Demi ya no escuchaba. Solo miraba con incredulidad la
caja sobre la mesa. Tenía escrito –“B.S.A” sellado a un lado. ¿Banco de Sangre de Jonas ? Dios querido. Todo aquella tensión nerviosa y
ansiedad había sido para nada.
Joe miró a través de la sala de
descanso al lugar donde Demi estaba hablando con Deanna Stancyk. Demi era fácil
de localizar con su brillante falda amarilla y chaqueta a juego, radiante de
vida y energía, sonriendo, su cara expresiva, sus manos moviéndose mientras
hablaba y reía. Era bella. El solo hecho de mirarla hacía que a Joe le doliera
el pecho. Aunque podía ser indigestión, pensó, al recordar el grasiento
desayuno que había tomado esa mañana.
Demi había estado horriblemente silenciosa con él
desde que habían vuelto a la suite la noche anterior y habían encontrado la
caja enviada por Nick. Ella ni siquiera le había seguido a su habitación para
asegurarse de lo que contenía la caja, sino que simplemente le había dado la
mochila con las seis bolsas de sangre robadas, le había dado las buenas noches
y se había metido en su habitación. Lo que había hecho que la noche perdiera
interés para Joe.
Él había desenvuelto la caja en su habitación y
almacenado toda la sangre, tanto la proveniente de su aventura como de Nick, en
el minibar. Había tenido que sacar todo de la nevera para poder hacerlo. Había
apilado las latas de refresco, las botellitas de alcohol y los aperitivos en la
cómoda, y entonces había vagado hasta la salita y se había desplomado en el
sofá para ver la televisión con Taylor un rato, esperando que Demi
reapareciera. No lo había hecho.
La tentación de ir a ella había sido fuerte. Con la
necesidad de sangre saciada, Joe había sentido otros anhelos que le
atormentaban, el principal estar simplemente en presencia de Demi. Su compañía
le hacía sentir de alguna forma más liviano, más joven. Como si no hubiera
existido durante seiscientos años y se hubiera sentido cansado de vivir. La
mujer estaba causando destrozos en su mente.
Después de ver una mala película de vampiros, ¿Dios
mío, por qué el vampiro era siempre el malo?. Joe había dejado a Taylor y se
había ido a la cama. Se había levantado temprano, tomado un par de bolsas más
de sangre, puesto los carteles de No Molestar en la puerta que daba al pasillo
y la que daba a la salita de la suite, de forma que la mujer de la limpieza no
encontrara su sangre en el frigorífico y le diera un ataque, y por último se
había unido a Demi y Taylor para llevarlos fuera para el desayuno.
Los tres habían comido en el
comedor principal, junto con un puñado de escritoras de Roundhouse. Joe no
había dicho mucho en la comida, solo había escuchado con interés a Demi y
Taylor hablar con los otros. Fue entonces cuando se dio cuenta de la cantidad
del tiempo de ellos que estaba monopolizando. Estaban haciéndole de niñera como
si fuera un niño. Casi había sentido vergüenza.
Su orgullo había salido entonces a la luz, y cuando
todos ellos se habían cambiado a la sala de descanso, Joe había insistido en
que Demi circulara y hablar con los otros escritores, diciéndole que podía
cuidar de sí mismo. Ella había parecido reacia, pero al final había cedido a la
necesidad de pasar algún tiempo con tantos escritores como pudiera. Ella
dirigía la mirada en su dirección a menudo, parándose de vez en cuando para
asegurarse de que estuviera bien, pero había pasado la mayor parte de la mañana
moviéndose por la habitación, charlando y riéndose, reconfortando y alabando.
También Taylor se había ido para
ocuparse de sus negocios, cuidando de sus propios escritores, dejando que Joe
se sentara con las escritoras con las que habían desayunado. Joe había pasado
la mayor parte de la mañana escuchando, haciendo únicamente algún comentario de
vez en cuando. Eran mujeres agradables, interesantes y creativas, y le habían
incluido en su círculo sin preguntas. Pero también tendían a actuar de manera
protectora con él, ayudándole a manejar a sus manadas interminables de
aficionadas.
