martes, 13 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 37


 
Joe sonrió al hombre más joven, sintiendo la tensión escurrirse de él. A él no le importaba tener a Demi criticando su traje, aun peor era tener su atención enfocada en su calzón. Saber que ella estaba mirándolo fijamente hizo a un pedacito de su anatomía agitarse de interés.

— Entonces... —Taylor recorrió con la mirada a los dos— ¿...estamos listos para irnos?

* * * * *

Demi sabía ciertamente que sus pechos iban a salirse repentinamente de su traje. Ella estaba haciendo su mejor esfuerzo para no respirar, para impedir que eso sucediera, pero cada vez que ella tenía que inclinarse también decía una pequeña plegaria para que permanecieran en su lugar. Afortunadamente lo hicieron, pero cada vez que ella se enderezaba era para encontrar a Joe echando fuego por los ojos a todo hombre que pudiera verla. Demi lo encontraba más bien divertido. Lo que ella no encontraba divertido era la manera que las mujeres estaban mirando al calzón de Joe. Esa maldita cosa centellaba y brillaba, los alfileres enjoyados atrayendo toda la luz. Los propios ojos de Demi habían sido atrapados repentinamente también. Era malditamente embarazoso lo distrayente que era esa cosa. Joe no parecía darse cuenta. Si él era consciente de la manera en que doscientas mujeres en la habitación estaban mirando estúpidamente a su ingle, él pretendía no estarlo y caminaba con orgullo. Ella no sabía de dónde obtuvo el coraje. Si ella tuviera que caminar vistiendo conos centelleantes en sus pechos, habría estado encogiéndose y tratando de esconderlos.

— Wow, que éxito, ¿no?. —Comentó Taylor.

Demi miró alrededor al entretenimiento. Había músicos, bufones, bailarines y trovadores. Realmente se asemejaba a lo que ella imaginaba que sería un baile con una apariencia antigua. Su brazo se apretó al brazo de Joe y ella se inclinó hasta su oído para susurrar.

— ¿Es cómo realmente era?

Él vacilo.

— Algo. Por supuesto la iluminación habría sido más oscura. Teníamos solamente luz de vela, no electricidad. El suelo habría estado cubierto de juncos. Perros y ratas habrían estado buscando entre los sobrantes pedazos de comida. El olor habría sido mucho menos agradable y...

— Esta bien. —Interrumpió Demi.— A mi me gusta más nuestro baile.

— GUM. —Asintió él.

Encontraron una mesa y apenas se habían sentado cuando Jenny y varias escritoras más se unieron a ellos. La conversación estaba al principio dominada por el asombro en el logro de Lady Barrow. Los bufones eran divertidos, los trovadores tocaban instrumentos antiguos. La cena, cuando fue servida, estuvo deliciosa aunque no era realmente un menú renacentista.

Una vez que los platos fueron levantados, comenzó el baile. Joe murmuró que volvería en un momento, y Demi presumió que él tenía que ir al baño de hombres. Cabeceó distraídamente, su atención puesta sobre los bailarines girando alrededor del salón. Ella giró para decirle algo a Jenny, que había tomado el asiento al otro lado de Joe, pero paró cuando vio que Joe todavía estaba allí.

— Pensé que habías ido...

Su voz se fue apagando cuando notó que las manos de él estaban debajo de la mesa. El parecía estar... haciendo algo.

— ¿Qué...? —Comenzó ella a asombrarse.

— Estoy atrapado en algo. —Dijo él secamente.

Demi parpadeó, la confusión llenaba su mente.

— ¿Qué quieres decir con que estas atrapado en algo?. —Ella estaba imaginando... bueno, era no pensar mucho en lo que estaba imaginando. Ella pronto aprendió que era peor que eso.

— El mantel. —Dijo él, inclinándose ligeramente hacia un lado para intentar ver el problema.— Uno de los alfileres.

Era todo lo que tenía que decir; Demi obtuvo el cuadro de inmediato. Una de los alfileres enjoyados de su calzón se había, de alguna manera, enganchado en el mantel. Muy para su horror, un estallido de risa se escapó de sus labios.

Joe no se estaba divirtiendo.

— Esto no es gracioso. —Le dijo él desagradablemente.— Tengo que aliviarme urgentemente. No puedo levantarme.

— Entonces... ¿vosotros tenéis que ir al baño también? —Preguntó Demi con interés.

Joe la miró como si ella hubiera perdido el juicio.

— ¿De dónde sacas tus pensamientos?

