La
sonrisa de Lady Barrow se congeló. Sus ojos se dispararon hacia abajo donde la
falda de Jenny escondía la mesa, luego viajaron hacia la cara alarmada de la
escritora, luego se deslizaron hacia la expresión avergonzada de Joe. Antes de
que ella pudiera decir una palabra, la voz de Demi sonó otra vez. Estaba
irritada y cortante.
—
¡Demonios, Joe! En el momento en que yo te desenganche, insisto en que te
saques estos malditas alfileres. Son una maldita molestia.
—
El calzón de Joe se enganchó con el mantel. —Espetó Jenny, mientras Lady Barrow
abría su boca.— Demi está tratando de liberarlo.
—
Su calzón quiere decir. —Agregó Beth servicialmente.— Demi está tratando de
liberar su calzón del mantel. No a él del calzón.
—
Ya veo. —Murmuró Lady Barrow, viéndose para nada segura de como manejar la
situación. Su espanto duró sólo un momento, sin embargo, luego gesticuló a Jenny
para que se volviera a un lado, sacó al mantel del camino, y se arrodilló para
asomarse bajo la mesa.— ¿Puedes ver ahí, Demi, o tendré que pedirle a alguien
que traiga una luz?
Joe
sintió que la mano de Demi se cerraba sobre él con alarma, y él cerró sus ojos
con un gemido.
—
¿Lady Barrow? —La voz de Demi sonó increíblemente pequeña.
—
Sí, soy yo. ¿Necesitas luz ahí abajo?.
La
maldición amortiguada que vino de abajo de la mesa fue casi ahogada por
completo por una repentina carcajada de arriba. Joe abrió sus ojos para ver a Taylor
cubriéndose la boca. El hombre estaba perdido. Joe supuso que no lo podía
culpar. Si no estuviese en el centro de la debacle, entonces él podría
encontrarla horrendamente divertida también. Pero él la encontraba terrible.
Joe
no pudo oír la respuesta mascullada de Demi a Lady Barrow, pero debió ser
afirmativa, pues la mujer se enderezó, miró alrededor, luego mandó a uno de sus
trabajadores a buscar una linterna. El hombre salió como una bala; luego Lady
Barrow se giró para examinar la expresión dolorida de Joe. Ella palmeó sus
hombros apaciguadoramente.
—
No importa. Este tipo de cosas nos ha pasado a todos en algún momento. —Su boca
hizo un gesto como de excusa.— Bueno, no precisamente este tipo de cosas, pero
tú sabes lo que quiero decir.
Joe
gimió y cerró sus ojos nuevamente. Luego una voz fanfarrona dijo:
—
Bueno, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué están todas mis escritoras
amontonadas?.
Demi
reconoció la voz de Chuck Morgan y podrías haber llorado. En lugar de eso,
recostó su cabeza débilmente sobre la rodilla de Joe y se preguntó si la
situación podría posiblemente ponerse peor. Primero Lady Barrow fue testigo de
este evento humillante, y ahora el presidente de la compañía había llegado.
¡Oh, ella realmente impresionaría a sus superiores con este congreso! Todo era
mucho más fácil cuando Edwin había estado al cargo y ella sólo había sido una
asistente.
—
¿Qué? —El rugido horrorizado de Chuck debió ser oído probablemente desde
una punta de la recepción hasta la otra, pensó Demi, y a juzgar por la forma de
la conversación general y por la repentina aquietada risa, ella supo que estaba
en lo correcto. Dios querido, pronto todo el mundo iba a saber que ella estaba
allí abajo.
Demi
oyó la voz de Lady Barrow, sostenida y firme, y sonrió. Nadie podía ser tan
amable como Kathryn, pero ella no era una mujer para tomar a la ligera y ella
no tenía miedo a nadie, hasta donde Demi sabía. Ella probablemente pondría a
Chuck en su lugar por llamar la atención de todos a lo que había tratado de
esconder, y Demi podría haber abrazado a la mujer.
—
¡Allí estas! —Oyó a Lady Barrow exclamar.— Gracias.
