Si
hubiera sentido el dolor de la mordida, Demi probablemente pensaría que era un
fenómeno demente. Pensaría que escribía sobre vampiros porque equivocadamente
se creía uno de ellos. Se preguntaría que es lo que se traía entre manos. O
peor, sabría la verdad. Pero Joe sospechó que sería lo del fenómeno. Una
sensata mujer moderna como Demi nunca creería en vampiros.
Demi
despertó sintiéndose fatal. No entendía porque al principio, pero luego empezó
a recordar: Regresar para encontrar a Joe sobre Taylor. Su ida al dormitorio
para contestar el teléfono. Ella siguiéndolo, la furia consumiéndola. ¿Cómo se atrevía a ser homosexual?
Había estado pensando. ¿Cómo se atrevía?
La sola idea la había dejado estupefacta. Se sentía atraída hacia él. Había
tenido sueños eróticos con él. No podía ser homosexual.
Y
parecía que no lo era. Todavía podía sentir sus labios.
Su
primera reacción a su sensual asalto había sido de asombro; luego su cólera se
había convertido en alivio, y rápidamente en deseo.
El
hombre sabía besar. Recordó el beso al apartar a un lado la manta y deslizarse
fuera de la cama. El hombre sabía besar como nadie que conociera. Sus besos le
habían llegado dentro de su alma y había sacado cada deseo, cada gota de
lujuria residente de su cuerpo y lo había sacado a la superficie. Lo deseaba.
Todavía lo deseaba. Sus pezones estaban erectos al solo recordar. Y
definitivamente el también se había excitado. Había sentido como si tuviera una
gran barra de acero en sus pantalones cuando puso su mano ahí.
Lo
que estaba bien. Excepto que ella era su editora y no tenía que saber que tan
grande era su barra de acero. Y su compañero de trabajo la había atrapado
tocándolo.
Gimiendo
entró al baño, abrió el agua fría de la bañera y se metió dentro. No tenía idea
de como iba a enfrentar al hombre de nuevo. Pero de cierta forma tenía que
hacerlo. ¿Debería actuar como si no hubiese pasado nada? ¿Debería hablar de
ello con Taylor? ¿Debería hablar con ambos? Y si hablaba con ambos, que podría
decir. Sabía que debía decirle a Joe. Debería decir que fue una aberración y
que no debía suceder de nuevo. Pero no quería decir eso. Y con Taylor, no tenía
ni idea. Realmente no había nada que decir.
Suspirando, Demi
cerró el grifo de agua y agarró una toalla. Enredó la toalla al estilo turbante
en su cabello mojado, luego agarró una segunda toalla para secarse. Después
agarró la bata que el hotel dejó, enrollada en la bata camino al espejo e hizo
una mueca. Tenía que secarse el cabello, arreglarse la cara, vestirse y luego
ver si Taylor y Joe estaban listos.
Demi
agarró la toalla de su cabeza, queriendo quitar todo el exceso de agua antes de
secarlo, cuando advirtió unas marcas en su cuello. Deteniéndose se quedó
mirando un momento. Luego inclinándose en el espejo y volteando la cabeza a un
lado, miró con atención las marcas en su cuello.
Por
un largo momento se quedó viendo las dos pequeñas marcas, todo tipo de pensamientos
atravesaron su mente: Los libros de Joe, con personajes teniendo los mismos
nombres de su familia. La boda de noche. Joe y su madre alérgicos al sol. La
herida en la cabeza que parecía sangrar copiosamente, pero que no pudo
encontrar y que no pareció preocupar a Joe una vez que la limpió con agua. La
manera que estaba inclinado sobre Taylor cuando llegó. Su boca en el cuello de
su amigo. El hecho de que Taylor no se dio cuenta de su presencia, y no había
reaccionado al llegar ella.
Pero
no recordaba que Joe la hubiera mordido anoche. ¿Lo recordaba?
Oh.
De repente vio la imagen de ella medio desnuda en los brazos de Joe, sus pechos
rozando su duro pecho al inclinarse él y darle un mordisco en el cuello. Había
asumido que le hizo un chupetón, quizá; no importo, se había sentido tan bien. “Dios
mío” gimió. Y “No te detengas” . Incluso inclinó su cabeza para
darle mejor acceso.
