— ¿Qué editas?
— Romances, como Demi.
Joe inclinó la
cabeza lentamente, entonces preguntó esperanzadoramente:
— ¿Eres homosexual?
Los ojos de Taylor
Keyes giraron en estado de shock.
— ¡Joe!
Joe recorrió a Demi
con la mirada molesta. Sonaba como su madre cuando ladró eso. Admitiendo la
forma en que su editora estaba sonrojándose y luego palideciendo por turnos,
optó por no mencionarlo.
Un torrente de risa
le hizo dirigir su mirada de nuevo a Taylor. La expresión atontada del joven
había dado paso a una profunda carcajada. Joe esperó pacientemente a que él se
recobrase.
Cuando el regocijo
de Taylor murió en una risa ahogada, él preguntó:
— ¿Qué te hizo
preguntar semejante cosa?
— Eres un editor
romántico. Ese es el trabajo de una mujer.
—
Ah. —Sonrió Taylor L. — Pero tú los escribes.
¿Eres tú gay?
Joe permaneció con
la mirada fija durante un instante, luego sonrió abiertamente, pillado.
— Touché.
Demi no estaba
divertida. Permaneciendo en medio de los dos, miraba enojada a Joe.
— Taylor
bondadosamente ha estado de acuerdo en ayudarme a vigilarte este fin de semana.
No serás grosero con él. —Le miró ceñudamente y agregó.— Al menos, no más
grosero de lo que normalmente eres.
Joe miró
ceñudamente hacia atrás.
— No necesito ser
vigilado.
— Tú...
— Demi.
—Interrumpió Taylor.— Se está acabando el tiempo. Si aún
quieres ir a la fiesta de Bobby, entonces lo que deberías hacer...
— Oh, ¡mierda! —Demi
miró su reloj. Pareció olvidarse completamente de Joe y preguntó a su compañero
de trabajo,
— ¿Dónde dejaste
mis cosas? Es típica del Oeste. Tengo que cambiarme.
— Las puse en esa
habitación. —Taylor apuntó hacia una puerta a su derecha.— Pensé que si no te
gustaba, podríamos cambiarlas más tarde.
Demi meramente
asintió con la cabeza. Entrando precipitadamente en la habitación, dio un
portazo detrás de ella. Taylor solo negó con la cabeza.
Joe miró
ceñudamente después a Demi. Si ella esperaba que fuese a esa fiesta, tendría
que pensar otra cosa. No tenía la intención de ir a una fiesta típica del oeste
después de llegar del vuelo.
— Entonces, supongo
que tú y yo estamos solos esta noche, Joe. —Dijo Taylor alegremente. Joe
repentinamente volvió a pensar en la fiesta. Demi estaría allí. No este tipo.
— ¿Por qué estas
aquí?. —Preguntó al editor.
Taylor sonrió
abiertamente.
— Supongo que es
para mantenerte a salvo. Cuando Demi no pueda estar por aquí. Como esta noche.
— ¿Mantenerme a
salvo? —Repitió Joe.— ¿De qué?
Taylor frunció sus
labios y consideró. Luego sonrió abiertamente.
— ¿Tú nunca has
estado en una conferencia de Romantic Times? ¿Lo has hecho, Joe?
Joe meneó su
cabeza. Se sorprendió cuando Taylor le golpeó ruidosamente con una mano en su
hombro y le dirigió hacia la barra de la esquina.
— Tomemos algo
mientras te lo cuento. Vas a necesitarlo.
Joe se inquietó
mientras observaba a Taylor verter en el vaso el escocés que pidió. Comenzaba a
creer que este congreso sería más doloroso de lo que había temido.
— Aquí tienes. —Taylor
le dio su bebida. El editor gesticuló para que se dirigieran al sofá, el cual
estaba colocado contra una ventana que lo separaba de la pared.
Joe se acercó hacia
allí, pensando repentinamente lo hambriento que estaba.— ¿Se ha entregado un paquete
para mí aquí?
