— No. Nunca la
tuve.
— ¡Cielos hombre! —Taylor
cogió el mando a distancia de la mesa. Joe lo reconoció, tenía uno para su
estéreo en casa. Este era para la televisión. El editor dio un clic y sonrió.—
Estas a punto de experimentar un placer, Joe. Te vas a enamorar de la
televisión.
Joe hizo una mueca.
Dudaba mucho de que amase la televisión. Era más un tipo de teatros. Los viejos
hábitos eran difíciles de matar.
Joe
amaba la televisión. No sabía porque que el prejuicio le hubiera impedido
intentarlo hasta ahora. La TV era una invención maravillosa. Era como un mini
escenario con pequeños actores. Y que actores. En las últimas tres horas había
visto una película en la que actuaba un tipo llamado Monty Python… ¿o era el
personaje?
De
cualquier modo, la habían visto primero. Cuando terminó, Taylor examinaba una
guía de televisión cuidadosamente cuando exclamó:
—
Sí, Un maratón de Black Adder. —Y es lo que habían visto desde entonces. Era un
gran espectáculo. Maravilloso y divertido. Joe no se había reído tanto en años.
—
Han desordenado toda la historia, pero es realmente gracioso. —Anunció,
tratando de alcanzar una nueva cerveza del pack de seis en la mesa del café.
Taylor
estalló en risas, luego paró bruscamente, abriendo mucho sus ojos.
—
Oh, Dilo. Demi me va a matar.
Joe
arqueó sus cejas.
—
¿Por qué?
—
Porque, se suponía que te haría observar la moderna televisión Americana, para
ayudarte con tu pronunciación. —Deliberó por unos minutos antes de encogerse.—
¡Que diablos!. Es un poco tarde para tratar de cambiar tu pronunciación, de
cualquier forma.
Joe
asintió distraídamente. La mención de Demi le hizo recordar sus acusaciones
anteriores. Había dicho que hablaba de manera antigua. Joe suponía que lo
hacía; era difícil tratar de cambiar sus patrones de dicción. Había nacido en
Suiza en 1390. Sus padres se habían mudado muchas veces en esos días, pero fue
ahí donde fue concebido y donde nació. Se habían mudado a Inglaterra, y había
aprendió a hablar ingles del Rey. A pesar de todos los países donde había
vivido desde entonces y todas los idiomas que había aprendido y hablado,
todavía tenía y probablemente tendría por siempre ese leve acento y hablaría de
la manera que le habían enseñado.
¿Qué
más había dicho? Recordaba algo acerca de un tal Ángel. ¿Qué se veía como si
quisiera ser Ángel? ¿Qué había dicho exactamente? Su voz había sido demasiado
gruñona para ser un cumplido. Quitó su mirada de la pantalla de la televisión
hacia Taylor.
—
¿Quién, o qué es querer ser Ángel?
Taylor
le devolvió una expresión en blanco.
—
¿Huh?
—
Demi dijo que parecía que quisiera parecerme a Ángel. —Le recordó Joe. La
comprensión inmediata iluminó la cara del joven editor.
—
Oh, sí. Bueno tu sabes Ángel. ¿Buffy y Ángel? ¿Vampiro y Caza vampiros? Oh, eso
es. Tú no ves televisión, así que no sabrás. —Dijo finalmente.— Bueno, Ángel es
un vampiro, ves. Y él es o era el novio de Buffy la caza vampiros. Pero ahora
él tiene su propio programa.
—
¿Caza vampiros? —Preguntó Joe con desaliento. ¿Todavía habían de esos? Dios
mío, había pensado que esos locos habían muerto un siglo atrás. La vida había
estado un poquito tensa por un tiempo. Él y su familia habían tenido que ser
terriblemente cuidadosos o más de lo usual. Siempre habían sido cuidadosos. Sus
propensiones naturales los habían hecho blanco muchas veces sobre los siglos.
