—
¡Oh, Dios! —Murmuró Jenny.— Probablemente está buscando a Lady Barrow. Él ha
estado rastreándola toda la noche.
—
Demonios. —Dijo Joe entre dientes. Definitivamente todo había empeorado.
* * * * *
— El último.
—Le dijo Demi a Lady Barrow con un alivio que hizo eco en la fundadora de
Romantic Times.
—
Bien. —Dijo la mujer.
Demi
no la podía culpar, las dos estaban inclinadas, las cabezas ladeadas hacia un
lado y las espaldas presionadas contra el fondo de la mesa. Demi tenía que
realmente respetar a la mujer por venir allí abajo con ella. No había habido
necesidad, pero Lady Barrow, tenía ese tipo de si-hay-algo-que-hacer,
hagámoslo.
Suspirando,
Demi se obligó a concentrarse en la tarea que tenía por delante. Un último
alfiler por liberar y ellas podrían salir de allí. Luego ella le insistiría a Joe
que fuera directo hacia el baño de hombres y se sacara los alfileres enjoyados.
Ella no podía imaginar como él los había puesto en el maldito calzón en primer
lugar. Y fue una suerte que no hubiese bailado con él antes de que esto
ocurriera, ella habría encontrado su vestido atrapado. ¿No habría sido
divertido, tener que desenredarse allí, en el medio de la pista de baile,
frente a la vista de todos? Ya había suficientes personas que sabían que estaba
debajo de la mesa trabajando en el calzón de Joe; no necesitaba que hasta el
último asistente del congreso viera su apuro.
—
Lo tengo. Estas libre. —Gritó Demi con alivio mientras el último alfiler se
soltaba. Ella comenzó a apartarse, sólo para encontrar su manga deteniéndola
abruptamente. De alguna manera, mientras ella estaba desenganchando el mantel
del último alfiler, su manga se había quedado atrapada en otra. Ella estaba
ahora pegada a Joe, su muñeca con su calzón.
—
Demonios. —Dijo ella.
—
¿Qué pasa?. —Preguntó Lady Barrow, frunciendo el ceño. Algo como un alboroto
comenzó del otro lado del mantel. Todo el mundo parecía estar hablando al mismo
tiempo.
—
Estoy atrapada con un alfiler de su... —Jadeó Demi, arrodillándose para no
desgarrarse la manga si Joe repentinamente se levantaba. El chirrido de las
patas de la silla de Joe en el suelo ahogó por completo su grito de alarma, y
ella se vio forzada a salir rápidamente de debajo de la mesa mientras él
comenzaba a levantarse. Demi parpadeó en contra de un destello repentino, oyó a
Joe maldecir, pero quedó brevemente ciega. Había estado oscuro bajo la mesa.
— Cuidado,
Señor Adams. —Advirtió Lady Barrow, gateando fuera de debajo de la mesa.— Ella
tiene su manga atrapada a su...
Lady
Barrow dejó de hablar al ver las nuevas adiciones en su audiencia. Demi las
notó también, sus ojos se adaptaron, y lentamente notaron la cámara de filmar
apuntando en su dirección. También había un fotógrafo con una cámara que
parecía muy profesional. Se dio cuenta que el destello había sido él sacando
una foto.
Joe,
haciendo lo mejor para ignorar su mano colgando delante de su ingle, dijo en un
apenado, educado tono.
—
Llámeme Joe, por favor, Lady Barrow.
—
Yo, yo, yo.. —Dijo el hombre con la cámara que parecía muy profesional.— Usted
no me mencionó este evento, Lady Barrow.
—
¿Quién...? —Comenzó Demi, sabiendo que no quería oír la respuesta.
—
El periódico local. —Dijo Lady Barrow desagradablemente. Ella se puso de pie.—
Y ahora que ésta emergencia terminó, creo que debo hacerme cargo de la próxima.
Jenny
y las otras escritoras ayudaron a la mujer a arreglarse la falda; luego Kathryn
Falk tomó el brazo del reportero, lo giró y comenzó a caminar con él hacia su
mesa.
— Apuesto que ella tiene a ese hombre comiendo de su
mano en diez minutos. —Dijo Jenny con admiración. Girando hacia Joe y Demi,
sonrió alentadoramente.— Esa fotografía no llegará a los periódicos. Lo
garantizo.
Estaban en la página principal del Daily News.
