Joe casi se rió en voz alta, pero logró
contenerse. Obviamente ella había
considerado cada eventualidad. Excepto una. No necesitaba ninguna de estas
tonterías. Metió todos los objetos
dentro de su mochila, Joe la cerró, y
se levantó.
— Espera aquí.
—Ordenó. Se acercó por el
callejón a la puerta lateral.
Como siempre,
la mujer no le escuchó,
ya que fue detrás suyo.
Su voz le salió alarmada cuando preguntó.
— ¿Qué vas a hacer?
— Lo que
vinimos hacer aquí. —Contestó.— Robar
en el banco de sangre.
Él llamó a la puerta. Demi apenas podía
creerlo. No lo
podía creer. ¿La idea de Joe de robar en el banco de sangre era llamar a la
puerta? Tenía que conseguirle una televisión para que viera lo que era la
realidad. Uno no llama y entra por
la puerta, como si nada.
Tal vez él había perdido el juicio,
pensó pesarosa. Al tener ese pensamiento, Demi
lo consideró seriamente. Esto era definitivamente posible.
El hambre y el dolor causado por su carencia de
sangre podrían haberlo empujado hasta el borde.
Ahora podría ser un loco de atar, pensó.
Entonces ella le dijo.
— No estás bien.
—Refunfuñó en el silencio cuando golpeó otra vez.—
La sed de sangre te ha conducido hasta la locura.
Tú...
Ella cerró su boca cuando la puerta lateral
se abrió. Demi estaba tan
sorprendida que simplemente esperó hasta ver al hombre que apareció. Rubio
rojizo y joven, llevaba una bata de laboratorio y una expresión de
interrogación como fuera normal el que la gente llamara a la puerta trasera a
estas horas intempestivas.
Demi realmente no había esperado que nadie
contestara, pero, si lo tuviera,
habría esperado a otra clase de trabajador en los
bancos de sangre. Ellos deberían de
estar todos en casa, ¿verdad? Había
esperado un guardia de seguridad, o tal vez un miembro de un equipo de
limpieza.
Sus pensamientos se distrajeron cuando el
muchacho pareció notar que llevaban puestos los pasamontañas.
Estaba bastante segura de que eso era la causa del
repentino pánico en la cara del hombre. Entonces él comenzó a cerrar la puerta,
Demi echó un vistazo a Joe y le dio un codazo. Al
parecer, ella no tenía que
haberse molestado. Al momento,
el hombre se paró.
Joe ya estaba controlando su mente.
Solo hubo silencio cuando Joe simplemente
miró fijamente al hombre,
cuya cara lentamente se puso pálida. Joe
preguntó en tono muy agradable.
— ¿Estás solo?
— Sí. —La voz del trabajador salió embotada,
como si estuviera drogado.
— ¿Dónde estas las cámaras de seguridad
aquí? —Preguntó Joe.
Demi se sintió justificada en haber
insistido por los pasamontañas cuando el hombre dijo sí.
Aunque, Joe, estaba menos complacido. Ella supuso que él había
esperado quitarse su pasamontañas.
— ¿Sería tan amable
de mostrarnos la ubicación del suministro de sangre? —Preguntó Joe después.
Demi puso los ojos en blanco por su cortesía del
viejo mundo. Parecía que este
hombre lo hacía todo así. Incluso el irrumpir y entrar.
Cuando el trabajador se dio la vuelta y
recorrió el pasillo, Joe echó un
vistazo a Demi.
— Espera aquí.
Volveré inmediatamente.
— Sí, de acuerdo.
—Fue su respuesta.
Ella levantó su mochila la puso sobre su hombro y
lo siguió dentro. Esta había sido
su idea; se condenaría si tuviera
que esperar en el callejón, retorciéndose las manos como alguna heroína de
débil carácter de una novela romántica.
Joe la miró airadamente. Ella lo fulminó
con la mirada echando la cabeza hacia atrás.
Moviéndose para seguir al hombre de la bata de
laboratorio, dejando que Joe
fuera un paso detrás de ella.
Echó un vistazo nervioso alrededor, cuando
se acercaron al pasillo. El banco de
sangre estaba tan silencioso como una tumba.
No fue un pensamiento feliz, decidió,
pero esto trajo a su memoria ataúdes y se preguntó
donde estarían los de ellos. Obviamente,
Joe no tenía que dormir en uno.
Mientras él reforzara la oscuridad en su
habitación en el hotel colgando una manta sobre las cortinas, no tendría que
dormir en un ataúd. Supuso que era
algo más que Stoker había entendido
mal. Pero, claro, según Joe,
él no necesitaba un ataúd porque no estaba muerto. Solamente era algo mayor.
Demi fruncía el ceño,
mientras Joe y su guía entraban en una habitación con
refrigeradores metálicos y con un cristal a su alrededor. Joe era muy
viejo. Ella por lo general prefería salir con hombres de su misma edad. Joe no entraba
en aquella categoría. Seguramente podría decir que era el hombre más viejo con
el que ella alguna vez se había citado. Tal
vez era el hombre más viejo con el que alguien alguna vez se había citado.
