domingo, 4 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 32


 
Joe casi se rió en voz alta, pero logró contenerse. Obviamente ella había considerado cada eventualidad. Excepto una. No necesitaba ninguna de estas tonterías. Metió todos los objetos dentro de su mochila, Joe la cerró, y se levantó.

Espera aquí. —Ordenó. Se acercó por el callejón a la puerta lateral.

Como siempre, la mujer no le escuchó, ya que fue detrás suyo. Su voz le salió alarmada cuando preguntó.

— ¿Qué vas a hacer?

— Lo que vinimos hacer aquí. —Contestó.— Robar en el banco de sangre.

Él llamó a la puerta. Demi apenas podía creerlo. No lo podía creer. ¿La idea de Joe de robar en el banco de sangre era llamar a la puerta? Tenía que conseguirle una televisión para que viera lo que era la realidad. Uno no llama y entra por la puerta, como si nada.

Tal vez él había perdido el juicio, pensó pesarosa. Al tener ese pensamiento, Demi lo consideró seriamente. Esto era definitivamente posible. El hambre y el dolor causado por su carencia de sangre podrían haberlo empujado hasta el borde. Ahora podría ser un loco de atar, pensó. Entonces ella le dijo.

No estás bien. —Refunfuñó en el silencio cuando golpeó otra vez.— La sed de sangre te ha conducido hasta la locura. Tú...

Ella cerró su boca cuando la puerta lateral se abrió. Demi estaba tan sorprendida que simplemente esperó hasta ver al hombre que apareció. Rubio rojizo y joven, llevaba una bata de laboratorio y una expresión de interrogación como fuera normal el que la gente llamara a la puerta trasera a estas horas intempestivas.

Demi realmente no había esperado que nadie contestara, pero, si lo tuviera, habría esperado a otra clase de trabajador en los bancos de sangre. Ellos deberían de estar todos en casa, ¿verdad? Había esperado un guardia de seguridad, o tal vez un miembro de un equipo de limpieza.

Sus pensamientos se distrajeron cuando el muchacho pareció notar que llevaban puestos los pasamontañas. Estaba bastante segura de que eso era la causa del repentino pánico en la cara del hombre. Entonces él comenzó a cerrar la puerta, Demi echó un vistazo a Joe y le dio un codazo. Al parecer, ella no tenía que haberse molestado. Al momento, el hombre se paró. Joe ya estaba controlando su mente.

Solo hubo silencio cuando Joe simplemente miró fijamente al hombre, cuya cara lentamente se puso pálida. Joe preguntó en tono muy agradable.

¿Estás solo?

— Sí. —La voz del trabajador salió embotada, como si estuviera drogado.

— ¿Dónde estas las cámaras de seguridad aquí? —Preguntó Joe.

Demi se sintió justificada en haber insistido por los pasamontañas cuando el hombre dijo sí. Aunque, Joe, estaba menos complacido. Ella supuso que él había esperado quitarse su pasamontañas.

¿Sería tan amable de mostrarnos la ubicación del suministro de sangre? —Preguntó Joe después. Demi puso los ojos en blanco por su cortesía del viejo mundo. Parecía que este hombre lo hacía todo así. Incluso el irrumpir y entrar.

Cuando el trabajador se dio la vuelta y recorrió el pasillo, Joe echó un vistazo a Demi.

Espera aquí. Volveré inmediatamente.

— Sí, de acuerdo. —Fue su respuesta. Ella levantó su mochila la puso sobre su hombro y lo siguió dentro. Esta había sido su idea; se condenaría si tuviera que esperar en el callejón, retorciéndose las manos como alguna heroína de débil carácter de una novela romántica.

Joe la miró airadamente. Ella lo fulminó con la mirada echando la cabeza hacia atrás. Moviéndose para seguir al hombre de la bata de laboratorio, dejando que Joe fuera un paso detrás de ella.

Echó un vistazo nervioso alrededor, cuando se acercaron al pasillo. El banco de sangre estaba tan silencioso como una tumba. No fue un pensamiento feliz, decidió, pero esto trajo a su memoria ataúdes y se preguntó donde estarían los de ellos. Obviamente, Joe no tenía que dormir en uno. Mientras él reforzara la oscuridad en su habitación en el hotel colgando una manta sobre las cortinas, no tendría que dormir en un ataúd. Supuso que era algo más que Stoker había entendido mal. Pero, claro, según Joe, él no necesitaba un ataúd porque no estaba muerto. Solamente era algo mayor.

Demi fruncía el ceño, mientras Joe y su guía entraban en una habitación con refrigeradores metálicos y con un cristal a su alrededor. Joe era muy viejo. Ella por lo general prefería salir con hombres de su misma edad. Joe no entraba en aquella categoría. Seguramente podría decir que era el hombre más viejo con el que ella alguna vez se había citado. Tal vez era el hombre más viejo con el que alguien alguna vez se había citado.

