miércoles, 14 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 44


Demi ignoró su pregunta y acarició su mejilla. El vendaje limpio en su muñeca la asombró.

— ¿Lo hiciste tú?

— Sí. —Él atrapó su mano y la llevó a su boca. Otra vez besó su palma justamente por encima del borde del vendaje. Hubo un parpadeo de cólera en sus ojos.— ¿Hizo él esto?

— No. —Admitió.— Por ayudarte.

Su mirada fija siguió la de ella hasta su pecho, y realizó una mueca. Alivió la cólera de un momento antes.

— Demi. —Empezó él, con voz quebrada. Pero ella no quería su gratitud. Ella no lo había hecho totalmente por él. Sus razones eran mucho más complicadas y parcialmente egoístas. Ella lo había hecho por sí misma. Porque no podía imaginar un mundo sin él. Ella no quiso, y no quería su agradecimiento. Quiso darle la oportunidad de tomar la sangre que él sin duda necesitó, y que ella le dio.

— Te quiero. —Admitió ella.— Tú eres uno de mis escritores, un vampiro con necesidad seria de sangre, casi moriste anoche, ambos pudimos haber muerto, y todavía ahora, esta mañana, no me preocupo por eso. Quiero empujarte hacia atrás en la cama, gatear encima de ti y tomarte dentro de mi.

Joe clavó los ojos en Demi, su mente imaginando sus palabras, llenándose de las imágenes que ella pintó. Él podía verla echándolo hacia atrás, arrastrando las sábanas y las mantas a un lado, levantando la túnica que llevaba puesta, luego cambiando de posición sobre él y alcanzándolo para guiarlo dentro de ella.

Un momento antes, lo que sugirió ella habría sido imposible. Su cuerpo no habría cooperado. Ahora, sin embargo, él estaba despierto y expectante bajo las mantas. Demonios, pensó él con asombro, había definitivamente algo que decir de las mujeres modernas, agresivas.

Aclarándose la voz, Joe mostró una sonrisa.

— Creó que la idea tiene su mérito. —Dijo.

Raramente, sus palabras formales tuvieron como consecuencia que Demi se echase a reír. Joe trataba de decidirse si unirse a ella o ofenderse cuando ella quedó seria, se enderezó al lado de él en la cama, y se soltó su túnica. Ella la resbaló por sus hombros. Cuando quedó alrededor de su cintura, ella dijo solemnemente:

— Espero que tengas un condón.

Joe clavó los ojos en la carne cremosa pálida de su cuerpo. Él la había traído casi desnuda solo unos días antes en este mismo cuarto, pero no había tenido la vista que tenía ahora. Demi era delgada y bien proporcionada, sus curvas generosas pero no excesivas. Tenía pezones rosados, los cuales coronaban sus pechos como un par de binoculares. Él quiso extender la mano y asirlos como lo haría si fueran binoculares, pero en vez de mirar a través de a ellos, él quiso desesperadamente lamerlos, mamarlos y...

— ¿Un condón? —Preguntó él, como si nunca hubiera oído esa palabra antes. Afortunadamente, su mente se aclaró lo bastante para captar el significado: Ella estaba preocupada por las enfermedades sexuales del día.— Oh. No te preocupes. Las enfermedades no pueden sobrevivir en mi cuerpo.

Él sonrió con una de sus sonrisas raras, quiso poder pasar a lo largo de la información. No tener un condón no sería un problema. Además, en ese momento, él sabía que un condón no sería suficiente. Serían necesarios muchos. Muchos, muchos, pensó mientras extendía la mano para posar un dedo sobre uno de sus pezones erectos.

Él miró hacia arriba cuando Demi alejó su mano fuera de allí. Para su desilusión, ella no se mostró impresionada con su anuncio. Ella fruncía el ceño.

— ¿Pero no tienen los vampiros esperma?

Joe tuvo que pensar en esa pregunta por un momento antes de que su pobre y atontada mente lo entendiera. ¿Esperma? Sexo. Bebés. ¡Oh!

— ¡Oh! —Él recorrió la mirada salvajemente alrededor del cuarto, su mente trabajando frenéticamente. No tenía un condón. No usaba condones. Los ETS© no eran una preocupación para él, y el embarazo nunca le había preocupado. Era raro que un humano y uno de su clase pudieran tener un bebé. Su primo, el científico loco del clan, se lo había explicado, pero él no podía recordarlo. Aunque, pensó que Demi no tomaría ese raro riesgo. Necesitaba un condón.

— Uh, un momento. Solo...uh... —Apartando las mantas, salió de la cama y agarró los pantalones manchados de sangre que se había quitado anoche. Él empezó a buscar entre los bolsillos. Cuando él encontró su cartera, la cogió y le sonrió con una sonrisa atormentada.— Solo tengo que...er... solo un minuto.

Él corrió fuera del cuarto y entró en la sala de estar. Hizo una pausa a medias en la puerta del vestíbulo cuando ella gritó:

— No irás a comprar ahora, ¿no?.¡Estás desnudo, Joe !

Él se paró.

— ¿Joe?

