— Luces maravilloso. —Taylor se unió a ellos en el centro del cuarto— Emprendamos la marcha. Tengo que detenerme a recoger un paquete de cigarrillos para pegarlos bajo la manga.
Demi logró arrancar su mirada del pecho de Joe.
Ella inclinó la cabeza asintiendo, entonces se dio la vuelta para dirigir la
partida.
* * * * *
La fiesta de Rock 'n' Roll estaba en plena
actividad cuando llegaron. Demi dio una mirada a los bailarines, en su mayor
parte mujeres, y se sobresaltó. Algunos de ellos eran muy buenos. Otros
obviamente no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Demi se temía mucho
que ella caería en la última categoría.
— ¿Supongo que tú conoces los bailes? —Le preguntó a Joe. Ante su afligida
expresión, él sonrió abiertamente con una de esas raras sonrisas y asintió.
— Bastante bien, realmente. —Luego agregó.—
Te enseñaré.
Para Demi, que era de las que opinaba que
tenía dos pies izquierdos, eso sonaba como una gran amenaza. Pero Joe fue un
maestro muy bueno y, siendo uno de los pocos hombres, tuvo mucha demanda. Él
llevó todo con una gran elegancia que casi envió a Demi al estado de coma. Ella
lo vio bailar con casi veinte mujeres a la vez. Él las alineó en filas,
enseñándoles pacientemente los pasos en medio de muchas risas nerviosas, luego
giró en espiral a las mujeres casi en el aire con la fuerza y la vitalidad de
un toro. Las mujeres pensaban que era maravilloso. Demi, también. Ella no podía
creer que éste era el mismo hombre hosco que una vez había cerrado de un golpe
la puerta en su cara. Este hombre sonreía. Tenía la paciencia de Job. Este
hombre era el sueño de toda mujer. Ella le dejó que le enseñase como bailar.
La fiesta estaba muy divertida, pero Demi
había tenido un día lleno de tensión y se dio cuenta de que estaba cansándose
muy temprano. Joe aparentemente advirtió los bostezos que ella trataba de
ocultar.
— Tienes que irte. —Le dijo y la acompañó.
Luego la estuvo sermoneando todo el camino de regreso a su suite, la mayor
parte sobre que no comía lo suficiente. Él aparentemente había notado que ella
había estado muy ocupada hablando con sus escritores como para comer más que
unos pocos bocados del buffet.
— No me gusta eso. Tienes que cuidarte
mejor. —Insistió él firmemente.— Gastas demasiado tiempo y energía en nombre de
tus escritores, incluyéndome a mí mismo. —Se quejó.
Demi trató de defenderse, diciendo que era
sólo una semana al año. Joe no fue lo suficientemente tonto como para creer
eso.
— Jenny mencionó muchas otras convenciones
que se celebran durante todo el año. —Le dijo.— Y te he escuchado
frecuentemente trabajar todas las noches y aún los fines de semana, editando y
leyendo libros.
Demi hizo una nota mental de bloquear a Jenny
de su mensajero instantáneo de Windows a altas horas de la noche, si el escritor
necesitaba hablar con ella. Ella siempre mantenía activo su mensajero
instantáneo mientras estaba en la oficina, en el caso de que alguno de sus
escritores tuviese una pregunta. Jenny a menudo le recriminaba porque trabajaba
mucho, pero la última cosa que Demi necesitaba era que Joe supiera que ella no
tenía vida social en absoluto.
Por supuesto, él aparentemente había
perdido el interés en buscar la pasión que brevemente habían compartido. Él no
había intentado nada desde esa primera noche y la mañana siguiente. Eso había
sido el martes y el miércoles. Ahora era viernes por la noche, y aparte de
sostener su mano de una manera tranquilizadora, Joe no había hecho nada para
iniciar algo como lo que había ocurrido.
Por supuesto, ni ella tampoco, Demi lo
admitió para sí misma. Ella lo miró considerándolo. Quizá...
— Te vas a ir a la cama inmediatamente, en
cuanto regresemos a la habitación. Y no quiero verte de nuevo al menos hasta
las siete de la mañana. Eso significa diez horas de sueño. Lo necesitas. —Dijo Joe
firmemente, interrumpiendo sus pensamientos cuando salían del ascensor.
Demi suspiró interiormente. No había ningún
"quizá" sobre eso; El hombre no estaba interesado en acostarse con
ella más, y él simplemente se aseguraba de que ella no siguiera con la idea.
