sábado, 3 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 25


 
Si hubiera sentido el dolor de la mordida, Demi probablemente pensaría que era un fenómeno demente. Pensaría que escribía sobre vampiros porque equivocadamente se creía uno de ellos. Se preguntaría que es lo que se traía entre manos. O peor, sabría la verdad. Pero Joe sospechó que sería lo del fenómeno. Una sensata mujer moderna como Demi nunca creería en vampiros.

Demi despertó sintiéndose fatal. No entendía porque al principio, pero luego empezó a recordar: Regresar para encontrar a Joe sobre Taylor. Su ida al dormitorio para contestar el teléfono. Ella siguiéndolo, la furia consumiéndola. ¿Cómo se atrevía a ser homosexual? Había estado pensando. ¿Cómo se atrevía? La sola idea la había dejado estupefacta. Se sentía atraída hacia él. Había tenido sueños eróticos con él. No podía ser homosexual.

Y parecía que no lo era. Todavía podía sentir sus labios.

Su primera reacción a su sensual asalto había sido de asombro; luego su cólera se había convertido en alivio, y rápidamente en deseo.

El hombre sabía besar. Recordó el beso al apartar a un lado la manta y deslizarse fuera de la cama. El hombre sabía besar como nadie que conociera. Sus besos le habían llegado dentro de su alma y había sacado cada deseo, cada gota de lujuria residente de su cuerpo y lo había sacado a la superficie. Lo deseaba. Todavía lo deseaba. Sus pezones estaban erectos al solo recordar. Y definitivamente el también se había excitado. Había sentido como si tuviera una gran barra de acero en sus pantalones cuando puso su mano ahí.

Lo que estaba bien. Excepto que ella era su editora y no tenía que saber que tan grande era su barra de acero. Y su compañero de trabajo la había atrapado tocándolo.

Gimiendo entró al baño, abrió el agua fría de la bañera y se metió dentro. No tenía idea de como iba a enfrentar al hombre de nuevo. Pero de cierta forma tenía que hacerlo. ¿Debería actuar como si no hubiese pasado nada? ¿Debería hablar de ello con Taylor? ¿Debería hablar con ambos? Y si hablaba con ambos, que podría decir. Sabía que debía decirle a Joe. Debería decir que fue una aberración y que no debía suceder de nuevo. Pero no quería decir eso. Y con Taylor, no tenía ni idea. Realmente no había nada que decir.

Suspirando, Demi cerró el grifo de agua y agarró una toalla. Enredó la toalla al estilo turbante en su cabello mojado, luego agarró una segunda toalla para secarse. Después agarró la bata que el hotel dejó, enrollada en la bata camino al espejo e hizo una mueca. Tenía que secarse el cabello, arreglarse la cara, vestirse y luego ver si Taylor y Joe estaban listos.

Demi agarró la toalla de su cabeza, queriendo quitar todo el exceso de agua antes de secarlo, cuando advirtió unas marcas en su cuello. Deteniéndose se quedó mirando un momento. Luego inclinándose en el espejo y volteando la cabeza a un lado, miró con atención las marcas en su cuello.

Por un largo momento se quedó viendo las dos pequeñas marcas, todo tipo de pensamientos atravesaron su mente: Los libros de Joe, con personajes teniendo los mismos nombres de su familia. La boda de noche. Joe y su madre alérgicos al sol. La herida en la cabeza que parecía sangrar copiosamente, pero que no pudo encontrar y que no pareció preocupar a Joe una vez que la limpió con agua. La manera que estaba inclinado sobre Taylor cuando llegó. Su boca en el cuello de su amigo. El hecho de que Taylor no se dio cuenta de su presencia, y no había reaccionado al llegar ella.

Pero no recordaba que Joe la hubiera mordido anoche. ¿Lo recordaba?

