— ¿Hola? Oigan. Vosotros dos. —Taylor llamó a través de la puerta.— Mirad. Detesto interrumpiros, pero el desayuno de bienvenida y los premios RT empiezan dentro de quince minutos. ¿Estáis listos?
****************
— ¿Está bien Joe?
Te vez terriblemente pálido.
Ante el
comentario de Allison, Demi recorrió inquietamente con la mirada a su escritor.
Joe estaba terriblemente pálido. Ella
había pensado eso en su cuarto, pero ahora lo parecía aún más bajo las luces
aquí en la amplia área de recepción durante el desayuno tardío de bienvenida.
Ella debería haber insistido en que él la mordiera.
Lo había
intentado, por supuesto. Ella le había dicho justamente que lo hiciera, pero Taylor
había estado golpeando insistentemente la puerta, y Joe había rehusado. Había
temido que ella estuviera débil después, y no quiso que estuviera sufriendo
mareos y quizá desmayándose. Además, no había tiempo, había dicho él. Lo haría
más tarde.
Ahora, al ver la
palidez de su piel, se reprochaba a sí misma no haber sido más insistente.
— ¿Demi?
Ella se volvió y
forzó una sonrisa para su jefa.
— Él tiene un
poco apagado los motores. Estará bien.
Allison aceptó la mentira y volvió su atención
a su comida, dejando que Demi se preocupara por Joe. La primera cosa que haría
al terminar el desayuno tardío sería hacer que la mordiera; podrían subir las
escaleras corriendo rápidamente antes de ir a la sala de recepción de los
lectores. Y luego tendría que encontrar la manera de conseguirle un suministro
real de sangre. Ella había considerado el problema, y aun si ellos pudieran
contactar con Nick hoy, estaba segura que no sería hasta mañana que él podría
arreglar otro embarque para ser entregado.
Demi frunció el
ceño cuando se dio cuenta de que Nick podría estar llamando justo en este
momento, y no había nadie en su cuarto para responder a la llamada. Y no lo
habría en todo el día. O tampoco esta noche si ellos asistían a la reunión de
modelos de portadas. Quizá podrían saltarse esa reunión. No era realmente
necesario que Joe estuviera allí. Todas las fans estarían interesadas en los
modelos masculinos de las portadas y podrían no advertir su ausencia. Allison y
Chuck lo harían, sin embargo. Demi frunció el ceño mirando abajo hacia su
plato. Allison no prestaría atención, pero Chuck lo haría. Hasta donde a él le
concernía, la compañía le había pagado a Joe para estar allí y él querría el
valor del dinero.
— ¿Él habla?
Demi miró agudamente para enfrentarse a la
ácida pregunta de Chuck. Ella se había asegurado que Taylor estuviera a un lado
de Joe y ella por el otro. Allison estaba directamente a la derecha de ella, y
Chuck estaba contiguo a Allison, pero el editor estaba reclinándose delante de
la directora editorial, su barbilla casi descansaba sobre su pecho cuando él
habló. Allison estaba enfurecida, y Demi no la podía culpar. Chuck era un
cerdo, toqueteando a todas las mujeres de la oficina y tratando de recorrer con
la mirada sus senos. Él no era muy querido por el cuerpo administrativo, y
apenas podían esperar para que fuera reemplazado. Por regla general, los
presidentes en Roundhouse eran cambiados casi anualmente. Demi sólo esperaba
que Chuck Morgan no fuese la excepción. Nadie en Roundhouse había estado feliz
cuando él había llegado a reemplazar a George Sassoon. Su último presidente
había sido un hombre excepcional que se había trasladado a la publicación desde
la radio y la televisión, trayendo todo esa erudición con él. Había hecho cosas
maravillosas para Roundhouse. Nadie había estado sorprendido cuando él había
sido solicitado de repente por una compañía mayor. Chuck Morgan era un pobre
reemplazo.
