El dolor fue como una explosión dentro de su cabeza, cegándola con destellos blancos detrás de sus ojos. Ella quiso agarrar su cabeza y sostenerla en sus manos hasta que la agonía pasara, pero no podía soltarse de la almohada y estuvo así colgando ciega y en agonía, aferrándose a la conciencia por un hilo.
Cuando el dolor finalmente comenzó a
decrecer, Demi no estaba segura de cuánto tiempo había pasado. Le tomó un momento
antes de percatarse de que su campo visual se había alterado. Ella estaba en el
suelo. Fijó su atención en el hombre a quien le pegó, y vio que él se había
hundido hasta las rodillas, llevándola con él. Ella dejó sus pies caer al piso,
regresando su mirada a Joe. La alarma la recorrió otra vez. Él caía hacia
delante, con la cabeza hacia abajo. Comprendiendo que no podía esperar más
tiempo a que su asaltante se desmayara por la falta de oxígeno, soltó un
extremo de la almohada para registrar alrededor del piso del armario.
Trató de mantener la almohada encima de la
cara del hombre con una mano, pero era consciente de que estaba fallando. Le
oyó tomar grandes boqueadas de aire, y supo que no tardaría mucho para que él
se recuperara y se convirtiera en una seria amenaza nuevamente. Ese pensamiento
apenas había logrado aterrorizarla cuando la mano de Demi tropezó con algo.
Ella lo agarró rápidamente, reconociéndolo como un zapato, y sin pensar lo
lanzó hacia abajo sobre la cabeza de su asaltante. Él no cayó inmediatamente
hacia adelante bajo el golpe, y ella se percató de que sostenía el zapato por
el talón. Perdió las esperanzas de poder mantener la almohada en su lugar, dio
la vuelta al zapato y esta vez lanzó el talón por la parte de atrás del cráneo
de su enemigo con toda la fuerza que pudo reunir.
Para su gran satisfacción, el golpe
funcionó: el hombre cayó silenciosamente hacia delante, sobre su cara.
Dejándolo donde él cayó, Demi forcejeó con sus pies y tropezó encima de Joe.
La primera cosa que hizo fue agarrarlo por
los hombros y alzarlo. Él cayó sobre su espalda sin hacer ningún sonido. Su
cabeza se golpeó ruidosamente contra el piso, duro, y sus rodillas dobladas,
sus piernas inferiores atrapadas bajo él. Demi le miró tristemente. Él estaba
gris. Ella nunca le había visto ese color. Pero ella no podía decir que había
perdido mucha sangre. La estaca todavía sobresalía de su pecho, permitiendo
sólo un poco de filtración. Pero ella recordó que él dijo que el corazón no
podría bombear con una estaca allí, y ella supo que si no se la quitaba,
entonces moriría.
La estaca estaba hecha de madera ligera de
las que usualmente encontrabas en algunos lugares, y parecía como una clavija o
algo por el estilo. El asaltante de Joe había comprado y afilado una clavija con
el fin de enterrarla en Joe. Ahora ella tendría que quitarla o él moriría.
Ella no perdió el tiempo pensando en lo que
estaba haciendo; sabía que cada segundo contaba. Una vez a su alcance, agarró
la clavija firmemente y tiró de el, lo cuál no era tan fácil como había
esperado. Ella realmente no había pensado en eso, pero si lo hubiese hecho,
entonces Demi supuso que habría esperado sacarla como un cuchillo de la
mantequilla. El cuerpo de Joe no era mantequilla. Había algo de resistencia
para la extracción, y tuvo que ejercer alguna fuerza. El sonido de chapoteo que
se oyó cuando ella la quitó hizo que la poca comida que había logrado engullir
en la cena amenazaba con aparecer nuevamente.
Demi se la tragó resueltamente. Echando a
un lado la estaca, ella cubrió rápidamente la herida en el pecho de Joe cuando
la sangre comenzó a salir a raudales en grandes chorros. Ejerció presión en un
esfuerzo para evitar que sangrara hasta morir, rezando todo el tiempo para que
su sangre reparara el daño. Cuando ella se sentó allí, se preguntó si realmente
estaba ayudándolo a salvarle o estaba matándole.
Se sentó por varios minutos, solamente
presionando sobre su pecho, hasta que advirtió un gemido del asaltante de Joe.
Ella se sintió dividida entre seguir conteniendo la sangre de Joe, o de alguna
manera incapacitar al hombre otra vez. Le pareció que si el hombre se
recuperaba, entonces ella y Joe probablemente estarían muertos. Seguramente él
remataría a Joe, luego la mataría por ser un testigo. Por otra parte, ella se
arriesgaría a que Joe se desangrara hasta morir si lo dejaba.
Su mirada regresó a la cara de Joe y ella
vaciló, luego cautelosamente quitó sus manos de su pecho. Para su gran alivio,
la sangre no seguía brotando como antes. Su cuerpo se reparaba a sí mismo. Ella
esperaba eso, o él estaría muerto.
