—
Bien, eres un vampiro adulador. ¡Tú serás el atractivo protagonista!
Joe
logró no estremecerse, pero no era un vampiro feliz. Había disfrutado del rock
'n' roll la noche anterior, pero realmente no estaba de humor para celebrar
esta noche. Y ser el atractivo protagonista sonaba bastante alarmante.
— Creo que lo tenemos todo listo.
Demi asintió ante el comentario de Allison,
cuando prestó atención a su trabajo ya terminado. Los manteles negros, las
rosas rojas como la sangre sobre cada mesa y la sombría iluminación. Estaba
listo.
— Deberías ir a cambiarte. Los invitados
empezaran a llegar dentro de media hora, y se supone que Joe y tú debéis estar
en la puerta para recibirlos. —La avisó el editor jefe. Demi hizo una mueca,
afirmando con la cabeza y gesticuló hacia Taylor, indicándole que era hora de
irse. Saliendo ella misma del salón de baile.
Allison, Chuck, Tom y Deeana ya estarían
vestidos; habían ido desapareciendo uno a uno para ir a ponerse sus disfraces,
dejando que otros terminaran con la decoración. Demi y Taylor fueron los únicos
que no se marcharon. Demi se había quedado deliberadamente. No esperaba con
ilusión el momento de decirle a Joe que era la estrella principal de la fiesta.
Sabía que no le iba a gustar, y después de la risa y la pasión que habían
compartido, era terrible para ella volver a enfrentarse a un molesto y
malhumorado Joe.
— Date prisa. —Le dijo Taylor cuando
salieron del ascensor.— Joe lleva arriba bastante tiempo. Seguro que nos lleva
mucho adelanto.
Demi consiguió la fuerza necesaria para
lanzarle una sonrisa a su compañero. Solo esperaba que estuviera en lo cierto.
Se sentía culpable por no habérselo contado a Joe desde el principio, y haber
sido una cobarde.
La fiesta vampírica no había sido idea
suya. Había sido idea de Chuck. Consideraba que era un brillante acto para
promocionarle, y cuando Demi había intentado que cambiase de opinión,
diciéndole que Joe no era muy sociable y que podría sentirse agobiado, Chuck
había pasado como una apisonadora sobre sus protestas. Incluso había ignorado
el hecho de que los asistentes a la conferencia tendrían poco tiempo para
prepararse y cambiar el disfraz, pues la fiesta había sido originalmente
planeada para que fuera de espías. Demi se puso enferma solo de pensar que la
mitad de los asistentes podían aparecer disfrazados de espías y la otra mitad
con capas de vampiro. ¡Todo esto podía tornarse ridículo!
Estas preocupaciones se desvanecieron de su
mente cuando se detuvo a la entrada de la suite. Taylor deslizó su tarjeta para
abrir la puerta y entró en la habitación. Inmediatamente vio a Joe. Estaba
sentado en el sofá, mirando la televisión. Tenía el pelo mojado y llevaba
puesta una bata. Obviamente, esperando para terminar de vestirse. Al principio
no advirtió su entrada, en lugar de eso parecía muy interesado en lo que fuera que
estuviera observando. Una mirada horrorizada se reflejaba en su cara. ¿Que
estaba viendo?
Demi echó una ojeada a la televisión,
reconociendo una repetición de Buffy La Caza Vampiros.
Repentinamente Joe se irguió en su asiento,
mientras un sonido de aversión salía de sus labios. Se pareció muchísimo a
“perra”, pero no estaba segura.
Consciente de que tenían muy poco tiempo
para arreglarse para la fiesta, se aclaró la voz.
— ¿Er, Joe?
La recorrió con la mirada repentinamente,
con un semblante ceñudo.
— ¿Has visto eso? Buffy acaba de estacar a
ese pobre vampiro. Ni si quiera había tenido tiempo de hacer nada malo,
simplemente salió de su tumba y ella lo estacó. No hay derecho. Traslada los
problemas que tiene con ese tipo, Ángel, y lo paga con los vampiros, eso es lo
que hace. —Masculló Joe con una maldición cuando se volvió hacia la pantalla.
Un pequeño estallido de risa se escapó de
los labios de Taylor, cuando se encaminó hacia su cuarto.
— Urn, voy a prepararme.
Demi se mordió los labios cuando le observó
irse.
— ¡Mira! —Joe chasqueó con la lengua
mientras se relajaba otra vez en el sofá.— No es la primera vez que lo hace. Es
feliz estacando. Lo va haciendo por todos lados. El personaje de Buffy es así.