Su mirada floto más allá de su cara burlona
hasta Jenny Hampton, la escritora que se sentó al lado de él. Jenny estaba
lanzando miradas curiosas a Joe. Demi no estaba sorprendida. Además de que él
era un hombre atractivo, Joe recibía una inusual cantidad de atención VIP. Los
editores y el personal de Roundhouse se suponían que estaban repartidos en
medio de un par de mesas a fin de que todos sus escritores se sintieran
incluidos. Pero Taylor y Demi no se habían separado del lado de Joe en toda la
semana, y Allison y Chuck habían querido encontrarse con el misterioso señor Jonas,
así es que todos estaban agrupados alrededor de él. Lo que dejó sólo a Deeana
Stancyk y Tom Duchamp, el VP de Promoción, para circular entre los otros
treinta escritores de Roundhouse asistentes.
— Pregunté, ¿él habla?
La mirada de Demi volvió de regreso a
Chuck. Él era uno de aquellos pocos hombres cuyas características reflejaba su
desagradable naturaleza. Tenía una cara con marcas de viruela, colorada, un
bigote gris inclinado y una cabeza calva.
Demi consideró la pregunta.
Desafortunadamente, Joe era bastante taciturno en los mejores momentos. En este
momento, él estaba silencioso como una piedra. Ella abrió su boca para ofrecer
una excusa por su silencio, entonces rápidamente cambió de parecer. Ellos lo
habían querido aquí; ella lo había traído. Quizá si ellos no estaban felices
con el desempeño de él, no harían que ella lo fastidiara en el futuro.
Solamente se encogió de hombros y dijo:
— No mucho.
Chuck no pareció complacido. A Demi no le
importó. Esa era la verdad, y ella no podía responsabilizarse por la naturaleza
de Joe. Su mirada se deslizó al escritor otra vez. Taylor estaba hablando, y Joe
inclinaba la cabeza lentamente. Había líneas de tensión alrededor de sus ojos
que la preocuparon. Le hizo preguntarse si él tenía mucho dolor. Inmediatamente
empezó a tratar de pensar en una forma para conseguirle sangre, y más sangre
que la pinta que él había dicho que sería seguro para ella darle. Ella
consideró brevemente encontrarle una fila de víctimas para morder, pero aún
cuando disfrutó con la idea de poner a Chuck al frente de la línea, no había
nadie más que ella quisiera que lo alimentara.
Demi estaba aún considerando cuidadosamente
el problema cuando los platos fueron recogidos de las mesas y la ceremonia de
premios comenzó. Ella escuchó sin entusiasmo como los candidatos fueron
nominados para cada categoría, seguidas por el ganador. Demi batió palmas
cuando los demás lo hicieron, pero ella estaba en su mayor parte perdida en sus
pensamiento.
— Y el nominado final es Love Bites de Danger Adams.
Demi se enderezó en su asiento mientras se
mencionaba el seudónimo de Joe. Ella no estaba del todo sorprendida de que Joe
estuviera haciendo lo mismo al lado de ella. Había olvidado decirle que su
libro fue designado en tres categorías diferentes. Ella se sobresaltó cuando él
se volvió con una mirada acusadora sobre ella.
— Estás nominado. Eso no significa que
ganarás. —Dijo Demi apaciguadoramente.
— ¡Y el ganador es Danger Adams por Love Bites!
—
Merde. —Masculló Joe.
— Mierda. — Remedó Demi en inglés. Ella
vaciló por un momento, pero cuando Joe no mostró signos de levantarte, ella se
inclinó sobre él para explicar:— Tienes que ir y recoger tu premio.
— No quiero.
Demi sintió su corazón estrujarse ante la
infantil queja. Seiscientos años de edad y todavía sonaba como un bebé. ¿Los
hombres eran lo mismo sin importar la especie... o era eso una raza? Lo que
sea. Tomando su codo en su mano, ella se levantó abruptamente, haciéndole subir
con ella.
— Yo tampoco. Así que lo haremos juntos.
