Joe sintió erizarse la piel de su cuello. Su mirada se
deslizó hacia su madre, y le preguntó:
—
Entonces, ¿cómo tengo que pelear por ella?
Demi miró
fijamente a Allison, confusa. La redactora se la había encontrado en el pasillo
justo cuando salía de la oficina de Taylor, para decirle que acababa de hablar
por teléfono con Joe. Él quería comentar la posibilidad de hacer un viaje
para la firma de autógrafos de su libro, pero él quería que Demi
volara hasta Toronto para ultimar todos los detalles.
Demi no podía
creerlo. Y no lo creyó. ¿Por qué deseaba él que ella fuera allí? Quizás el
Banco de Sangre de Jonas se había quedado sin suministros, pensó sarcásticamente, y se estremeció de dolor. No
importaba por qué él quería que fuera a Toronto. No
podía hacerlo. No sobreviviría a otro encuentro con él.
Al menos no su corazón. Y no
estaba del todo segura si sobreviviría a otra de sus conferencias. Todavía
tenía que estar maltratado y sangriento.
— Estoy
terriblemente ocupada, Allison. ¿No podría Taylor volar hacia allí en mi lugar? Tal
vez él podría asumir el contrato de Joe en su totalidad, de
hecho. —Dijo esperanzada.— Probablemente
sería lo mejor. No
creo que pueda manejar a Joe.
—
¡Y un infierno no
puedes!
Demi se dio la
vuelta cuando Chuck avanzó por el pasillo para unirse a ellas.
— Si hay alguna posibilidad de que podamos conseguir
a ese bastardo para hacer el viaje, te toca. El
gasto del vuelo de ida y vuelta es pequeñísimo si lo comparamos con la cuenta
que sacaremos por el libro, por lo que saca tiempo para realizar este viaje. Y
la oportunidad para la publicidad es increíble. Esto
significa artículos en los periódicos de cada ciudad en la que realice la
visita, tal vez hasta entrevistas en la televisión.
Si quieres mantener tu
trabajo, ya puedes hacer cola
para el próximo vuelo
disponible y convence a Adams para que realice este viaje.
Demi no se
molestó en corregir a Chuck sobre el verdadero nombre de Joe. Estaba
demasiado ocupada pensando. Lamentablemente, no
podía permitirse que la despidieran. Tenía cuentas por pagar. Tomando
su silencio como consentimiento, Chuck se retiró dándose
la vuelta y recorriendo el pasillo hasta llegar a su oficina.
— Estarás bien. —Le aseguro Allison apretando cariñosamente su brazo. Luego
ella también entró en su oficina.
— Entonces, Joe
finalmente desea que vayas.
Demi se dio la
vuelta para encontrar a Taylor que estaba de pie en la entrada de su oficina, sonriendo.
— Solamente para hablar de su viaje para la firma de
su libro. — Dijo Demi despacio. Mientras se dirigía a
su oficina.
Taylor resopló
con incredulidad y la siguió.
— Sí, claro. Que Joe Jonas hará un viaje por su libro. Como pude olvidar esto. Él
te quiere a ti.
Demi se sentó en
su escritorio con un suspiro.
— Cierra la puerta por favor, Taylor.
No quiero que todo el
mundo conozca todos los detalles. —Ella esperó hasta que
él hubo cerrado la puerta, entonces dijo— Él no me quiere.
— ¿Estás de broma? El tipo esta loco por ti.
— Sí. —Demi
refunfuñó secamente.— Claro por eso él me ha llamando por teléfono y me
ha enviado flores.
Taylor se sentó
en la esquina del escritorio y se encogió de hombros.
— ¡Eh!. Tú fuiste quien se movió por nuestra
habitación como un ladrón. Tienes que pensar que el tipo puede vacilar un poco, tal
vez piense que no estabas interesada.
Demi se puso
rígida. Aquel pensamiento no se le había pasado por la
mente. La esperanza creció en su confusa cabeza.
— ¿De verdad piensas eso?
— Yo apostaría tu
vida.
Demi parpadeó,
luego le dirigió una
media sonrisa.
— ¿Mi vida, huh?
— Sí. —Él sonrió
abiertamente y se levantó de su escritorio, andado
hacia la puerta.— Bien, estoy un noventa y nueve
por ciento seguro, pero no soy un suicida. Mejor
que seas tú, por si me equivoco.
Entonces se
marchó.
Demi miró la
puerta cuando se cerró tras él, luego observo detenidamente todo el trabajo
administrativo que había sobre su escritorio. La
conferencia estaba puesta la ultima. Había intentado ponerse
al día desde su regreso, pero estaba tan distraída que no avanzaba con nada.
Tampoco iba a ponerse con ello ahora. No antes de que
averiguara que relación tenía con Joe.
Agarró su bolso
del escritorio, levantándose. Era hora de dejar de
estar deprimida y sentirse miserable, y dejar todo claro. Sobre
todo si había alguna posibilidad... no terminó este pensamiento. Ya tenía puestas
demasiadas esperanzas.
Taylor estaba de
pie en el pasillo, y alzó las cejas extrañado cuando ella abandonó su
oficina.