— ¿Joe? —Le interrumpió Demi.
— ¿Hmm? —Preguntó. Su mirada permanecía
todavía fija en la pantalla.
— Tenemos que arreglarnos para marcharnos.
— Si, ya me di una ducha y me afeité,
solamente tengo que vestirme. Estaba esperando que vinieses para decirme que
tengo que ponerme. No sabía si ibas a traer otro disfraz. ¡Oh, lo ha vuelto a
hacer! —Dio una patada y lanzó una intensa y furiosa mirada a la pantalla.—
¿Quién escribe esta tontería? No nos convertimos en bestias babosas cuando
mordemos, y ¿me convertí en una bocanada de humo cuando me clavaron una estaca?
No. No, caracoles. Esta es una tontería vergonzosa. Simplemente ridícula. Debo
escribir y...
Demi no escuchó el resto. Dejó a Joe
agitando su puño hacia la televisión y huyó en desbandada hacia su cuarto, para
recoger el disfraz que había alquilado para él. Así que, Joe había descubierto
la televisión. Realmente era una vergüenza. Y era culpa suya. Había insistido
la primera noche en que viera la televisión.
Todavía estaba vociferando acerca de
escribir a quienquiera que estuviera a cargo de la serie de Buffy y ponerlos al
orden, cuando Demi regresó. Se paró un momento a su lado y negó con la cabeza
tristemente.
— Supongo que debería de estar agradecida
de que aún no hayas descubierto los deportes. Los hombres se vuelven imposibles
cuando ven a fenómenos deportivos. —Comentó.
Joe arrancó la mirada de la TV y bufó.
— Los deportes. Vi lo que vosotros los
humanos llamáis deportes. Sheesh. Si quieres ver deporte, deberías ver una
justa. Eso es deporte. Encuentros ganados, vidas perdidas, sangre derramada.
—Su mirada descendió hacia la bolsa que ella sujetaba.— ¿Es para mí?
— Si
—Demi se lo entregó. Comenzó a marcharse dando media vuelta, pero se quedó sin
aliento ante la sorpresa, cuando le atrapó la mano y tiró de ella. Aterrizó en
su regazo con un plaf desgarbado. Antes de que tuviera tiempo de recobrarse, su
boca cubrió la de ella y la sometió a un minucioso beso.
— Oh —Suspiró cuando terminó. Su cabeza le
daba vueltas. Sin saber como, sus brazos habían subido hasta su cuello,
enlazándole y su cuerpo se pegaba al de él como una camisa mojada.
— Hola. —Gruñó el vampiro. Deslizando la
mano hacia arriba por el interior de su pierna, se detuvo un momento para
acariciar la marca del mordisco que le había dejado en la parte superior de su
muslo.
Demi se puso rígida y se contoneó cuando un
agudo dolor comenzó entre sus piernas.
— ¿Te duele? —Le preguntó quedamente,
frotando sus dedos sobre la marca.
— No —Trató de detenerle, pero la estrecha
falda de su traje de calle permaneció estrechamente sujeta por encima de sus
piernas. No podría ponerle ningún obstáculo.
Él comenzó a mordisquear su oreja, y sus dedos se
deslizaron aún más arriba por su pierna.
— Joe. —Protesto Demi, sonando de manera
insegura. Intentó conseguir un tono más firme.— Tengo que arreglarme.
Joe gruñó y resbaló un dedo bajo el
elástico de sus bragas.
— Me sientes.
— Oh —Se arqueó ligeramente bajo su caricia. Con su
cuerpo ansioso por sentir un poco de la magia de esa misma mañana. Su mente,
sin embargo, la sermoneaba. La fiesta. Joe era el invitado de honor. Y Taylor
estaba precisamente al otro lado de la puerta. Este último pensamiento, más que
cualquier otro, la hizo levantarse de su regazo y alejarse de su contacto.
— Tengo que vestirme. —Dijo bruscamente.
Entrando precipitadamente en su cuarto, cerró de un portazo impidiendo
cualquier comentario que él pudiera haber hecho; luego se apoyó contra la
puerta, con su mano en el pecho. Jadeaba como si hubiera corrido una maratón,
con sus piernas temblando y con su piel hormigueante. Joehó contra sus
instintos, que la pedían a gritos tomarle de la mano y arrastrarle hasta la
cama. De hecho, le resultó muy duro no hacer precisamente eso. Pero el deber la
llamó.
El deber. Suspiró. Todavía no le había dicho que era el
protagonista de la fiesta de aquella noche. Ahora estaba contento, pero no lo
estaría una vez que se enterara de en donde le había metido.
