Joe
sonrió al hombre más joven, sintiendo la tensión escurrirse de él. A él no le
importaba tener a Demi criticando su traje, aun peor era tener su atención
enfocada en su calzón. Saber que ella estaba mirándolo fijamente hizo a un
pedacito de su anatomía agitarse de interés.
—
Entonces... —Taylor recorrió con la mirada a los dos— ¿...estamos listos para
irnos?
* * * * *
Demi sabía
ciertamente que sus pechos iban a salirse repentinamente de su traje. Ella
estaba haciendo su mejor esfuerzo para no respirar, para impedir que eso
sucediera, pero cada vez que ella tenía que inclinarse también decía una
pequeña plegaria para que permanecieran en su lugar. Afortunadamente lo
hicieron, pero cada vez que ella se enderezaba era para encontrar a Joe echando
fuego por los ojos a todo hombre que pudiera verla. Demi lo encontraba más bien
divertido. Lo que ella no encontraba divertido era la manera que las mujeres
estaban mirando al calzón de Joe. Esa maldita cosa centellaba y brillaba, los
alfileres enjoyados atrayendo toda la luz. Los propios ojos de Demi habían sido
atrapados repentinamente también. Era malditamente embarazoso lo distrayente
que era esa cosa. Joe no parecía darse cuenta. Si él era consciente de la
manera en que doscientas mujeres en la habitación estaban mirando estúpidamente
a su ingle, él pretendía no estarlo y caminaba con orgullo. Ella no sabía de
dónde obtuvo el coraje. Si ella tuviera que caminar vistiendo conos
centelleantes en sus pechos, habría estado encogiéndose y tratando de esconderlos.
—
Wow, que éxito, ¿no?. —Comentó Taylor.
Demi
miró alrededor al entretenimiento. Había músicos, bufones, bailarines y
trovadores. Realmente se asemejaba a lo que ella imaginaba que sería un baile
con una apariencia antigua. Su brazo se apretó al brazo de Joe y ella se
inclinó hasta su oído para susurrar.
—
¿Es cómo realmente era?
Él
vacilo.
—
Algo. Por supuesto la iluminación habría sido más oscura. Teníamos solamente
luz de vela, no electricidad. El suelo habría estado cubierto de juncos. Perros
y ratas habrían estado buscando entre los sobrantes pedazos de comida. El olor
habría sido mucho menos agradable y...
—
Esta bien. —Interrumpió Demi.— A mi me gusta más nuestro baile.
—
GUM. —Asintió él.
Encontraron
una mesa y apenas se habían sentado cuando Jenny y varias escritoras más se
unieron a ellos. La conversación estaba al principio dominada por el asombro en
el logro de Lady Barrow. Los bufones eran divertidos, los trovadores tocaban
instrumentos antiguos. La cena, cuando fue servida, estuvo deliciosa aunque no
era realmente un menú renacentista.
Una
vez que los platos fueron levantados, comenzó el baile. Joe murmuró que
volvería en un momento, y Demi presumió que él tenía que ir al baño de hombres.
Cabeceó distraídamente, su atención puesta sobre los bailarines girando
alrededor del salón. Ella giró para decirle algo a Jenny, que había tomado el
asiento al otro lado de Joe, pero paró cuando vio que Joe todavía estaba allí.
—
Pensé que habías ido...
Su
voz se fue apagando cuando notó que las manos de él estaban debajo de la mesa.
El parecía estar... haciendo algo.
—
¿Qué...? —Comenzó ella a asombrarse.
—
Estoy atrapado en algo. —Dijo él secamente.
Demi
parpadeó, la confusión llenaba su mente.
—
¿Qué quieres decir con que estas atrapado en algo?. —Ella estaba imaginando...
bueno, era no pensar mucho en lo que estaba imaginando. Ella pronto aprendió
que era peor que eso.
—
El mantel. —Dijo él, inclinándose ligeramente hacia un lado para intentar ver
el problema.— Uno de los alfileres.
Era
todo lo que tenía que decir; Demi obtuvo el cuadro de inmediato. Una de los
alfileres enjoyados de su calzón se había, de alguna manera, enganchado en el
mantel. Muy para su horror, un estallido de risa se escapó de sus labios.
Joe
no se estaba divirtiendo.
—
Esto no es gracioso. —Le dijo él desagradablemente.— Tengo que aliviarme
urgentemente. No puedo levantarme.
—
Entonces... ¿vosotros tenéis que ir al baño también? —Preguntó Demi con
interés.
Joe
la miró como si ella hubiera perdido el juicio.
—
¿De dónde sacas tus pensamientos?