Sus
manos cayeron a los lados. Él la mordió. No solo Joe Jonas era un vampiro,
había tenido el valor para morderla.
Dando media
vuelta, salió del baño.
— ¿Me
mordiste?
Los
ojos de Joe se abrieron y se enderezó en la cama para ver a la mujer en la
puerta. Sus ojos se veían cansados. No había dormido bien en toda la noche. Un
cuerpo no podía tomar seiscientos años de dormir en el día y cambiarlos para
dormir en la noche así como así. Había estado despierto en la cama casi toda la
noche, preguntándose si Demi estaba muy enojada con él y cuando podría tenerla
en sus brazos de nuevo. A juzgar por su expresión ahora, no creía que muy
pronto.
Suspirando
se dejó caer en la cama con un gemido. No tenía la energía para enfrentarse a Demi
en este momento. Apenas había sacado un par de sorbos de Taylor antes de que
regresara, luego apenas había tenido un par de sorbos más de Demi. Tenía hambre,
maldición.
—
No me ignores, Joe Jonas. —Grito Demi acercándose— Me mordiste.
Sus
palabras pasaron por su mente empañada de sueño y sus ojos se abrieron de
nuevo. Demonios. Se dio cuenta. La vio acercarse, luego vio a Taylor asomándose
preocupadamente por la puerta.
—
Cierra la maldita puerta. —Dijo
Con
sorpresa Demi se giró hacia la puerta. Viendo a Taylor ahí, miró su cuello.
También tenía marcas.
Las
cejas de Taylor se levantaron al ver su enojada expresión. Agarró la manija de
la puerta y empezó a cerrarla.
—
Voy a cerrar esto.
—
Espera un minuto. Déjame ver tu cuello. —Exigió Demi. Estuvo en la puerta en un
instante y movió su cabeza a un lado. Se quedo mirando la garganta por un
minuto, luego giró furiosamente hacia Joe.— Hijo de puta.
—
Tranquila Demi. Tomate una píldora. No es culpa de Joe. Me corte mientras me
afeitaba.
Giró
hacia Taylor con asombro. Estaba cerrando la puerta detrás de él al retirarse.
El
cuarto quedó a oscuras por un momento; luego Joe encendió la lámpara de al
lado. Demi lo miraba.
—
¿Que le hiciste? ¿Cómo le hiciste pensar que eso era un corte al afeitarse?
Su
imprudencia fue estúpida. Se acercó demasiado y solo como eso, Joe se levantó
de la cama, la agarró de los brazos y la arrastró con él hasta que cayeron en
el colchón. En el siguiente momento, se movió para cubrirla.
—
Bájate de mí. —Quería que sonara como una orden. En vez de eso su voz salió
débil y sin aliento. Demi lo miro ceñuda tratando de acentuar sus palabras. No
estaba asustada exactamente, pero había un temblor en su voz. Los ojos de Joe
cambiaron a ese color plateado, aunque no en ira. Parecía como un depredador y Demi
estaba segura que ella era la presa. El problema era que no estaba segura que
lo quisiera ser. Su cuerpo estaba respondiendo al sentirlo sobre ella.
Joe
dudo, luego dejo que sus párpados se cerraran sobre sus ojos. Parecía como un
león somnoliento. Realmente no estaba mucho mejor.
— Lo siento.
—Dijo con ese correcto ingles de él. Otra pista para su vampirismo, pensó Demi
infeliz. Probablemente fuera realmente viejo.
—
¿Por qué? —Preguntó después de varios segundos de silencio.
—
Por morderte. —Respondió prontamente, luego añadió.— Sin tu permiso.
Demi
lo miro ceñuda.
—
¿Qué hay acerca de Taylor?
—
Solo fue un mordisco. —Dijo con indiferencia.— Y dijiste que acudiera a él si
necesitaba cualquier cosa.
—
No quise decir que le mordieras. —Gritó Demi.
Joe
tuvo la audacia de sonreír.