— ¿Dónde crees
que vas?
— A coger un avión. —Contestó Demi.
— Oh. — Él miró como avanzaba por el pasillo, entonces
dijo— Urn... ¿No deberías de llamar o escribir, haciéndole saber
que vas de camino?
— ¡Cómo él contestaría a una llamada de teléfono o
leería la carta.! —Resopló Demi.—
No. Es mejor que este de
camino. Él me quiere en Toronto. Pues me
tendrá. Solo espero que esté preparado.
* * * * *
— ¿Uh, señora?
¿Este es el lugar o no?
Demi desplazó su
fija mirada de la entrada de la casa de Joe y dirigió una sonrisa algo nerviosa
al taxista. El hombre se había girado en su asiento, mirándola
con preocupación. Era muy paciente. Ella
ya le había pagado hacia varios minutos, pero en vez de salir, había permanecido sentada
mirando fijamente la fachada de la casa.
— Lo siento. Yo... —Ella
se encogió de hombros desvalida, incapaz de admitir que
mientras la determinación la había llevado tan lejos, ésta
comenzaba a decaer y el terror tomaba su lugar.
— No, ¡Eh!, está bien, señora.
Puedo llevarla a otra parte si quiere.
Demi suspiró y
alcanzó el picaporte.
— No, gracias.
Ella se escapó y
cerró la puerta, ya caminaba por el camino de la entrada cuando el
taxi dio marcha atrás. Ya que ella había cogido el vuelo directamente
desde la oficina, no había echo las maletas, con
nada más que su bolso. Ahora se agarró las manos y luchó por mantener su
respiración regular. No podía creer que estuviera en realidad aquí.
— Bueno, aquí estoy, cuantos antes termine mejor. —Se
dijo a si misma.
Su voz firme le
dio algo más de valor, Demi se aproximó a la acera y cruzó la entrada. Levantó
su mano para llamar a la puerta, entonces
hizo una pausa cuando
comprendió que aún no era ni mediodía. La luz del día brillaba
todavía fuera. Joe estaría durmiendo. Demi dejó caer la mano
con incertidumbre. No
quería despertarlo. Era realmente irritable si ella le despertaba. Podría
conseguir que este encuentro empezara con el pie equivocado.
Echó un vistazo a
su reloj. 11:45. Faltaban unas buenas seis horas hasta que
anocheciera. Pensó en sentarse en la entrada y esperar, pero
seis horas era mucho tiempo. Además, estaba
muy cansada. No había dormido una noche entera desde que acabara
la conferencia. Se echaría una siesta. Así, ella
estaría fresca y bien despierta para cuando se encontrara con él.
Demi se giró y
miró hacia la calle, suspirando. No tenía coche o ningún
modo de llamar a un taxi, por lo que no podía ir
a un hotel. Y no podía dormitar sobre la entrada como alguna
persona sin techo. Se volvió hacia la puerta otra vez, vacilando, alcanzando
el pomo de la puerta. Girándolo despacio, se
sorprendió cuando la puerta se abrió. Él no la había cerrado. ¿Qué
idiota dejaría su puerta abierta? Alguien podría pasar y golpearle con una
estaca. Y ella ya había visto a alguien hacer esto, y él no
podría demandar a nadie. Tendría que cantarle las cuarenta sobre esto.
Mientras tanto, ella
no podría alejarse y dejar su puerta abierta. Así
que iría dentro, cerrando la puerta tras ella, y dormiría sobre su
sofá. Era por su beneficio. Demi
se rió por su razonamiento. Esto no podría ni
sostenerse en el agua, pero le pareció lo suficiente razonable. Bueno casi.
Demi había
cerrado la puerta y estaba casi en la sala de estar cuando escuchó un sonido
seco y metálico en la cocina. Se dio la vuelta
bruscamente, disponiéndose
a ir hacia la salida, y golpear la puerta, como si nada. Pero... ¿Qué pasaba si el ruido de la cocina no había sido
hecho por Joe? Él debería de estar durmiendo y él había dejado la puerta abierta solamente para que alguien
pudiera andar y lo robara. Demi vivía en Nueva
York; el nivel de criminalidad era alto allí. Toronto,
como se suponía, era una ciudad grande. El crimen era
probablemente también alto. Tuvo que pensar como
había sido el ruido. Solamente echaría una ojeada por la puerta de la
cocina. Si era Joe, saldría fuera y
llamaría. Si no era Joe, saldría fuera y correría hasta la casa de un vecino
para llamar a la policía.
Se dio la vuelta, Demi
se movió con cuidado a través del pasillo, tan rápida y
silenciosamente como pudo. Una vez en la puerta de
la cocina, hizo una pausa para tomar aliento, luego
abrió la puerta solamente una rendijita.... y casi chilló por
la sorpresa. Joe no estaba en la cocina. Era una desconocida, una
mujer, una señora de la limpieza, con
una cofia en su cabeza y la fregona y cubo en la mano. Lo
que la había alarmado era el hecho, era que la mujer estaba en el medio de la
habitación cerca de la puerta de la cocina y se movía precipitadamente. A Demi
no le daría tiempo de salir del pasillo y de la casa antes de que la mujer
apareciera.
