— Solamente ábrelo. —Murmuró Demi con algo
de repugnancia. Avanzó
despacio por el tramo hasta un lado del ataúd, distrayéndose ya que discutía
consigo misma. Ella siguió hablando para distraerse cuando tendió la mano para
abrirlo.— Hay
probablemente una explicación lógica para todo esto. Joe probablemente
almacena cosas dentro. Cosas
como un violonchelo, o
tal vez zapatos, o
.... un
cuerpo. —Esa
ultima posibilidad se le ocurrió al escuchar el chirrido cuando finalmente
levantó la tapa del ataúd... y vio al hombre dentro. Entonces sus ojos
parpadearon al abridse, él
se agarró a los lados del ataúd y comenzó a sentarse. Hay fue cuando las luces
se apagaron. Demi comenzó a chillar.
* * * * *
Joe se sentó, con los ojos abiertos de par
en par. Pensando
que había oído gritar a una mujer. Cuando el sonido se escuchó otra vez, se catapultó
de la cama, precipitándose hacia la puerta. Aquel grito había sido
uno de puro terror. Él
no podía imaginarse que podía pasar abajo. Sonaba como si alguien hubiera sido
atacado. Él bajo por el pasillo, luego por la escalera, mirando detenidamente en la
sala de estar donde el equipo de limpieza estaba de pie congelado. La mujer estaba
pálida, con los sus ojos muy abiertos por el miedo.
— ¿Qué
pasa? ¿Por qué ha gritado? —Exigió él.
Al parecer incapaz de hablar, la mujer
simplemente sacudió su cabeza. Retirándose a cierta distancia, Joe continuó por
el pasillo. A
pesar del aspecto asustado de la mujer, no había parecido que le hubiera pasado algo a
ella. Además, el grito había parecido
venir de la parte trasera de la casa mas que de la delantera. Otro grito perforó el
silencio mientras él se precipitaba por la cocina, confirmando que había
acertado. Pero
esta vez podría contar que no acababa de venir de la parte de atrás, mas bien
había venido del sótano.
Maldición, Joe estrelló la puerta de
la cocina. Él expresamente había dicho a la empresa de limpieza que su sótano
no había que limpiarlo. Que nadie debería de ir al sótano.
— Jesús, ¿Cuánta
gente hay aquí? —Joe se paro cuando descubrió a la paralizada mujer desde la
puerta del sótano. Ella
miraba fijamente como si todo pudiera explotar en cualquier momento.
— Dos de nosotros, señor. —La mujer contestó, entonces inmediatamente
hubo otro grito.—
Solo apague el interruptor de la luz. Eso es lo que hice. Vi la puerta abierta y la luz
conectada. No
se me ocurrió. Yo
no sabía que alguien estaba allí.
Joe no le hizo caso y pasó por la puerta
abierta, entonces
dio al interruptor. El grito no paró, aunque cada vez se volviera más ronco. Joe estaba ya a mitad de
camino bajando la escalera cuando escuchó las palabras de Kevin.
— Está
bien. Solo
soy yo. Realmente,
estoy bien.
Cuando Joe alcanzó el ultimo escalón, vio a su hermano de pie
al lado de la escalera, sus
manos la sostenían acallándola.
— ¿Kevin?
—Él ladró la pregunta y el hermano de Joe se dio la vuelta, con alivio en su cara.
— Joe,
Gracias a Dios. No
pensé que la asustaría. Creo,
que murmuraba algo sobre el rigor mortis y ataúdes, y sabía que ella iba a
abrir la tapa, entonces cerré mis ojos para darle un pequeño susto, pero no
pensé...
Joe realmente no escuchaba a su hermano. Su mirada estaba fija, con toda su atención, enfocada sobre la mujer
que él ahora podía ver en su sótano. Demi. Su Demi. Su mirada estaba centrada solo en ella, estaba pálida y
temblorosa, pero
ya iba recuperando el color, con una chispa en sus ojos que él esperó que fuera
de pasión y felicidad por verle.