Apreciaba su ayuda, pero Joe estaba empezando a
tener complejo. ¿Por qué todo el mundo pensaba que necesitaba protección?
Actuaban como si fuera frágil y, se estremeció, delicado. Joe era el hombre
menos delicado que conocía. Oh, en su juventud había sido un guerrero, pensando
nada más que en derribar hombres con su espada. Cuando se inventaron las
pistolas, había disputado incontables duelos, matando hombres de un disparo y
cabalgando luego a su club para desayunar. Podía cuidar de sí mismo. Pero Demi
y los otros parecían no darse cuenta. Aunque se había apartado de su lado, Demi
todavía le vigilaba tan protectoramente como una mamá pájaro a su cría cuando
hacía su primer y tembloroso vuelo. No tenía ninguna duda de que si suponía que
la necesitaba, estaría a su lado de inmediato.
Demi dirigió la mirada en su dirección justo en el
momento que pensaba en eso, por lo que Joe la miró furiosamente por confiar tan
poco en él.
— Demi es una bella mujer. —Dijo suavemente Jenny
Hampton al oído de Joe.— También es muy dulce y generosa. Muchos de sus
escritores estarían realmente molestos si alguien la dañara. Y eso me incluye a
mí.
Joe se volvió a la escritora con sorpresa. Jenny
había estado a su lado durante el desayuno, y se había quedado allí una vez que
habían llegado a la sala de descanso. De unos cincuenta años, pero con la
vitalidad de una mujer mucho más joven, Jenny Hampton era una de las escritoras
principales de Roundhouse Publicaciones. Ella había construido su carrera por
el camino duro, aumentando el número de suscriptores libro a libro en lugar de
con un éxito repentino, y lo había hecho de tal forma que sus cinco últimos
libros habían entrado en la lista de los más vendidos del New York Times.
Quizás por eso no era sorprendente que, además de atractiva, fuera interesante
y estuviera segura de sí misma. Era menos obvio, aunque Joe se había dado
cuenta rápidamente, que era increíblemente amable, aunque ahora sonara como una
mamá osa advirtiendo a un depredador que se alejara de su osezno. A Joe le
gustaba eso. Al menos, había alguien que no le veía indefenso, sino como un
posible peligro. Aunque sólo fuera emocionalmente.
— Nunca haría daño a Demi. —Aseguró a la mujer,
sintiendo afecto por ella. Le gustaban las mujeres inteligentes.
Jenny asintió lentamente.
— Espero que no, Danger Adams, porque me gusta.
— Mi nombre real es Jonas. Joe
Jonas. —Le dijo.— Sólo escribo como Danger Adams.
Jenny asintió de nuevo y tendió su mano.
— Y mi nombre real es Teresa Jordan. Es un placer
conocerle, Joe.
— Llámame Joe. —Él estrechó su mano y sintió que
sus labios se torcían en una imitación de una sonrisa.
— ¿Deduzco que escribes romances históricos,
Teresa?
— Sí. Y tengo todos tus textos históricos para
ayudarme con la investigación. Eres mucho más joven de lo que esperaba. Aunque
supongo que debería haberme dado cuenta. Tus libros no son como la mayor parte
de esos libros polvorientos. Traes otras eras a la vida. Tus libros convierten
la investigación en un placer.
Joe sintió que su boca se torcía de nuevo en una
sonrisa complacida. Se sintió extraño. No estaba acostumbrado a sonreír tanto.
Sólo había empezado a hacerlo con la llegada de Demi a su vida. Pero pensó que
podría acostumbrarse.
Consciente de que el flujo de
aficionadas dentro de la sala de descanso había disminuido, Joe se relajó un
poco y empezó a discutir de historia con su nueva amiga. En un momento se les
unió todo el grupo de escritoras de Roundhouse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario