miércoles, 14 de noviembre de 2012

•*´¨`*•♥•Vampiro Solitario•♥•*´¨`*• Jemi ★ Cap: 42



El dolor fue como una explosión dentro de su cabeza, cegándola con destellos blancos detrás de sus ojos. Ella quiso agarrar su cabeza y sostenerla en sus manos hasta que la agonía pasara, pero no podía soltarse de la almohada y estuvo así colgando ciega y en agonía, aferrándose a la conciencia por un hilo.

Cuando el dolor finalmente comenzó a decrecer, Demi no estaba segura de cuánto tiempo había pasado. Le tomó un momento antes de percatarse de que su campo visual se había alterado. Ella estaba en el suelo. Fijó su atención en el hombre a quien le pegó, y vio que él se había hundido hasta las rodillas, llevándola con él. Ella dejó sus pies caer al piso, regresando su mirada a Joe. La alarma la recorrió otra vez. Él caía hacia delante, con la cabeza hacia abajo. Comprendiendo que no podía esperar más tiempo a que su asaltante se desmayara por la falta de oxígeno, soltó un extremo de la almohada para registrar alrededor del piso del armario.

Trató de mantener la almohada encima de la cara del hombre con una mano, pero era consciente de que estaba fallando. Le oyó tomar grandes boqueadas de aire, y supo que no tardaría mucho para que él se recuperara y se convirtiera en una seria amenaza nuevamente. Ese pensamiento apenas había logrado aterrorizarla cuando la mano de Demi tropezó con algo. Ella lo agarró rápidamente, reconociéndolo como un zapato, y sin pensar lo lanzó hacia abajo sobre la cabeza de su asaltante. Él no cayó inmediatamente hacia adelante bajo el golpe, y ella se percató de que sostenía el zapato por el talón. Perdió las esperanzas de poder mantener la almohada en su lugar, dio la vuelta al zapato y esta vez lanzó el talón por la parte de atrás del cráneo de su enemigo con toda la fuerza que pudo reunir.

Para su gran satisfacción, el golpe funcionó: el hombre cayó silenciosamente hacia delante, sobre su cara. Dejándolo donde él cayó, Demi forcejeó con sus pies y tropezó encima de Joe.

La primera cosa que hizo fue agarrarlo por los hombros y alzarlo. Él cayó sobre su espalda sin hacer ningún sonido. Su cabeza se golpeó ruidosamente contra el piso, duro, y sus rodillas dobladas, sus piernas inferiores atrapadas bajo él. Demi le miró tristemente. Él estaba gris. Ella nunca le había visto ese color. Pero ella no podía decir que había perdido mucha sangre. La estaca todavía sobresalía de su pecho, permitiendo sólo un poco de filtración. Pero ella recordó que él dijo que el corazón no podría bombear con una estaca allí, y ella supo que si no se la quitaba, entonces moriría.

La estaca estaba hecha de madera ligera de las que usualmente encontrabas en algunos lugares, y parecía como una clavija o algo por el estilo. El asaltante de Joe había comprado y afilado una clavija con el fin de enterrarla en Joe. Ahora ella tendría que quitarla o él moriría.

Ella no perdió el tiempo pensando en lo que estaba haciendo; sabía que cada segundo contaba. Una vez a su alcance, agarró la clavija firmemente y tiró de el, lo cuál no era tan fácil como había esperado. Ella realmente no había pensado en eso, pero si lo hubiese hecho, entonces Demi supuso que habría esperado sacarla como un cuchillo de la mantequilla. El cuerpo de Joe no era mantequilla. Había algo de resistencia para la extracción, y tuvo que ejercer alguna fuerza. El sonido de chapoteo que se oyó cuando ella la quitó hizo que la poca comida que había logrado engullir en la cena amenazaba con aparecer nuevamente.

Demi se la tragó resueltamente. Echando a un lado la estaca, ella cubrió rápidamente la herida en el pecho de Joe cuando la sangre comenzó a salir a raudales en grandes chorros. Ejerció presión en un esfuerzo para evitar que sangrara hasta morir, rezando todo el tiempo para que su sangre reparara el daño. Cuando ella se sentó allí, se preguntó si realmente estaba ayudándolo a salvarle o estaba matándole.

Se sentó por varios minutos, solamente presionando sobre su pecho, hasta que advirtió un gemido del asaltante de Joe. Ella se sintió dividida entre seguir conteniendo la sangre de Joe, o de alguna manera incapacitar al hombre otra vez. Le pareció que si el hombre se recuperaba, entonces ella y Joe probablemente estarían muertos. Seguramente él remataría a Joe, luego la mataría por ser un testigo. Por otra parte, ella se arriesgaría a que Joe se desangrara hasta morir si lo dejaba.

Su mirada regresó a la cara de Joe y ella vaciló, luego cautelosamente quitó sus manos de su pecho. Para su gran alivio, la sangre no seguía brotando como antes. Su cuerpo se reparaba a sí mismo. Ella esperaba eso, o él estaría muerto.

