miércoles, 14 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 38


La sonrisa de Lady Barrow se congeló. Sus ojos se dispararon hacia abajo donde la falda de Jenny escondía la mesa, luego viajaron hacia la cara alarmada de la escritora, luego se deslizaron hacia la expresión avergonzada de Joe. Antes de que ella pudiera decir una palabra, la voz de Demi sonó otra vez. Estaba irritada y cortante.

— ¡Demonios, Joe! En el momento en que yo te desenganche, insisto en que te saques estos malditas alfileres. Son una maldita molestia.

— El calzón de Joe se enganchó con el mantel. —Espetó Jenny, mientras Lady Barrow abría su boca.— Demi está tratando de liberarlo.

— Su calzón quiere decir. —Agregó Beth servicialmente.— Demi está tratando de liberar su calzón del mantel. No a él del calzón.

— Ya veo. —Murmuró Lady Barrow, viéndose para nada segura de como manejar la situación. Su espanto duró sólo un momento, sin embargo, luego gesticuló a Jenny para que se volviera a un lado, sacó al mantel del camino, y se arrodilló para asomarse bajo la mesa.— ¿Puedes ver ahí, Demi, o tendré que pedirle a alguien que traiga una luz?

Joe sintió que la mano de Demi se cerraba sobre él con alarma, y él cerró sus ojos con un gemido.

— ¿Lady Barrow? —La voz de Demi sonó increíblemente pequeña.

— Sí, soy yo. ¿Necesitas luz ahí abajo?.

La maldición amortiguada que vino de abajo de la mesa fue casi ahogada por completo por una repentina carcajada de arriba. Joe abrió sus ojos para ver a Taylor cubriéndose la boca. El hombre estaba perdido. Joe supuso que no lo podía culpar. Si no estuviese en el centro de la debacle, entonces él podría encontrarla horrendamente divertida también. Pero él la encontraba terrible.

Joe no pudo oír la respuesta mascullada de Demi a Lady Barrow, pero debió ser afirmativa, pues la mujer se enderezó, miró alrededor, luego mandó a uno de sus trabajadores a buscar una linterna. El hombre salió como una bala; luego Lady Barrow se giró para examinar la expresión dolorida de Joe. Ella palmeó sus hombros apaciguadoramente.

— No importa. Este tipo de cosas nos ha pasado a todos en algún momento. —Su boca hizo un gesto como de excusa.— Bueno, no precisamente este tipo de cosas, pero tú sabes lo que quiero decir.

Joe gimió y cerró sus ojos nuevamente. Luego una voz fanfarrona dijo:

— Bueno, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué están todas mis escritoras amontonadas?.

Demi reconoció la voz de Chuck Morgan y podrías haber llorado. En lugar de eso, recostó su cabeza débilmente sobre la rodilla de Joe y se preguntó si la situación podría posiblemente ponerse peor. Primero Lady Barrow fue testigo de este evento humillante, y ahora el presidente de la compañía había llegado. ¡Oh, ella realmente impresionaría a sus superiores con este congreso! Todo era mucho más fácil cuando Edwin había estado al cargo y ella sólo había sido una asistente.

¿Qué? —El rugido horrorizado de Chuck debió ser oído probablemente desde una punta de la recepción hasta la otra, pensó Demi, y a juzgar por la forma de la conversación general y por la repentina aquietada risa, ella supo que estaba en lo correcto. Dios querido, pronto todo el mundo iba a saber que ella estaba allí abajo.

Demi oyó la voz de Lady Barrow, sostenida y firme, y sonrió. Nadie podía ser tan amable como Kathryn, pero ella no era una mujer para tomar a la ligera y ella no tenía miedo a nadie, hasta donde Demi sabía. Ella probablemente pondría a Chuck en su lugar por llamar la atención de todos a lo que había tratado de esconder, y Demi podría haber abrazado a la mujer.

— ¡Allí estas! —Oyó a Lady Barrow exclamar.— Gracias.

