Demi suspiró pesadamente.
Girándose hacia Joe con determinación, por su
agotado estado, sabía que no podía ser bueno.
Y sus primeras palabras no le tranquilizaron.
— Tengo un plan.
* * * * *
— ¿Qué tienes en el bolso? —Joe preguntó
con aturdimiento cuando abandonaron el hotel.
— Cosas. —Contestó Demi escuetamente.
Ella no estaba contenta con él en este momento,
porque él no había aceptado inmediatamente su plan.
La había escuchado hasta el final,
con una expresión de incredulidad en su cara,
luego había intentado hablar con ella. Él había
hecho todo lo posible para convencerla de que lo dejara morder a un par de invitados
de la conferencia, el pensamiento de su plan era mucho más complicado,
pero ella pareció ofendida de que él hasta lo
considerara.
Él brevemente se había preguntado si su
trastorno podría ser porque no le gustó la idea de obtener de otra mujer los placeres
él había tenido con ella, pero
luego había abandonado ese pensamiento. Ella ya sabía,
gracias a ese paseo mientras él intentaba dar de
comer a Taylor, que
no tenía que molestarse con esos métodos. Supuso que ella solamente estaba
ofendida en su parte humana. La
gente no se fijaba que mataban a los bebes de las vacas para comer ternera,
pero les parecía molesto la idea de ser el alimento de ellos mismos.
— Si esto es demasiado pesado,
sería feliz de llevarlo.
— Como te dije
arriba. —Agrego Demi a través de
sus apretados dientes.
Joe sintió que una sonrisa amenazaba su
irritación. Hizo retroceder esta
necesidad inmediatamente. Raras
veces sonreía. Aclarándose mentalmente que ese
deseo era un síntoma de su estado,
por lo que cambió la mochila a su otra mano. La
mujer, claro no lo iba a dejar tranquilamente. Después de más de una hora de
discusión, Joe finalmente había
cedido ante su plan. Sobre todo porque
estaba privado de comida, ella
era muy obstinada, y este era el
único modo de salir de su habitación. La conocía
lo suficiente para saber que le acosaría hasta que él estuviera de acuerdo.
Habiendo aplacado y acordado intentar su
plan de suministrarle una comida colectiva y anónima,
sin embargo, no que decir que Joe hubiera dejado
de ser cortes. Cuando ella había
elaborado – la mochila
de trucos, – como ella se había referido, él inmediatamente había insistido en
llevarla. Demi pareció ver su
movimiento como si tuviera muy poca fuerza. Ella podría llevar sus propios
bolsos, muchas gracias. Pero él aún así
no la dejaría.
Jesús,
pensó Joe. Las mujeres modernas son peor que un
dolor...
— Aquí estamos.
—Anunció Demi, conduciéndole a un taxi.
Ella le dio al conductor una dirección cuando Joe
la siguió dentro. Al parecer,
había estado investigando. Obviamente creía estar preparada,
justo como Nick.
A pesar del dolor que sufría,
Joe sintió en sus labios un leve estremecimiento.
No lo podía evitar;
Demi era ni más ni menos que maravillosa .
No fue un paseo largo.
Cuando el taxi paró y Joe bajó, se encontró que estaban
parados en frente de un restaurante, de
entre todos los lugares. Joe estuvo de pie mirando fijamente y desconcertado al
ver el edificio hasta que Demi lo empujó.
— Demi,
creo que estamos en un lugar equivocado. —Dijo
parado al lado del taxi.— Yo
no veo nada.
— Precisamente. —Ella tomó su
brazo y lo dirigió hacia arriba en la calle.—
No quise que el taxi nos dejara justo enfrente, en
el caso de que nuestra pequeña aventura saliera en los periódicos de la mañana.
El taxista podría haberse recordado que nos
recogió y donde nos dejó, y
entonces podrían seguirnos hasta el hotel. Ahora,
no hay que preocuparse. —Su voz era frágil. A
pesar de ser su idea, parecía estar
bastante tensa.