Para su gran alivio, él le permitió forzar
a sus pies y luego hacia el escenario en la parte más alejada de la sala. Las
personas aplaudían y lo llamaban para felicitarlo, algunos gritaron que ellos
realmente disfrutaban sus libros. Joe parecía olvidado de todos. La piel en su
cara estaba tensa, su expresión casi afligida mientras él caminaba
obstinadamente hacia delante. Demi no podía decidir si eso era debido al hambre
o a la reacción de ser el centro de la atención. Ella sabía que él debía odiar
este tipo de cosas. Se había enterado de sus maneras solitarias mientras estuvo
en Toronto. Y si ella no había caído en la cuenta después tres días en su
compañía, entonces su madre y la hermana le habían revelado bastante acerca de
él en la boda.
Kathryn Falk, Lady Barrow, la mujer detrás
del Romantic Times Book Club, la conferencia, y otros diversos asuntos; estaba
esperando en el escenario para presentarle el premio ella misma. Ella sonrió
ampliamente mientras Demi y Joe subían las escaleras hacía el podio; entonces
la preocupación fluctuó en su cara cuando ella notó su extraño comportamiento. Demi
intentó una sonrisa brillante para reconfortar a la mujer, pero ella podría
haber usado un poco de tranquilidad para sí misma. Joe no había preparado un
discurso, y algún tipo de discurso era de esperarse.
— Felicitaciones, Señor Adams. —Dijo Lady
Barrow mientras ella le entregaba el premio.— He disfrutado muchísimo su serie
de vampiros.
Joe gruño, tomó el premio y comenzó a
caminar fuera del escenario. Demi abrió la boca detrás de él, tomó una bocanada
y se apresuró tras él para cogerle por el brazo.
— Tienes que dar las gracias. —Protestó
ella, urgiéndole a regresar hacia Lady Barrow y el podio.
— No quiero.
Demi frunció el ceño ante la debilidad en
su voz. Ella casi prefería su "No" y tuvo que preguntarse simplemente
cuánto falta de sangre podría afectar a su mente. Si ella no le encontraba algo
de sangre pronto, ¿podría él perderse enteramente y enloquecer? Se encogió de
miedo ante la idea.
— Sólo da las gracias. —Le ordenó
severamente, dirigiéndolo hacia el podio.
— ¿Él está bien? —Preguntó Lady Barrow en
un susurro mientras Joe se detenía delante del micrófono. Él miró
inexpresivamente el mar de rostros. Demi se preguntó si el gentío le parecía un
banquete de bistecs, luego inclinó la cabeza.
— Está conmocionado. —Mintió ella.
— ¿Estás segura de que eso es todo?
—Kathryn parecía dudosa, y Demi agregó:
— Y un poco de malestar en el estómago,
creo. —Luego ella se rindió, admitiendo.— Él no está del todo bien.
— Oh, querida. —Murmuró Lady Barrow.
— Pero nosotros esperamos que pase
rápidamente. —Reconfortó a la mujer— Podríamos perdernos la reunión de modelos
de portadas para ir al doctor.
— ¿Al doctor? ¿Por la noche ?
— Fue la cita más temprana que pudimos
obtener. —Mintió Demi.
— Oh. —La señora Barrow negó con la cabeza,
luego pareció darse cuenta de que Joe había estado parado silenciosamente en el
micrófono por varios momentos. La sala había caído en un expectante silencio.
Demi se movió a su lado y le dio un codazo.
— Di gracias.
— Gracias. —Dijo él respetuosamente. Fue un
gruñido más bien ingrato. Y él inmediatamente dio un paso atrás después de
decirlo.
