miércoles, 21 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★Cap: 52


Joe sintió erizarse la piel de su cuello. Su mirada se deslizó hacia su madre, y le preguntó:

— Entonces, ¿cómo tengo que pelear por ella?

Demi miró fijamente a Allison, confusa. La redactora se la había encontrado en el pasillo justo cuando salía de la oficina de Taylor, para decirle que acababa de hablar por teléfono con Joe. Él quería comentar la posibilidad de hacer un viaje para la firma de autógrafos de su libro, pero él quería que Demi volara hasta Toronto para ultimar todos los detalles.

Demi no podía creerlo. Y no lo creyó. ¿Por qué deseaba él que ella fuera allí? Quizás el Banco de Sangre de Jonas se había quedado sin suministros, pensó sarcásticamente, y se estremeció de dolor. No importaba por qué él quería que fuera a Toronto. No podía hacerlo. No sobreviviría a otro encuentro con él. Al menos no su corazón. Y no estaba del todo segura si sobreviviría a otra de sus conferencias. Todavía tenía que estar maltratado y sangriento.

— Estoy terriblemente ocupada, Allison. ¿No podría Taylor volar hacia allí en mi lugar? Tal vez él podría asumir el contrato de Joe en su totalidad, de hecho. —Dijo esperanzada.— Probablemente sería lo mejor. No creo que pueda manejar a Joe.

¡Y un infierno no puedes!

Demi se dio la vuelta cuando Chuck avanzó por el pasillo para unirse a ellas.

Si hay alguna posibilidad de que podamos conseguir a ese bastardo para hacer el viaje, te toca. El gasto del vuelo de ida y vuelta es pequeñísimo si lo comparamos con la cuenta que sacaremos por el libro, por lo que saca tiempo para realizar este viaje. Y la oportunidad para la publicidad es increíble. Esto significa artículos en los periódicos de cada ciudad en la que realice la visita, tal vez hasta entrevistas en la televisión. Si quieres mantener tu trabajo, ya puedes hacer cola para el próximo vuelo disponible y convence a Adams para que realice este viaje.

Demi no se molestó en corregir a Chuck sobre el verdadero nombre de Joe. Estaba demasiado ocupada pensando. Lamentablemente, no podía permitirse que la despidieran. Tenía cuentas por pagar. Tomando su silencio como consentimiento, Chuck se retiró dándose la vuelta y recorriendo el pasillo hasta llegar a su oficina.

— Estarás bien. —Le aseguro Allison apretando cariñosamente su brazo. Luego ella también entró en su oficina.

— Entonces, Joe finalmente desea que vayas.

Demi se dio la vuelta para encontrar a Taylor que estaba de pie en la entrada de su oficina, sonriendo.

Solamente para hablar de su viaje para la firma de su libro. — Dijo Demi despacio. Mientras se dirigía a su oficina.

Taylor resopló con incredulidad y la siguió.

, claro. Que Joe Jonas hará un viaje por su libro. Como pude olvidar esto. Él te quiere a ti.

Demi se sentó en su escritorio con un suspiro.

Cierra la puerta por favor, Taylor. No quiero que todo el mundo conozca todos los detalles. —Ella esperó hasta que él hubo cerrado la puerta, entonces dijo— Él no me quiere.

¿Estás de broma? El tipo esta loco por ti.

— Sí. —Demi refunfuñó secamente.— Claro por eso él me ha llamando por teléfono y me ha enviado flores.

Taylor se sentó en la esquina del escritorio y se encogió de hombros.

¡Eh!. Tú fuiste quien se movió por nuestra habitación como un ladrón. Tienes que pensar que el tipo puede vacilar un poco, tal vez piense que no estabas interesada.

Demi se puso rígida. Aquel pensamiento no se le había pasado por la mente. La esperanza creció en su confusa cabeza.

¿De verdad piensas eso?

— Yo apostaría tu vida.

Demi parpadeó, luego le dirigió una media sonrisa.

¿Mi vida, huh?

— Sí. —Él sonrió abiertamente y se levantó de su escritorio, andado hacia la puerta.Bien, estoy un noventa y nueve por ciento seguro, pero no soy un suicida. Mejor que seas tú, por si me equivoco.

Entonces se marchó.

Demi miró la puerta cuando se cerró tras él, luego observo detenidamente todo el trabajo administrativo que había sobre su escritorio. La conferencia estaba puesta la ultima. Había intentado ponerse al día desde su regreso, pero estaba tan distraída que no avanzaba con nada. Tampoco iba a ponerse con ello ahora. No antes de que averiguara que relación tenía con Joe.

Agarró su bolso del escritorio, levantándose. Era hora de dejar de estar deprimida y sentirse miserable, y dejar todo claro. Sobre todo si había alguna posibilidad... no terminó este pensamiento. Ya tenía puestas demasiadas esperanzas.

Taylor estaba de pie en el pasillo, y alzó las cejas extrañado cuando ella abandonó su oficina.