Obligándose a no pensar en eso, se apartó
de la puerta con esfuerzo. Tenía que arreglarse. Había traído de casa un
vestido de noche, negro. Se vistió con la fina seda negra, luego usó maquillaje
para darle a su piel un tono muy blanco, como de porcelana china, antes de
añadir un color de labios rojo como la sangre. Y para terminar soltó el pelo
que llevaba sujeto en un moño y lo cepilló hasta que cayó alrededor de sus
hombros en suaves ondas.
Decidiendo que no podía estar más preparada
de lo que ya lo estaba, cogió los dos pares de colmillos que se había traído de
Nueva York y salió de la habitación.
Joe estaba de pié en la sala de estar,
vestido y preparado para salir. Demi sintió como se le escapaba un suspiro al
verle. El hombre estaba absolutamente delicioso, con el esmoquin y la capa que
le había traído. Era la fantasía de todas las mujeres. Realmente deseó no estar
a punto de enfadarle con las noticias que le tenía que dar.
— Estas bellísima. —Dijo Joe con
solemnidad.
Demi forzó una sonrisa y caminó hacia
adelante, tendiéndole una de las dentaduras.
Joe miró los colmillos de plástico barato
que ella le ofrecía, y después se puso rígido. Su mirada se levantó hasta su
cara.
— Por favor, dime que bromeas.
Demi se mordió los labios para reprimir la
explosión de risa que sintió en esos momentos. Se veía horrorizado ante el
pensamiento de llevar puestos los pegajosos colmillos.
— Todo el mundo los llevará puestos. —Le
informó.— Es una fiesta de vampiros.
— Tengo mis dientes. —Dijo con dignidad.
— Lo sé. Pero nadie espera eso. Por favor,
simplemente póntelos. ¿Me haces el favor? —Le tocó el brazo.
La mirada de él quedó fija en sus labios,
distrayéndolo; después suspiró con exasperación.
— Oh, muy bien.
Le arrebató un par de colmillos y se los
metió en la boca. Luego procedió a moverlos de un lado para otro, gesticulando
y corrigiendo su situación para colocarlos de manera que no le molestaran.
— Vees ore
asrocious.
Demi dejó de lado el hecho de que no se le
entendía. Decírselo solo conseguiría que aumentaran sus protestas; se encogió
de hombros y se metió el segundo par de colmillos en su propia boca, luego
comprendió exactamente lo que la decía. Eran horrorosas. Eran condenadamente
incómodos. Eran tan malos que consideró dejar en la habitación los dos pares.
Taylor entró vistiendo su esmoquin y su
capa.
— Estáis geniales.
Les sonrió a ambos, revelando un par de
colmillos increíblemente realistas.
Inmediatamente Joe frunció el ceño.
— ¿Ouee? Es eeth ook eal. Uno un omorta-ul pastic
amn ight
Demi intentaba traducir sus palabras cuando
Taylor dijo sobresaltado:
— Demi mujer, ¿dónde has conseguido esos
colmillos? Sheesh. Esos son tan anticuados que no resultan graciosos.
Demi se enfadó ante la traición de su
amigo. Optando por ignorar a ambos hombres, se dirigió hacia la puerta,
diciendo:
— Vámonos, no quiero que lleguemos tarde.
—Al menos trató de decir eso. Porque en realidad lo que dijo fue más o menos: et's o ah own an oo ee ate. Suspirando cuando Taylor estalló
en risas, abrió la puerta y salió fuera.
Joe se quitó los dientes en el ascensor,
pero Demi logró convencerle para que se los pusiera de nuevo. Luego se quito
los suyos y aclarándose la garganta dijo:
— Joe, realmente debería haber mencionado
esto antes, pero...
— Yo un temor uh oco oin uh uh.
— ¿Qué? —Taylor le miró boquiabierto, luego dirigió su mirada
a Demi —¿Qué
ha dicho?
— Ha dicho, “soy el invitado de honor en la
fiesta”. —Le contestó distraídamente. A su vez le preguntó a Joe.— ¿Cómo lo has
sabido?
Joe escupió sus dientes antes de contestar.
— Me lo dijo Jenny.
— Oh —Demi se mordió el labio y examinó su
cara, mientras intentaba
deducir porque no estaba enojado.— No fue idea mía. —Le dijo quedamente.
— Es verdad. Fue idea de Chuck. Demi
intentó hacerle cambiar de opinión.
Cuando Joe se limitó a inclinar la cabeza,
sin decir nada, Demi frunció el ceño.
— ¿No estás enfadado?
Se encogió de hombros.

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