— Ah. Bien
pensado. —Murmuro Joe. Él
no quería señalar como iban vestidos, por
no mencionar el tintineo metálico de la mochila que llevaba,
los recordarían en cualquier lugar.
Y dormir en un par de edificios más abajo no sería
de muy poca ayuda. De todos modos
esto no sería un problema. Joe
se ocuparía de esto. No tenía ninguna
intención de poner en peligro a Demi.
Él descubrió el edificio que buscaban,
pero Demi agarró su brazo y le condujo por delante
de el. Estuvo a punto de preguntar por qué, cuando de repente ella echó a
correr por un callejón a lo largo de la parte frontal del edificio.
— Recorrí este
lugar antes de ir de compras. —Susurró mientras ella se escondía abajo en el
callejón, arrastrándole a él detrás de ella su mano que parecía una garra
cuando atrapó su muñeca. Andaba de forma
bastante peculiar; agachándose como si
pensara que reduciría la posibilidad de ser vistos.
Joe miró su comportamiento algo aturdido, y
se preguntó si su mente, por lo general sensible, se hubiera quebrado.
Seguramente ella pensaba que si andaba de esa
forma serían menos visibles, y
él echándole una mirada de refilón le dijo que no lo estaba consiguiendo.
Pero al parecer no sirvió de nada.
Él suspiró cuando la punta de su zapato
golpeó una piedra y enviándola a lo lejos, pasó casi rozando a Demi.
Ella irrumpió la carrera,
arrastrándole con ella hasta que alcanzaron los
contenedores de basura a mitad de camino del callejón.
Lo colocó detrás de estos, luego se agachó allí,
mirando con temor a su alrededor .
— ¿Escuchaste eso? —Preguntó ella en un
susurro.— Pensé que había oído
algo. No veo a nadie,
aunque. Tal
vez solo fuera un gato o algo parecido.
— O una rata.
—Joe se inclinó para susurrarle en su oído.
Sabía que era malvado por lo que acababa de hacer,
especialmente cuando él sabía lo que ella había
oído. Pero simplemente no
podía dejarlo pasar. Era tan fácil gastarle una broma.
No había tenido mucha diversión desde...
bueno, siglos,
comprendió con cierta sorpresa.
— ¡Una
rata! —Demi
se enderezó bruscamente, su cabeza se
golpeó con la parte inferior de su barbilla.
Joe se retiró hacia atrás.
Estremeciéndose, se frotó el punto hasta que Demi
agarró su cabeza, emitiendo un grito de dolor.
Que ella cortó casi inmediatamente,
desde luego, pero
todavía, Joe no podía menos de
pensar que quizás la cautela estaba más allá de todo este esfuerzo.
Demi no llevaba muy bien esto de perpretar un
crimen.
— Shh. —Dijo
ella severamente, como si Joe
hubiera sido el que acabara de soltar el maullido.
Joe se colocó a cierta distancia,
su mirada en cambio se posó con interés en la manera
en como ella tiraba dos gorros de lana de su mochila.
Colocándose uno
sobre su cabeza y tapando con el parte de su cara.
Era un pasamontañas. Cuando ella por fin tuvo los
agujeros ajustados a sus ojos, mostrando a la vez sus labios.
Demi le dio a él otro.
— Póntelo. —Pidió ella.
Tomando la mochila que él sostenía, la puso sobre
la tierra con un sonido seco y metálico.
— No me voy a ponerme esto.
—Dijo él con desdén.
Demi se levantó con un suspiro de
impaciencia.
— Póntelo,
Joe. No quiero abrir los periódicos mañana y encontrar
tu pálida cara fulminándome con la mirada detrás de mí.
— Como podría.
— Cámaras de
Seguridad. —Interrumpió ella con
gravedad.
Joe resoplo.
— Ellos apenas
tendrán cámaras de seguridad en...
— Todo el mundo
tiene cámaras de seguridad por todas partes hoy día.
—Le interrumpió otra vez— Bájatelo hasta abajo.
Refunfuñó por lo bajo,
Joe se rindió.