— ¿Dónde crees que vas?

— A coger un avión. —Contestó Demi.

— Oh. — Él miró como avanzaba por el pasillo, entonces dijo— Urn... ¿No deberías de llamar o escribir, haciéndole saber que vas de camino?

— ¡Cómo él contestaría a una llamada de teléfono o leería la carta.! —Resopló Demi.— No. Es mejor que este de camino. Él me quiere en Toronto. Pues me tendrá. Solo espero que esté preparado.

* * * * *

¿Uh, señora? ¿Este es el lugar o no?

Demi desplazó su fija mirada de la entrada de la casa de Joe y dirigió una sonrisa algo nerviosa al taxista. El hombre se había girado en su asiento, mirándola con preocupación. Era muy paciente. Ella ya le había pagado hacia varios minutos, pero en vez de salir, había permanecido sentada mirando fijamente la fachada de la casa.

— Lo siento. Yo... —Ella se encogió de hombros desvalida, incapaz de admitir que mientras la determinación la había llevado tan lejos, ésta comenzaba a decaer y el terror tomaba su lugar.

— No, ¡Eh!, está bien, señora. Puedo llevarla a otra parte si quiere.

Demi suspiró y alcanzó el picaporte.

— No, gracias.

Ella se escapó y cerró la puerta, ya caminaba por el camino de la entrada cuando el taxi dio marcha atrás. Ya que ella había cogido el vuelo directamente desde la oficina, no había echo las maletas, con nada más que su bolso. Ahora se agarró las manos y luchó por mantener su respiración regular. No podía creer que estuviera en realidad aquí.

— Bueno, aquí estoy, cuantos antes termine mejor. —Se dijo a si misma.

Su voz firme le dio algo más de valor, Demi se aproximó a la acera y cruzó la entrada. Levantó su mano para llamar a la puerta, entonces hizo una pausa cuando comprendió que aún no era ni mediodía. La luz del día brillaba todavía fuera. Joe estaría durmiendo. Demi dejó caer la mano con incertidumbre. No quería despertarlo. Era realmente irritable si ella le despertaba. Podría conseguir que este encuentro empezara con el pie equivocado.

Echó un vistazo a su reloj. 11:45. Faltaban unas buenas seis horas hasta que anocheciera. Pensó en sentarse en la entrada y esperar, pero seis horas era mucho tiempo. Además, estaba muy cansada. No había dormido una noche entera desde que acabara la conferencia. Se echaría una siesta. Así, ella estaría fresca y bien despierta para cuando se encontrara con él.

Demi se giró y miró hacia la calle, suspirando. No tenía coche o ningún modo de llamar a un taxi, por lo que no podía ir a un hotel. Y no podía dormitar sobre la entrada como alguna persona sin techo. Se volvió hacia la puerta otra vez, vacilando, alcanzando el pomo de la puerta. Girándolo despacio, se sorprendió cuando la puerta se abrió. Él no la había cerrado. ¿Qué idiota dejaría su puerta abierta? Alguien podría pasar y golpearle con una estaca. Y ella ya había visto a alguien hacer esto, y él no podría demandar a nadie. Tendría que cantarle las cuarenta sobre esto.

Mientras tanto, ella no podría alejarse y dejar su puerta abierta. Así que iría dentro, cerrando la puerta tras ella, y dormiría sobre su sofá. Era por su beneficio. Demi se rió por su razonamiento. Esto no podría ni sostenerse en el agua, pero le pareció lo suficiente razonable. Bueno casi.

Demi había cerrado la puerta y estaba casi en la sala de estar cuando escuchó un sonido seco y metálico en la cocina. Se dio la vuelta bruscamente, disponiéndose a ir hacia la salida, y golpear la puerta, como si nada. Pero... ¿Qué pasaba si el ruido de la cocina no había sido hecho por Joe? Él debería de estar durmiendo y él había dejado la puerta abierta solamente para que alguien pudiera andar y lo robara. Demi vivía en Nueva York; el nivel de criminalidad era alto allí. Toronto, como se suponía, era una ciudad grande. El crimen era probablemente también alto. Tuvo que pensar como había sido el ruido. Solamente echaría una ojeada por la puerta de la cocina. Si era Joe, saldría fuera y llamaría. Si no era Joe, saldría fuera y correría hasta la casa de un vecino para llamar a la policía.

Se dio la vuelta, Demi se movió con cuidado a través del pasillo, tan rápida y silenciosamente como pudo. Una vez en la puerta de la cocina, hizo una pausa para tomar aliento, luego abrió la puerta solamente una rendijita.... y casi chilló por la sorpresa. Joe no estaba en la cocina. Era una desconocida, una mujer, una señora de la limpieza, con una cofia en su cabeza y la fregona y cubo en la mano. Lo que la había alarmado era el hecho, era que la mujer estaba en el medio de la habitación cerca de la puerta de la cocina y se movía precipitadamente. A Demi no le daría tiempo de salir del pasillo y de la casa antes de que la mujer apareciera.