— Bueno —explicó ella en defensa propia— en sus libros Bram, Drácula nunca tuvo que aliviarse. Yo nunca pensé...

— Dudo que Mina se haya aliviado tampoco. —Gruño Joe. Dio un tirón al mantel, haciendo que el y todo lo que había encima resbalase más o menos unos 2 centímetros hacia Joe.

La conversación alrededor de la mesa se detuvo. Demi miró hacia arriba para ver que todos estaban observando a Joe con varios niveles de horrorizada fascinación. Sabiendo que Joe nunca pediría ayuda, Demi decidió salvarlo de su orgullo. Atrajo la atención hacia ella misma aclarando su garganta, luego sonrió a Taylor.

— C.K., ¿puedes ayudar a Joe? Él tiene alguna dificultad.

— Seguro, ¿cuál es el problema?. —Su amigo comenzó a levantarse.

— Uno de las alfileres de su calzón se enganchó al mantel. Tal vez tú podrías meterte debajo de la mesa y soltarlo. —Sugirió ella.

Taylor se rió.

— Estas bromeando, ¿verdad?

Cuando ella negó con la cabeza, él calló abruptamente hacia atrás en su asiento.

— Perdón. El desenganche del calzón no es mi departamento.

— ¡Taylor! —Dijo Demi desagradablemente.

— Demi. —Respondió él secamente.— Es tu escritor. te metes bajo la mesa y lo sacas.

— Yo pensé que él te agradaba. —Dijo ella acusadoramente.

— No tanto. —Taylor devolvió el disparo. Luego él miró apológicamente a Joe.— Perdón, Joe.

— Realmente lo entiendo. Yo lo manejaré. —Respondió él con dignidad, pero se estaba sonrojando ferozmente, notó Demi con interés. Ella no sabía que los vampiros pudieran sonrojarse.

Él dio un tirón al mantel nuevamente, y Demi frunció el ceño. Él iba a volcar la mesa o estropear el traje que ella había alquilado. Ninguna opción era buena. Ella no deseaba encontrar sobrantes de la cena en su traje alquilado; ella no quería tener que pagar para que lo limpiaran. Tampoco quería tener que reemplazar el ridículo calzón que Joe vestía porque él lo había arruinado. Tragó lo último de su vino, colocó su vaso sobre la mesa y se giró hacia Joe.

— Esta bien. Saca tus manos del camino y déjame echar una mirada.

Joe vaciló, luego sacó sus manos y las colocó encima de la mesa. Demi prontamente se inclinó para tratar de ver que estaba sucediendo. Ella estaba en el ángulo equivocado.

— ¿No puedes alejarte un poco más? —Preguntó ella.

— No sin llevarme el mantel conmigo. —Estalló él.

Ella se enderezó y miró con atención alrededor, no se asombró al ver la mesa llena de escritoras, todas mirando ávidamente. Su mirada encontró la de Jenny al otro lado de Joe.

— No puedo ver nada desde este ángulo. Voy a tener que meterme debajo de la mesa.

Los ojos de Jenny miraron alrededor, luego se puso de pie.

— Vamos chicas, no hay necesidad de que sepamos que está pasando. Podemos actuar como una barricada.

Las otras escritoras prontamente se pusieron de pie y se movieron alrededor de la mesa. Demi observó con alivio mientras ellas formaban un semicírculo alrededor de su asiento y del de Joe, sus amplias faldas haciendo una agradable cortina. Taylor era el único que quedaba sentado. El miraba la operación con ojos muy abiertos aparentemente inseguro de si debería estar horrorizado o reírse.

— Sigue adelante. —Dijo Jenny cuando cada una estuvo en su lugar. Las demás escritoras inclinaron la cabeza.

Demi se sintió ridícula, como un soldado siendo enviado a una misión secreta sólo. Deseando tener más vino, aspiró profundamente, luego se deslizó de su asiento bajo la mesa. Estaba terriblemente oscuro. Y caluroso. Ella se arrodilló al lado de las piernas con medias de Joe, su cabeza giró, atenta para ver el alfiler y que lo tenía atrapado, pero ella no estaba en el ángulo correcto y tampoco estaba suficientemente cerca.

Gruñendo entre dientes, Demi se acercó, arrodillándose entre las rodillas de él; luego ella trató de alcanzar tentativamente el mantel. Ella de ninguna manera iba a tocar su calzón, no, al menos si lo podía evitar. Levantó la tela un poco, pero realmente estaba enganchada.

