Demi enrojeció, al parecer avergonzada de
que sus palabras hubieran sido oídas por casualidad. Girándose hacia los dos,
se retiró hacia un lado, al
parecer esperando que Kevin se marchara por la entrada. Cuando él cerró la
puerta, pero no paso por delante de ellos, echó un vistazo a su alrededor, mirando con sospecha la
entrada cuando vio que él se había ido.
— ¿Cómo
lo hizo? ¿Convertirse en un murciélago y volar?
— No, desde
luego que no hizo eso. —Dijo Joe
con voz rota.— Él
ha ido a través de la casa hasta el garaje. Así evita la luz del sol.
— Hmmm. —Ella no le miró como si le creyera, entonces Joe esperó.
Después, los dos escucharon el sonido sordo del motor de un coche; de la puerta
del garaje de Joe salió un pequeño deportivo y Kevin salió con él con sus
ventanas tintadas. La
puerta de garaje se cerraba automáticamente detrás suya, y Kevin pasó hasta la
entrada y la calle.
Joe esperó solo un latido de corazón, entonces suspiró y dijo:
— Demi, te
lo dije. No
te creas nada de todas esas tonterías que Bram Stoker ha escrito. No estamos relacionados
con ellas y tampoco nos convertimos en murciélagos. No dormimos en ataúdes, excepto Kevin, quien jura que eso le
ayuda para crear nuevas ideas para sus juegos. No estoy muerto. No eres una
necrófila. El
rigor mortis no causa mis erecciones. Lo haces tú.
Ella enrojeció ante sus últimas palabras, aunque no sabía si era
por la vergüenza o el placer de que él lo supiera. Él sospechó que era un
poquito de ambas cosas. Su postura se hizo un poco menos rígida, sus hombros se aliviaron
de su postura militar, pero
ella también suspiró lamentablemente cuando se giró.
— ¿Quieres que me crea que eres como todo el
mundo?
— Lo soy. —Aseguró él. Entonces, para ser escrupulosamente
sincero, tuvo que agregar.— Bueno, como otro que toma sangre para alimentarse
y vive cientos de años y nunca envejece o enferma... —Él hizo una mueca y se
paró después de admitir eso. Esto no le iba hacer ganar puntos con ella.
— Los hombres
normales no controlan las mentes de otras personas, Joe. —Le indicó Demi.
— No. Bien... —Él suspiró— Mira, no es algún poder
místico. Nuestra sangre infectada hace que nuestros cuerpos sean más sanos.
Somos más fuertes y tenemos más resistencia que las personas normales. Puedo levantar diez veces
el peso de un hombre de mi tamaño, correr más rápido, golpear mas fuerte. Nunca
me he preguntado por mi capacidad de leer y controlar la mente de la gente,
pero había asumido que esto era solamente otra característica más realzada. Todo el mundo dice que la
gente no usa su cerebro en su totalidad. Bueno, parece que la sangre de
mi raza si lo utiliza. O, al
menos, lo usamos más que las persona normales. Será probablemente una
necesidad por la supervivencia como los colmillos.
Él dejo que lo asimilara todo, luego dijo:
— ¿Pero
todo esto en realidad importa, Demi? Este hecho me hace diferente de alguna
manera. Por que te amo, Demi.
Con todo mi corazón. ¿No
podemos dejar esto a un lado y encontrar un modo para estar juntos? Me gustaría
que te casaras conmigo. Y
pasar los próximos cien años o mas contigo.
¡Ya esta! Lo he hecho, pensó Joe. Él había luchado con sus
propios dragones, colocando
su orgullo y miedo aparte, diciéndole como se sentía. Ahora su corazón y su
futuro estaban en sus manos. Y durante un momento él pensó que todo estaría
resuelto. Lágrimas
llenaron los ojos de Demi, dando alegría a su cara, y comenzó a acercarse
hacia él. Entonces
la puerta de la calle se abrió y las dos mujeres de la limpieza se movieron
furtivamente. Ellas
miraban a Joe como si él fuera un asesino en serie. O un vampiro.
Joe frunció el ceño en su dirección por
interrumpir en un momento tan crítico, y las dos se estremecieron y avanzaron más
despacio. Luego
una de ellas agarró la muñeca de la otra y tiró.
— ¡Nos marchamos! Ya hemos llamado a la
empresa y les hemos dicho lo rarito que es usted. Cancelaran su contrato. Tendrá que buscar otra
empresa de limpieza para este lugar.
Joe suspiró cuando ellas echaron a correr, pasando por su entrada, bajando por la acera,
hasta su coche con el logo de la empresa, ya que ellas habían aparcado en la calle. Se marcharon con un
chirrido del caucho que le hizo suspirar otra vez.
Forzando una sonrisa de medio lado, Joe se volvió hacia Demi.
— Ves, tienes que casarte conmigo. Parece que espantó a
todo el mundo.
Demi rió ligeramente, entonces agachó la cabeza
mirándose detenidamente los dedos. Los enlazaba y desenlazaba nerviosamente. Él
sintió que la primera punzada del miedo le golpeaba.
— ¿Demi?
— Yo...
¿Cómo podremos estar juntos, Joe? Vivirás otros cien años o más, sin envejecer, y yo...
— Yo
podría convertirte, como Kevin
hizo con Dani y Selena con Greg.
—Él interrumpió su silencio. Pensó que había entendido todo. Al parecer, ella no lo entendía. Tampoco ella había dicho
que le amaba, advirtió.
— ¿Convertirme?
—Repitió ella, distraídamente.— Yo sería con tú, ¿Viviría para siempre?
¿Nunca envejecería?
Joe notó que él no había sido su primer
pensamiento, sino
vivir para siempre o no envejecer. Para muchas mujeres, estos dos últimos puntos eran
una tentación bastante fuerte para mentir sobre el amor.
— ¿En
cuanto a mi familia? ¿Cómo le explicaría...? —Ella hizo una pausa cuando él
atrapo sus manos.
— Solo tendrías que desaparecer unos diez
años más o menos. De
hecho, así no se notaría cuando no envejecieras, y no podrías explicárselo
sin arriesgar las vidas de mi familia. —Admitió él. Era algo que él había
esperado mantener para si mismo hasta que él la hubiera convertido, atándola a
su lado para toda la eternidad.
— ¿Dejar
a mi familia? —Susurró ella, obviamente no muy feliz con aquel punto.
— Demi, ¿Ven
dentro por favor? —Sus manos se deslizaban por encima de sus brazos, acariciándola. Él quería hacer el amor
con ella, convencerla
con su pasión. Él
sabía lo embriagadora y seductora que podría ser. Ella no era la única que
había experimentado ese doble placer. Él lo sabía, también. Incluso Joe compartió su
excitación con ella, Demi se había abierto instintivamente y la había
compartido con él. Esta era una rara experiencia, llena de la confianza y
el amor que ellos habían compartido. Al menos eso había pensado. Nunca lo había
experimentado con ninguna otra mujer. Pero ella todavía no le había dicho que lo amaba.
No se preocuparía, decidió Joe. La
quería, la
necesitaba, la
amaba. Al
infierno su orgullo, la
tomaría de cualquier modo que él pudiera conseguirla, y usaría cada truco que
conocía para lograrlo. Inclinó su barbilla, reclamando sus labios,
besándola con toda la pasión que poseía, haciendo encajar sus cuerpos. Era como
si ella hubiera sido hecha para él. Suave donde él era duro, dadivosa cuando él no lo
era. Joe
la abrazó más fuertemente y gimieron cuando él amoldó aun más su cuerpo contra
el suyo. Estaba perdido con su mera presencia, con su cuerpo dolorido,
y añoraba sus sonrisas y su risa suave. No podía perderla ahora. Y menos en este momento, pensó que él ganaría.
Demi cedió contra él con un suspiro, sus brazos se deslizaron
por encima alrededor de su cuello, sujetándole tan desesperadamente como él la
sostenía. Pequeños gemidos emitió su garganta cuando su mano encontró y ahuecó
un pecho, pero
entonces él la empujó rápidamente.
Rompiendo el beso, él la cogió por su
muñeca, retirándola de la puerta de la calle.
— Vamos
dentro.
Demi se resistió, la pasión desapareció de
su cara y algo semejante al temor lo substituyó. Sacudiendo la cabeza para
despejarse.
— No, No
puedo. Tengo
que pensar.
— Puedes
pensar dentro. —Insistió, guiándola
hacia la puerta.
— No. Harás
el amor conmigo, me morderás y mi cerebro se hará papilla. —Ella retiró su mano hasta
quedar libre y se sostuvo en el borde de la entrada.— Tengo que pensar, Joe. Me pides que deje todo lo
que conozco, todo
lo que amo.
— ¿Todo
lo que amas? —Preguntó él suavemente, con dolor en su cara.
— No. Amo...
Joe contuvo su aliento. Si ella dijera que le
amaba, nada
sobre la tierra lo pararía hasta arrastrarla dentro de la casa, reclamarla para
si e introducirse en ella. Pero a ella le faltó poco para admitirlo, su expresión fue
cautelosa. Sacudiendo la cabeza, apoyándose en el marco de la entrada.
— Tengo
que ir a casa y pensar. Tengo
que decidir....
Demi se dio la vuelta y comenzó a bajar por
la escalera, pero
él se apresuró para atrapar su brazo. Ella giró sus asustados ojos hacia él, y Joe sabía que ella
temía que le negara su voluntad de elección. Por un momento, se sintió
tentado. Pero entonces él recordó las palabras que un psíquico había dicho, y sabía que él no podía
luchar con este dragón por Demi. Él había luchado con sus propios dragones, dejando
a un lado su orgullo y miedo, colocando su corazón en sus manos. Ahora él tuvo que confiar
en que ella fuera lo bastante fuerte para mantenerlo resguardado. Por lo que dejó caer su brazo
y dijo:
— Llamaré
un taxi para ti. —Demi
se relajó, una sonrisa de agradecimiento se formó en sus labios.
— Muchas gracias.

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