¿Habían sido esos primeros dos apasionados encuentros causados puramente por su
necesidad de sangre? Quizá él deliberadamente la había seducido sólo en un
esfuerzo por "tener un pedacito de comida". Quizá ella no había
notado su falta de interés verdadero las primeras dos veces porque había estado
tan abrumada, no había sido consciente del hecho de que él deliberadamente
podría excitarla para morderla. Ella ciertamente se había dado cuenta de eso la
tercera vez y lo advirtió entonces, pero sólo hasta que el practico y
deliberado asalto a sus sentidos la había abrumado. Quizá él no estaba
interesado en ella como algo más que una cena.
¿Por qué había pensado ella lo contrario?
¿Y cuándo eso había comenzado a significar tanto?
Demi suspiró infelizmente cuando entraron
en su suite. Más bien era desalentador ser nada más que un bocadillo.
— Duerme bien. —Joe le dio un suave empujón
hacia la puerta de su dormitorio, y Demi pasó sin comentarios. Murmuró un
buenas noches antes de deslizarse dentro, pero eso era sólo a causa del
orgullo. Sus hombros cayeron bruscamente, su corazón dolió cuando comenzó a
desvestirse.
Joe observó la puerta cerrada detrás de Demi
y frunció el ceño para sí mismo. La mujer trabajaba demasiado, comía muy poco,
y se mataba por mantener a todo el mundo feliz, incluyéndose a sí mismo. Ella
necesitaba descansar. Necesitaba comer más. Y, sobre todo, necesitaba
relajarse. Él podría pensar en muchas formas para ayudarla a hacer eso.
Desafortunadamente, la mayoría implicaba a los dos desnudos, y él no estaba del
todo seguro de que ella le diera la bienvenida ahora que conocía la verdad
acerca de él. En su experiencia la mayoría de las mujeres sentían repulsión por
su estado como vampiro. Demi ciertamente no era la primera mujer que había
conocido su secreto a través los años, y él había encontrado, que la mayoría de
las veces, le temían al saber la verdad. Para mantenerse a sí mismo y a su
familia seguro, a menudo había tenido que esforzarse para poner un velo sobre
sus memorias, o persuadirlas de que la revelación había sido simplemente un
sueño.
Sin embargo, Demi no se había mostrado
asustada. Ella parecía mirar su vampirismo tan sólo como un problema. Joe era
un vampiro, pero él también era uno de sus más exitosos escritores, y él
necesitaba sangre. Ella había tenido que encontrarle un poco. Aún había estado
dispuesta a permitir intimidades en el cuarto de aseo de hombres para ayudarlo.
Aparte de eso, sin embargo, ella no había mostrado signos de interés.
Él recordó, su primera noche ahí y la primera
mañana, cuándo se habían encontrado a si mismos en circunstancias apasionadas.
Pero eso había sido antes de que Demi supiera que él era un vampiro. Ella muy
bien lo podría encontrar repulsivo ahora.
Repentinamente consciente de la tensión en
su cuello y sus hombros, Joe se quitó la chaqueta de cuero y la lanzó sobre una
silla. Rotó primero uno de sus hombros luego el otro, luego la cabeza
igualmente, tratando de aliviar los músculos. Era obra de Demi. Él deseaba
saber lo que ella estaba pensando y cual era su punto de vista. Quería que lo
quisiera. Él la quería. Sonrió. Era un deseo tonto. Demi era una mujer moderna
con aspiraciones en su carrera y una vida y un hogar en Nueva York. Ella había
dejado la vida en la somnolienta Nebraska para dedicarse a un trabajo en la
industria editorial. Ella apenas dejaría eso por mudarse a Canadá para tener un
romance, y Joe no la conocía lo suficientemente como para estar seguro de que
él quería una vida con ella. Para el humano común, un mal matrimonio eran sólo cuarenta
o cincuenta años de sentencia; Para él podría ser mucho, mucho más largo.
Su mirada se deslizó por el pequeño bar de
la esquina, y consideró tomar un whisky antes de irse a la cama. Pero decidió
lo contrario. No era muy bebedor y no quería comenzar a relajarse con ello. El
alcohol había causado serios daños a su padre, Claude, casi matándolo al final.
Encogiéndose de hombros, decidió que podría
mejor ir a dormir.
