— Es verdad. Fue idea de Chuck. Demi
intentó hacerle cambiar de opinión.
Cuando Joe se limitó a inclinar la cabeza,
sin decir nada, Demi frunció el ceño.
— ¿No estás enfadado?
Se encogió de hombros.
— Al principio
estuve un poco molesto. Pero son solo un par de horas de mi vida. Tengo muchas
horas para vivir, Demi. El congreso entero es apenas un latido de tiempo para
mí.
Taylor se quedó perplejo, sin embargo Demi
comprendió el significado de sus palabras, pues él había vivido cientos de años
y sin duda viviría otros cientos más; estos pocos días eran a penas un granito
de arena en la playa de su vida, por lo que se preguntó si sus palabras
llevaban un mensaje especial para ella. Era una más de las centenares, quizá
miles, de mujeres que habían pasado por su vida en esos cientos de años. La
relación que disfrutaban ¿seria igual de poco importante que este congreso?
¿Era para él otro granito de arena?
La idea la molestó, por lo acertada que era. ¿Qué más podía ser para
él? En veinticuatro horas ella estaría de regreso a Nueva York, y el volvería a
Toronto. La vida seguiría igual. Con el tiempo, encontraría algún buen hombre, se
asentaría y tendría un par de niños, se haría vieja. Y Joe seguiría joven,
erótico, y continuaría llevando a alguna mujer a la cumbre del éxtasis. La
idea, realmente, la molestó.
Inspirando profundamente para tratar de
disipar el dolor de su corazón, Demi se colocó de nuevo sus dientes en la boca
y siguió a Taylor, cuando este salió del ascensor.
— ¡Ya estáis aquí! —Saludó Allison cuando
llegaron. Estaba de pie, ante las puertas del salón de baile, con Lady Barrow y
Chuck.— Llegáis justo a tiempo. Solo han llegado uno o dos invitados.
— Bien, sería vergonzoso llegar tarde a mi
propia fiesta. —Dijo Joe secamente. Le echó una mirada al editor, que hizo que
el hombre se moviera inquieto.
— Si, es cierto. —Murmuró Chuck, pero Joe
se había vuelto ya, para saludar a Lady Barrow.
Joe sonrió a la mujer, que lucía un
precioso traje de noche, rojo intenso; tomó su mano y se inclinó hacia ella.
— Lady Barrow. —Le dijo, dándole un beso en
el dorso de su mano.— Se la ve y se la huele lo suficientemente bien como para
comérsela.
Lady Barrow soltó una amable risita ante
ese gesto, pero Demi se puso tensa. Le alejó de ella, cuando casi estaba
mordiéndola. Recordó que todavía tenía que abastecer su suministro de
emergencia, pues hasta donde ella sabía, solo había tomado sangre esa misma
mañana, mientras hacían el amor. Había tenido la intención de hacer un rápido
viaje al banco de sangre, en algún momento de ese día, pero se le había
olvidado. Y ahora Joe estaba muerto de hambre, y sin duda dolorido por la falta
de sangre.
Cálmate, no se le ve enfermo. Le miró
fijamente mientras él charlaba y se reía con Allison y Lady Barrow. Se le veía
un poco pálido, pero no gris, como había estado antes.
Demi consideró el tema mientras le indicaba
a Joe que se volviera a poner los colmillos, y se colocaban en la puerta para
saludar a los invitados de la fiesta. Decidió que tendrían que irse temprano y
robar otra vez en el banco de sangre. Le repugnaba hacerlo. Los bancos de
sangre siempre estaban escasos de suministro. Pero Joe estaba tan necesitado
como cualquier otro paciente, y no podía dejar que sufriera.
Estuvieron en la puerta durante una hora,
hasta que Allison les comunicó que era hora de circular. Demi se mantuvo cerca
de Joe, asustada ante el hecho de que se liara a mordiscos con uno de los
invitados, si su hambre se volvía desesperada. No se hubiera preocupado tanto
si las mujeres no siguieran acercándose, pidiéndole hacerse una foto con ellas
y haciendo eso mismo. Solo podía imaginar la tortura que debía de estar
sufriendo, mientras se imaginaba mordiendo sus cuellos. Era como pedirle a una
mujer a dieta, que mantuviera un trozo de pastel de queso en la boca toda la
noche y que no lo masticara.