Desterrando ese pensamiento, Demi afirmó sus pies y miró con atención alrededor del cuarto para ver si encontraba algo con que atar a su enemigo. Descubrió la mochila negra con todos los accesorios para el robo, y el alivio se extendió a través de ella. Se la había dado a Joe tras tomar la sangre con él y nunca se había molestado en pedirla de regreso. Apresurándose a cogerla, encontró la cuerda, pero la echó a un lado y cogió en cambio la cinta y el cuchillo. No era muy buena con los nudos. Además, sospechaba que con la cinta sería más difícil para el hombre liberarse.

Otro gemido de su asaltante hizo que Demi corriera a su lado. Ella agarró sus manos detrás de su espalda y rápidamente empezó a envolver la cinta alrededor de sus muñecas, corriendo el rollo entre sus manos y brazos por precaución. Una vez que estuvo segura de que él no podría liberarse, se desplazó a sus pies y amarró sus tobillos de la misma forma. Luego lo rodó sobre su espalda para que él quedara sobre sus manos atadas, y comenzó a envolver cinta sobre su boca y alrededor de su cabeza. Sería doloroso quitarse la cinta del pelo, pero a ella no le importó. Él merecía eso y más.

Estaba justamente terminando cuando los ojos del asaltante repentinamente se abrieron. Ella dio un salto cuando él empezó a sacudirse, tratando de liberarse. El odio brillaba en sus ojos. Ella encontró su mirada por un momento, luego acabó con la cinta, ignorando sus inútiles forcejeos.

Si Joe hubiera sido un hombre normal, entonces habría telefoneado a la policía. Pero Joe no era un hombre normal. ¿Cómo podía explicar ella la situación? La mirada de Demi barrió el cuarto, cayendo sobre la puerta del refrigerador parcialmente abierta y las bolsas acuchilladas de sangre. No podría explicar eso a la policía. No, actuaría sin ayuda de nadie.

Obligando a sus pies a moverse, Demi regresó casi a regañadientes al lado de Joe. Luego vaciló, insegura de qué hacer. Todavía no parecía que hubiese una gran pérdida de sangre. Por otra parte, sospechó que probablemente llevaría un montón de sangre enmendar el daño hecho a Joe. Él necesitaría sangre.

Sus ojos fueron a su boca. El no parecía respirar, y mucho menos capaz de tomarla de ella. Además, ella vio que la herida en su pecho no manaba. No sangraba del todo. Más que todo, ella estaba segura de que el hueco estaba más pequeño y había menos presencia de sangre.

Demi recordó que Joe le había dicho que había algo en su sangre que era usada para reparar lesiones. ¿Estaba usando eso la sangre aun ahora? Podría eso repararlo y mantenerlo vivo... si él estaba todavía vivo.

Demi se inclinó hacia adelante y agarró los bordes harapientos de la camiseta de Joe donde la estaca la había desgarrado. Ella la rasgó, agarró una tira larga de tela. Colocándola sobre el suelo al lado de ella, colocó su cabeza sobre el pecho de Joe para tener una visión más cercana de su herida. Sí, había definitivamente menos sangre. Seguramente, ¿ese era un signo de que él todavía vivía?

Mordiéndose los labios, recorrió con la mirada el cuchillo en su mano. Él no podría alimentarse de ella. ¿Pero le podía alimentar ella?

Actuando antes de que pudiera pensar acerca de eso y cambiara de opinión, Demi cortó su muñeca, luego la mantuvo sobre su herida, permitiendo que su sangre goteara libremente en ella. Se quedó allí, parando sólo cuando comenzó a sentirse un poco mareada. Luego ella rápidamente cogió la tira de la camiseta que había desgarrado. Usando eso, ella vendó apretadamente su muñeca. Fue un procedimiento embarazoso, pero se las ingenió.

Por último, Demi se recostó y lanzó una mirada al hombre que había atacado a Joe. Él estaba donde le había dejado, todavía apretadamente amarrado. Si él hubiera luchado contra la atadura, entonces lo habría hecho rápido. Notando eso con alivio, ella devolvió su atención a Joe. Sus ojos estaban todavía cerrados, su cara pálida y quieta. Él no abrió sus ojos o le sonrió como había esperado. La herida no se cerraba milagrosamente. No era cualquier cosa como en el cine. Ella deseó que lo fuera.

Demi se decidió por una larga vigilia. No estaba del todo segura de que él abriría esos ojos de plata, pero ella no iba a rendirse.

El cansancio la alcanzó, Demi se movió para quedar al lado de él y apoyó su dolorida cabeza sobre su hombro sano. Ella yació allí en silencio por un momento, escuchando, pero no encontró ningún latido con sus orejas. La estaca había parado su corazón. Ella sólo no estaba segura si lo había detenido para siempre.

— Regresa a mí, Joe. —Murmuró ella, cerrando sus ojos para bloquear la luz.— Por favor.

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