Oh. De repente vio la imagen de ella medio desnuda en los brazos de Joe, sus pechos rozando su duro pecho al inclinarse él y darle un mordisco en el cuello. Había asumido que le hizo un chupetón, quizá; no importo, se había sentido tan bien. “Dios mío” gimió. Y “No te detengas” . Incluso inclinó su cabeza para darle mejor acceso.

Sus manos cayeron a los lados. Él la mordió. No solo Joe Jonas era un vampiro, había tenido el valor para morderla.

Dando media vuelta, salió del baño.

— ¿Me mordiste?

Los ojos de Joe se abrieron y se enderezó en la cama para ver a la mujer en la puerta. Sus ojos se veían cansados. No había dormido bien en toda la noche. Un cuerpo no podía tomar seiscientos años de dormir en el día y cambiarlos para dormir en la noche así como así. Había estado despierto en la cama casi toda la noche, preguntándose si Demi estaba muy enojada con él y cuando podría tenerla en sus brazos de nuevo. A juzgar por su expresión ahora, no creía que muy pronto.

Suspirando se dejó caer en la cama con un gemido. No tenía la energía para enfrentarse a Demi en este momento. Apenas había sacado un par de sorbos de Taylor antes de que regresara, luego apenas había tenido un par de sorbos más de Demi. Tenía hambre, maldición.

— No me ignores, Joe Jonas. —Grito Demi acercándose— Me mordiste.

Sus palabras pasaron por su mente empañada de sueño y sus ojos se abrieron de nuevo. Demonios. Se dio cuenta. La vio acercarse, luego vio a Taylor asomándose preocupadamente por la puerta.

— Cierra la maldita puerta. —Dijo

Con sorpresa Demi se giró hacia la puerta. Viendo a Taylor ahí, miró su cuello. También tenía marcas.

Las cejas de Taylor se levantaron al ver su enojada expresión. Agarró la manija de la puerta y empezó a cerrarla.

— Voy a cerrar esto.

— Espera un minuto. Déjame ver tu cuello. —Exigió Demi. Estuvo en la puerta en un instante y movió su cabeza a un lado. Se quedo mirando la garganta por un minuto, luego giró furiosamente hacia Joe.— Hijo de puta.

— Tranquila Demi. Tomate una píldora. No es culpa de Joe. Me corte mientras me afeitaba.

Giró hacia Taylor con asombro. Estaba cerrando la puerta detrás de él al retirarse.

El cuarto quedó a oscuras por un momento; luego Joe encendió la lámpara de al lado. Demi lo miraba.

— ¿Que le hiciste? ¿Cómo le hiciste pensar que eso era un corte al afeitarse?

Su imprudencia fue estúpida. Se acercó demasiado y solo como eso, Joe se levantó de la cama, la agarró de los brazos y la arrastró con él hasta que cayeron en el colchón. En el siguiente momento, se movió para cubrirla.

— Bájate de mí. —Quería que sonara como una orden. En vez de eso su voz salió débil y sin aliento. Demi lo miro ceñuda tratando de acentuar sus palabras. No estaba asustada exactamente, pero había un temblor en su voz. Los ojos de Joe cambiaron a ese color plateado, aunque no en ira. Parecía como un depredador y Demi estaba segura que ella era la presa. El problema era que no estaba segura que lo quisiera ser. Su cuerpo estaba respondiendo al sentirlo sobre ella.

Joe dudo, luego dejo que sus párpados se cerraran sobre sus ojos. Parecía como un león somnoliento. Realmente no estaba mucho mejor.

— Lo siento. —Dijo con ese correcto ingles de él. Otra pista para su vampirismo, pensó Demi infeliz. Probablemente fuera realmente viejo.

— ¿Por qué? —Preguntó después de varios segundos de silencio.

— Por morderte. —Respondió prontamente, luego añadió.— Sin tu permiso.

Demi lo miro ceñuda.

— ¿Qué hay acerca de Taylor?

— Solo fue un mordisco. —Dijo con indiferencia.— Y dijiste que acudiera a él si necesitaba cualquier cosa.

— No quise decir que le mordieras. —Gritó Demi.

Joe tuvo la audacia de sonreír.