Incapaz de pensar
que más podía hacer, Demi dejó que la puerta se cerrara, pegándose a la
pared. Cerró los ojos y contuvo el aliento rezando. La
puerta crujió al abrirse. Demi esperó. Escuchó
movimientos de unos pasos por delante, por el pasillo a poca
distancia de ella; entonces abrió los ojos, apenas
capaz de creerse que la habían pillado. Estaría allí de pie
solo un momento;
entonces, de
repente la venció el miedo pensando que la mujer volvería y la descubriría
después de todo, por lo que Demi se deslizó hacia la cocina.
La puerta
solamente se estaba cerrado cuando Demi vio que la señora de la limpieza se
paraba fuera de la sala de estar, por lo que en un chasquear de dedos, se dio la vuelta. Casi hiperventilando por el pánico, Demi
echó un vistazo desesperadamente alrededor de la cocina,
dirigiéndose hacia la puerta del
otro lado. Precipitándose hacia ella, ya que estaba abierta y era
la escalera que conducía hacia el sótano. Vaciló solo un momento, pero
los pasos eran ahora audibles desde donde estaba. La
mujer volvía.
Demi bajo otro
escalón. La puerta casi se cerró, bajando
y vislumbrando los escalones lo suficiente. Solo
un momento más tarde, la puerta de la cocina se abrió y la señora de la
limpieza entró en ella. Ella se movía hacia el fregadero, fuera de su
vista, luego retrocedió y abandonó la cocina. Demi
casi se apresuró para salir otra vez, pero se paró un momento, decidiendo esperar por si acaso.
Ella estuvo de
pie en medio de una oscuridad total, sintiendo que la
negrura se cernía sobre ella, consciente de cada
crujido de la casa durante aproximadamente treinta segundos antes de que su
cobardía la impulsara a encontrar el interruptor de la luz. Este
chasqueó cuando lo encendió, y al momento la
oscuridad se desvaneció. Demi soltó el aliento aliviada. Esto
era mucho mejor. Se encontraba de pie solamente en los escalones
superiores del sótano.
Su mente se
congeló cuando echó un vistazo nervioso a la parte de debajo de la escalera. Sobre
el brillante objeto de caoba que podía ver desde donde ella se encontraba.
— Eso no puede
ser un ataúd. —Se repetía Demi firmemente. Dando
un paso hacia abajo, intentó ver algo más que la caja.— Solo
es una especie cómoda para la ropa. Oh, pero esto no es
un ataúd.
Impelida a toda
costa de bajar por las escaleras para ver que era, aunque
supiera de ante mano que era de verdad un ataúd. El
sentido de la traición la abrumó. Joe le había dicho que
él no estaba muerto y que no dormía en ataúdes. ¿O
ella había asumido que él no dormía en ataúdes? Él había dicho que él no estaba muerto, aunque si
él no estaba muerto, ¿para que era el ataúd? Tal vez solo no había querido
molestarla, entonces también le había mentido sobre la parte de
estar muerto.
Él había tenido
razón. Estaba molesta.
— Oh, Dios Querido. —Respiró
fuertemente.— Acostarme con un hombre seiscientos años más viejo
que yo si lo puedo asumir, ¿pero con un tipo
muerto? —Sus ojos se agrandaron ante el horror.— ¿Esto
me hace una Necrófila?
Reflexionó
brevemente, entonces
sacudió su cabeza.
— No. Joe no está muerto. A él le latía el corazón. Escuché el latido de su corazón cuando descansé mi
cabeza sobre su pecho. Y su piel no era fría. Bueno, helada pero no fría.
—Se contestaba ella misma. No podría decir que no lo había escuchado, por lo que es una prueba
evidente. Hasta que escuchó a su
voz decir— Mientes , el latido de su corazón también se paró una vez.
Demi gimió al
recordar la noche que Joe fue atacado. Entonces murmuró:
— Seguramente los
muertos no pueden conseguir las maravillosas erecciones que Joe tuvo. No
habría ningún flujo sanguíneo.
Ella que había estado bastante feliz
mientras lo razonaba cuando su voz la traicionó otra vez.
— Desde
luego, hay
siempre el rigor mortis por considerar.
— Solamente ábrelo. —Murmuró Demi con algo
de repugnancia. Avanzó
despacio por el tramo hasta un lado del ataúd, distrayéndose ya que discutía
consigo misma. Ella siguió hablando para distraerse cuando tendió la mano para
abrirlo.— Hay
probablemente una explicación lógica para todo esto. Joe probablemente
almacena cosas dentro. Cosas
como un violonchelo, o
tal vez zapatos, o
.... un
cuerpo. —Esa
ultima posibilidad se le ocurrió al escuchar el chirrido cuando finalmente
levantó la tapa del ataúd... y vio al hombre dentro. Entonces sus ojos
parpadearon al abridse, él
se agarró a los lados del ataúd y comenzó a sentarse. Hay fue cuando las luces
se apagaron. Demi comenzó a chillar.

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