— ¿Necesitas una vela o algo allí abajo? —Preguntó Jenny servicialmente. Su cabeza apareció repentinamente bajo la mesa, luego desapareció y Demi la oyó preguntar— ¿Tiene alguien uno de esos bolis linternas en su bolso? Yo normalmente llevo uno, pero...

El resto de lo que dijo se perdió para Demi porque la otra mujer comenzó a enderezarse.

— Ciertamente te has metido en una situación interesante, Demi. —Murmuró Demi, tratando de deshacer el manojo de tela para poder encontrar donde estaba enganchado Joe. Era su trabajo asegurarse de que las cosas funcionaran como un reloj para sus escritores, y ayudarlos a salir de situaciones embarazosas. Pero ella consideraba que esta situación estaba más allá de los llamados deberes del editor. Si Joe no estuviese en esta obligación, ella ni siquiera hubiese pensado en arreglarlo ella misma. El cual era un punto interesante, uno que completaría más tarde. Se sobresaltó cuando algo chocó con la parte inferior de su mano. Era el calzón, Demi se dio cuenta con asombro. Estaba creciendo y se chocó contra ella. Bueno, lo que había dentro de él estaba creciendo. Parecía que Joe había encontrado la experiencia algo más que embarazosa.

Joe deseó que la tierra se abriera y lo devorase. Podría también llevarse a cada una de las escritoras que lo rodeaban, y a Demi también si quería, para que acabara este sufrimiento, el momento más bochornoso de su vida.

No era suficientemente malo que su calzón estuviese enganchado en el mantel, pero ahora Demi estaba arrodillada entre sus piernas tratando de desenredarlo, y eso estaba dando lugar a pensamientos que no tenían nada que ver con liberarse para que él pudiera visitar el baño de hombres. Él estaba imaginándose como sería sí, en vez de desenredarle el mantel, ella simplemente moviese el calzón a un lado, lo sacara a él afuera y envolviese sus labios alrededor su alrededor. Luego él se dio cuenta que se estaba endureciendo, y tuvo la esperanza de que ella no se diera cuenta.

¿Cómo terminó él en esta posición? Él era un hombre al que le gustaba el orden y la rutina. Él no concurría a conferencias ni a bailes renacentistas. ¿Cómo su vida se había salido tanto de control? Algo empujó su calzón, y él saltó en su asiento, olvidándose de las mujeres alrededor de él.

— Perdón. —La voz de Demi vino amortiguada desde abajo de la mesa. Sonaba como si ella estuviese hablando entre dientes. Joe cerró sus ojos humillado y deseando atravesar su corazón con una estaca.

— ¿Te pinchó con un alfiler?. —Beth, una de las escritoras, preguntó con preocupación.

Joe gruño en respuesta, pero salió más como un quejido. Tomando eso como un sí, Beth palmeó su hombro con compasión.

— Aquí estás.

Joe giró su cabeza para ver a Lady Barrow abriéndose camino hacia él a través de la reunión de escritores, Jenny se presionó contra la mesa cerca de su pierna, bloqueando la vista de Demi debajo. Lady Barrow apareció, un poco curiosa de las mujeres que estaban agrupadas allí, pero no preguntó. En cambio, sonrió a Joe.

— Allison me dijo que estabas sintiéndote mejor, pero quería verte yo misma.

Joe la miró fijamente, sabiendo que sus ojos se habían vueltos redondos como calabazas. Normalmente, él se habría levantado si una señora se le hubiese acercado; pero eso era imposible. Pero esa no era la razón por la que sus ojos se habían vuelto redondos, pensó. El hecho era, que ignorante de la presencia de Lady Barrow, Demi había agarrado su calzón y cambiado su posición. Ella también había, ¿inconscientemente?, agarrado la parte de su anatomía que estaba expandiendo su tamaño, llenando la demasiado grande capacidad del calzón.

— Perdón. —La voz de Demi vino desde debajo de la mesa nuevamente.— Estoy teniendo problemas para ver este alfiler.

La sonrisa de Lady Barrow se congeló. Sus ojos se dispararon hacia abajo donde la falda de Jenny escondía la mesa, luego viajaron hacia la cara alarmada de la escritora, luego se deslizaron hacia la expresión avergonzada de Joe. Antes de que ella pudiera decir una palabra, la voz de Demi sonó otra vez. Estaba irritada y cortante.

— ¡Demonios, Joe! En el momento en que yo te desenganche, insisto en que te saques estos malditas alfileres. Son una maldita molestia.

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