— No que yo sepa.
Estoy seguro de que lo hubieran mencionado cuando me registré. —Contestó Taylor.
Él se sentó en una silla de la habitación, dejando el sofá para Joe— Pero
bueno, no se si esta tú nombre registrado para esta habitación.
Joe se tensó. ¿no
iba a ser él el hombre en cualquiera de estas situaciones?
La puerta del
dormitorio a través de la cual Demi había desaparecido de pronto se abrió, y
ella salió rápidamente. Joe automáticamente se acercó a ella, olvidándose de
que esperaba la entrega de sangre. Miró boquiabierto a la mujer. Llevaba
puestos el par más apretado de pantalones vaqueros, que comenzaban en su
cadera, que él había visto desde que nació. Estaban complementado por botas
vaqueras que llegaban a las rodillas, una camisa a cuadros, una chaqueta de
ante con flecos, y un sombrero vaquero que parecía como si hubiera sido
maltratada. Se veía tan sexy demonios.
— Katie. —Llamó Taylor.—
¿Pusiste el nombre de Joe en la habitación?
Demi le recorrió
con la mirada sorprendida.
— Claro que no.
Tenía miedo de que alguien pudiese asociar los nombres de Joe Jonas y Joe
Argentus y se figurase que esta era su habitación. La idea de coger esta suite
completa fue que ninguno de sus fans pudiese encontrarle. ¿Por qué?
— Joe espera una entrega.
Pienso que la habrán rechazado si piensan que él no esta aquí.
Demi dirigió una
mirada de disculpas a Joe.
— Lo siento. Sólo
llámales y haz que lo entreguen a mi nombre. ¿De acuerdo?
Joe inclinó la
cabeza lentamente, sus ojos deleitándose en ella. Ella se sonrojó bajo su
examen, entonces dijo:
— Intentaré no
llegar tarde. Taylor te vigilara hasta que vuelva. Cualquier cosa que quieras,
el hombre ira, ¿de acuerdo?
Joe inclinó la
cabeza otra vez, su lengua pegada dentro de su boca.
— Taylor. —Ella fijó
su atención en su compañero de trabajo.— Haz que vea algo de televisión. Quizás
pueda actualizar su forma de hablar observándola.
El otro editor se
rió.
— Katie, amor, si
ver la televisión no le ha hecho hacer cambiar su forma de hablar antes, una
noche apenas va a hacerlo.
— Él no tiene
televisión. —Explicó secamente.— Al menos, no vi ninguna. —Se volvió con una
mirada curiosa a Joe.— ¿Tienes una?
Él negó con la
cabeza. La televisión, en su opinión, pudría el cerebro.
— No creí que la
tuvieras. —Dijo ella con satisfacción. Ella aleccionó a su amigo.— Haz que la
vea. Os veré mas tarde.
Ambos hombres
permanecieron silenciosos hasta que la puerta se cerró detrás de Demi. Joe se
hundió en el sofá.
— ¿Por qué te
levantaste? —Preguntó Taylor curiosamente.
— Una dama había
entrado en la habitación. —Contestó Joe distraídamente. Su vista permanecía aún
completamente en Demi, la vaquera. Usualmente prefería a las mujeres vestidas
más femeninamente, pero no había nada masculino en Demi con ese traje.
— Estas bromeando
acerca de la televisión. ¿verdad? —Preguntó Taylor— ¿Realmente no tienes una?
— No. Nunca la
tuve.
— ¡Cielos hombre! —Taylor
cogió el mando a distancia de la mesa. Joe lo reconoció, tenía uno para su
estéreo en casa. Este era para la televisión. El editor dio un clic y sonrió.—
Estas a punto de experimentar un placer, Joe. Te vas a enamorar de la
televisión.
Joe hizo una mueca.
Dudaba mucho de que amase la televisión. Era más un tipo de teatros. Los viejos
hábitos eran difíciles de matar.

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