— ¿No eres muy aventurero? —Le preguntó —
Olvida dónde estamos y lo conseguiremos, camarada. Éste es un cuarto de aseo
público, alguien podría entrar de un momento a otro. —Apuntó ella. Apoyándose
arriba, ella presionó sus labios contra los de él. Eso fue todo lo que tuvo que
hacer. Joe prontamente comenzó a besar su espalda, sus brazos se cerraron
alrededor de ella como bandas de acero.
Demi supuso que lo que siguió fue la
versión rápida vampírica. No fue como los apasionados momentos que habían
compartidos en su suite. No podría explicarlo, pero había un propósito detrás
de cada una de sus acciones como si él no estuviera totalmente involucrado,
sino que realizaba ciertos actos para excitarla como los pasos necesarios hacia
morderla. Él parecía distante en cierta forma. No involucrado. Sus besos eran
expertos y todavía excitantes, pero así como ella gimió en respuesta y se abrió
para él, ella fue consciente de que él no estaba completamente allí. Al menos,
se dio cuenta de eso al principio. Cuando su lengua empujaba dentro de su boca,
ella no tuvo tiempo de preocuparse por eso.
Joe desgarró los botones que bajaron
corriendo por la parte delantera de su vestido y deslizó su mano adentro, luego
bajo su sostén para ahuecar un pecho en su fría palma. Demi gimió en su boca.
Ella se estremeció cuando su pulgar dio un golpecito a la punta de su pezón.
Después él deslizó su pierna entre las
suyas, forzando su vestido hacia arriba hasta que su muslo se rozó contra el
mismo centro de ella. Demi se quedó sin aliento, luego lo besó casi
frenéticamente. Cuando Joe se apartó, ella gimió, su cabeza cayó hacia atrás
cuando ella se arqueó y se movió contra su pierna, queriendo más. Ella sintió
sus labios mordisqueando a lo largo de su cuello, pero todo se sentía tan bien
que simplemente murmuró su placer e inclinó su cabeza para darle mejor acceso.
Luego se dio cuenta de su chupeteo en su cuello. Esta vez ella no lo confundió,
pero no hubo dolor... hasta que su nebuloso cerebro le dijo que era lo que él estaba
haciendo y que allí debería estar el dolor. La excitación comenzó a
desvanecerse.
Solamente cuando Demi sintió la primera
débil agitación de dolor, Joe pareció percatarse de lo qué ocurría y lo
perturbó. Él deslizó su mano bajo su falda, sus dedos volaron ágilmente arriba
hacia el interior de su muslo, urgiendo para que sus piernas se separaran un
poco más. Luego él apartó a un lado la etérea tela de sus bragas y la acarició.
Demi se olvidó completamente de lo que ocurría en su cuello. Se quedó sin aliento
y murmuró placenteramente, retorciéndose en su caricia, luego gimió cuando él
deslizó un dedo dentro de ella.
— Oh, Joe. —Ella se quedó sin aliento,
deslizando sus dedos a través de su pelo y agarrándole firmemente su cabeza
hacia ella como si eso fuera su única ancla para la cordura. Ella gimió cuando
montó su mano, su cuerpo zumbando con una excitación tan feroz entre sus
piernas que se debilitaban. Demi abrió los ojos y trató de advertirle que sus
piernas cedían, pero estaba tan distraída por el hecho que todo parecía irreal.
Quiso decirle a Joe eso, también, pero parecía demasiado esfuerzo. Una extraña
dejadez se apoderó de ella.
La pared de la casilla en su espalda vibró
cuando la puerta de al lado se cerró ruidosamente. Demi supuso que alguien estaba
en el baño con ellos. No la molestó en exceso, pero entonces Joe levantó su
cabeza y frunció el ceño. Miró detrás de Demi, y la preocupación cubrió su
expresión.
El maldijo suavemente, ajustó su agarre y
le dio la vuelta a Demi, bajándola para sentarla sobre el sanitario. Él no dijo
nada, pero su expresión fue sombría mientras enderezaba sus ropas y abrochaba
los botones del vestido de ella. Una vez que él la puso junto a su espalda,
destrabó la puerta del cubículo, miró con atención afuera, luego la levantó por
detrás sobre sus pies, estirando su brazo sobre su hombro y medio caminando,
medio cargándola la sacó del baño. Demi no vio a nadie, pero la puerta del
cubículo de al lado donde ellos estaban era la única que estaba cerrada y podía
ver pies bajo ella. Alguien había
entrado, se percató de eso con vago interés.
— ¡Aquí estáis! Os he estado buscando a los
dos en todas partes.
