domingo, 4 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 29


 
— ¿No eres muy aventurero? —Le preguntó — Olvida dónde estamos y lo conseguiremos, camarada. Éste es un cuarto de aseo público, alguien podría entrar de un momento a otro. —Apuntó ella. Apoyándose arriba, ella presionó sus labios contra los de él. Eso fue todo lo que tuvo que hacer. Joe prontamente comenzó a besar su espalda, sus brazos se cerraron alrededor de ella como bandas de acero.

Demi supuso que lo que siguió fue la versión rápida vampírica. No fue como los apasionados momentos que habían compartidos en su suite. No podría explicarlo, pero había un propósito detrás de cada una de sus acciones como si él no estuviera totalmente involucrado, sino que realizaba ciertos actos para excitarla como los pasos necesarios hacia morderla. Él parecía distante en cierta forma. No involucrado. Sus besos eran expertos y todavía excitantes, pero así como ella gimió en respuesta y se abrió para él, ella fue consciente de que él no estaba completamente allí. Al menos, se dio cuenta de eso al principio. Cuando su lengua empujaba dentro de su boca, ella no tuvo tiempo de preocuparse por eso.

Joe desgarró los botones que bajaron corriendo por la parte delantera de su vestido y deslizó su mano adentro, luego bajo su sostén para ahuecar un pecho en su fría palma. Demi gimió en su boca. Ella se estremeció cuando su pulgar dio un golpecito a la punta de su pezón.

Después él deslizó su pierna entre las suyas, forzando su vestido hacia arriba hasta que su muslo se rozó contra el mismo centro de ella. Demi se quedó sin aliento, luego lo besó casi frenéticamente. Cuando Joe se apartó, ella gimió, su cabeza cayó hacia atrás cuando ella se arqueó y se movió contra su pierna, queriendo más. Ella sintió sus labios mordisqueando a lo largo de su cuello, pero todo se sentía tan bien que simplemente murmuró su placer e inclinó su cabeza para darle mejor acceso. Luego se dio cuenta de su chupeteo en su cuello. Esta vez ella no lo confundió, pero no hubo dolor... hasta que su nebuloso cerebro le dijo que era lo que él estaba haciendo y que allí debería estar el dolor. La excitación comenzó a desvanecerse.

Solamente cuando Demi sintió la primera débil agitación de dolor, Joe pareció percatarse de lo qué ocurría y lo perturbó. Él deslizó su mano bajo su falda, sus dedos volaron ágilmente arriba hacia el interior de su muslo, urgiendo para que sus piernas se separaran un poco más. Luego él apartó a un lado la etérea tela de sus bragas y la acarició. Demi se olvidó completamente de lo que ocurría en su cuello. Se quedó sin aliento y murmuró placenteramente, retorciéndose en su caricia, luego gimió cuando él deslizó un dedo dentro de ella.

— Oh, Joe. —Ella se quedó sin aliento, deslizando sus dedos a través de su pelo y agarrándole firmemente su cabeza hacia ella como si eso fuera su única ancla para la cordura. Ella gimió cuando montó su mano, su cuerpo zumbando con una excitación tan feroz entre sus piernas que se debilitaban. Demi abrió los ojos y trató de advertirle que sus piernas cedían, pero estaba tan distraída por el hecho que todo parecía irreal. Quiso decirle a Joe eso, también, pero parecía demasiado esfuerzo. Una extraña dejadez se apoderó de ella.

La pared de la casilla en su espalda vibró cuando la puerta de al lado se cerró ruidosamente. Demi supuso que alguien estaba en el baño con ellos. No la molestó en exceso, pero entonces Joe levantó su cabeza y frunció el ceño. Miró detrás de Demi, y la preocupación cubrió su expresión.

El maldijo suavemente, ajustó su agarre y le dio la vuelta a Demi, bajándola para sentarla sobre el sanitario. Él no dijo nada, pero su expresión fue sombría mientras enderezaba sus ropas y abrochaba los botones del vestido de ella. Una vez que él la puso junto a su espalda, destrabó la puerta del cubículo, miró con atención afuera, luego la levantó por detrás sobre sus pies, estirando su brazo sobre su hombro y medio caminando, medio cargándola la sacó del baño. Demi no vio a nadie, pero la puerta del cubículo de al lado donde ellos estaban era la única que estaba cerrada y podía ver pies bajo ella. Alguien había entrado, se percató de eso con vago interés.

— ¡Aquí estáis! Os he estado buscando a los dos en todas partes.