El
mantel se levantó, y la mujer apareció. Para el asombro de Demi, con la
linterna en la mano, Kathryn Falk, Lady Barrow, se arrodilló y se deslizó
debajo de la mesa al lado de ella.
—
Hace calor aquí abajo, ¿no es cierto? —Comentó amigablemente como si hiciera
esta clase de cosas todos los días. Lady Barrow se acomodó, prendió la luz,
alumbró donde el mantel y el calzón estaban enganchados, luego inclinó la
cabeza solemnemente a Demi.— Hazlo chica. Cuanto antes lo desenredes, antes
podremos salir de aquí.
Era
más fácil decirlo que hacerlo. Joe estaba bien y verdaderamente enganchado. Por
lo menos tres de la media docena de los alfileres de su calzón estaban
enganchadas en varias partes del mantel. Uno de los alfileres probablemente se
había trabado primero, luego Joe al tirar había enganchado los otros. Llevó un
poco de trabajo liberarlos.
Lady
Barrow permaneció pacientemente, continuando con la luz estable, teniendo la
tela fuera del camino cuando Demi necesitó una mano extra, dando consejo y
diciendo un chiste ocasionalmente para aliviar la tensión del momento. Sin
embargo, aun con su ayuda pareció una extremadamente dura experiencia. Y
embarazosa también. Por mucho que ella quisiera evitar tocar el calzón de Joe,
era imposible, y la mayoría de las veces ella lo estaba sosteniendo en su mano.
Ella notaba terriblemente la dura carne debajo mientras giraba el material de
un lado a otro, tratando de desenganchar todos los alfileres sin que otros
quedaran atrapados. Ella ni siquiera quería adivinar como se sentía Joe. Tenía
que ser una horrible tortura.
Si
Demi no se detenía pronto, Joe posiblemente iba a avergonzarse a si mismo allí
en la mesa con todos mirando. Ella no lo estaba tocando de ninguna forma
sexual, pero el sólo hecho de que ella estuviera entre sus rodillas y
cambiándolo de posición, hacía que reaccionara como un adolescente. Él había
vivido un largo tiempo, pero Joe nunca se había encontrado en una situación así
antes. Y le rogaba a Dios no estarlo nunca más.
—
¡Aquí hay otro libre!
La
voz de Demi vino de debajo de la mesa, y todos los que estaban alrededor
hicieron ruidos. Joe supuso que eran de felicitación y aliento. Él trató de no
contonearse en su asiento mientras ella lo agarraba nuevamente para cambiarlo
de posición. Generalmente sus erecciones no apuntaban hacia ese lado, pero él
supuso que ella trataba de alcanzar el último alfiler. Mirando hacia bajo, él
realmente podía ver los dedos de ella envueltos alrededor de él, donde se
asomaban por debajo de la tela. Él miró hacia arriba, a Jenny y la vio mirando
atentamente su regazo. Él compuso una sonrisa lastimera.
—
¡Oh, Dios mío!
Esa
exclamación de una de las otras escritoras atrajo la atención de Jenny y la de
él. Era Beth, y ella lucía absolutamente horrorizada. Joe sintió a su corazón
hundirse. Él había pensado que la llegada del presidente de la compañía de Demi
era la peor cosa que podía pasar, pero la expresión de la escritora sugería
otra cosa.
—
¿Qué es? —Preguntó él, decidiendo que lo mejor era enterarse.
—
¿Conoces a esas personas de los documentales? ¿Los que han estado filmando
todo? —Preguntó ella.
—
No. —Joe no había oído de ningún documental que estuviese siendo filmado.
—
Ellos están siempre haciendo documentales en las conferencias R.T. —Agregó Jenny.—
Adoran filmar a todas las mujeres y la gala o algo así.
—
Si, y no mires ahora, pero están viniendo hacia acá. Y también ese fotógrafo
del periódico local.
—
¡Oh, Dios! —Murmuró Jenny.— Probablemente está buscando a Lady Barrow. Él ha
estado rastreándola toda la noche.
—
Demonios. —Dijo Joe entre dientes. Definitivamente todo había empeorado.

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