A parte de eso, sin embargo, todo se desarrolló bien.
Perfectamente... excepto por los malditos colmillos que había comprado. Era
terriblemente difícil hablar coherentemente con ellos dentro y a Joe se le
cayeron en la copa al menos tres veces cuando intentaba beber. A la cuarta vez
que se le cayeron, Demi le agarró del brazo y le arrastró por mitad del salón
de baile. Deslizándose entre los bastidores del escenario, le dirigió hacia la
primera puerta que vio, encendió las luces y cerró la puerta detrás de ellos.
Joe miró atentamente su alrededor. La
habitación era un vestidor, y arqueando sus cejas, dijo:
— ¿Que...?
— Dame tus colmillos. —Le interrumpió, tendiendo
la mano.
Joe no se tomó la molestia de disimular su
alivio al sacárselos de la boca. Cuando se los entregó le dio la espalda y se
dirigió al tocador, donde lanzo los dos pares de falsos colmillos a la
papelera.
— Puedes usar tus verdaderos colmillos.
Simplemente le diremos a todo el mundo que un buen admirador ha visto el
problema que tenías y te ofreció un par de colmillos que tenía de repuesto.
Se dio la vuelta, para dirigirse a la
salida, cuando se dio cuenta que la había seguido y estaba detrás de ella. No
le había oído moverse. Se las ingenió para sonreír a pesar de la brusca
aceleración de su corazón y dijo:
— A lo mejor deberíamos esperar unos
minutos antes de regresar. No estoy segura de cuanto se tarda en colocarse los
colmillos igual que Taylor, pero imagino que el pegamento especial que se
utiliza necesitará algunos minutos para secarse.
— Hmm —Joe movió su mano hacia arriba, por
el brazo de ella, sonriendo cuando la notó temblar.
Demi intentó no parecer preparada para
lanzarse sobre él. El hombre solo tuvo que tocarla para que le necesitara al
instante. Dios mío, sus piernas se estremecían. Aclarándose la garganta, se
movió alejándose de él y sentándose en un precioso banco tapizado que se
encontraba delante del tocador. Girándose para enfrentar al espejo, colocó el
bolso en el suelo, sacó su lápiz de labios y se aplicó una fina capa de color.
Sus ojos se alzaron hacia el hombre que tenía detrás, cuando este le colocó las
manos en sus hombros.
Joe no dijo nada, simplemente atrapó su
mirada en el espejo. La boca de Demi se secó. Tragó al captar el fuego plateado
que desprendía su mirada. La reconoció. Casi la había quemado viva esa mañana
con esa misma mirada. La deseaba
Sus manos se deslizaron de sus hombros
hacia abajo, y la mirada de Demi las siguió hasta que se situaron encima de sus
pechos. El vestido no tenía espalda, por lo que había tenido que privarse del
sujetador: La negra seda era la única barrera entre sus manos y sus pechos.
— Joe...
— Shhh —Colocó una rodilla sobre el banco,
al lado de su cadera y con el codo la instó a que inclinara su cabeza. Tirando
hacia atrás de su pelo, depositó un beso en su cuello.
Demi se reclinó sobre él y le observó en el
espejo. Un suspiro se le escapó de entre los labios cuando movió los pulgares
sobre sus erectos pezones. Entonces desplazó una mano para sujetar su barbilla
y volver su cabeza. La besó. Demi gimió, abriéndose para él, arqueándose ante
la caricia, deslizando sus propias manos hacia sus hombros.
Se sorprendió cuando repentinamente la puso
de pié.
— ¿Que?
— Vamos. —Fue todo lo que dijo. Se encaminó
fuera del cuarto tirando de ella. Demi pensó que la llevaba de regreso a la
fiesta, pero la llevó hacia el escenario. Lo cruzaron rápidamente. Demi intentó
permanecer callada, siendo consciente de que lo único que les separaba del
salón de baile lleno de personas era la cortina cerrada, pero de sus zapatos de
tacón alto salía un click-click-click cuando
caminaba. Joe la dirigió hacia las escaleras que bajaban por el lado contrario
y salieron por la puerta.