— Demi. —Dijo. Sonriéndole,
ofreció sus brazos esperando que ella se precipitara hacia él, listo para darle la
bienvenida en sus brazos y en su vida. Pero Demi exactamente no se precipitó a sus brazos. Ella más o menos le
empujó precipitándose por delante de él, gimiendo.
— Me dijiste que no dormías en ataúdes. —Ella comenzó a subir
velozmente por la escalera.
Hmm. Con
una chispa de cólera, sin nada de pasión
cuando la miró. Se
apresuró a seguirla por las escaleras.
— No
lo hacemos. Tengo un dormitorio. —Le aseguró él. Se encontró con su
pequeña cara en forma de corazón cuando se puso a su mismo nivel, incapaz de
arrancar los ojos de los de ella. Realmente debería de tener más escaleras
en mi casa y subirla encima en cada oportunidad, pensó él vagamente. Tenía una vista
encantadora.
— ¡Ajá!
¿Entonces que hacia él en aquel ataúd? ¿Pensando? —Preguntó
sarcásticamente, llegando
a la cocina.
— Vale, sí. En realidad, así lo hacía. —Le dijo Kevin a Joe cuando él los
siguió.—
Encuentro que permanecer en la oscuridad y en silencio dentro de un ataúd me
permite resolver algunas dificultades que tengo con los programas de mis juegos.
— ¿Ataúd?
Todos ellos se dieron la vuelta para mirar
fijamente a la limpiadora que todavía estaba de pie en la cocina. Joe se debatía en dejar
la mente en blanco a la mujer cuando Demi hizo un sonido apenado y se precipitó
hacia el pasillo.
Joe dio un paso para seguirla, luego se paró
y le dijo a su hermano.
— ¿Qué
le hiciste? Está furiosa.
— Yo solamente.... Ella..... —Gimió alterado.— Escuché que bajada por la
escalera y al principio estaba preocupado de que fuera una del personal de
limpieza, pero
entonces oí su conversación y reconocí su voz.
— ¿A
quien se dirigía?
— A ella misma. —Kevin contestó
cuidadosamente.— Ella
intentaba convencerse a sí misma para abrir el ataúd y que no estuvieras
dentro.
— ¿Y
que hiciste: cerrar
los ojos, luego abrirlos, dándole el susto de su vida cuándo ella tuvo el
coraje de abrir la tapa? —Preguntó Joe con repugnancia. Esta era una de las
bromas que Kevin les había echo a todos en un momento u otro.
Su hermano se estremeció, excusándose.
Joe maldijo por lo bajo y comenzó a darse la
vuelta , pero Kevin cogió su brazo para pararlo.
— No
pensé que asustándola lo llevaría tan mal. Pensé, que ella medio esperaba encontrar a alguien allí
de todos modos. No debería de haberse asustado, pero entonces las luces
se apagaron. Ella
solamente echó una ojeada para saber que no estabas en el ataúd, pero no
consiguió echar una buena ojeada para reconocerme antes de que la Sra. Economizadora de Energía apagara las luces.
Los dos hicieron una pausa para fulminar con
la mirada a la limpiadora, quien se encogió hacia atrás asustada, dándose contra
la pared con algo de irritación. La puerta de la calle se cerró de golpe. Joe
comenzó a apresurarse para salir de la habitación otra vez, pero Kevin lo paró.
— Espera.
No creo que toda su cólera se deba al ataúd, Luc.
— ¿Por
qué lo dices? ¿Qué más podría ser?
— Bien,
ella decía para sí algunas cosas bastantes extrañas mientras alzaba la tapa.
— ¿Qué
tipo de cosas?
— Er.... bueno,
pareció bastante contrariada por dormir con un tipo de seiscientos años de edad, pero la idea de dormir
con uno muerto...
La mujer de la limpieza jadeó. Joe le frunció el ceño.
— Fuera. —Dijo.
La mujer de la limpieza salió al momento. Joe suspiró y se volvió
hacia su hermano.
— No estoy muerto.
— Pues
claro, duh. —Kevin puso los ojos en
blanco.—
Yo se eso. Pero ella
no. Y
ella no lo comprendía, se preguntaba
si esto la haría ser una Necrófila o
algo parecido. Ella
también se preguntó si tus maravillosas erecciones serían de rigor mortis.