—
Bueno —explicó ella en defensa propia— en sus libros Bram, Drácula nunca tuvo
que aliviarse. Yo nunca pensé...
—
Dudo que Mina se haya aliviado tampoco. —Gruño Joe. Dio un tirón al mantel,
haciendo que el y todo lo que había encima resbalase más o menos unos 2
centímetros hacia Joe.
La
conversación alrededor de la mesa se detuvo. Demi miró hacia arriba para ver
que todos estaban observando a Joe con varios niveles de horrorizada
fascinación. Sabiendo que Joe nunca pediría ayuda, Demi decidió salvarlo de su
orgullo. Atrajo la atención hacia ella misma aclarando su garganta, luego
sonrió a Taylor.
—
C.K., ¿puedes ayudar a Joe? Él tiene alguna dificultad.
—
Seguro, ¿cuál es el problema?. —Su amigo comenzó a levantarse.
—
Uno de las alfileres de su calzón se enganchó al mantel. Tal vez tú podrías
meterte debajo de la mesa y soltarlo. —Sugirió ella.
Taylor
se rió.
—
Estas bromeando, ¿verdad?
Cuando
ella negó con la cabeza, él calló abruptamente hacia atrás en su asiento.
—
Perdón. El desenganche del calzón no es mi departamento.
— ¡Taylor!
—Dijo Demi desagradablemente.
—
Demi. —Respondió él secamente.— Es tu escritor. Tú te metes bajo
la mesa y lo sacas.
— Yo pensé
que él te agradaba. —Dijo ella acusadoramente.
—
No tanto. —Taylor devolvió el disparo. Luego él miró apológicamente a Joe.—
Perdón, Joe.
—
Realmente lo entiendo. Yo lo manejaré. —Respondió él con dignidad, pero se
estaba sonrojando ferozmente, notó Demi con interés. Ella no sabía que los
vampiros pudieran sonrojarse.
Él
dio un tirón al mantel nuevamente, y Demi frunció el ceño. Él iba a volcar la
mesa o estropear el traje que ella había alquilado. Ninguna opción era buena.
Ella no deseaba encontrar sobrantes de la cena en su traje alquilado; ella no
quería tener que pagar para que lo limpiaran. Tampoco quería tener que
reemplazar el ridículo calzón que Joe vestía porque él lo había arruinado.
Tragó lo último de su vino, colocó su vaso sobre la mesa y se giró hacia Joe.
—
Esta bien. Saca tus manos del camino y déjame echar una mirada.
Joe
vaciló, luego sacó sus manos y las colocó encima de la mesa. Demi prontamente
se inclinó para tratar de ver que estaba sucediendo. Ella estaba en el ángulo
equivocado.
—
¿No puedes alejarte un poco más? —Preguntó ella.
—
No sin llevarme el mantel conmigo. —Estalló él.
Ella
se enderezó y miró con atención alrededor, no se asombró al ver la mesa llena
de escritoras, todas mirando ávidamente. Su mirada encontró la de Jenny al otro
lado de Joe.
—
No puedo ver nada desde este ángulo. Voy a tener que meterme debajo de la mesa.
Los
ojos de Jenny miraron alrededor, luego se puso de pie.
—
Vamos chicas, no hay necesidad de que sepamos que está pasando. Podemos actuar
como una barricada.
Las
otras escritoras prontamente se pusieron de pie y se movieron alrededor de la
mesa. Demi observó con alivio mientras ellas formaban un semicírculo alrededor
de su asiento y del de Joe, sus amplias faldas haciendo una agradable cortina. Taylor
era el único que quedaba sentado. El miraba la operación con ojos muy abiertos
aparentemente inseguro de si debería estar horrorizado o reírse.
—
Sigue adelante. —Dijo Jenny cuando cada una estuvo en su lugar. Las demás
escritoras inclinaron la cabeza.
Demi
se sintió ridícula, como un soldado siendo enviado a una misión secreta sólo.
Deseando tener más vino, aspiró profundamente, luego se deslizó de su asiento
bajo la mesa. Estaba terriblemente oscuro. Y caluroso. Ella se arrodilló al
lado de las piernas con medias de Joe, su cabeza giró, atenta para ver el
alfiler y que lo tenía atrapado, pero ella no estaba en el ángulo correcto y
tampoco estaba suficientemente cerca.
Gruñendo
entre dientes, Demi se acercó, arrodillándose entre las rodillas de él; luego
ella trató de alcanzar tentativamente el mantel. Ella de ninguna manera iba a
tocar su calzón, no, al menos si lo podía evitar. Levantó la tela un poco, pero
realmente estaba enganchada.
