domingo, 4 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 28


 
— Sangre. —Finalizó Demi infelizmente.

— Sí. Y luego hay luz solar aquí hoy.

Demi miró con atención alrededor de la iluminada sala con sorpresa. Las paredes eran sólidas sin ventanas, pero había tragaluces en lo alto. Eran tragaluces escarchados, y no se le había ocurrido que podrían ser un problema. Debería haber pensado en eso. Su mirada se movió a la mesa en que estaban sentados, y Demi casi gimió cuando se dio cuenta de que había escogido una mesa situada directamente bajo un tragaluz.

— El alcohol de anoche tampoco me ayudó. —Continuó Joe.— Deshidrata el cuerpo, además.

Demi frunció el ceño. Ella había notado las latas de cerveza aplastadas, la caja vacía de pizza y la pila de cáscaras de cacahuetes alrededor de la mesa de café delante de la televisión esta mañana. Parecía como si Taylor y Joe hubiesen gozado la noche como unos niños. Ahora Joe estaba pagando por ello. Parecía que su estado era el resultado de muchas cosas. La última razón era culpa suya, sin embargo.

Casi habían alcanzado la mesa. Demi desvió a Joe de ella y lo dirigió hacia una de las salidas.

— Vamos.

— ¿Adónde vamos? —Él sonó confundido.

— A encontrarte comida. —Ella salió un momento del vestíbulo de recepción y miró con atención alrededor. Realmente no había tiempo para ir a su suite. Era necesario algún sitio más cercano. Ella lo arrastró hacia el baño de hombres.

— Entra y mira si está vacío. —Le sugirió ella.— Si no es así, haz que quienquiera que este dentro salga. ¿Puedes hacer eso, no? Sabes controlar su mente y...

— Sí. Pero...

— Sólo hazlo. —Insistió Demi.

Joe meneó la cabeza, pero se abrió camino hacia la puerta. Un par de minutos más tarde, la puerta se abrió y un hombre caminó afuera. Demi lo reconoció como uno de los modelos masculinos. Ella le sonrió nerviosamente, pero él no le regresó la sonrisa, casi no pareció notar que estaba allí de pie. Sus ojos estaban vidriosos, vacíos de expresión.

Ella le observó marcharse dando media vuelta, luego se deslizó en el cuarto de baño, aliviada de encontrar a Joe solo.

— Bien. —Ella caminó resueltamente hacia él.— Hagámoslo.

Joe negó con la cabeza mientras ella le tendía su muñeca.

— No puedo.

— ¿Qué significa eso de que no puedes? —Chasqueó ella exasperada.— Ya has mordido a Taylor y a mí una vez, así que por supuesto que puedes. Sólo saca tus dientes.

— Demi, no puedo. Dolería.

— No dolió anoche. —Señaló ella.

— Eso fue porque estabas abrumada con el deseo sexual.

Demi se sonrojó, pero no se tomó la molestia de negarlo. Ella había estado más bien caliente y molesta.

— ¿Qué tiene que ver con eso? —Sus ojos se estrecharon.— Taylor no estaba...

— Por supuesto que no. —Él comenzaba a sonar impaciente.— Pero yo puedo controlar su mente.

— Controla la mía.

— No puedo, Demi. Tu mente es demasiado fuerte.

— ¿Lo es? —Ella se sintió llena de placer. Su mente era demasiado fuerte. ¿No era eso agradable? Ella tenía una mente fuerte. Oh, se percató repentinamente, ella tenía una mente más fuerte incluso que Taylor, porque, de lo que ella había visto al regresar al cuarto anoche, Joe no tuvo dificultad en controlarlo. A ella le habría gustado disfrutar eso, pero Joe todavía estaba hablando.

— El único momento en puedo conseguir entrar en tu cabeza es cuando estás durmiendo, o cuando estás envuelta en la pasión. Al menos, asumo que puedo entonces. ¿No sentiste algún dolor cuando te mordí anoche?

Demi negó con la cabeza.

— No. No sentí dolor.

Él inclinó la cabeza.

— Entonces tu mente ha debido de haberse abierto bastante para mí para que le infundiera placer.

— Hmm. —Demi asimiló eso.— ¿Cómo sabes que puedes meterte en mi cabeza cuando duermo?

La culpabilidad cruzó la cara de Joe, y Demi repentinamente recordó el sueño erótico que había tenido en su casa.

— Tú no lo hiciste... —Le dijo ella.

Él se sobresaltó con la acusación, luego puso apaciguadoramente sus manos.

— Yo sólo estaba... revisándote. Y tú parecías tan dulce y sexy, que empecé a pensar acerca de lo que me gustaría hacerte y no me di cuenta que estabas recibiendo mis pensamientos hasta que... er... —Él se encogió de hombros con inquietud.— Me detuve de inmediato.

Demi lo miró, sintiéndose vulnerable y expuesta. El sueño que ella había tenido en su casa no había sido un sueño del todo. ¿O lo era? ¿Su fantasía? ¿Fue eso un sueño? ¿Un sueño de vigilia? Eso no había sido de ella.

La puerta del cuarto de baño se abrió, y ella y Joe miraron airadamente hacia ella mientras un hombre de mediana edad comenzó a entrar en el cuarto. Joe lo miró ceñudamente, sus ojos destellaron un fuego plateado. Sal.