Demi se encogió, pero Lady Barrow salvó la
situación dando un paso hacia ellos y tomando su brazo. Ella lo urgió hacia
delante otra vez, luego asumió el control del micrófono y dijo:
— Señoras... y caballeros. —Ella agregó lo
último con una sonrisa abierta hacia la mesa de modelos varones, los únicos
varones presentes aparte del puñado de empleados masculinos de la editorial y
el ocasional marido de una escritora.— Como ustedes pueden ver por su palidez,
el señor Adams no se siente bien, pero él insistió en asistir a la ceremonia de
hoy para agradecer a todos ustedes su apoyo. —Ella dejó que pasara un momento,
entonces continuó.— Yo estoy agradecida por presentarlo. Démosle una salva de
aplausos y agradezcámosle por sus maravillosas historias. Gracias, Danger.
—Kathryn Falk empezó a darle un abrazo, y el gentío rompió en un aplauso.
El alivio corrió a través de Demi. ¡Lady
Barrow había salvado la situación! Luego ella notó que las ventanas de la nariz
de Joe se expandían, y que él bajaba su cara hacía el cuello de la mujer. Aún
más desconcertante fue la incandescencia de plata que había en sus ojos. Sus
labios avanzaron por la piel de Lady Barrow en busca de una vena pulsante.
Los ojos de Demi se agrandaron de horror.
¡Él estaba a punto de morder a Lady Barrow allí mismo en el maldito escenario!
— ¡No! —El chillido dejó los labios de Demi
cuando ella vio los dientes de Joe extenderse. Fue un chillido fuerte. El salón
entero cayó en un pasmoso silencio. Pero a Demi no le importó, porque Lady
Barrow se alejó de los brazos de Joe y giró alrededor asombrada. Joe la miró
ceñudamente por la interrupción de su comida.
— Er. —Demi dijo en medio del silencio
ensordecedor. Moviéndose hacia el micrófono, ella agregó:— No hay ninguna
necesidad de agradecerle. Joe es... él está simplemente agradecido de que él...
er... tuvo esta oportunidad para agradecerles a todos ustedes. Er... gracias.
La muchedumbre comenzó a aplaudir
ruidosamente otra vez, pero Demi apenas puso cuidado. Joe estaba moviéndose más
cerca de la incauta Lady Barrow, esa apariencia hambrienta todavía en sus ojos.
Forzando una sonrisa, Demi quitó de un tirón su brazo y se marchó con él.
— Ibas a morderla. —Lo acusó ella.
— Yo sólo quería un poco. —Él sonó hosco.
— ¿Sólo un poco? —Exclamó ella.— ¿Allí
mismo en el escenario para que todos lo vieran?
— Ellos habrían pensado que era una hazaña
publicitaria. —Se defendió. Luego suspiró y admitió miserablemente.— No podría
ayudarme a mí mismo. Ella tiene sangre fuerte, dulce.
Demi clavó los ojos en él.
— Tú no...
— No, tú me detuviste a tiempo. Pero yo
puedo decirlo por el olor. —Demi hizo una mueca, luego notó que las líneas
alrededor de sus ojos se habían profundizado y estaban también alrededor de su
boca.
— ¿Cuán malo es el hambre ahora mismo? —Fue
una pregunta estúpida. El hombre casi había mordido a Lady Barrow. El hambre
era fuerte. Lo qué ella realmente quiso saber fue— Significa, ¿que es doloroso
para ti?
Él inclinó la cabeza gravemente.
— ¿Esa pequeña cantidad de luz solar de
ayer causó tanto problema? —Preguntó ella. Si es así, le pareció que los
vampiros eran más débiles que los humanos en algunas formas. Más bien frágil,
al menos respecto a esto.
— Esa pequeña cantidad de luz solar de
ayer, el tipo sentado a mi lado en el avión con un resfriado que estuvo
tosiéndome, el...
— ¿Estar cerca de personas enfermas gasta
más sangre? —Preguntó Demi con alarma. Estaban en un hotel con un par de miles
gérmenes de personas sueltos por aquí. No era extraño que él estuviera tan
encerrado.
— Sí. —Asintió Joe con la cabeza.— Los
humanos aparentemente están rodeados de enfermedad y la matan, pero eso lleva
más...
— Sangre. —Finalizó Demi infelizmente.
— Sí. Y luego hay luz solar aquí hoy.

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