— ¿Y que debería de hacer?

— Podrías haber...

Cuando cayó en un confuso silencio. Pregunto:

— ¿Qué? Por ejemplo, ¿Oye Taylor te importaría traer una pinta de sangre mientras vas por los cacahuetes? Estoy sediento en este momento. —Hizo una mueca.— No pusiste mi nombre en el cuarto, así que la sangre que tenía que ser entregada aquí fue devuelta. Tenía hambre. —Explicó simplemente.

Demi se le quedó mirando, su boca se secó. Realmente era un vampiro. Repentinamente se dio cuenta que no lo había creído aun. Ahora lo creía. En su mayor parte. Moviéndose debajo de él, exigió:

— Enséñame tus dientes.

Joe los dejó al descubierto. Parecían perfectamente normales. Sus colmillos eran un poco puntiagudos pero no muy largos y murmuro:

— Sin colmillos filosos y puntiagudos...

— Ah, esos dientes. —Joe abrió su boca de nuevo. Para su horror, los colmillos salieron de sus encías como garras de gato.

— Oh, Dios. —Lloriqueó Demi.

Joe replegó sus dientes de inmediato.

— Está bien Demi. Nunca te lastimaría.

— Me mordiste. —Lloró. Y fue seguido por otro coro de “Oh Dios, oh Dios, oh Dios”. Parecía que no podía dejar de decir eso.

— Pero no te lastimé. —Argumentó.— ¿Lo hice?

— Oh Dios. Quítate, quítate, quítate. —Empezó a moverse debajo de él, pero fue un intento inútil. Él era más grande que ella. Y fuerte. Dejó de luchar, tratando de calmarse, luego dijo:— Por favor.

Joe la miró fijamente por un momento, sospechoso. Luego sacudió la cabeza.

— No puedo. No hasta que me prometas que no le dirás a nadie esto.

Abrió su boca, pero él se anticipó diciendo:

— Es por tu propio bien Demi. La gente pensará que estás loca.

Se dio cuenta que probablemente tuviera razón acerca de eso. Pensarían que había estado trabajando demasiado y se había extralimitado. Un movimiento de abajo le llamó la atención, el hecho de que algo se estaba moviendo abajo, y no era Joe. Al menos no la mayor parte. Dios mío, se estaba excitando. Lo podía sentir crecer y presionarse contra ella. Demi se aclaro la voz:

— Umm, Joe.

— Llámame Joe. —Sugirió. Le dio una sonrisa malvada.— Joe suena tan formal, y estamos un poco más allá de eso.

Demi no sonrío. Se aclaro la garganta de nuevo.

— Joe. Si estás muerto como puedes ponerte... —Movió sus ojos hacia abajo. Joe entendió la idea sin que tuviera que explicar, menos mal, y se movió para no estar presionado tan íntimamente con ella.

— Me disculpo, pero me temo que te encuentro muy atractiva. —Dijo con gran dignidad.

— ¿En serio?.

— Sí.

— Oh. —No estaba segura si debería de estar feliz con eso o no, así que regresó a su pregunta.— ¿Pero si estás muerto...?

— No estoy muerto. —Le informó Joe poniendo los ojos en blanco.

— ¿No lo estás? —Preguntó. Él movió su cabeza solemnemente, así que ella continuó.— Entonces no estás sin alma.

— No. —Una sonrisa salió de sus labios

— ¿Y el resto de tu familia?

Sacudió su cabeza solemnemente

Demi procesó las noticias, su mente procesó que había escrito libros objetivos de historia antes de sus novelas románticas de vampiros. Procesó que en su primera novela romántica de vampiros los personajes tenían los mismos nombres de sus padres, el segundo se trataba de Selena y Gregory, una trabajadora social y un terapeuta, como los reales Selena y Gregory; y el tercero se trataba de Dani y Kevin, una médico forense y un diseñador de juegos. Pareció bastante obvio que seguía escribiendo hechos históricos.

— ¿Qué edad tienes?