El hombre paró bruscamente, sus ojos vidriosos; Luego cambió de dirección y obedientemente salió del cuarto.

Al minuto estaban solos otra vez, Demi agarró la mano de Joe y lo empujó hacia una de las casillas. Ella apenas le podría alimentar antes de que la gente entrara en el baño. La casilla era bastante estrecha, pero supuso que era lo suficientemente buena para morder.

— Sólo haz eso, Joe. Tú necesitas la sangre. Comienzas a parecerte a un muerto andante.

— No quiero lastimarte.

Ella lanzó un suspiro de exasperación, pero estaba secretamente complacida de que él estuviera tan renuente a causarle dolor. Especialmente cuando estaba obviamente sufriendo tan horriblemente por algo que ella podía aliviar. El dolor sería el equivalente a un disparo. Al menos, ella esperaba que esa fuera la magnitud de eso.

— Mira. ¿Qué ocurre si abro mi mente para ti? —Sugirió ella, aunque no tenía ni idea de cómo hacer eso. Supuso que bastaría con pensar pensamientos manifiestos.— ¿Nos dejas hacer un intento? Abriré mi mente y...

— Demi —Comenzó, Joe y ella supo que él iba a rehusarse. Ella estaba de pie en un maldito baño de hombres, en una casilla, nada menos; ofreciéndole al estúpido hombre su sangre como si ella fuera alguna hembra del fenómeno Renfield, y él sólo estaba de pie comportándose como un caballero del Viejo Mundo. Debía realmente ser viejo. En su experiencia, los hombres de estos días tomaban lo que se les ofrecía sin importarle si fuera bueno o no para la mujer. Caramba, algunas veces tomaban lo que no se les ofrecía.

— Maldición, Joe. —Lo interrumpió ella impacientemente. Agarrando el cuello de su vestido, lo retorció más para revelar el alfiler que había usado para atar la correa del sostén al material.

— ¿Qué estás haciendo? —La miró él ceñudamente otra vez.

Maravilloso, pensó ella irritablemente. Ella estaba sintiéndose bastante malhumorada, por sí misma. Había pensado que sólo los bebés necesitaban ser alimentados con cuchara. Quitando el alfiler, ella lo deslizó fuera de su sostén, rápidamente se pinchó a sí misma en la punta de un dedo, luego lo apretó cruelmente hasta que una gorda gota de sangre salió a la superficie. Y la puso resueltamente bajo su nariz.

— ¿Tienes hambre? —Le preguntó. Ella lo siguió cuando él retrocedió contra la pared de la casilla procurando evitar su dedo, luego lo ondeó bajo su nariz. El triunfo aumentó dentro de ella cuando vio que las ventanas de su nariz aleteaban.— Vamos, adelante. Tienes hambre. Ten una prueba. Sólo una lamida. Si no te agrada, entonces te encontraremos a alguien más. Si lo haces, entonces un pequeño mordisco en mi cuello te hará sentirte mejor. Vamos, Joe, prueba un poco de Demi para desayunar y... —Sus palabras murieron en un grito sofocado de sorpresa cuando él lamió la sangre que había salido de su dedo. Fue un raspado tan rápido de su lengua a través de su dedo que apenas lo sintió, pero para su satisfacción, sus ojos resplandecieron plateados. Ella lo tenía.

Demi volvió su cabeza hacia un lado y miró de reojo en preparación para lo que estaba por venir, entonces recordó acerca de lo de abrir su mente. Ella pensó, Mi mente es accesible. Joe puede entrar. Mi mente es accesible. Joe puede entrar.

Aparentemente, la apertura de su mente no fue tan fácil. Ella sintió las manos de Joe en sus brazos, luego el roce de sus labios contra de su cuello, luego el agónico dolor cuando él comenzó a insertar sus dientes.

— Ay, Ay, Ay —A pesar de sí misma, Demi comenzó a forcejear. Joe se apartó de inmediato. Él todavía la sujetaba, sus manos aprisionaban sus brazos, su respiración se volvió pesada, el fuego plateado en sus ojos brillaba mientras el luchaba para controlar su sed.

Demi se mordió los labios infelizmente, avergonzada por lo que había hecho. Pero eso la había lastimado mucho. Ningún disparo había sido tan malo. Pero, entonces, los disparos no estaban ni cerca de ser tan grandes como los dientes de Joe. Ella presionó una mano sobre su garganta.

— Supongo que no se como abrir mi mente.

Joe alejó sus manos.

— Mejor sal. No pienso que pueda controlarme mucho tiempo más.

Demi vaciló, entonces avanzó, resbalando sus brazos alrededor de su cuello.

— ¿Qué está haciendo? —Le preguntó ásperamente.

— Bien, si tengo que estar excitada sexualmente para dejarte entrar sin que eso duela, tú me mantendrás ocupada y me excitarás. —Dijo ella.

— Demi, estamos en un baño. Éste es apenas el lugar para...

— ¿No eres muy aventurero? —Le preguntó — Olvida dónde estamos y lo conseguiremos, camarada. Éste es un cuarto de aseo público, alguien podría entrar de un momento a otro. —Apuntó ella. Apoyándose arriba, ella presionó sus labios contra los de él. Eso fue todo lo que tuvo que hacer. Joe prontamente comenzó a besar su espalda, sus brazos se cerraron alrededor de ella como bandas de acero.

 

 

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