Demi miró con atención alrededor y
descubrió que Taylor venía hacia ellos. Su expresión estaba tensa, su voz
urgente.
— Chuck está lívido. Joe ganó las otras dos
categorías para las que estaba nominado y no estaba por ahí para aceptarlos.
¡Jesús!, Demi, ¿está todo bien? Pareces salida del infierno.
— Ella no está sintiéndose bien. —Explicó Joe,
reprochándose mentalmente a sí mismo. Era su culpa. Él había tomado demasiada
sangre, no había sido capaz de controlarse. Una vez que el fluido dulce,
caliente había explotado sobre su lengua deshidratada y en su boca, él se había
perdido. Si alguien no lo hubiera distraído, él no sabía lo que hubiera podido
pasar. Su ansiosa mirada se deslizó sobre la macilenta cara de Demi, y se
recriminó a sí mismo otra vez. Afortunadamente, él no había tomado lo
suficiente como para causarle un serio daño, pero Demi iba a sentirse débil
y...
— Pensé que eras tú el que no estaba
sintiéndose bien. —Dijo Taylor con confusión. El editor se movió para tomar el
otro brazo de Demi y una parte de su peso.
— Es contagioso. —Masculló Joe. Él
los dirigió hacia los ascensores.
— Genial. —Dijo Taylor— Entonces estoy
seguro que seré el próximo. —aclaró él.— Pero tú pareces estar superándolo.
Tienes algo de color en tus mejillas otra vez. Al menos pasa rápidamente.
Joe retrocedió culpablemente. El color en
sus mejillas era gracias a la sangre de Demi. Esa era también la razón de que
ella ahora estuviera así de débil. Él se sentía un poco mejor. Un poco. Sabía
que si podía obtener otro par de cuartos de galón de sangre, entonces estaría
de regreso su viejo yo.
— ¿A dónde vamos? —Preguntó Taylor mientras
esperaban que el ascensor llegara.
— Estoy llevándola arriba para que se
acueste.
— No. —Demi repentinamente se obligó a si
misma a enderezarse. Lo intentó, pero se tambaleó débilmente.— Deberíamos ir a
la sala de recepción.
— No estás en forma para ir a alguna
estúpida sala de recepción. —Arguyó Joe — Necesitas algo dulce y descansar.
Para reconstituir... —él hizo una pausa, no tenía el deseo de decir más delante
de Taylor.
— Sólo tengo que sentarme allí. Tendrán
refrescos. —Insistió Demi. Ella recurrió a Taylor.— ¿Han terminado casi con los
premios?
— Sí. En otra media hora, creo. —El editor
miró a Joe mientras las puertas del ascensor se abrían y ellos ayudaban a Demi
a abordarlo.—Debería estar bien en la sala de la recepción. Podemos vigilarla.
Chuck tendrá un ataque si no aparece.
Joe permaneció silencioso mientras Taylor
presionaba un botón del ascensor. Él no estaba feliz con la decisión, pero no
quería poner en peligro el trabajo de Demi. Y él podría vigilarla.
Demi volcó las bolsas y miró todo lo que había
comprado cuando cayeron sobre la cama; al momento, comenzó a revisar el montón.
Retiró el suéter negro y el pasamontañas de lana
negro, se apresuró yendo hacia
el armario y agarró sus pantalones de vestir negros.
Se los puso rápidamente,
colocándose también el suéter,
pero el pasamontañas lo introdujo en su bolsillo.
Luego se apresuró hacia la cama para comenzar a
introducir las cosas en su nueva mochila negra.
Una vez que estuvo hecha,
comprobó su reloj.
Demi había pasado la mayor parte de la
tarde sentada en una silla al lado de Joe en su alojamiento en una Suite de Roundhouse,
comiendo todo lo que él había empujando hacia
ella, obligándola a beber zumo de naranja que él había ordenado a Taylor para
que saliera y lo trajera. Había
sido interminable. Demi había
comenzado a sentirse mejor rápidamente después de haber bebido el zumo de
naranja y de comer, al menos
físicamente mejor, pero Joe se había
cernido inquieto sobre ella. El
hombre había actuado como una madre-pájaro.
Joe apestaba a culpa,
por lo que Demi pudo haberlo pateado.
Él no tenía por que sentirse culpable, ella
prácticamente le había obligado a tomar su sangre.
Y, sí,
brevemente la había debilitado,
al final no la había dañado.
Todavía, al
menos ella no tenía aspiraciones para ser el menú de su cena.
Incluso había sido algo agradable, pero evitaría
ofrecerse como comida otra vez. Ya se había
preocupado del problema de como alimentarlo cuando oscureciera.

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