Consciente de que el flujo de aficionadas dentro de la sala de
descanso había disminuido, Joe se relajó un poco y empezó a discutir de
historia con su nueva amiga. En un momento se les unió todo el grupo de
escritoras de Roundhouse.
* * * * *
— Esto se está tranquilizando.
Demi asintió cuando Taylor apareció a su lado. Había sido una
mañana larga pero productiva. Demi estaba bastante segura de que se las había
arreglado para tener un aparte e intercambiar algunas palabras con cada de sus
escritores que había asistido al congreso. Se merecía un descanso.
— Es hora de comer. —Señaló ella.— Probablemente todo el mundo está
comiendo. Se animará de nuevo en un rato.
— Quizá deberíamos recoger a Joe e ir a almorzar también. —Sugirió
Taylor.
— Buena idea. — Demi se volvió a buscar a Joe, y le vio absorto en
una conversación con Jenny.
— Seguro que se relaja ahora que se siente mejor. —Susurró Taylor
mientras cruzaban la habitación.— No es tan difícil como decía Edwin. O eso o
tú has sido una buena influencia para él.
Demi soltó una risa seca.
— Más posiblemente fue esa primera noche de chicos que pasasteis lo
que le ha relajado.
Taylor se rió.
— No podía creer que él no hubiera visto nunca la televisión. Sin
embargo, se sumergió en ella como un pato en el agua. Tiene un gran sentido del
humor bajo toda esa personalidad inglesa correcta y pasada de moda. Me gusta.
— A mí también. —Respondió Demi automáticamente, descubriendo de
repente que era cierto. Le gustaba Joe. No estaba segura de porqué pero era
así. Y no era sólo por sus besos o por su importancia para su carrera. Meditó
porqué le gustaba mientras se acercaban al grupo de escritores que debatía, y
esperó al momento apropiado para hacerse notar.
Joe había sido rudo y hosco la primera vez que ella se había
presentado en su puerta, pero no lo suficiente para echarla de su casa y
enviarla lejos. Lo que hubiera tenido todo el derecho de hacer. Le había
permitido que le arrastrara de compras, siguiéndola sin quejarse por toda la
tienda de comestibles, y comido su comida. Había sido difícil con esas cartas,
pero Demi entendía ahora que no había sido deliberado.
Ella recordó haber leído la carta de la lectora preguntando si Joe
la convertiría en vampiro, y el abrupto “no” de Joe. También recordó la carta
de la lectora que se había enamorado de Kevin y la respuesta de Joe: “Está
comprometido.” En ese momento, ella había pensado que estaba siendo deliberadamente
difícil, pero ahora todo estaba claro. Casi se rió en voz alta, aunque entonces
le hubiera gritado.
Joe era un hombre honesto, un hombre de palabra. Había prometido
hacer una promoción, y a pesar de haber sido engañado diciéndole que era sólo
una entrevista, había mantenido su palabra. Ahora estaba asistiendo a un
congreso cuando sabía que no había poder en la tierra que le hubiera arrastrado
allí si no hubiera dado su palabra. Era un hombre de honor. También era
caballeroso y compasivo. Sólo había que ver cómo había rehusado morderla y
causarle dolor aunque sentía una gran necesidad.
Por supuesto, estaba empezando a sospechar que tenía un malvado
sentido del humor bajo su correcta fachada y acrimonia. Algunas veces atrapaba
un destello en sus ojos, normalmente cuando estaba siendo más obtuso, que le
hacía pensar que estaba provocándola deliberadamente.
— Oh, hola.
Demi se arrancó de sus pensamientos y sonrió cuando Jenny la
saludó.
— Estábamos pensando en salir fuera para comer mientras esto está tranquilo.
¿Alguien se apunta?
Las escritoras estaban todas en pie de inmediato, cogiendo sus
cosas. Parecía que todo el mundo estaba listo para un descanso. Demi sonrió a
Joe, que se movió a su lado y cogió su brazo. La acción sonó propietaria, casi
posesiva, pero Demi sospechaba que era sólo su educación. Su caballerosidad
natural.
Alguien sugirió dejar el hotel y escaparse de la atmósfera del
congreso por un rato, pero Demi se sintió preocupada por el efecto del sol en
Joe. Pareciendo sentir su preocupación, Joe la miró furiosamente. Masculló que
estaría bien; tenía su «medicina».
— ¿Qué medicina? —Preguntó Jenny.
— Joe tiene un tipo de alergia al sol. —Explicó Demi a
regañadientes. Luego se apresuró a añadir.— Pero él tiene una... er... medicina
arriba, así que estoy segura de que estará bien. Podemos encontrar un
restaurante por aquí cerca si queréis.
— No. No tiene que andar dando vueltas mientras encontramos un
lugar. No quisiéramos que se pusiera enfermo. No hemos comido todavía en el bar
del hotel. Podemos probar eso. —Sugirió Jenny. Las otras mujeres estuvieron de
acuerdo.