Ella hizo una pausa justo en el marco de la puerta y miró como Joe andaba por delante de ella hacia uno de los refrigeradores. Abrió la puerta, revelando las filas del líquido rojo que él tanto necesitaba.

Demi miró detenidamente al hombre de la bata de laboratorio. Él miró completamente todo y nada, un zombi según le interesara a Joe, y ella sintió gratitud en ese momento por tener la mente tan fuerte. Si no, Joe podría haber puesto sus maléficos ojos sobre ella y conseguir de ella todo lo que hubiera querido. Fue un pensamiento alarmante.

Ella prestó atención a Joe, que estaba mirando con interés, como antes había observado su mochila, y apretó sus dientes al pensarlo. El procedimiento fue bastante limpio. Él solo tenía que sorber la sangre directamente por encima ya que sus dientes actuaban como una pajita, porque solamente estuvo de pie allí, con los dientes insertados mientras la sangre pasaba. Fue relativamente rápido. Al final Demi se encontró echando un vistazo nerviosamente encima de su hombro hacia el pasillo mientras acababa.

Joe sorbió ocho bolsas de esa manera, una después de otra. Cuando él había terminado con la última, comenzó a cerrar la puerta del refrigerador. Pero Demi se precipitó hacia adelante y lo paró.

— ¿Qué haces? —Preguntó él cuando ella abrió su mochila. Y comenzó a introducir bolsas en su interior.

Abastecernos. Las necesitaras mañana. —Le advirtió.— Y no quiero experimentar esto otra vez.

Joe asintió.

Toma las bolsas vacías, también. —La instruyó. Entonces él se movió hacia el trabajador del banco de sangre, murmurando algo que ella no podía enterarse.

— ¿Qué le has dicho? —Preguntó Demi mientras ellos se apresuraban por el pasillo por donde habían entrado.

— Lo instruí para que cambiara los registros y reflejaran la diferencia, para que no se notara la sangre que falta.

— Oh. —Demi se calló cuando dio un paso fuera del recinto. Sintió el aire fresco sobre su cara en el momento que se quitó el pasamontañas con alivio, y notando que se vaciaba un poco la tensión sufrida. Pero ella no se relajó completamente, no hasta que ellos estuvieran en un taxi y se dirigieran hasta el hotel. Sentía cada hora del reloj, y había sido un largo día. Apenas podía creer que había sido tan fácil. ¿Golpeando la puerta? Jesús que fácil.

La mano de Joe se cerró sobre la suya, y Demi le echó un vistazo por la sorpresa. El hombre en realidad casi se reía. Típico. Al menos, su ceño habitual había desaparecido. Esto era el equivalente de una sonrisa con este hombre, pensó, ahora sus mejillas estaban enrojecidas con el color y las líneas de dolor habían desaparecido de su cara. No podía creer cuanta la sangre había bebido, pero apareció haberle dado resultado. Él parecía más sano de lo que alguna vez lo había visto.

Su mirada cayó sobre la mano que cubría la suya, y giró la suya para entrelazarlas. Sabía que él había sentido la tensión que sufría por el agarre, y él intentaba decirle sin palabras que todo estaba bien. Pero se sentía como una adolescente sosteniendo la mano de su novio por primera vez. Luego se arrepintió cuando llegaron al hotel y él la liberó para pagar al conductor.

Fueron en silencio mientras recorrían el trayecto hasta el ascensor y hasta su piso, Demi se preguntaba si él la besaría y le agradecería su ayuda una vez que llegaran a su destino. Esperaba eso de él. También esperaba de él algo más que eso. Pero ella sabía que no pasaría por que cuando entraron en la habitación, escucharon la televisión. Vieron a Taylor echado hacia atrás, relajado sobre el canapé.

— Oh, ¡oye!. Me preguntaba donde estabais metidos los dos. Una entrega llegó cuando te fuiste. —Él señalo hacia una caja grande que estaba sobre la mesa cerca de la ventana.— Está dirigido a Joe Jonas o Demi C. Lovato. Creo que tu hermano debe de ser el remitente. Él debió haberlo calculado todo. —Él vio como fruncían el ceño por sus palabras, luego sacudió su cabeza.Aunque, creo que la primera caja no debía de haberte llegado aún, sólo ha sido un día. —Él se encogió de hombros.— Sencillamente debe de haberte enviado algo más.

Demi ya no escuchaba. Solo miraba con incredulidad la caja sobre la mesa. Tenía escrito –“B.S.J” sellado a un lado. ¿Banco de Sangre de Jonas ? Dios querido. Todo aquella tensión nerviosa y ansiedad había sido para nada.

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