—
¿Necesitas una vela o algo allí abajo? —Preguntó Jenny servicialmente. Su
cabeza apareció repentinamente bajo la mesa, luego desapareció y Demi la oyó
preguntar— ¿Tiene alguien uno de esos bolis linternas en su bolso? Yo
normalmente llevo uno, pero...
El
resto de lo que dijo se perdió para Demi porque la otra mujer comenzó a
enderezarse.
—
Ciertamente te has metido en una situación interesante, Demi. —Murmuró Demi,
tratando de deshacer el manojo de tela para poder encontrar donde estaba
enganchado Joe. Era su trabajo asegurarse de que las cosas funcionaran como un
reloj para sus escritores, y ayudarlos a salir de situaciones embarazosas. Pero
ella consideraba que esta situación estaba más allá de los llamados deberes del
editor. Si Joe no estuviese en esta obligación, ella ni siquiera hubiese
pensado en arreglarlo ella misma. El cual era un punto interesante, uno que
completaría más tarde. Se sobresaltó cuando algo chocó con la parte inferior de
su mano. Era el calzón, Demi se dio cuenta con asombro. Estaba creciendo y se
chocó contra ella. Bueno, lo que había dentro de él estaba creciendo. Parecía
que Joe había encontrado la experiencia algo más que embarazosa.
Joe
deseó que la tierra se abriera y lo devorase. Podría también llevarse a cada
una de las escritoras que lo rodeaban, y a Demi también si quería, para que
acabara este sufrimiento, el momento más bochornoso de su vida.
No
era suficientemente malo que su calzón estuviese enganchado en el mantel, pero
ahora Demi estaba arrodillada entre sus piernas tratando de desenredarlo, y eso
estaba dando lugar a pensamientos que no tenían nada que ver con liberarse para
que él pudiera visitar el baño de hombres. Él estaba imaginándose como sería
sí, en vez de desenredarle el mantel, ella simplemente moviese el calzón a un
lado, lo sacara a él afuera y envolviese sus labios alrededor su alrededor.
Luego él se dio cuenta que se estaba endureciendo, y tuvo la esperanza de que
ella no se diera cuenta.
¿Cómo
terminó él en esta posición? Él era un hombre al que le gustaba el orden y la
rutina. Él no concurría a conferencias ni a bailes renacentistas. ¿Cómo su vida
se había salido tanto de control? Algo empujó su calzón, y él saltó en su
asiento, olvidándose de las mujeres alrededor de él.
—
Perdón. —La voz de Demi vino amortiguada desde abajo de la mesa. Sonaba como si
ella estuviese hablando entre dientes. Joe cerró sus ojos humillado y deseando
atravesar su corazón con una estaca.
—
¿Te pinchó con un alfiler?. —Beth, una de las escritoras, preguntó con
preocupación.
Joe
gruño en respuesta, pero salió más como un quejido. Tomando eso como un sí,
Beth palmeó su hombro con compasión.
—
Aquí estás.
Joe
giró su cabeza para ver a Lady Barrow abriéndose camino hacia él a través de la
reunión de escritores, Jenny se presionó contra la mesa cerca de su pierna,
bloqueando la vista de Demi debajo. Lady Barrow apareció, un poco curiosa de
las mujeres que estaban agrupadas allí, pero no preguntó. En cambio, sonrió a Joe.
—
Allison me dijo que estabas sintiéndote mejor, pero quería verte yo misma.
Joe
la miró fijamente, sabiendo que sus ojos se habían vueltos redondos como
calabazas. Normalmente, él se habría levantado si una señora se le hubiese
acercado; pero eso era imposible. Pero esa no era la razón por la que sus ojos
se habían vuelto redondos, pensó. El hecho era, que ignorante de la presencia
de Lady Barrow, Demi había agarrado su calzón y cambiado su posición. Ella
también había, ¿inconscientemente?, agarrado la parte de su anatomía que estaba
expandiendo su tamaño, llenando la demasiado grande capacidad del calzón.
—
Perdón. —La voz de Demi vino desde debajo de la mesa nuevamente.— Estoy
teniendo problemas para ver este alfiler.
La
sonrisa de Lady Barrow se congeló. Sus ojos se dispararon hacia abajo donde la
falda de Jenny escondía la mesa, luego viajaron hacia la cara alarmada de la
escritora, luego se deslizaron hacia la expresión avergonzada de Joe. Antes de
que ella pudiera decir una palabra, la voz de Demi sonó otra vez. Estaba
irritada y cortante.
—
¡Demonios, Joe! En el momento en que yo te desenganche, insisto en que te
saques estos malditas alfileres. Son una maldita molestia.

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