Ella hizo una pausa justo en el marco de la
puerta y miró como Joe andaba por delante de ella hacia uno de los
refrigeradores. Abrió la puerta,
revelando las filas del líquido rojo que él tanto
necesitaba.
Demi miró detenidamente al hombre de la
bata de laboratorio. Él miró completamente todo y nada,
un zombi según le interesara a Joe,
y ella sintió gratitud en ese momento por tener la
mente tan fuerte. Si no,
Joe podría haber puesto sus maléficos ojos sobre
ella y conseguir de ella todo lo que hubiera querido. Fue un pensamiento
alarmante.
Ella prestó atención a Joe,
que estaba mirando con interés, como antes había
observado su mochila, y apretó sus dientes al pensarlo.
El procedimiento fue bastante limpio.
Él solo tenía que sorber la sangre directamente
por encima ya que sus dientes actuaban como una pajita,
porque solamente estuvo de pie allí,
con los dientes insertados mientras la sangre pasaba.
Fue relativamente rápido. Al
final Demi se encontró echando
un vistazo nerviosamente encima de su hombro hacia el pasillo mientras acababa.
Joe sorbió ocho bolsas de esa manera, una
después de otra. Cuando él había
terminado con la última, comenzó a cerrar la puerta del refrigerador.
Pero Demi se precipitó hacia adelante y lo paró.
— ¿Qué haces? —Preguntó él cuando ella
abrió su mochila. Y comenzó a
introducir bolsas en su interior.
— Abastecernos. Las
necesitaras mañana. —Le advirtió.—
Y no quiero experimentar esto otra vez.
Joe asintió.
— Toma las bolsas
vacías, también. —La instruyó.
Entonces él se movió hacia el trabajador del banco
de sangre, murmurando algo que ella no podía enterarse.
— ¿Qué le has dicho? —Preguntó Demi
mientras ellos se apresuraban por el pasillo por donde habían entrado.
— Lo instruí para que cambiara los
registros y reflejaran la diferencia, para
que no se notara la sangre que falta.
— Oh. —Demi
se calló cuando dio un paso fuera del recinto.
Sintió el aire fresco sobre su cara en el momento que se
quitó el pasamontañas con alivio, y notando que se vaciaba un poco la tensión
sufrida. Pero ella no se relajó completamente,
no hasta que ellos estuvieran en un taxi y se
dirigieran hasta el hotel. Sentía
cada hora del reloj, y había sido un largo día.
Apenas podía creer que había sido tan fácil.
¿Golpeando la puerta? Jesús que fácil.
La mano de Joe se cerró sobre la suya,
y Demi le echó un vistazo por la sorpresa.
El hombre en realidad casi se reía.
Típico.
Al menos, su
ceño habitual había desaparecido. Esto
era el equivalente de una sonrisa con este hombre,
pensó, ahora sus mejillas
estaban enrojecidas con el color y las líneas de dolor habían desaparecido de
su cara. No podía creer cuanta la
sangre había bebido, pero apareció haberle dado resultado.
Él parecía más sano de lo que alguna vez lo había
visto.
Su mirada cayó sobre la mano que cubría la
suya, y giró la suya para
entrelazarlas. Sabía que él había sentido la tensión que sufría por el agarre,
y él intentaba decirle sin palabras que todo estaba bien.
Pero se sentía como una adolescente sosteniendo la
mano de su novio por primera vez. Luego se arrepintió cuando llegaron al hotel
y él la liberó para pagar al conductor.
Fueron en silencio mientras recorrían el
trayecto hasta el ascensor y hasta su piso,
Demi se preguntaba si él la besaría y le
agradecería su ayuda una vez que llegaran a su destino.
Esperaba eso de él.
También esperaba de él algo más que eso.
Pero ella sabía que no pasaría por que cuando
entraron en la habitación, escucharon la televisión.
Vieron a Taylor echado hacia atrás,
relajado sobre el canapé.
— Oh, ¡oye!.
Me preguntaba donde estabais metidos los dos.
Una entrega llegó cuando te fuiste. —Él señalo
hacia una caja grande que estaba sobre la mesa cerca de la ventana.— Está
dirigido a Joe Jonas o Demi C. Lovato. Creo
que tu hermano debe de ser el remitente. Él
debió haberlo calculado todo. —Él vio como fruncían el ceño por sus palabras,
luego sacudió su cabeza.—
Aunque, creo que la primera caja no debía de
haberte llegado aún, sólo ha sido un
día. —Él se encogió de hombros.—
Sencillamente debe de haberte enviado algo más.
Demi ya no escuchaba.
Solo miraba con incredulidad la caja sobre la mesa.
Tenía escrito –“B.S.J”
sellado a un lado.
¿Banco de Sangre de Jonas ? Dios querido.
Todo aquella tensión nerviosa y ansiedad había
sido para nada.

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