— Él no se lo dio a su editor, pero no sé
quién podría haberlo hecho. —Dijo Kathryn Falk en un tono descontento. Ella
había telefoneado a Demi y a Joe a primera hora de la mañana y les exigió que
se encontraran con ella en el restaurante principal para desayunar. Demi
inmediatamente había sospechado lo peor. Y había estaba en lo cierto.
Se veía miserablemente en la foto del
periódico. Estaba Joe, medio levantado y luciendo muy guapo en su traje, y
estaba ella, luciendo como alguna chica barata gateando debajo de la mesa para
agarrarlo... Suspiró miserablemente y leyó el titular otra vez.
¿Momentos Medievales?
Anunciaba en grandes letras.
La editora de Roundhouse Publishing, Demi
C. Lovato agarra con todo el gusto posible al escritor de romance vampírico, Danger
Adams, mientras Kathryn Falk, Lady Barrow, Directora General y fundadora de la
revista Romantic Times, no dejaba de mirarlos en el baile renacentista de
anoche.
Demi gimió y comenzó a cerrar de un golpe
el periódico, pero hizo una pausa para releer una nota del escritor. Ella miró
con mayor cuidado la fotografía.
— Cuando coloqué mis manos sobre
ese hombre, voy a... —Comenzó Lady Barrow.
— Yo pienso que dice la verdad. —La
interrumpió Demi cansadamente.
— Me parece a mí que el flash del hombre
del periódico se apagó justo cuando yo salía de debajo de la mesa. Tú estabas
todavía allí abajo. Pero tú estás en la foto.
Lady Barrow tomó el escrito y lo miró fijamente con el
ceño fruncido.
— Creo que estás en lo correcto. ¿Pero quién pudo
haberla tomado? Las cámaras no estaban permitidas. Habíamos contratado a un
fotógrafo para tomar fotos de la gente. Los únicos invitados con cámaras fueron
reporteros y... —Su voz se desvaneció, sus ojos se estrecharon.— Qué, que..—Ella
se cortó sí misma, claramente disgustada.— Si me excusáis, tengo algo de lo que
encargarme.
Ella se levantó, luego hizo una pausa y
forzó una sonrisa.
— No te preocupes por esto. Es una
tempestad en un vaso de agua. Pasará rápidamente si no das entrevistas acerca
de eso.
Demi y Joe asintieron, entonces vieron que
Lady Barrow partía del restaurante, no dudaba en desollar a cierto fotógrafo.
Demi suspiró. Joe también lo hizo. Evitaron
mirarse el uno al otro. Habían estado evitando mirarse desde anoche. Jenny
había ayudado a desenredar la manga de Demi de su calzón, después de eso él
prontamente se había excusado. Demi se había puesto en la mesa donde Jenny y
las otras escritoras habían tratado de animarla, mientras Taylor había
intentado valientemente no reírse de ella. Chuck había venido dos veces para
hablarle a las escritoras y llamar su atención hacia ella. Allison había venido
al menos tres veces para asegurarle que todo estaría bien. Taylor había
intentado nuevamente no reírse.
Cuándo Joe no había regresado después de
media hora, Demi se había excusado y había vuelto a su suite. Joe justamente
estaba saliendo de su cuarto. Su mirada había tropezado con la de ella,
entonces la apartó rápidamente cuando él le preguntó si la fiesta se había
acabado. Demi le había dicho que no, pero que ella tenía dolor de cabeza y
quería acostarse. Él hizo un comentario compasivo, le dijo que él justamente
había subido las escaleras por una bebida, de lo cual ella entendió que él
había quería decir algo de sangre, entonces se había dicho que quizás él
también se relajaría en la suite.
Demi solamente se había encogido de
hombros. Se sentía deprimida y miserable, un fracaso gigantesco en la vida y se
preguntó cómo todo había terminado tan mal.
Y eso había sido antes de que su locura
fuera exhibida por el periódico.
Ella suspiró otra vez.
— Supongo que deberíamos encaminarnos a la
recepción. —Sugirió finalmente Joe.
Demi hizo una mueca. Ella lo había
arrastrado al desastre desde el primer día. Ahora él estaba ansioso por irse. Y
ella no lo estaba. La última cosa en el mundo que Demi quería era ir a
cualquier lugar donde se tuviese que enfrentar a Chuck Morgan. Si el editor no
había estado satisfecho con ella anoche, entonces hoy, después de ver los
titulares, estaría lívido. Si ella todavía tuviese su trabajo para el mediodía,
entonces sería una mujer afortunada.
Pero, ella se dijo a sí misma, que no tenía
sentido evitarlo. Ella también podía aprender de la horrible verdad.

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