lunes, 5 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 33


 
Demi ya no escuchaba. Solo miraba con incredulidad la caja sobre la mesa. Tenía escrito –“B.S.A” sellado a un lado. ¿Banco de Sangre de Jonas ? Dios querido. Todo aquella tensión nerviosa y ansiedad había sido para nada.

Joe miró a través de la sala de descanso al lugar donde Demi estaba hablando con Deanna Stancyk. Demi era fácil de localizar con su brillante falda amarilla y chaqueta a juego, radiante de vida y energía, sonriendo, su cara expresiva, sus manos moviéndose mientras hablaba y reía. Era bella. El solo hecho de mirarla hacía que a Joe le doliera el pecho. Aunque podía ser indigestión, pensó, al recordar el grasiento desayuno que había tomado esa mañana.

Demi había estado horriblemente silenciosa con él desde que habían vuelto a la suite la noche anterior y habían encontrado la caja enviada por Nick. Ella ni siquiera le había seguido a su habitación para asegurarse de lo que contenía la caja, sino que simplemente le había dado la mochila con las seis bolsas de sangre robadas, le había dado las buenas noches y se había metido en su habitación. Lo que había hecho que la noche perdiera interés para Joe.

Él había desenvuelto la caja en su habitación y almacenado toda la sangre, tanto la proveniente de su aventura como de Nick, en el minibar. Había tenido que sacar todo de la nevera para poder hacerlo. Había apilado las latas de refresco, las botellitas de alcohol y los aperitivos en la cómoda, y entonces había vagado hasta la salita y se había desplomado en el sofá para ver la televisión con Taylor un rato, esperando que Demi reapareciera. No lo había hecho.

La tentación de ir a ella había sido fuerte. Con la necesidad de sangre saciada, Joe había sentido otros anhelos que le atormentaban, el principal estar simplemente en presencia de Demi. Su compañía le hacía sentir de alguna forma más liviano, más joven. Como si no hubiera existido durante seiscientos años y se hubiera sentido cansado de vivir. La mujer estaba causando destrozos en su mente.

Después de ver una mala película de vampiros, ¿Dios mío, por qué el vampiro era siempre el malo?. Joe había dejado a Taylor y se había ido a la cama. Se había levantado temprano, tomado un par de bolsas más de sangre, puesto los carteles de No Molestar en la puerta que daba al pasillo y la que daba a la salita de la suite, de forma que la mujer de la limpieza no encontrara su sangre en el frigorífico y le diera un ataque, y por último se había unido a Demi y Taylor para llevarlos fuera para el desayuno.

Los tres habían comido en el comedor principal, junto con un puñado de escritoras de Roundhouse. Joe no había dicho mucho en la comida, solo había escuchado con interés a Demi y Taylor hablar con los otros. Fue entonces cuando se dio cuenta de la cantidad del tiempo de ellos que estaba monopolizando. Estaban haciéndole de niñera como si fuera un niño. Casi había sentido vergüenza.

Su orgullo había salido entonces a la luz, y cuando todos ellos se habían cambiado a la sala de descanso, Joe había insistido en que Demi circulara y hablar con los otros escritores, diciéndole que podía cuidar de sí mismo. Ella había parecido reacia, pero al final había cedido a la necesidad de pasar algún tiempo con tantos escritores como pudiera. Ella dirigía la mirada en su dirección a menudo, parándose de vez en cuando para asegurarse de que estuviera bien, pero había pasado la mayor parte de la mañana moviéndose por la habitación, charlando y riéndose, reconfortando y alabando.

También Taylor se había ido para ocuparse de sus negocios, cuidando de sus propios escritores, dejando que Joe se sentara con las escritoras con las que habían desayunado. Joe había pasado la mayor parte de la mañana escuchando, haciendo únicamente algún comentario de vez en cuando. Eran mujeres agradables, interesantes y creativas, y le habían incluido en su círculo sin preguntas. Pero también tendían a actuar de manera protectora con él, ayudándole a manejar a sus manadas interminables de aficionadas.

Apreciaba su ayuda, pero Joe estaba empezando a tener complejo. ¿Por qué todo el mundo pensaba que necesitaba protección? Actuaban como si fuera frágil y, se estremeció, delicado. Joe era el hombre menos delicado que conocía. Oh, en su juventud había sido un guerrero, pensando nada más que en derribar hombres con su espada. Cuando se inventaron las pistolas, había disputado incontables duelos, matando hombres de un disparo y cabalgando luego a su club para desayunar. Podía cuidar de sí mismo. Pero Demi y los otros parecían no darse cuenta. Aunque se había apartado de su lado, Demi todavía le vigilaba tan protectoramente como una mamá pájaro a su cría cuando hacía su primer y tembloroso vuelo. No tenía ninguna duda de que si suponía que la necesitaba, estaría a su lado de inmediato.

Demi dirigió la mirada en su dirección justo en el momento que pensaba en eso, por lo que Joe la miró furiosamente por confiar tan poco en él.

— Demi es una bella mujer. —Dijo suavemente Jenny Hampton al oído de Joe.— También es muy dulce y generosa. Muchos de sus escritores estarían realmente molestos si alguien la dañara. Y eso me incluye a mí.

Joe se volvió a la escritora con sorpresa. Jenny había estado a su lado durante el desayuno, y se había quedado allí una vez que habían llegado a la sala de descanso. De unos cincuenta años, pero con la vitalidad de una mujer mucho más joven, Jenny Hampton era una de las escritoras principales de Roundhouse Publicaciones. Ella había construido su carrera por el camino duro, aumentando el número de suscriptores libro a libro en lugar de con un éxito repentino, y lo había hecho de tal forma que sus cinco últimos libros habían entrado en la lista de los más vendidos del New York Times. Quizás por eso no era sorprendente que, además de atractiva, fuera interesante y estuviera segura de sí misma. Era menos obvio, aunque Joe se había dado cuenta rápidamente, que era increíblemente amable, aunque ahora sonara como una mamá osa advirtiendo a un depredador que se alejara de su osezno. A Joe le gustaba eso. Al menos, había alguien que no le veía indefenso, sino como un posible peligro. Aunque sólo fuera emocionalmente.

— Nunca haría daño a Demi. —Aseguró a la mujer, sintiendo afecto por ella. Le gustaban las mujeres inteligentes.

Jenny asintió lentamente.

— Espero que no, Danger Adams, porque me gusta.

— Mi nombre real es Jonas. Joe Jonas. —Le dijo.— Sólo escribo como Danger Adams.

Jenny asintió de nuevo y tendió su mano.

— Y mi nombre real es Teresa Jordan. Es un placer conocerle, Joe.

— Llámame Joe. —Él estrechó su mano y sintió que sus labios se torcían en una imitación de una sonrisa.

— ¿Deduzco que escribes romances históricos, Teresa?

— Sí. Y tengo todos tus textos históricos para ayudarme con la investigación. Eres mucho más joven de lo que esperaba. Aunque supongo que debería haberme dado cuenta. Tus libros no son como la mayor parte de esos libros polvorientos. Traes otras eras a la vida. Tus libros convierten la investigación en un placer.

Joe sintió que su boca se torcía de nuevo en una sonrisa complacida. Se sintió extraño. No estaba acostumbrado a sonreír tanto. Sólo había empezado a hacerlo con la llegada de Demi a su vida. Pero pensó que podría acostumbrarse.

Consciente de que el flujo de aficionadas dentro de la sala de descanso había disminuido, Joe se relajó un poco y empezó a discutir de historia con su nueva amiga. En un momento se les unió todo el grupo de escritoras de Roundhouse.

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