viernes, 2 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 22


 
— ¿Qué editas?

— Romances, como Demi.

Joe inclinó la cabeza lentamente, entonces preguntó esperanzadoramente:

— ¿Eres homosexual?

Los ojos de Taylor Keyes giraron en estado de shock.

— ¡Joe!

Joe recorrió a Demi con la mirada molesta. Sonaba como su madre cuando ladró eso. Admitiendo la forma en que su editora estaba sonrojándose y luego palideciendo por turnos, optó por no mencionarlo.

Un torrente de risa le hizo dirigir su mirada de nuevo a Taylor. La expresión atontada del joven había dado paso a una profunda carcajada. Joe esperó pacientemente a que él se recobrase.

Cuando el regocijo de Taylor murió en una risa ahogada, él preguntó:

— ¿Qué te hizo preguntar semejante cosa?

— Eres un editor romántico. Ese es el trabajo de una mujer.

— Ah. —Sonrió Taylor L. — Pero tú los escribes. ¿Eres tú gay?

Joe permaneció con la mirada fija durante un instante, luego sonrió abiertamente, pillado.

— Touché.

Demi no estaba divertida. Permaneciendo en medio de los dos, miraba enojada a Joe.

— Taylor bondadosamente ha estado de acuerdo en ayudarme a vigilarte este fin de semana. No serás grosero con él. —Le miró ceñudamente y agregó.— Al menos, no más grosero de lo que normalmente eres.

Joe miró ceñudamente hacia atrás.

— No necesito ser vigilado.

— Tú...

— Demi. —Interrumpió Taylor.— Se está acabando el tiempo. Si aún quieres ir a la fiesta de Bobby, entonces lo que deberías hacer...

— Oh, ¡mierda! —Demi miró su reloj. Pareció olvidarse completamente de Joe y preguntó a su compañero de trabajo,

— ¿Dónde dejaste mis cosas? Es típica del Oeste. Tengo que cambiarme.

— Las puse en esa habitación. —Taylor apuntó hacia una puerta a su derecha.— Pensé que si no te gustaba, podríamos cambiarlas más tarde.

Demi meramente asintió con la cabeza. Entrando precipitadamente en la habitación, dio un portazo detrás de ella. Taylor solo negó con la cabeza.

Joe miró ceñudamente después a Demi. Si ella esperaba que fuese a esa fiesta, tendría que pensar otra cosa. No tenía la intención de ir a una fiesta típica del oeste después de llegar del vuelo.

— Entonces, supongo que tú y yo estamos solos esta noche, Joe. —Dijo Taylor alegremente. Joe repentinamente volvió a pensar en la fiesta. Demi estaría allí. No este tipo.

— ¿Por qué estas aquí?. —Preguntó al editor.

Taylor sonrió abiertamente.

— Supongo que es para mantenerte a salvo. Cuando Demi no pueda estar por aquí. Como esta noche.

— ¿Mantenerme a salvo? —Repitió Joe.— ¿De qué?

Taylor frunció sus labios y consideró. Luego sonrió abiertamente.

— ¿Tú nunca has estado en una conferencia de Romantic Times? ¿Lo has hecho, Joe?

Joe meneó su cabeza. Se sorprendió cuando Taylor le golpeó ruidosamente con una mano en su hombro y le dirigió hacia la barra de la esquina.

— Tomemos algo mientras te lo cuento. Vas a necesitarlo.

Joe se inquietó mientras observaba a Taylor verter en el vaso el escocés que pidió. Comenzaba a creer que este congreso sería más doloroso de lo que había temido.

— Aquí tienes. —Taylor le dio su bebida. El editor gesticuló para que se dirigieran al sofá, el cual estaba colocado contra una ventana que lo separaba de la pared.

Joe se acercó hacia allí, pensando repentinamente lo hambriento que estaba.— ¿Se ha entregado un paquete para mí aquí?

— No que yo sepa. Estoy seguro de que lo hubieran mencionado cuando me registré. —Contestó Taylor. Él se sentó en una silla de la habitación, dejando el sofá para Joe— Pero bueno, no se si esta tú nombre registrado para esta habitación.

Joe se tensó. ¿no iba a ser él el hombre en cualquiera de estas situaciones?

La puerta del dormitorio a través de la cual Demi había desaparecido de pronto se abrió, y ella salió rápidamente. Joe automáticamente se acercó a ella, olvidándose de que esperaba la entrega de sangre. Miró boquiabierto a la mujer. Llevaba puestos el par más apretado de pantalones vaqueros, que comenzaban en su cadera, que él había visto desde que nació. Estaban complementado por botas vaqueras que llegaban a las rodillas, una camisa a cuadros, una chaqueta de ante con flecos, y un sombrero vaquero que parecía como si hubiera sido maltratada. Se veía tan sexy demonios.

— Katie. —Llamó Taylor.— ¿Pusiste el nombre de Joe en la habitación?

Demi le recorrió con la mirada sorprendida.

— Claro que no. Tenía miedo de que alguien pudiese asociar los nombres de Joe Jonas y Joe Argentus y se figurase que esta era su habitación. La idea de coger esta suite completa fue que ninguno de sus fans pudiese encontrarle. ¿Por qué?

— Joe espera una entrega. Pienso que la habrán rechazado si piensan que él no esta aquí.

Demi dirigió una mirada de disculpas a Joe.

— Lo siento. Sólo llámales y haz que lo entreguen a mi nombre. ¿De acuerdo?

Joe inclinó la cabeza lentamente, sus ojos deleitándose en ella. Ella se sonrojó bajo su examen, entonces dijo:

— Intentaré no llegar tarde. Taylor te vigilara hasta que vuelva. Cualquier cosa que quieras, el hombre ira, ¿de acuerdo?

Joe inclinó la cabeza otra vez, su lengua pegada dentro de su boca.

— Taylor. —Ella fijó su atención en su compañero de trabajo.— Haz que vea algo de televisión. Quizás pueda actualizar su forma de hablar observándola.

El otro editor se rió.

— Katie, amor, si ver la televisión no le ha hecho hacer cambiar su forma de hablar antes, una noche apenas va a hacerlo.

— Él no tiene televisión. —Explicó secamente.— Al menos, no vi ninguna. —Se volvió con una mirada curiosa a Joe.— ¿Tienes una?

Él negó con la cabeza. La televisión, en su opinión, pudría el cerebro.

— No creí que la tuvieras. —Dijo ella con satisfacción. Ella aleccionó a su amigo.— Haz que la vea. Os veré mas tarde.

Ambos hombres permanecieron silenciosos hasta que la puerta se cerró detrás de Demi. Joe se hundió en el sofá.

— ¿Por qué te levantaste? —Preguntó Taylor curiosamente.

— Una dama había entrado en la habitación. —Contestó Joe distraídamente. Su vista permanecía aún completamente en Demi, la vaquera. Usualmente prefería a las mujeres vestidas más femeninamente, pero no había nada masculino en Demi con ese traje.

— Estas bromeando acerca de la televisión. ¿verdad? —Preguntó Taylor— ¿Realmente no tienes una?

— No. Nunca la tuve.

— ¡Cielos hombre! —Taylor cogió el mando a distancia de la mesa. Joe lo reconoció, tenía uno para su estéreo en casa. Este era para la televisión. El editor dio un clic y sonrió.— Estas a punto de experimentar un placer, Joe. Te vas a enamorar de la televisión.

Joe hizo una mueca. Dudaba mucho de que amase la televisión. Era más un tipo de teatros. Los viejos hábitos eran difíciles de matar.

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