitación. ¡Maldito
Hombre! Era el ser más frustrante, irritante...
¿Y qué era ese discurso sobre el tiempo
suficiente? Este hombre parecía una antigüedad misma por su forma de hablar y
tenía un leve acento que no sabía donde ubicarlo.
Esas dos cosas comenzaban a molestarla.
Ella justamente volvía a la caja para
seguir clasificando las cartas en categorías cuando una serie de ruidosas
campanillas resonó por la casa. Reconociendo
el sonido del timbre, vaciló,
entonces dejó caer las cartas y fue a contestar.
Abrió la puerta de la calle para encontrar a un
hombre uniformado al otro lado, con una nevera “B.S.A.”
en la mano.
— Hola. —Él dejó de masticar el chicle en
su boca el tiempo suficiente para sonreír abiertamente, y así lucir un
agradable conjunto de blanquísimos dientes.—
Debe de ser la redactora de Joe.
Demi levantó sus cejas sorprendida.
— Er, sí.
Demi. Demi C. Lovato.
El hombre tomó la mano que ella le ofrecía,
exprimiéndola calurosamente.
— La Tía Maggie
tenía razón. Es una dulzura.
— ¿Tía Maggie? —Preguntó Demi con
turbación.
— La
madre de Luc y mi tía.
Denise. —Aclaró él cuando ella siguió pareciendo confusa,
pero esto no ayudó a Demi tampoco.
La únicas personas que ella había encontrado desde
su llegada fueron un par de personas que se habían marchado cuando ella salía
del taxi, y la mujer seguramente
no era lo bastante mayor para ser la madre de Joe,
er, Joe. Demi
se encogió de hombros mentalmente, con aquella preocupación aparte sumada a las
otras connotaciones que hizo que se hundiera mas en su escepticismo.
— ¿Usted es el
primo de Joe?
— Sí,
señora.
Nuestros padres son hermanos. —Él sonrió
abiertamente, viendo ahora su
semejanza. Oh, era un hombre alto y
tenía el pelo negro como Joe, pero
Luc no sonreía, y este joven no
había parado de sonreír desde que ella había abierto la puerta.
Era difícil creer que estuvieran relacionados.—
Soy mucho más joven de lo que parezco.
— ¿Qué es que? —
Preguntó dudosa. Ella habría
situado a los hombres casi con la misma edad.
— Oh, sí. —Sonrió
abiertamente.— Soy unos siglos
más joven que Joe.
— Frankie.
Demi echó un vistazo sobre su hombro. Joe
venía por el pasillo, mostrando una cara hosca cuando vio que
estaba con su primo. Suspiró
por dentro ante su obvio descontento. Al
parecer, no le había gustado que
abriera la puerta. Vaya por Dios, el
tipo era un dolor de muelas. ¿Por
qué Frankie, el aquí presente, no podía haber sido el que escribiera las
novelas de vampiros? Habría sido mucho más fácil de tratar,
estaba segura.
— Aquí estas,
primo. —Frankie
no pareció sorprendido o molesto por la expresión de Joe.
Él le pasó la nevera portátil.—
Nick dijo que trajera esto pronto.
Que sufrías carencia y lo necesitarías seriamente.
—Dijo esto con una sonrisa burlona, guiñando un ojo.
— Gracias.
Joe en realidad se estaba riendo de su
primo, notó Demi con sorpresa.
Y su cara no se resquebrajó y ni cayó al suelo por
hacerlo.
— Regresaré
inmediatamente. —Dijo Joe.
Cuando él se dio media vuelta hacia la escalera, él advirtió.—
Intenta no morder a mi invitada.
Ella puede ser...
una provocación.
Demi frunció el ceño ante la retirada de su
anfitrión, luego sonrió de mala
gana a Frankie. Cambiando a una
sonrisa sardónica, preguntó:
— ¿Siempre es tan
irritable, o es solo conmigo?
— Solo contigo.
—Dijo Frankie. Al ver su expresión alicaída,
comenzó a reírse. Al final se compadeció de ella y
dijo la verdad.— Nah. No
eres tú. Joe es un huraño amable.
Ha estado así durante siglos.
Aunque parece estar de buen humor hoy. Le debes
dar una buena influencia.
— ¿Este es su mejor humor? —Preguntó Demi
con incredulidad. Frankie solamente
se rió de nuevo.
— Aquí está. —Le dijo Joe.
Él bajó las escaleras corriendo, devolviéndole la
nevera a su primo.— Dale las gracias de mi parte a Nick.
— Vale.
—Entonces Frankie asintió, guiñó
el ojo de nuevo a Demi, y se dio la
vuelta caminado por el porche.
Demi echó un vistazo a la entrada del
camino y al camión aparcado allí. Repartos B.S.A.; eso
tenía impreso en un lateral, el
mismo que la nevara, se percató.
Joe la sujetó para quitarla de la entrada y cerró
la puerta.
— ¿Qué...? —Comenzó
a decir con curiosidad, pero Joe evitó
así todo lo grosero que podía llegar a ser y la curiosidad de ella.
Él ya había recorrido alguna distancia y se
encontraba en el pasillo antes de que ella pudiera hacer las preguntas que
temblaban en sus labios.
— Pensé que, como
había tantas cartas, demasiado para contestar
individualmente, en realidad; nosotros
podríamos dividirlas en categorías y así repartirlas para cada uno. Así luego
podrías agregar algún texto más personal a cada una de las respuestas.
mmmmm okk ya que demi se de cuenta que joe es vampiroo !!!! mmm me encntoo
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