Asumiendo que era una cosa estúpida,
parecería un idiota, y estaba agradecido que ningún miembro de su familia
estuviera aquí para atestiguarlo. Kevin en particular habría disfrutado
burlándose durante décadas. Saber
que Demi no podía ver su ceño no evitó que le dirigiera una particularmente
feroz hacia ella. No, ella no lo
notó; estaba realmente ocupada
examinando lo que había en el interior de su mochila. Había algo horrible que
se golpeaba y sonaba continuamente.
¿Qué diablos había traído ella?, se
preguntó con irritación.
— En tus años de vida,
—comenzó a decir con un tono de retintín—Supongo
que no has aprendido nada sobre el robo, ¿verdad?
— Una cosa o dos.
—Admitió Joe.
— Bien. —Pareció
algo aliviada— Por que todo lo
que sé sobre ello es lo que he visto por la TV.
Joe arqueó una ceja, pero ya que esta vez
él sabía que ella no podía verlo, dijo en un tono solemne.
— Uno nunca lo creería.
— Es la verdad. —Le dijo con seriedad.—
Me gusta bastante la policía,
y solamente me fijo en ellos. Espero haber
conseguido lo que necesitamos. No
estaba segura. Solo me metí en
una ferretería y agarré todo lo que me parecía útil.
Ah. Esto explicaba
por qué ella no había asistido a la reunión.
Joe se arrodilló a su lado y miraron detenidamente
lo que había en su mochila. La
primera cosa que él vio fue varios objetos largos, puntiagudos. Se parecían a
los destornilladores, pero con la punta afilada.
Había varios de ellos, en varios tamaños.
— ¿Leznas? ¿Para
qué son?
— Son afiladas,
con su punta rompían cosas por TV.
—Explico Demi—
Para abrir cerraduras. —Ella hizo una pausa,
con expresión pensativa.— O con las tarjetas de
crédito. —Frunció el ceño brevemente, entonces maldijo.—
Ya sabía que debería de haberme traído el
monedero.
Joe realmente no le prestaba atención;
siguió revisando el bolso.
— ¿Una llave
tubular? —Preguntó, levantando la más grande,
un pesado instrumento de fontanero.
Demi se mordió su labio y cambió de
posición incómodamente.
— Pensé que tal vez si no podías abrir las
cerraduras, podrías romper una ventana.
Joe arqueó su otra ceja,
luego sacó un rollo...
— ¿Cuerda?
¿Y Cuerda, Demi? ¿Para qué necesitamos la cuerda?
— En caso de que
tuvieras que salir por una ventana del segundo piso.
—Explicó defensivamente.
— Es un edificio de una planta.
—Indicó.
— Oh, sí.
—Miró detenidamente al edificio descontenta,
como si el edificio hubiera perdido una planta
mientras ella no lo miraba.
— Pensé que habías
investigado el lugar.
— Y lo hice.
Solamente... —Ella
agitó sus manos nerviosamente—. De acuerdo,
no tendrás que bajar por ninguna ventana. Podrías
atar a alguien, no crees.
— Hmm. —Joe
alcanzó el siguiente artículo.— ¿Cinta
aislante? —Sacó un rollo de la cinta plateada.
Incluso en la oscuridad,
podía ver su rubor.
— Papá siempre me
decía que no había trabajo donde la cinta anti-conducción no fuera práctica.
—Dijo sin mucha convicción. Luego enderezó sus hombros y agregó.— Puedo pegar
los cristales antes de que lo rompas, si
tienes que romperlo. Esto reduciría el
ruido y los cristales. O si tenemos que
atar a alguien, con la
cinta sería imposible desatarse.
— Pensé que la cuerda era para atarlos.
— Vale. —Dijo con irritación.—
Usa la cuerda para atarlos.
Puedes utilizar la cinta para amordazarlos y así
tener sus bocas cerradas.
Joe casi se rió en voz alta, pero logró
contenerse. Obviamente ella había
considerado cada eventualidad. Excepto una. No necesitaba ninguna de estas
tonterías. Metió todos los objetos
dentro de su mochila, Joe la cerró, y
se levantó.

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