— ¿Donde vamos? —Siseó Demi, mirando
nerviosamente por el vestíbulo, hacia las puertas del salón de baile que
dejaban atrás.
Joe se detuvo delante de los ascensores y
presionó el botón de llamada.
— Se te ve cansada. —Le dijo— Hoy has
trabajado demasiado. Necesitas descansar.
Demi le contestó tajante.
— Joe, tenemos que... Ohh. —Gritó cuando
las puertas del ascensor se abrieron y la empujó dentro.
— Joe. —Repitió. El presionó el botón de su
planta, pero Demi se colocó entre el panel y él, golpeando el botón de abrir—
Tenemos que... —Casi se tragó la lengua cuando él se presionó contra su espalda
y deslizó las manos hacia arriba para acariciar sus pechos. Soltó el botón del
ascensor para sujetar sus manos.— ¡Joe!
Él frotó la parte inferior de su cuerpo
contra su trasero y cerró los ojos al sentir su dureza. Las puertas del
ascensor se cerraron y comenzó a subir.
— Una siesta, suena bien. —Inspiró. Luego
negó con la cabeza.— No, tenemos que...
Se tragó las palabras otra vez, cuando él
se inclinó y posó las manos en sus piernas por encima de las rodillas. Sus
manos acariciaron toda su piel hacia arriba, debajo de su falda, según se iba
enderezando.
Demi gimió y se abrió para él, que
aprovechando su postura puso ambas manos entre sus piernas y la presionó hacia
atrás, contra él.
— Me deseas.
— Te deseo. —Repitió Demi. Luego parpadeó.—
¡Oye!
Soltándose con esfuerzo de su sujeción, se
giró rápidamente, para mirarle con el ceño fruncido.
— No utilices esa mierda de control de la
mente conmigo.
— ¿No me deseas?
Demi simplemente le miró con el ceño más
fruncido aún. Él sabía que le deseaba. No hubiera podido entrar en su mente si
no lo hubiera hecho. Cálmate, eso no ha tenido importancia. Bastantes
dificultades estaba teniendo para controlar sus deseos y el hecho de que él
tomara el control de su mente para que cediera ante ellos, no ayudaba. ¡Y había
entrado tan callada y fácilmente!
El ascensor se detuvo, abriendo las puertas
y Joe agarró su mano y la sacó fuera.
Demi trató de parar sus pies cuando el la
arrastró por el pasillo.
— Joe. Solo una hora más en la fiesta. Una
hora. Luego podemos ir a visitar el banco de sangre y atender tu pequeño
problema. No podemos... Okey, media hora. —Dijo desesperadamente, cuando él
paró ante su puerta y usó su tarjeta para abrirla.— ¡Media hora más en la
fiesta!
La llevó hacia el interior, empujando la
puerta hasta cerrarla, luego caminó hacía el sofá.
— O tal vez podríamos hacer una rápida
visita al banco de sangre ahora, y luego regresar a la fiesta. —Imploró Demi. Joe
se dejó caer para quedar sentado en el sofá, sosteniendo aún su mano.— Podemos
atender tu necesidad de sangre y luego
regresar...
— Demi. —La interrumpió Joe.
— ¿Qué? —Preguntó cautelosa.
— No necesito sangre. —Tiró de ella, haciéndola caer en su regazo— Solo te
necesito a ti.
Demi no tuvo oportunidad de responder; Joe
se lo impidió sellando sus labios con los de él. Al principio mantuvo su boca
cerrada, ignorando la tentación de besarle completamente, luchó para mantener
el control. Pero sus labios no eran lo único que movía..., uno de sus brazos
fue hacia su espalda, sus dedos se deslizaron por el lateral del vestido
acariciando suavemente la piel de debajo de su brazo y el exterior de su pecho.
El otro trabajaba activamente en los nudos que tenía el vestido en los
hombros.