Según iban hacia abajo, las otras escritoras empezaron a hacerle
bromas a Joe, comentando que escribía romances de vampiros y era alérgico al
sol.
— Hummm. Quizás deberíamos mirar nuestros cuellos. —Bromeó Jenny.
Demi estaba horrorizada. ¿Qué había empezado? Cada vez estaba más
tensa y ansiosa por las bromas, pero Joe parecía no tenerlas en cuenta.
Finalmente la conversación derivó a otros temas. Llegaron al bar y se sentaron.
La comida fue deliciosa, un placer acrecentado por la compañía.
Cuando terminaron, todo el mundo parecía renuente a irse, así que Demi decidió
que un poco de diversión no vendría mal antes de que los guiase a todos de
nuevo a la sala de descanso.
— Quizás podríamos comprobar los otros actos que se están
celebrando aquí. —Sugirió ella.
Jenny sacó su agenda del congreso y leyó las opciones. Había
programas educativos para escritores, una demostración de cocina llamada
“Cocinar con Amor”, lecturas de la mente y astrológicas y clases de baile.
Dos de las escritoras querían inspeccionar los programas para
escritores, pero prometieron que volverían a la sala de descanso más tarde. Dos
más se fueron para la demostración de cocina y prometieron lo mismo. Una quería
tomar clases de baile y arrastró a la fuerza a un quejumbroso Taylor. Lo que
sólo dejó a Jenny, Demi y Joe.
— Bueno, eso deja la lectura de la mente y la astrología. —Anunció
Jenny, doblando la agenda y deslizándola de nuevo en su bolso.
— Suena divertido. —Demi empujó su silla hacia atrás para
levantarse. Al mirar de casualidad a Joe, se quedó sorprendida al ver que
parecía dudoso. Jenny lo notó también.
— ¿Cuál es el problema, Joe? ¿Asustado de que la vidente vea algo
malo en tu futuro? —Se burló la escritora.
Joe hizo una mueca.
— O en mi pasado.
Él había hablado en su habitual tono hosco, pero había un destello
bromista en sus ojos que Demi notó que estaba empezando a reconocer.
Aparentemente Jenny lo reconoció también, porque se rió. Cálmate, se admiró Demi.
Joe tenía un largo pasado. Seiscientos años. Se encontró preguntándose sobre
todos los años que había vivido. ¿Había amado a alguien? ¿Estado casado?
¿Tenido niños? Ahora estaba soltero, o al menos eso parecía, Dios, no estaba
siquiera segura de eso. Podía tener una mujer. Podía tener niños. Podía...
— Así pues, ¿cómo te las has arreglado para evitar el matrimonio
tanto tiempo, Joe? ¿O estás casado? —Preguntó Jenny, como si hubiera leído los
pensamientos de Demi. La mujer siempre había tenido una forma de hacer eso, lo
que convertía a Demi en un bebé nervioso. Quizás la escritora tenía trazas de
una habilidad psíquica. Caray, podría incluso leer la mente, y supo que Joe
estaba abriendo la mente de Demi a toda clase de posibilidades de las que se
habría reído antes. Demi decidió que guardaría sus pensamientos delante de la
mujer de ahora en adelante... sólo para estar segura.
— ¿Y qué años tienes, por cierto? —Continuó la escritora.— ¿Treinta
y cinco o así?
Demi vio la boca de Joe esbozar una rara sonrisa torcida.
— O así. —Respondió él— Y no, nunca he estado casado.
— ¿Por qué no? —Aparentemente Jenny no tenía problema en ser
curiosa. Para el asombro de Demi, Joe parecía más divertido por la pregunta que
molesto. Parecía que Taylor tenía razón. Joe estaba relajándose.
— ¿Quién me querría? —Preguntó frívolamente. Había un destello
malévolo en sus ojos.
Jenny dirigió entonces la mirada a Demi, y Demi se sintió
enrojecer. ¿Había notado la mujer su atracción por Joe? Dios mío, realmente
tenía que ser más cuidadosa.
— Aquí estamos. —Anunció con decidida alegría. Delante estaba la
señal que indicaba la sala con las lecturas astrológicas y de la mente.
Había un conjunto de mesas pequeñas distribuidas alrededor de la
habitación. Cada mesa estaba asignada a un vidente o a un astrólogo, con sus
signos y su parafernalia distribuidos alrededor de ellos. Había sólo una silla
en cada mesa además de la del lector. Un cliente cada vez, gracias. Había
también mesas donde se podían comprar cristales y cosas así. Era más bien como
una feria paranormal.
— Voy a que me hagan mi carta astral. —Anunció Jenny.— Después voy
a pedir una lectura astrológica. Y también una de la mente. —Los ojos verdes de
la escritora brillaban. Estaba obviamente entusiasmada.
Demi nunca había estado en un vidente en su vida, y no tenía
ninguna pista de por dónde empezar. Una mirada a Joe le mostró mirándola
aburrido, así que Demi hizo un gesto a Jenny y sonrió.
— Adelante, MacDuff.

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