La primera cosa que sintió cuando entró en
su cuarto fue el suave aroma de la sangre en el aire. Luego se dio cuenta de
que la lámpara del lado de la cama estaba encendida, y se puso rígido. Él la
había apagado antes de salir a la fiesta. Ahora estaba encendida. Su cuerpo
comenzó a bombear adrenalina del mismo modo que su mirada barría el cuarto.
La puerta del refrigerador parcialmente
abierta, y las bolsas de sangre cortadas que yacían ante el, explicaban el
perfume en el aire. Aparte de eso, ninguna cosa parecía perturbada. No parecía
estar alguien alrededor. Por supuesto, el perfume de sangre era tan denso que
su habilidad usual para sentir a cualquiera cerca estaba obstaculizada.
Él dio un paso hacia su suministro de
sangre saqueada, intentando ver si algo era recuperable. Pero al tiempo que lo
hacía, escuchó el susurro del balanceo de la puerta del dormitorio cerrarse
detrás de él. Él giró sólo para sentir la estaca estrellándose contra su pecho.
Demi se había quitado sus ropas y se
debatía entre tomar una ducha o simplemente irse a la cama cuando escuchó un
estrépito. Hizo una pausa, inclinando la cabeza para escuchar. Cuando algo se
estrelló duramente contra la pared que separaba su cuarto del de Joe, ella
agarró rápidamente su bata, la arrastró hacia adelante, y ató el cordón
mientras corría a la sala de estar.
La puerta del cuarto de Joe estaba cerrada.
Demi no se molestó en golpear la puerta, sino que la empujó y entró de prisa.
Ella casi chocó violentamente contra dos hombres en pleno combate. Al
principio, todo lo que veía era a los dos hombres enfrentándose el uno al otro,
luego vio la estaca, su punta enterrada en el pecho de Joe y la sangre
rezumándose fuera. Ella gritó con horror, aunque no supo que lo hizo. Escuchó
el grito como un sonido distante.
Al final, salió de su parálisis, y miró
salvajemente alrededor. La única arma que podía ver eran las lámparas que
estaban al lado de la cama. Corrió a agarrar una, mientras maldecía porque la
condenada cosa no se movió. Estaba sujeta a la mesa de noche. Su mirada se
lanzó hacía Joe y su asaltante. Había más sangre, y le dio la impresión de que
la estaca se había profundizado más. Joe parecía estar debilitándose. Aún no
había una sola maldita cosa alrededor para usarla como arma. Desesperada,
agarró una almohada y se lanzó bateando al desconocido, luego lo golpeó con la
almohada en la cabeza y en los hombros. Su ataque tuvo poco efecto en el
hombre. Él ni siquiera miró alrededor.
Dando rienda suelta a un aullido de furia
cuando su mirada se desvió a la cara pálida de Joe, Demi cogió la almohada por
cada extremo la balanceó sobre la cabeza del asaltante y la enterró de un golpe
en su cara. Agarrándolo firmemente, intentó escalar la espalda del tipo. Para
su alivio, él soltó a Joe y tropezó hacia atrás, tratando salvajemente de
agarrarla. Ella logró evitar los azotes de sus manos, y se agarró de la
almohada tanto como podía. Él posiblemente no podría respirar con esto, y ella
rezaba para que él se desmayara antes de que lograse atraparla.
Ella soltó un "oomph," pero logró
quedarse en su espalda cuando él se tambaleó para atrás, hacia la pared cercana
al armario. Demi se agarró, sabiendo que ella y Joe estarían perdidos si ella
no lo hacía.
Demi recorrió desesperadamente con la
mirada a Joe. Él estaba sobre sus rodillas en la cama, sus manos débilmente
agarrando la estaca en su pecho. Ella recordó que él había dicho que una estaca
lo mataría si era dejada adentro demasiado tiempo, y ella supo que tenía que
acercarse a él rápidamente. Sus pensamientos estaban dispersos como el hombre
que estaba montando que golpeaba hacia atrás, esta vez lanzándolos dentro del
armario. Demi gruñó cuando su cabeza se estrelló contra la barra de ropa.
El dolor fue como una explosión dentro de
su cabeza, cegándola con destellos blancos detrás de sus ojos. Ella quiso
agarrar su cabeza y sostenerla en sus manos hasta que la agonía pasara, pero no
podía soltarse de la almohada y estuvo así colgando ciega y en agonía,
aferrándose a la conciencia por un hilo.

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