Joe se sintió orgulloso por eso.
— ¿Ella
llamó a mis erecciones maravillosas?
Kevin solamente bostezó, entonces levantó la mano
para golpear en la frente de su hermano como si fuera una puerta.
— ¡¡Hola!!
¡Tierra llama a Joe! Ella cree que se debe al rigor mortis.
Joe pestañeo confuso, mirándole con irritación.
— ¿Y
por quien se debe esto? Kevin, no sé por qué tienes que dormir en ese
maldito ataúd, de
todos modos. Tienes
una afectuosa y cariñosa esposa en casa esperándote en una agradable y cómoda cama . De todos modos ¿qué haces
en un ataúd en mi sótano?
— Tengo
problemas con Blood Lust III y tenía que pensar. Además, Dani no está en casa. Tenía que atender
personalmente un trabajo.
— Vale, la próxima vez te sugiero que vayas a resolver
esos problemas a otra parte, porque lo primero que voy a hacer es tirar ese
ataúd.
— Ah, venga
ya, Joe.
—Comenzó Kevin , pero
Joe se giró y abandonó la habitación.
Él cruzó rápidamente el pasillo, refunfuñando consigo
mismo.
— ¿Rigor mortis? ¿Necrófila? ¿De dónde a
sacado ella eso?
Las dos mujeres del equipo de limpieza
tenían sus cabezas juntas en la sala de estar y susurraban llenas de pánico. Se
callaron cuando él pasó por la entrada, y Joe pudo sentir sus ojos temerosos sobre él. Él no les hizo caso y
anduvo directamente hacia la puerta de la calle. Hizo una pausa allí, abriéndola, estremeciéndose
cuando la brillante luz del sol golpeó sus ojos. Solo le tomó un minuto
adaptarse al sol del mediodía. Al momento, descubriendo a Demi. Estaba de pie al lado de su
entrada, mirando
desesperadamente hacia el camino como un cachorro abandonado.
Desde luego, ella había llegado en
taxi, comprendió. Pero el taxi se había marchado mientras estaba en la casa, y ahora intentaba decidir
que hacer. Obviamente,
regresar a la casa para pedir otro taxi era algo que no quería hacer.
Suspiró, dejando que las persianas
volvieran a su lugar y colocándose cerca de la puerta abierta.
— ¿Demi?
Ella se puso rígida desde donde estaba de
pie cerca de la entrada, pero no se dio la vuelta.
Joe suspiro de nuevo.
— Demi. Vuelve
dentro para que podemos hablar, por favor.
— Va a ser que no. —Su voz salió agitada, todavía
sin darse la vuelta para mirarlo.
— De
acuerdo. —Él
abrió la puerta más ampliamente y traspasó la entrada.— Entonces iré donde estás
tú.
Demi lo miró con cautela cuando él se
aproximó.
— ¿Ahora vas a envejecer ante mis propios
ojos e irrumpir en llamas?
Él le dirigió una mirada algo molesta.
— Sabes
que no me convertiré en llamas por la luz del sol.
— También pensaba que no dormías en ataúdes.
— No lo hago. Kevin lo hace. Él es... bueno, él es
el rarito de la familia.
— Muchas
gracias.
Ellos se giraron para mirar fijamente a Kevin, quien estaba de pie a la
sombra de la entrada donde había dejado la puerta abierta Joe.
— Me voy
a casa. Siento
si te asusté, Demi. —Dijo
solemnemente. Luego
el hermano de Joe se dio vuelta y siguió.— Por favor aclárale lo del rigor
mortis y la cuestión de la necrofilia. Estaré molesto hasta que lo hagas.
Demi enrojeció, al parecer avergonzada de
que sus palabras hubieran sido oídas por casualidad. Girándose hacia los dos,
se retiró hacia un lado, al
parecer esperando que Kevin se marchara por la entrada. Cuando él cerró la
puerta, pero no paso por delante de ellos, echó un vistazo a su alrededor, mirando con sospecha la
entrada cuando vio que él se había ido.

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