El mantel se levantó, y la mujer apareció. Para el asombro de Demi, con la linterna en la mano, Kathryn Falk, Lady Barrow, se arrodilló y se deslizó debajo de la mesa al lado de ella.

— Hace calor aquí abajo, ¿no es cierto? —Comentó amigablemente como si hiciera esta clase de cosas todos los días. Lady Barrow se acomodó, prendió la luz, alumbró donde el mantel y el calzón estaban enganchados, luego inclinó la cabeza solemnemente a Demi.— Hazlo chica. Cuanto antes lo desenredes, antes podremos salir de aquí.

Era más fácil decirlo que hacerlo. Joe estaba bien y verdaderamente enganchado. Por lo menos tres de la media docena de los alfileres de su calzón estaban enganchadas en varias partes del mantel. Uno de los alfileres probablemente se había trabado primero, luego Joe al tirar había enganchado los otros. Llevó un poco de trabajo liberarlos.

Lady Barrow permaneció pacientemente, continuando con la luz estable, teniendo la tela fuera del camino cuando Demi necesitó una mano extra, dando consejo y diciendo un chiste ocasionalmente para aliviar la tensión del momento. Sin embargo, aun con su ayuda pareció una extremadamente dura experiencia. Y embarazosa también. Por mucho que ella quisiera evitar tocar el calzón de Joe, era imposible, y la mayoría de las veces ella lo estaba sosteniendo en su mano. Ella notaba terriblemente la dura carne debajo mientras giraba el material de un lado a otro, tratando de desenganchar todos los alfileres sin que otros quedaran atrapados. Ella ni siquiera quería adivinar como se sentía Joe. Tenía que ser una horrible tortura.

Si Demi no se detenía pronto, Joe posiblemente iba a avergonzarse a si mismo allí en la mesa con todos mirando. Ella no lo estaba tocando de ninguna forma sexual, pero el sólo hecho de que ella estuviera entre sus rodillas y cambiándolo de posición, hacía que reaccionara como un adolescente. Él había vivido un largo tiempo, pero Joe nunca se había encontrado en una situación así antes. Y le rogaba a Dios no estarlo nunca más.

— ¡Aquí hay otro libre!

La voz de Demi vino de debajo de la mesa, y todos los que estaban alrededor hicieron ruidos. Joe supuso que eran de felicitación y aliento. Él trató de no contonearse en su asiento mientras ella lo agarraba nuevamente para cambiarlo de posición. Generalmente sus erecciones no apuntaban hacia ese lado, pero él supuso que ella trataba de alcanzar el último alfiler. Mirando hacia bajo, él realmente podía ver los dedos de ella envueltos alrededor de él, donde se asomaban por debajo de la tela. Él miró hacia arriba, a Jenny y la vio mirando atentamente su regazo. Él compuso una sonrisa lastimera.

— ¡Oh, Dios mío!

Esa exclamación de una de las otras escritoras atrajo la atención de Jenny y la de él. Era Beth, y ella lucía absolutamente horrorizada. Joe sintió a su corazón hundirse. Él había pensado que la llegada del presidente de la compañía de Demi era la peor cosa que podía pasar, pero la expresión de la escritora sugería otra cosa.

— ¿Qué es? —Preguntó él, decidiendo que lo mejor era enterarse.

— ¿Conoces a esas personas de los documentales? ¿Los que han estado filmando todo? —Preguntó ella.

— No. —Joe no había oído de ningún documental que estuviese siendo filmado.

— Ellos están siempre haciendo documentales en las conferencias R.T. —Agregó Jenny.— Adoran filmar a todas las mujeres y la gala o algo así.

— Si, y no mires ahora, pero están viniendo hacia acá. Y también ese fotógrafo del periódico local.

— ¡Oh, Dios! —Murmuró Jenny.— Probablemente está buscando a Lady Barrow. Él ha estado rastreándola toda la noche.

— Demonios. —Dijo Joe entre dientes. Definitivamente todo había empeorado.

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