Muchos habían sido quemados en estacas como brujas durante la inquisición y
cuando Stoker había salido con su maldito libro, los caza vampiros habían
salido por todas partes. Había sido una maldita molestia. Y espeluznante,
también. Su familia realmente solo había comenzado a relajarse desde el
advenimiento de bancos de sangre, lo cual había disminuido a vampiros cazando y
ser cazados. Ahora parecía una falsa seguridad. Todavía había cazadores ahí
afuera.
Bueno
no había nada que pudiera hacer por el momento, aunque intentaría advertir a su
familia. Se lo mencionaría a Nick cuando su hermano llamara de nuevo.
Joe
volvió a otra acusación que Demi había hecho.
—
¿Qué quiso decir Demi de qué me dieron el nombre de un producto lácteo?
—
Oh. Taylor hizo una mueca.— Joe es una
compañía de Lácteos aquí en los Estados Unidos.
—
¿Una compañía láctea?
—
Si, ya sabes: leche, queso coottage, nieve. —Explicó Taylor exasperado
—
Sé lo que son productos lácteos. —Dijo Joe malhumoradamente.— Pero mi nombre no
es por una compañía de lácteos.
—
¿Entonces porque te llamaron así?
—
Por el lago en Suiza donde fui concebido.
Taylor
asintió.
—
Creo haber oído de él. ¿Pero no tiene el Lago Joee una e al final?
—
Si, bien... Creo que mi madre pensó que la “e” hacia al nombre femenino así que
se la quitó.
— Ah. —Taylor asintió.— Es un buen nombre. No
dejes que lo que te diga Demi te moleste. Lo que pasa es que últimamente esta
descontenta. Trabaja demasiado duro. —Hizo señas hacia la caja de pizza en la
mesa.— ¿Todavía queda algo?
Joe
se inclinó y vio que quedaban todavía dos porciones de la especial come - carne
que encargaron. Tomó una y le dio la caja a Taylor.
Además
de la televisión, la pizza era algo nunca había probado. No era algo que
sirvieran en los restaurantes gastrónomos que frecuentaba. Joe empezaba a
preguntarse si sus maneras snob le estaban haciendo perder muchos placeres que
él verdaderamente podría disfrutar. Nunca había sido un gran fan de la cerveza,
pero había sido agradable tomarla con la pizza. Había sido mejor con los
cacahuetes que Taylor había corrido a comprar. Había sido divertido abrir la cáscara
de los cacahuetes y esparcirla por todo el lugar.
Joe
se inclinó sobre la mesa de café con interés. Estaba llena de latas vacías de
cerveza, cáscaras de cacahuetes, platos de cartón usados y servilletas. Al
principio había intentando limpiar al ir comiendo, su fastidiosa naturaleza lo
impulsaba, pero Taylor le dijo que se detuviera, que estaba bloqueando la
televisión. Ahora Joe se encontraba cómodo entre tanto desorden.
Su
vista se deslizó curiosamente hacia su acompañante. El amigo editor de Demi era
un tipo interesante, en su mayor parte con buen carácter pero con un ingenio
cáustico raro en alguien tan joven. Joe había aprendido que el hombre tenía más
de veinte, un bebe en comparación con sus años, aunque el editor probablemente
se resentiría de que él pensara así. A pesar de eso, Joe disfrutaba de su
compañía.
Sin
embargo se había encontrado mirando el cuello del hombre por más de una hora.
Ahora que había comido comida normal y satisfecho su hambre más natural, la
entrega de sangre faltante estaba empezando a molestar a Joe. Había llamado a Nick
dos veces desde su dormitorio pero no obtuvo respuesta ninguna vez. Su hermano
nunca estaba en casa. Pero esa era la naturaleza de Nick.
Su
hermano menor trabajaba duro, jugaba duro y corría en horas escalonadas,
algunas veces trabajando en las noches en la compañía de la familia. Nick era
el hijo que había tomado las riendas de Argent Inc. después de la muerte de su
padre. Joe nunca se interesó. Siempre prefirió las artes alternando entre
pintura y escribir los últimos cientos de años.