Incapaz de pensar que más podía hacer, Demi dejó que la puerta se cerrara, pegándose a la pared. Cerró los ojos y contuvo el aliento rezando. La puerta crujió al abrirse. Demi esperó. Escuchó movimientos de unos pasos por delante, por el pasillo a poca distancia de ella; entonces abrió los ojos, apenas capaz de creerse que la habían pillado. Estaría allí de pie solo un momento; entonces, de repente la venció el miedo pensando que la mujer volvería y la descubriría después de todo, por lo que Demi se deslizó hacia la cocina.

La puerta solamente se estaba cerrado cuando Demi vio que la señora de la limpieza se paraba fuera de la sala de estar, por lo que en un chasquear de dedos, se dio la vuelta. Casi hiperventilando por el pánico, Demi echó un vistazo desesperadamente alrededor de la cocina, dirigiéndose hacia la puerta del otro lado. Precipitándose hacia ella, ya que estaba abierta y era la escalera que conducía hacia el sótano. Vaciló solo un momento, pero los pasos eran ahora audibles desde donde estaba. La mujer volvía.

Demi bajo otro escalón. La puerta casi se cerró, bajando y vislumbrando los escalones lo suficiente. Solo un momento más tarde, la puerta de la cocina se abrió y la señora de la limpieza entró en ella. Ella se movía hacia el fregadero, fuera de su vista, luego retrocedió y abandonó la cocina. Demi casi se apresuró para salir otra vez, pero se paró un momento, decidiendo esperar por si acaso.

Ella estuvo de pie en medio de una oscuridad total, sintiendo que la negrura se cernía sobre ella, consciente de cada crujido de la casa durante aproximadamente treinta segundos antes de que su cobardía la impulsara a encontrar el interruptor de la luz. Este chasqueó cuando lo encendió, y al momento la oscuridad se desvaneció. Demi soltó el aliento aliviada. Esto era mucho mejor. Se encontraba de pie solamente en los escalones superiores del sótano.

Su mente se congeló cuando echó un vistazo nervioso a la parte de debajo de la escalera. Sobre el brillante objeto de caoba que podía ver desde donde ella se encontraba.

— Eso no puede ser un ataúd. —Se repetía Demi firmemente. Dando un paso hacia abajo, intentó ver algo más que la caja.Solo es una especie cómoda para la ropa. Oh, pero esto no es un ataúd.

Impelida a toda costa de bajar por las escaleras para ver que era, aunque supiera de ante mano que era de verdad un ataúd. El sentido de la traición la abrumó. Joe le había dicho que él no estaba muerto y que no dormía en ataúdes. ¿O ella había asumido que él no dormía en ataúdes? Él había dicho que él no estaba muerto, aunque si él no estaba muerto, ¿para que era el ataúd? Tal vez solo no había querido molestarla, entonces también le había mentido sobre la parte de estar muerto.

Él había tenido razón. Estaba molesta.

— Oh, Dios Querido. —Respiró fuertemente.— Acostarme con un hombre seiscientos años más viejo que yo si lo puedo asumir, ¿pero con un tipo muerto? —Sus ojos se agrandaron ante el horror.¿Esto me hace una Necrófila?

Reflexionó brevemente, entonces sacudió su cabeza.

— No. Joe no está muerto. A él le latía el corazón. Escuché el latido de su corazón cuando descansé mi cabeza sobre su pecho. Y su piel no era fría. Bueno, helada pero no fría. —Se contestaba ella misma. No podría decir que no lo había escuchado, por lo que es una prueba evidente. Hasta que escuchó a su voz decir— Mientes , el latido de su corazón también se paró una vez.
Demi gimió al recordar la noche que Joe fue atacado. Entonces murmuró:
— Seguramente los muertos no pueden conseguir las maravillosas erecciones que Joe tuvo. No habría ningún flujo sanguíneo.
Ella que había estado bastante feliz mientras lo razonaba cuando su voz la traicionó otra vez.
Desde luego, hay siempre el rigor mortis por considerar.
— Solamente ábrelo. —Murmuró Demi con algo de repugnancia. Avanzó despacio por el tramo hasta un lado del ataúd, distrayéndose ya que discutía consigo misma. Ella siguió hablando para distraerse cuando tendió la mano para abrirlo.Hay probablemente una explicación lógica para todo esto. Joe probablemente almacena cosas dentro. Cosas como un violonchelo, o tal vez zapatos, o .... un cuerpo. —Esa ultima posibilidad se le ocurrió al escuchar el chirrido cuando finalmente levantó la tapa del ataúd... y vio al hombre dentro. Entonces sus ojos parpadearon al abridse, él se agarró a los lados del ataúd y comenzó a sentarse. Hay fue cuando las luces se apagaron. Demi comenzó a chillar.

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