— No. No, solo un minuto. —Terminó a fin, su mente febril. Él consideró vestirse, pero entonces una imagen de Demi aumentó en su mente. No, no había tiempo para vestirse. ¿Qué ocurriría si ella cambiaba de idea? ¿Si tenía dudas? No podía arriesgarse a eso. Sería más rápido si...

Apresurándose al teléfono, lo agarró rápidamente y llamó a recepción.

— Buenos días. —Dijo una alegre voz femenina desde recepción.— ¿Puedo ayudarle?

— Condones. —Espetó Joe.

— ¿Perdón, señor?

— Condones. Necesito condones. —Ladró.

— Ya veo, señor. —La alegría se esfumó de la voz.— ¿Qué tamaño?

— ¿Tamaño? ¿Tienen tamaños? —Joe miró con atención hacía abajo a sí mismo.— Grande.

— Por supuesto, señor. Son siempre grandes. —Dijo la voz secamente.— Sus elecciones son acomodadas, regulares, grandes o extra grandes.

Joe se quedó con la mirada fija abajo en sí mismo otra vez. Él parecía más pequeño que hacía unos momentos. Su erección menguaba. Él se decidió a privarse de los más grandes.

— Grandes.

— ¿Joe? ¿Qué estas haciendo?

Joe se encontró a Demi desnuda en el portal del dormitorio, se movía nerviosamente entre él y la puerta del cuarto de Taylor. Su mirada fija la barrió de pies a cabeza, y él agradeció que su vista no hubiera sido dañada anoche. Ni su sentido del olfato. Su perfume dulce, sazonado con especias estaba flotando en el aire hacía él, rodeándole de su suculencia. Ella olía tan bien como para comérsela. Ese pensamiento evocó otros pensamientos: Lamiendo cada milímetro de su carne y...

— ¿Joe? —Demi comenzaba a verse preocupada.— ¿Está todo bien? Te ves... extraño.

— ¿Señor?

La mirada fija de Joe descendió a su erección. Él dijo al teléfono:

— Que sean extra grandes.

— ¿Extra grandes qué? Joe, ¿qué haces? —Preguntó Demi. Comenzaba a sonar irritada.

— Un momento. —Ladró Joe al teléfono. Colocándolo en la mesa, se apresuró a ir al lado de Demi para cogerla por los brazos.— Ahora iré contigo. Vuelve a la cama. Tienes escalofríos. —Ella los tenía en todas partes, en los brazos que sus manos distraídamente acariciaban, en sus pechos que sus ojos acariciaban, quizás los extra grandes no serían suficientemente grandes.

Negando con la cabeza, Joe le dio la vuelta a Demi y señaló con el dedo hacia la cama.

— Ahora iré allí. Lo prometo.

— Pero...

Joe cerró la puerta a su protesta y volvió rápidamente al teléfono.

— ¿Hola?

— Sí, señor. —La mujer estaba definitivamente molesta esperando— Ahora, ¿qué tamaño de paquete quiere? Tenemos paquetes de seis, doce, veinticuatro y treinta y seis.

— ¿Seis, doce, veinticuatro y treinta y seis? —Repitió Joe. Esto era como un test. Dios querido, él no podía pensar. El perfume de Demi todavía le envolvía, y su cerebro estaba borroso. Se preguntó brevemente si no debería haber consumido más sangre. Quizá había perdido más de lo que había pensado, y su suministro de sangre estaba bajo ya que su cuerpo había tenía que tomar sangre de otro sitio para dar soporte a su erección. Si es así, definitivamente escogería quitarla de su cerebro. Sus pensamientos se derretían como agua.

— ¿Señor?

— Todos ellos. —Dijo a fin de cuentas. Cuanto más mejor.

— ¿Lubricado o poco lubricado?

— Urgh. —Suspiró Joe en el teléfono.

— Muy bien. Lubricado. —Dijo la mujer— Ahora ¿quiere Para Su Placer, Mayor-adaptación, Extra Resistencia, Mayor Placer, Sensación Compartida, Textura, Sensible, Mayor-delgadez, Máximo, Superior, Placer extendido ó máximo XL?. —La mujer sonó como sí pasase un buen rato.

Joe no. Él miró con atención hacía su erección la cual estaba definitivamente afectada por ese aluvión de preguntas. Era una vista triste, y él lloriqueó en el teléfono.

— Le enviaré una variedad , ¿de acuerdo?

Joe se apoyó en la mesa con alivio cuando ella agregó.

— No tardará más de media hora. Que tenga un buen día, señor.

Joe se puso erecto de inmediato. Bueno, su cuerpo lo estaba. Su pene empezó a decaer cuando él rugió, "¿media hora? " al teléfono.

Su respuesta fue el tono de marcar.

— ¿Joe?

Él colgó de golpe el teléfono y empezó a andar hacía la puerta del dormitorio otra vez. Demi estaba otra vez de pie allí. Pero, vestida con su túnica. Él notó esto con espanto, su corazón naufragante diciéndole que el momento estaba pasando. Si él no hacía algo pronto, entonces ella iba a cambiar de idea. Lo cual ya se expresaba en su rostro.






© ETS: Enfermedades de Transmisión Sexual.

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