En
contraste, Nick siempre había disfrutado del manejo y la negociación del
negocio. El chico había trabajado en la compañía familiar durante casi toda su
vida adulta y era bueno en eso. Nick era el que había convencido a su padre en
diversificarse del cultivo y el embarque a una producción del siglo dieciocho.
Él era también él que había decidido que debían de alimentarse de bancos de
sangre. Nick era un pensador innovador.
También era
un condenado duro de rastrear. El negocio familiar a menudo lo llevaba a viajes
inesperados a países extranjeros por períodos indefinidos. Joe a menudo no
sabía donde estaba su hermano menor o cuando regresaría. Nick podría
simplemente haber salido a cenar cuando llamó, o estar de camino a Europa para
manejar un problema de las oficinas centrales. Cualquiera que fuera el caso,
recibiría el mensaje de Joe y le devolvería la llamada tarde o temprano. Pero Joe
tenía hambre ahora.
Su
mirada se deslizó a la garganta de Taylor de nuevo. El editor tenía un pulso
saludable. Joe probablemente podría sacar una pinta de él sin dañarlo. Por
supuesto, sería sangre alcoholizada, se dio cuenta tristemente. Y su propia
sangre tenía una porción considerable de alcohol. Frunció el ceño, pero su
mirada permaneció en el cuello del otro hombre. Taylor se rió de algo que pasó
en la última obra teatral satírica negra. Joe no vio la televisión; estaba
hambriento.
El
anhelo por la sangre no era como el de la comida. Era algo similar a la sed,
pero no era solo la boca seca. Su piel parecía arrugarse y picaba con necesidad
de alimentación.
Sabía
que no estaría tan mal si no hubiera estado a pleno sol. La caminata desde el
coche al aeropuerto fue corta pero el aeropuerto era todo vidrio y había tenido
un asiento en el pasillo del avión así que le fue imposible cerrar la persiana.
Había estado atorado con el sol dándole directamente. El sol era peligroso para
su especie. Causaba daño en todos, por supuesto gente de su propia especie y
humanos también. Pero su cuerpo, su sangre reparaba constantemente eso y otros
daños diarios, y los rayos del sol gastaban mucho sus reservas a un paso
acelerado y dejándolo peligrosamente deshidratado, trayendo una sed que ninguna
cantidad de agua podía curar. Solo sangre.
—
¿Que haces?
La
pregunta de Taylor le hizo darse cuenta que se movió y estaba detrás del
hombre. El editor se volvió en su asiento mirándolo curiosamente.
Nada. Estoy sentado en el sofá. Ve el programa,
le ordenó Joe, deslizándose dentro de la mente del hombre con poco esfuerzo y
tomando el control.
—
Ve el programa. —Repitió el editor, y se acomodó en su asiento.
Joe sonrío.
No había perdido la habilidad de meterse en las mentes de otros y tomar el
control. Su incapacidad para hacerlo con Demi le había preocupado de que
hubiera olvidado como hacerlo. No lo había olvidado por supuesto. Lo que quería
decir que Demi era de mente fuerte y fuerte temperamento. Individuos que su
madre juraba que eran...
Joe
apartó el pensamiento. Pensar en Demi en este momento le produjo culpa. Él contemplaba
cenar de su compañero, después de todo y sabía que no le complacería.
Su
vista permaneció en el hombre al sentarse y fácilmente se introdujo en los
pensamientos del editor, buscando cualquier cosa referente a Demi. Se sintió
aliviado al encontrar nada más que amistad y cariño. Taylor y Demi nunca habían
tenido algún tipo de relación. Eso era bueno. A Joe le agradaba el joven. No le
hubiera gustado si hubiera estado involucrado en algún tipo de relación con Demi.
Joe
procedió a borrar los pensamientos de Taylor, forzándolo a concentrarse en el
programa de televisión. No se dio cuenta que Joe le acomodaba la cabeza para mejor acceso a la
carótida.
Joe
se inclinó. Solo lo mordería un poco, tomar solo la sangre suficiente para
apagar lo peor de su sed. Solo un poco.
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