Demi gimió profundamente en su garganta, consiguiendo
mantener los labios cerrados, entonces uno de los nudos de su vestido se
deshizo y luego el otro. La tela cayó alrededor de su cintura y Joe dejó el
intento de besarla e inclinó la cabeza hacia sus pechos.
— Maldición. —Demi inspiró cuando el chupó
un pezón y luego el otro— Regresemos a la fiesta.
Agarrándole por el pelo, le inclinó la cabeza hacia atrás y le besó
insaciablemente. Esta noche era para estar juntos. Chuck y su trabajo podían
irse al infierno. Iba a aprovechar bien la ocasión.
Demi escuchó a Joe gruñir en respuesta a su
rendición. Luego se movió con pasión. Sus manos estaban en todas partes,
acariciando sus pechos, su cintura, sus caderas, deslizándose hacia la parte
superior de sus muslos.
Demi no estaba satisfecha siendo simplemente
receptora de su toque, y con su ayuda se colocó a horcajadas sobre él en el
sofá, empujando la estrecha falda de su vestido por sus piernas hasta sus
caderas. Quiso tocarle y saborearle por todas partes. Rompiendo su beso, se
inclinó y se dispuso a quitarle la ropa. Le desabrochó la capa, empujándola
fuera de sus hombros, también le desabotonó la chaqueta del esmoquin.
Dejando ambas prendas en un montón detrás
del sofá, se lanzó a por la camisa. Suspiró cuando por fin le tuvo desnudo de
cintura para arriba. Deslizándose fuera de su regazo, se arrodilló en el suelo
entre sus rodillas y prestó atención a sus pantalones. Cuando le desabotonó y
le bajó la cremallera, Joe hizo ademán de levantarse, pero Demi se inclinó
hacia adelante, impidiéndoselo. Empujó sus pantalones hacia abajo, junto con
los bóxers y tomó su erección. Joe se sacudió con fuerza abriendo la boca,
cuando ella lo tomó en su boca, gimió cuando sus labios recorrieron toda su
longitud de arriba a bajo otra vez.
— Demi. — Gruñó, metiendo las manos en su
pelo. Parecía no poder decidirse sobre lo que iba a hacer. Sospechó que quería
levantar su cabeza, pero que no podía hacerlo y que simplemente pudo agarrarse
y permitirle a ella darle placer. La dejó hacerlo un minuto o dos, después
presionó para separar su cabeza.
Él gruñó de nuevo, con la cara tensa, y Demi
supo que había despertado a la bestia. Cogiéndola de un brazo se levantó,
llevándola con él; después le rozó apenas los labios en un beso, mientras sus
manos le empujaban el vestido, caderas abajo. Apenas tocó el suelo cuando
agarró la frágil tela de sus bragas y dio un tirón, desgarrándolas limpiamente.
Demi se quedó sin aliento y tembló. Luego su mano estaba
allí, sus
dedos introduciéndose entre sus piernas. Cerró los ojos con fuerza ante su
toque, consciente de que las piernas no la mantendrían de pie mucho tiempo más.
Joe pareció darse cuenta también, porque rompió el beso y la dio la vuelta
hacia el sofá. Empujándola la colocó sobre las rodillas, situándose el mismo
detrás, inclinó la espalda de Demi hacia adelante y se introdujo en ella
rápidamente.
Demi gritó y agarró el respaldo del sofá,
cuando él se deslizó dentro de ella. Gritó otra vez cuando alzó sus brazos, uno
se situó bajo sus pechos, para sujetarla y el otro se deslizó entre sus
piernas, mientras continuaba moviéndose dentro y fuera de ella.
Esta pasión fue apresurada y enérgica,
abrumándoles rápidamente a ambos. Demi no sintió como Joe la mordía, pero
definitivamente sintió cuando extendió en su mente la pasión que le invadía.
Balanceándose al borde de la culminación, Demi se zambulló en ella, gritando
cuando llegó al éxtasis. El placer de Joe se unió al de ella en su mente. Pero
el sonido pareció débil en sus oídos y Demi temió estar a punto de...

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