Demi nunca había estado en un vidente en su
vida, y no tenía ninguna pista de por dónde empezar. Una mirada a Joe le mostró
mirándola aburrido, así que Demi hizo un gesto a Jenny y sonrió.
— Adelante, MacDuff.
* * * * *
— Eres un alma muy joven, luminosa y
rebosante de amor y entusiasmo por experimentar todo lo que el mundo tiene que
ofrecer.
Joe permaneció silencioso mientras la
supuesta vidente batía sus pestañas delante de él, pero Demi bufó con sorna
detrás de él. La vidente dejó de revolotear sobre su mano el tiempo suficiente
para mirarla, luego continuó.
— Has vivido muchas, muchas vidas.
Demi bufó de nuevo.
— ¿Cuándo ha tenido tiempo?
— ¿Cómo dices? —La vidente la miró de
manera desagradable.
— Pensé que era un alma joven. —Señaló Demi.—
¿Cómo puede ser un alma joven quien ha vivido muchas vidas? —Ella tocó el brazo
de Joe.— Vámonos. Esto es un desperdicio de dinero.
Joe se puso de pie de inmediato,
conduciéndolas a ella y a Jenny lejos de allí, bajo la mirada venenosa de la
vidente. Les estaba dirigiendo hacia la salida cuando Jenny paró, forzando a Demi
y a Joe a detenerse igualmente.
— No, espera. Quiero una lectura de ella.
—La escritora señaló hacia una mesa donde una anciana de pelo blanco se sentaba
sola, sin una fila delante como las otras mesas. Demi suponía que era la falta
de un escaparate vistoso lo que la había hecho menos popular. El resto de los
videntes usaban ropas brillantes y tenían carteles dramáticos y manteles
chillones; esta mujer no se había molestado siquiera en poner un mantel, y
usaba un traje beige que le garantizaba desvanecerse entre la multitud, y un
escueto cartel.
— ¿Ella? —Preguntó Demi dubitativamente. La
mujer no parecía tener mucho éxito, aunque sí estar serena.
— El talento verdadero no pierde el tiempo
en oropeles. —Dijo Jenny. Todos ellos se acercaron.
Demi y Joe observaron solemnemente como la
mujer tomaba la mano de Jenny. Dijo que Jenny era una escritora, lo que Demi
pensó que no era difícil de adivinar, ya que este era un congreso de
escritores. Las posibilidades se repartían al cincuenta por ciento entre que Jenny
fuera escritora o lectora. Lo siguiente que dijo es que ella tenía bastante
éxito, lo que tampoco era una revelación tan grande. Podía haber reconocido la
foto de Jenny de la contraportada de sus libros.
La siguiente declaración sorprendió a Demi.
La lectora le dijo a Jenny que todavía sufría por una dolorosa pérdida que
había padecido hace tiempo, la de su compañero del alma. Demi sintió que se le
erizaba el vello de la nuca. No era de público conocimiento pero el marido de Jenny
había muerto hacía cuatro años, uno antes de que empezara a publicar. Demi
también sabía que Jenny todavía lloraba por él. Afirmaba que había sido su
único amor verdadero.
La vidente frotó la mano de Jenny
tranquilizadoramente y le dijo que su amor estaba allí con ellos en ese momento,
y que siempre estaba cerca. Pero también le dijo que él quería que Jenny
siguiera viviendo. Alguien entraría pronto en su vida, y aunque no sería un
compañero del alma como lo había sido su primer amor, sería el amigo más
querido, su amante y compañero para el resto de su vida, y la vidente dijo que
el primer amor de Jenny deseaba que fuera así.
Los ojos de Jenny se cubrieron de lágrimas.
Se levantó y se dirigió hacia Joe y Demi. Demi estaba intentando encontrar algo
que decir para animar el ambiente cuando Joe comentó de repente.
— Bueno, parece que después de todo tendrás
relaciones sexuales antes de morir.
Demi le dirigió una mirada horrorizada.
Nunca había oído a ese hombre hablar de una forma tan cruda. Ni siquiera le
había oído utilizar esas expresiones modernas. Se giró hacia Jenny en un estado
de shock, pero la escritora sólo estalló en una cascabelera risa.
— Sí, parece que sí. ¿No es bonito? —Jenny
suspiró y tocó el brazo de Joe. Entonces le explicó a Demi.— Las mujeres habían
estado hablando de sexo, por supuesto, cuando volvían a la sala de descanso.
Beth se lamentaba del hecho que sus personajes tuvieran mejor sexo que ella, y
yo bufé y le dije que por lo menos ella tenía algo, que yo dudaba de volver a
tenerlo antes de morir. ¡Pero ahora parece que sí!
Ella sonrió a Joe, luego le invitó a
sentarse en la silla.
— Tu turno, amigo mío. Quiero oír lo que
ella tiene que decir acerca de ti.