— Seiscientos doce.  Contestó serenamente. Como si fuera una edad común. Dios bendito, Demi se dio cuenta con desilusión. Que había perdido el juicio. Lloriqueó otra vez.

— Está bien Demi. —Joe retiró el pelo de su cara.— Sé que es mucho que aceptar, pero está bien.

— ¿Cómo puede estar bien? Eres un vampiro. Y me mordiste. —Todavía no podía creer que lo hubiera hecho. Y porque se sintió tan bien.

— Solo fue un pequeño mordisco. —Dijo. Cuando se la quedo mirando, lo intento de nuevo.— Siento haberte mordido, pero tenía hambre... y hueles tan delicioso. —Sus ojos cayeron a su cuello mientras hablaba y el anhelo cruzó su cara. La alarma la recorrió y Demi cubrió su cuello con ambas manos.

Para su irritación, empezó a reírse. Su pecho chocó con el suyo.

— Esto no es gracioso. —Escupió.— ¿Cómo te sentirías si fueras un pedazo de ternera?

— Querida Demi. No eres un pedazo de ternera. —Dijo. Forzando una expresión solemne dijo:— Al menos eres un bistec.

Su boca se abrió con horror. Joe tomó ventaja del momento y cerró su boca sobre la suya. Para la desazón de Demi la pasión de la noche anterior resurgió de nuevo. Aparentemente a su cuerpo no le importaba que fuera un demonio chupa sangre. Le gustaba mucho. Más que mucho. Y ahora Demi tenía que resistirse a él y a sí misma. Era una batalla perdida. Un momento desnudo pasó antes de que se rindiese con un gemido y deslizara sus brazos por su cuello.

Era por lo que Joe estaba esperando, aparentemente, por un latido de corazón después Demi encontró la sábana que los separaba y la retiró junto con la bata abierta. La dejó desnuda debajo de él, pero la alertó el hecho de que Joe Jonas dormía desnudo.

Sus ojos se abrieron. Dormía desnudo y en una cama. Cuando rompió el beso para morder su oreja, Demi se quedó sin aliento.

— ¿Dónde está tu ataúd?

— Lo deje en casa. —Su voz era un gruñido teñido con risa.

Demi no estaba segura si estaba bromeando o no, pero dejó de preocuparse cuando su mano sé cerro tiernamente sobre su pecho y lo aplastó. Gimiendo se arqueó a la caliente caricia; luego sus ojos se abrieron.

— ¿Por qué no estás frío? Pensé que los vampiros estaban fríos.

— Te lo dije. No estoy muerto. —Le recordó Joe.

— Aja. —Murmuró Demi. Luego Joe reclamó sus labios de nuevo. Cambiando de posición, envolvió un pecho en su húmeda boca. Chupó como un niño hambriento, dando golpecitos al pezón con su lengua. Repentinamente a Demi no le importó ser la cena. Lo que la hizo pensar.— ¿Qué hay del ajo?

— Lo amo. —Dijo, cambió la boca al otro pecho.— Algún día lo frotaré por todo tu cuerpo y lo lameré como prueba.

Demi se retorció por la erótica imagen, luego se dio cuenta que era similar a lo que ya estaban haciendo. Estaba desnuda. Él la estaba lamiendo. Dios mío. Perdió el hilo de sus pensamientos cuando su mano se introdujo entre sus muslos.

— Joe. —Respiró. Para su asombro él se detuvo, suspiró fuertemente y se sentó a su lado.

— Está bien, terminemos con esto. Obviamente no vamos a ir a ninguna parte hasta que lo hagamos. —Dijo con exasperación.

Dándose cuenta que él pensó que le iba a hacer otra pregunta, Demi abrió la boca para corregirlo, luego cambió de opinión. Realmente quería entender.

— Mi tatarabuelo era de lo que llamáis la Atlántida.

Demi respingó para atrás. Eso era la última cosa que esperaba oír. Sonaba como un loco.

Joe ignoro su reacción

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