—
¿Y que debería de hacer?
—
Podrías haber...
Cuando
cayó en un confuso silencio. Pregunto:
—
¿Qué? Por ejemplo, ¿Oye Taylor te importaría traer una pinta de sangre mientras
vas por los cacahuetes? Estoy sediento en este momento. —Hizo una mueca.— No
pusiste mi nombre en el cuarto, así que la sangre que tenía que ser entregada
aquí fue devuelta. Tenía hambre. —Explicó simplemente.
Demi
se le quedó mirando, su boca se secó. Realmente era un vampiro. Repentinamente
se dio cuenta que no lo había creído aun. Ahora lo creía. En su mayor parte.
Moviéndose debajo de él, exigió:
—
Enséñame tus dientes.
Joe
los dejó al descubierto. Parecían perfectamente normales. Sus colmillos eran un
poco puntiagudos pero no muy largos y murmuro:
—
Sin colmillos filosos y puntiagudos...
—
Ah, esos dientes. —Joe abrió su boca de nuevo. Para su horror, los
colmillos salieron de sus encías como garras de gato.
—
Oh, Dios. —Lloriqueó Demi.
Joe
replegó sus dientes de inmediato.
—
Está bien Demi. Nunca te lastimaría.
—
Me mordiste. —Lloró. Y fue seguido por otro coro de “Oh Dios, oh Dios, oh
Dios”. Parecía que no podía dejar de decir eso.
—
Pero no te lastimé. —Argumentó.— ¿Lo hice?
—
Oh Dios. Quítate, quítate, quítate. —Empezó a moverse debajo de él, pero fue un
intento inútil. Él era más grande que ella. Y fuerte. Dejó de luchar, tratando
de calmarse, luego dijo:— Por favor.
Joe
la miró fijamente por un momento, sospechoso. Luego sacudió la cabeza.
—
No puedo. No hasta que me prometas que no le dirás a nadie esto.
Abrió
su boca, pero él se anticipó diciendo:
—
Es por tu propio bien Demi. La gente pensará que estás loca.
Se
dio cuenta que probablemente tuviera razón acerca de eso. Pensarían que había
estado trabajando demasiado y se había extralimitado. Un movimiento de abajo le
llamó la atención, el hecho de que algo se estaba moviendo abajo, y no era Joe.
Al menos no la mayor parte. Dios mío, se estaba excitando. Lo podía sentir
crecer y presionarse contra ella. Demi se aclaro la voz:
—
Umm, Joe.
—
Llámame Joe. —Sugirió. Le dio una sonrisa malvada.— Joe suena tan formal, y
estamos un poco más allá de eso.
Demi
no sonrío. Se aclaro la garganta de nuevo.
—
Joe. Si estás muerto como puedes ponerte... —Movió sus ojos hacia abajo. Joe
entendió la idea sin que tuviera que explicar, menos mal, y se movió para no
estar presionado tan íntimamente con ella.
—
Me disculpo, pero me temo que te encuentro muy atractiva. —Dijo con gran
dignidad.
—
¿En serio?.
—
Sí.
—
Oh. —No estaba segura si debería de estar feliz con eso o no, así que regresó a
su pregunta.— ¿Pero si estás muerto...?
—
No estoy muerto. —Le informó Joe poniendo los ojos en blanco.
— ¿No lo
estás? —Preguntó. Él movió su cabeza solemnemente, así que ella continuó.—
Entonces no estás sin alma.
—
No. —Una sonrisa salió de sus labios
—
¿Y el resto de tu familia?
Sacudió
su cabeza solemnemente
Demi
procesó las noticias, su mente procesó que había escrito libros objetivos de
historia antes de sus novelas románticas de vampiros. Procesó que en su primera
novela romántica de vampiros los personajes tenían los mismos nombres de sus
padres, el segundo se trataba de Selena y Gregory, una trabajadora social y un
terapeuta, como los reales Selena y Gregory; y el tercero se trataba de Dani y Kevin,
una médico forense y un diseñador de juegos. Pareció bastante obvio que seguía
escribiendo hechos históricos.
—
¿Qué edad tienes?