Desterrando ese pensamiento, Demi afirmó
sus pies y miró con atención alrededor del cuarto para ver si encontraba algo
con que atar a su enemigo. Descubrió la mochila negra con todos los accesorios
para el robo, y el alivio se extendió a través de ella. Se la había dado a Joe
tras tomar la sangre con él y nunca se había molestado en pedirla de regreso.
Apresurándose a cogerla, encontró la cuerda, pero la echó a un lado y cogió en
cambio la cinta y el cuchillo. No era muy buena con los nudos. Además,
sospechaba que con la cinta sería más difícil para el hombre liberarse.
Otro gemido de su asaltante hizo que Demi
corriera a su lado. Ella agarró sus manos detrás de su espalda y rápidamente
empezó a envolver la cinta alrededor de sus muñecas, corriendo el rollo entre
sus manos y brazos por precaución. Una vez que estuvo segura de que él no
podría liberarse, se desplazó a sus pies y amarró sus tobillos de la misma
forma. Luego lo rodó sobre su espalda para que él quedara sobre sus manos
atadas, y comenzó a envolver cinta sobre su boca y alrededor de su cabeza.
Sería doloroso quitarse la cinta del pelo, pero a ella no le importó. Él
merecía eso y más.
Estaba justamente terminando cuando los
ojos del asaltante repentinamente se abrieron. Ella dio un salto cuando él
empezó a sacudirse, tratando de liberarse. El odio brillaba en sus ojos. Ella
encontró su mirada por un momento, luego acabó con la cinta, ignorando sus
inútiles forcejeos.
Si Joe hubiera sido un hombre normal,
entonces habría telefoneado a la policía. Pero Joe no era un hombre normal.
¿Cómo podía explicar ella la situación? La mirada de Demi barrió el cuarto,
cayendo sobre la puerta del refrigerador parcialmente abierta y las bolsas
acuchilladas de sangre. No podría explicar eso a la policía. No, actuaría sin
ayuda de nadie.
Obligando a sus pies a moverse, Demi
regresó casi a regañadientes al lado de Joe. Luego vaciló, insegura de qué
hacer. Todavía no parecía que hubiese una gran pérdida de sangre. Por otra
parte, sospechó que probablemente llevaría un montón de sangre enmendar el daño
hecho a Joe. Él necesitaría sangre.
Sus ojos fueron a su boca. El no parecía
respirar, y mucho menos capaz de tomarla de ella. Además, ella vio que la
herida en su pecho no manaba. No sangraba del todo. Más que todo, ella estaba
segura de que el hueco estaba más pequeño y había menos presencia de sangre.
Demi recordó que Joe le había dicho que
había algo en su sangre que era usada para reparar lesiones. ¿Estaba usando eso
la sangre aun ahora? Podría eso repararlo y mantenerlo vivo... si él estaba
todavía vivo.
Demi se inclinó hacia adelante y agarró los
bordes harapientos de la camiseta de Joe donde la estaca la había desgarrado.
Ella la rasgó, agarró una tira larga de tela. Colocándola sobre el suelo al
lado de ella, colocó su cabeza sobre el pecho de Joe para tener una visión más
cercana de su herida. Sí, había definitivamente menos sangre. Seguramente, ¿ese
era un signo de que él todavía vivía?
Mordiéndose los labios, recorrió con la
mirada el cuchillo en su mano. Él no podría alimentarse de ella. ¿Pero le podía
alimentar ella?
Actuando antes de que pudiera pensar acerca
de eso y cambiara de opinión, Demi cortó su muñeca, luego la mantuvo sobre su
herida, permitiendo que su sangre goteara libremente en ella. Se quedó allí,
parando sólo cuando comenzó a sentirse un poco mareada. Luego ella rápidamente
cogió la tira de la camiseta que había desgarrado. Usando eso, ella vendó
apretadamente su muñeca. Fue un procedimiento embarazoso, pero se las ingenió.
Por último, Demi se recostó y lanzó una
mirada al hombre que había atacado a Joe. Él estaba donde le había dejado,
todavía apretadamente amarrado. Si él hubiera luchado contra la atadura,
entonces lo habría hecho rápido. Notando eso con alivio, ella devolvió su
atención a Joe. Sus ojos estaban todavía cerrados, su cara pálida y quieta. Él
no abrió sus ojos o le sonrió como había esperado. La herida no se cerraba
milagrosamente. No era cualquier cosa como en el cine. Ella deseó que lo fuera.
Demi se decidió por una larga vigilia. No
estaba del todo segura de que él abriría esos ojos de plata, pero ella no iba a
rendirse.
El cansancio la alcanzó, Demi se movió para
quedar al lado de él y apoyó su dolorida cabeza sobre su hombro sano. Ella
yació allí en silencio por un momento, escuchando, pero no encontró ningún
latido con sus orejas. La estaca había parado su corazón. Ella sólo no estaba
segura si lo había detenido para siempre.
— Regresa a mí, Joe. —Murmuró ella,
cerrando sus ojos para bloquear la luz.— Por favor.

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