Demi miró con atención alrededor y descubrió que Taylor venía hacia ellos. Su expresión estaba tensa, su voz urgente.

— Chuck está lívido. Joe ganó las otras dos categorías para las que estaba nominado y no estaba por ahí para aceptarlos. ¡Jesús!, Demi, ¿está todo bien? Pareces salida del infierno.

— Ella no está sintiéndose bien. —Explicó Joe, reprochándose mentalmente a sí mismo. Era su culpa. Él había tomado demasiada sangre, no había sido capaz de controlarse. Una vez que el fluido dulce, caliente había explotado sobre su lengua deshidratada y en su boca, él se había perdido. Si alguien no lo hubiera distraído, él no sabía lo que hubiera podido pasar. Su ansiosa mirada se deslizó sobre la macilenta cara de Demi, y se recriminó a sí mismo otra vez. Afortunadamente, él no había tomado lo suficiente como para causarle un serio daño, pero Demi iba a sentirse débil y...

— Pensé que eras tú el que no estaba sintiéndose bien. —Dijo Taylor con confusión. El editor se movió para tomar el otro brazo de Demi y una parte de su peso.

— Es contagioso. —Masculló Joe. Él los dirigió hacia los ascensores.

— Genial. —Dijo Taylor— Entonces estoy seguro que seré el próximo. —aclaró él.— Pero tú pareces estar superándolo. Tienes algo de color en tus mejillas otra vez. Al menos pasa rápidamente.

Joe retrocedió culpablemente. El color en sus mejillas era gracias a la sangre de Demi. Esa era también la razón de que ella ahora estuviera así de débil. Él se sentía un poco mejor. Un poco. Sabía que si podía obtener otro par de cuartos de galón de sangre, entonces estaría de regreso su viejo yo.

— ¿A dónde vamos? —Preguntó Taylor mientras esperaban que el ascensor llegara.

— Estoy llevándola arriba para que se acueste.

— No. —Demi repentinamente se obligó a si misma a enderezarse. Lo intentó, pero se tambaleó débilmente.— Deberíamos ir a la sala de recepción.

— No estás en forma para ir a alguna estúpida sala de recepción. —Arguyó Joe — Necesitas algo dulce y descansar. Para reconstituir... —él hizo una pausa, no tenía el deseo de decir más delante de Taylor.

— Sólo tengo que sentarme allí. Tendrán refrescos. —Insistió Demi. Ella recurrió a Taylor.— ¿Han terminado casi con los premios?

— Sí. En otra media hora, creo. —El editor miró a Joe mientras las puertas del ascensor se abrían y ellos ayudaban a Demi a abordarlo.—Debería estar bien en la sala de la recepción. Podemos vigilarla. Chuck tendrá un ataque si no aparece.

Joe permaneció silencioso mientras Taylor presionaba un botón del ascensor. Él no estaba feliz con la decisión, pero no quería poner en peligro el trabajo de Demi. Y él podría vigilarla.

Demi volcó las bolsas y miró todo lo que había comprado cuando cayeron sobre la cama; al momento, comenzó a revisar el montón. Retiró el suéter negro y el pasamontañas de lana negro, se apresuró yendo hacia el armario y agarró sus pantalones de vestir negros. Se los puso rápidamente, colocándose también el suéter, pero el pasamontañas lo introdujo en su bolsillo. Luego se apresuró hacia la cama para comenzar a introducir las cosas en su nueva mochila negra. Una vez que estuvo hecha, comprobó su reloj.

Demi había pasado la mayor parte de la tarde sentada en una silla al lado de Joe en su alojamiento en una Suite de Roundhouse, comiendo todo lo que él había empujando hacia ella, obligándola a beber zumo de naranja que él había ordenado a Taylor para que saliera y lo trajera. Había sido interminable. Demi había comenzado a sentirse mejor rápidamente después de haber bebido el zumo de naranja y de comer, al menos físicamente mejor, pero Joe se había cernido inquieto sobre ella. El hombre había actuado como una madre-pájaro.

Joe apestaba a culpa, por lo que Demi pudo haberlo pateado. Él no tenía por que sentirse culpable, ella prácticamente le había obligado a tomar su sangre. Y, , brevemente la había debilitado, al final no la había dañado. Todavía, al menos ella no tenía aspiraciones para ser el menú de su cena. Incluso había sido algo agradable, pero evitaría ofrecerse como comida otra vez. Ya se había preocupado del problema de como alimentarlo cuando oscureciera.

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