—
Seiscientos doce. Contestó serenamente.
Como si fuera una edad común. Dios bendito, Demi se dio cuenta con desilusión.
Que había perdido el juicio. Lloriqueó otra vez.
—
Está bien Demi. —Joe retiró el pelo de su cara.— Sé que es mucho que aceptar,
pero está bien.
—
¿Cómo puede estar bien? Eres un vampiro. Y me mordiste. —Todavía no podía creer
que lo hubiera hecho. Y porque se sintió tan bien.
—
Solo fue un pequeño mordisco. —Dijo. Cuando se la quedo mirando, lo intento de
nuevo.— Siento haberte mordido, pero tenía hambre... y hueles tan delicioso.
—Sus ojos cayeron a su cuello mientras hablaba y el anhelo cruzó su cara. La
alarma la recorrió y Demi cubrió su cuello con ambas manos.
Para
su irritación, empezó a reírse. Su pecho chocó con el suyo.
—
Esto no es gracioso. —Escupió.— ¿Cómo te sentirías si fueras un pedazo de
ternera?
—
Querida Demi. No eres un pedazo de ternera. —Dijo. Forzando una expresión
solemne dijo:— Al menos eres un bistec.
Su
boca se abrió con horror. Joe tomó ventaja del momento y cerró su boca sobre la
suya. Para la desazón de Demi la pasión de la noche anterior resurgió de nuevo.
Aparentemente a su cuerpo no le importaba que fuera un demonio chupa sangre. Le
gustaba mucho. Más que mucho. Y ahora Demi tenía que resistirse a él y a sí
misma. Era una batalla perdida. Un momento desnudo pasó antes de que se
rindiese con un gemido y deslizara sus brazos por su cuello.
Era
por lo que Joe estaba esperando, aparentemente, por un latido de corazón
después Demi encontró la sábana que los separaba y la retiró junto con la bata
abierta. La dejó desnuda debajo de él, pero la alertó el hecho de que Joe Jonas
dormía desnudo.
Sus
ojos se abrieron. Dormía desnudo y en una cama. Cuando rompió el beso para
morder su oreja, Demi se quedó sin aliento.
—
¿Dónde está tu ataúd?
—
Lo deje en casa. —Su voz era un gruñido teñido con risa.
Demi
no estaba segura si estaba bromeando o no, pero dejó de preocuparse cuando su
mano sé cerro tiernamente sobre su pecho y lo aplastó. Gimiendo se arqueó a la
caliente caricia; luego sus ojos se abrieron.
—
¿Por qué no estás frío? Pensé que los vampiros estaban fríos.
—
Te lo dije. No estoy muerto. —Le recordó Joe.
—
Aja. —Murmuró Demi. Luego Joe reclamó sus labios de nuevo. Cambiando de
posición, envolvió un pecho en su húmeda boca. Chupó como un niño hambriento,
dando golpecitos al pezón con su lengua. Repentinamente a Demi no le importó
ser la cena. Lo que la hizo pensar.— ¿Qué hay del ajo?
—
Lo amo. —Dijo, cambió la boca al otro pecho.— Algún día lo frotaré por todo tu
cuerpo y lo lameré como prueba.
Demi
se retorció por la erótica imagen, luego se dio cuenta que era similar a lo que
ya estaban haciendo. Estaba desnuda. Él la estaba lamiendo. Dios mío.
Perdió el hilo de sus pensamientos cuando su mano se introdujo entre sus
muslos.
— Joe. —Respiró. Para su asombro él se detuvo, suspiró
fuertemente y se sentó a su lado.
—
Está bien, terminemos con esto. Obviamente no vamos a ir a ninguna parte hasta
que lo hagamos. —Dijo con exasperación.
Dándose
cuenta que él pensó que le iba a hacer otra pregunta, Demi abrió la boca para
corregirlo, luego cambió de opinión. Realmente quería entender.
—
Mi tatarabuelo era de lo que llamáis la Atlántida.
Demi
respingó para atrás. Eso era la última cosa que esperaba oír. Sonaba como un
loco.
Joe
ignoro su reacción

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