Demi miró a la mujer más mayor acosar a Joe
para que se sentara. Por un momento, sintió un acceso de incomodidad. Era obvio
que la pareja había desarrollado un cierta amistad esta mañana, y Demi se
avergonzó al descubrir que lo que sentía eran celos. No haciendo caso de sus
pensamientos mezquinos, volvió su atención a la vidente, que había reclamado la
mano de Joe y ahora estaba moviendo sus dedos ligeramente sobre ella. Sus ojos
estaban cerrados para concentrarse.
— Eres muy anciano. —Dijo la mujer en tonos
tranquilizadores. Abrió los ojos con un parpadeo para mirar a la cara de él,
joven y apuesta, frunció el ceño con confusión y volvió a cerrarlos.— Es tu
alma la que debe de ser vieja. —Corrigió.— Muy vieja. Has tenido muchos amores.
Demi sintió que algo se agarrotaba en su
pecho antes de que la mujer se corrigiera a sí misma de nuevo:
— No, amores no. Amantes. Has tenido
muchas. Muchas, muchas. —Añadió ella, sonando sorprendida de nuevo. Entonces
parpadeó con sus ojos desorbitados para preguntar con cierta mortificación.—
¿Cuándo has tenido tiempo para dormir?
Los labios de Demi se torcieron. Suponía
que Joe había estado con muchas mujeres. Era un hombre saludable de unos
seiscientos años. Incluso aunque sólo hubiera tenido una amante por año, eso
hacía seiscientas. Si había tenido más de tres por año... su mente se
sobresaltó. Con un desmayo, decidió que tendría que preguntar si los vampiros
podían adquirir y transmitir una ETS©.
Esperaba que no, pero honestamente, era algo que necesitaba saber.
— Habías empezado a cansarte de la vida.
—Continuó la vidente, captando la atención de Demi.— Todo parecía tan duro, y
las crueldades del hombre habían empezado a agotarte. Pero algo, no, no algo
sino alguien, alguien te ha revigorizado. Te ha hecho sentir de nuevo que vivir
merece la pena. Que queda alegría para ti.
La lengua de Demi pareció quedarse pegada
al paladar. ¿Alguien? ¿Quién? Algo secreto en su interior esperaba que fuese
ella. Al mismo tiempo la idea le aterrorizaba. Se sentía atraída por Joe. Había
llegado incluso a gustarle y respetarle, pero...
— Agárrala. —La mujer tenía la mirada
profundamente clavada en los ojos de Joe.— Tendrás que luchar por ella, pero no
de la forma a la que estás acostumbrado. Las armas y la fuerza física no te
ayudarán en esta batalla. Tendrás que combatir con tu orgullo y tus propios
miedos. Si fallas, tu corazón se marchitará en tu pecho, y morirás como un
hombre solo, viejo y amargado, lamentando lo que no hiciste.
Joe sacudió con fuerza su mano para
liberarla, entonces se puso de pie y se alejó. Demi se puso de pie para
seguirlo, pero la vidente apresó de pronto su mano.
— Espera. Tu hombre estará bien por un
minuto.
Demi su puso rígida.
— Él no es mi hombre.
La expresión de la vidente sugirió que Demi
no estaba engañando a nadie.
— Es especial, tu hombre. —Le dijo la
mujer— Pero para estar con él tendrás que hacer una elección. Tendrás que dejar
todo. Si tienes el valor, todo lo que deseaste alguna vez será tuyo. Si no...
—Ella se encogió de hombros y liberó la mano de Demi.— Ahora ve con tu hombre.
Solo tú puedes calmarle.
Demi corrió tras Joe, consciente de que Jenny
le pisaba los talones. Todavía zumbaba la piel de su muñeca donde le había
tocado la vidente, escociendo como si le hubieran dado un calambrazo. Demi se
la frotó distraídamente, con sus pensamientos desperdigados. Tendría que dejar
todo, pero ¿conseguiría todo lo que había soñado? ¿Cómo podía ser eso posible?
Apartó la preocupación con su encogimiento de hombres mientras salía
precipitadamente del cuerpo y divisaba a Joe desapareciendo a la vuelta de una
esquina.
Cuando las dos mujeres le alcanzaron en la
sala de descanso de Publicaciones Roundhouse, Joe estaba sentado en una mesa,
rodeado de fans.
Allison estaba haciendo señas a Demi para
que se uniera a ellos al otro lado de la sala. Demi miró dubitativamente a su
jefe y a Joe.
— Yo veré si Joe está bien. Tú puedes ir a
ver lo que quiere tu jefe. —Sugirió Jenny, dándole un empujoncito en dirección
al editor jefe.— No vamos a estar mucho más aquí, en cualquier caso. Están
cerrando temprano para dar tiempo a todo el mundo a que se prepare para el
baile de disfraces Renacentista y el banquete.
Oh, sí, pensó Demi mientras se acercaba a
su jefe. Esta noche era el baile de disfraces.

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